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Amante plastica

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Cuando cumplí 17 años, me sentía algo triste, pues mi
hermano mayor estaba de viaje por Nueva York y no
podría estar conmigo en mi cumpleaños, en la mañana me
llegó su regalo por correo, era una caja algo grande y
marrón, en la tarjeta de felicitación anexa, me dijo
que lo abriera cuando estuviera solo.

Tenía mucha curiosidad, así que me encerré en mi
cuarto con la excusa de que iba a hablar por teléfono,
pero en realidad fui a abrir mi regalo, abrí la caja,
que estaba llena de papelillos y esas cosas, la vacié
y encontré un paquete plástico, parecía una pelota
desinflada, comencé a desdoblarla, tenía una tarjeta
que decía, "Ja ja ja, Disfrútala hermanito".

Mi hermano siempre me fastidiaba cuando era pequeño
diciéndome que me iba a comprar una muñeca sexual,
pero no creí que lo hiciera, al principio me pareció
estúpido cojerme a una muñeca de plástico cuando ya lo
había hecho con mujeres de verdad, pero luego me dió
curiosidad, algunos de mis amigos lo habían hecho y
decían que era chévere.

Comencé a inflarla y empezó a tomar forma, era rubia,
ojos azules, labios carnosos, unos melones prominentes
y tremendas curvas, tenía la boca abierta para fines
obvios, al igual que unas estrechas ranuras en su
vagina y su culito, llevaba una pequeña ropa interior
roja con encajes.

Al terminar de inflarla, ya tenía mi güevo bien
parado, me parecía tan sádica la idea que me excitaba,
comencé a manosear su plástica piel y a besar y chupar
sus suaves labios plásticos, comencé a hurgar con mi
lengua en la abertura de su boca, lo que me dejaba un
extraño sabor en la boca, como a goma de borrar.

Metí mi mano bajo su pequeño hilo dental e introduje
mi dedo medio en la estrecha ranura de su vagina,
sentí como el mecanismo interior de la muñeca
succionaba mi dedo mientras emitía un gemido
evidentemente grabado y repetitivo, le quité el sostén
y comencé a chupar sus duros pezones de plástico, metí
su inflada mano bajo mis pantalones y comencé a
sobarme con ella.

Ya me estaba poniendo caliente, más que una muñeca,
parecía una nena sumisa y complaciente a todos mis
deseos, me quité la camisa y me bajé los pantalones,
me senté al borde de la cama y puse a la muñeca en
posición para poder meterle mi tieso aparato en su
boca, así lo hice y comencé a moverle la cabeza para
simular una mamada.

Siguió "mamándome" el güevo por un rato, luego leí
las instrucciones, en las que decía que antes de
penetrar vaginal o analmente a "Susie" tenía que
lubricarme la paloma con algún tipo de gel o crema
para evitar que se rompiera por el roce, saqué el pote
de vaselina de mi armario, terminé de desnudarme, ya
me encontraba a millón, la tire en la cama y comencé a
cubrir toda la longitud de mi virilidad (22 cm) con la
crema.

Me acosté sobre ella y me acomodé entre sus piernas,
hizo un molesto sonido cuando me acomodaba, como no
quería que nadie oyera desde afuera, encendí mi equipo
y puse rock con el volumen bien alto, terminé de
acomodarme, me arrodillé entre sus rodillas, puse una
de mis manos en su cintura y con la otra dirigía mi
duro pene a su cuquita.

Comencé a meterle la cabecita, luego de un solo
empujón terminé de envainarle completamente mi
machete, comenzó a emitir su gemido electrónico y
programado, tenía un mecanismo en su vagina que
imitaba una cuca de verdad, era cálido, húmedo y
absorbía lentamente mi miembro, como si me estuviera
haciendo la paja.

Puse sus piernas sobre mis hombros y comencé a
embestirla, me gustaba ver como saltaba todo su
inflado cuerpo cuando la penetraba brutalmente, seguí
clavándola sin piedad mientras manoseaba lascivamente
sus senos, el mecanismo vaginal era muy efectivo, me
tenía en la cúspide del placer, casi me hace venirme,
así que me aguanté y se lo saqué, pues quería probar
ese culito.

La enorme erección que tenía me hacía sentir una gran
presión en mi verga y en mis bolas, además de una
calentura en todo el cuerpo y el típico zumbido en los
oídos. La acosté boca abajo, la puse en una posición
que siempre había querido hacerle a una mujer pero
ni siquiera me atrevía a proponérselo.

Me acosté sobre ella, con una mano sujetaba las suyas
que estaban amarradas y con la otra la halaba del
cabello haciéndola voltear la cabeza hacia mi, me
lubriqué el güevo con mis propios líquidos
preseminales y se lo introduje todo en su pequeño
culo, era mas rico cojérmela así, pues la tenía
inmovilizada, casi obligada, además la abertura de su
culo era mas estrecha y áspera, lo que me daba mas
placer.

Seguí cabalgándola salvajemente, oía el sonido sordo
de mi cuerpo sudado rozando el plástico, sus gemidos
falsos y el rock a todo volumen, ya estaba llegando al
final, sentí el semen subiendo desde mis bolas y el
acostumbrado escalofrío general, traté de aguantarme
pero no pude, acabé llenándole todo su culo plástico
con mi leche blanca y caliente.

Quedé agotado y sudado sobre ella, cuando pude
recuperarme me dio risa ver la muñeca ahí toda llena
de sudor y semen tirada en la cama, la limpié un poco
y la desinflé para guardarla, después de cojérmela no
me pareció tan estúpida la idea de hacerlo con una
muñeca sexual, la guardé en su caja y la metí bajo la
cama, a lo mejor otro día me daban ganas de culiármela
otra vez.

 

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