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En el espejo

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Ella era una mujer de 1,70 de estatura. Se consideraba una mujer normal. Pero
no lo era. Su cuerpo no decía lo mismo, ni sus pensamientos tampoco. Estaba
casada, pero no era feliz porque quería algo más.



En su interior había un fuego que no podía apagar. Cada noche esperaba que
ese fuego fuese apagado por su marido, pero éste no estaba a su altura.



Ella se encontraba en una situación un poco desesperante. Constantemente
deseaba apagar ese fuego interior pero no sabía muy bien como y lo peor,
tampoco se atrevía a buscar la forma. Así que se conformaba con imaginarse en
situaciones que deseaba ardientemente.



El verano aumentaba su fuego. Una tarde calurosa se encontraba en casa.
Acababa de terminar sus tareas de la casa y estaba sola pues su marido había
salido de viaje.



El calor que sentía era tan sofocante que decidió darse una ducha. Ya en el
baño se disponía a desnudarse cuando repara en su imagen reflejada en el
espejo. De repente algo en su mente y en la boca de su estómago la dejan
temblando. Sus ojos recorren ansiosamente su figura. Hace tiempo que no se
fijaba en sí misma. Empieza mirándose su pelo suelto, sudoroso y desaliñado.
Ese aspecto le resulta algo deprimente pero en el fondo nota algo de rebeldía
en su aspecto. Sus ojos miran con deseo y sus labios carnosos le sugieren
sensaciones intensas en su mente. Los humedece ligeramente con su lengua. Sin
quererlo deja escapar un ligero gemido. Repentinamente siente miedo de continuar
pero ese gemido la ha excitado tremendamente y desea imperiosamente continuar.
Por primera vez en su vida desea hacer algo atrevido. Algo que la haga sentirse
liberada, así que decide continuar sin preguntarse nada. Solamente sentir,
sentir, sentir y sentir. Lentamente baja su vista hasta sus pechos. Con la
excitación sus pezones se han puesto duros. Sus pechos son hermosos y
abundantes. Piensa en todas las veces que han sido motivo de sensaciones
agradables. En las veces que han sido besados con pasión. En las veces que ella
misma los ha utilizado para sus juegos. No puede resistirse y lentamente
desabrocha la blusa que esconde tan hermoso tesoro. La blusa cae y deja
entreverse un cuerpo sudoroso y a la vez hermoso. El sujetador, de encaje,
transparenta el rosado de sus pezones, grandes y redondos que contrastan con la
tez blanca de los pechos, protegidos y mimados del sol. Unos pechos erguidos que
empiezan a ser tocados con el dedo anular de su mano derecha. El dedo recorre
temblorosamente el valle por el que discurren las gotas de sudor entre ambos
pechos. Lentamente recorre la parte que el sujetador deja desnuda y va de un
pecho a otro. Los pezones aumentan de tamaño. La dureza de los mismos la hacen
sentir un ligero dolor que la excita aún más. Ella traga saliva con cierta
torpeza porque los nervios son presa de sus músculos. La respiración es
agitada y entrecortada. Está disfrutando enormemente de ese momento, íntimo,
libre y suyo. Su mano penetra con deseo entre el sujetador y la piel de su pecho
izquierdo. Lentamente alcanza su pezón y lo siente duro y grande como nunca
antes se le había puesto. Con cierto esfuerzo baja su sujetador sin
desabrocharlo dejando el hermoso busto al aire. Levantado por la presión de la
tela y aumentando aún más su volumen. Ella usa una talla ciento veinte pero le
parece que ha aumentado casi al doble.



Nota que en su parte más intima empieza a rezumar con intensidad. Casi huele
su excitación. Desea llegar hasta esa zona pero prefiere ir despacio
disfrutando al máximo de todo lo que aún hay entre medias. Introduce ávidamente
su dedo en la boca y lo moja en una saliva que casi se le ha ido de la boca
debido a sus nervios. Pasa su dedo alrededor del pezón y disfruta de las
sensaciones que le producen. Sus gemidos han empezado a oírse primero con
cierto pudor pero ahora con gran pasión y desahogo, sin cohibirse.



Al escucharse se siente extraña de oírse gemir con tanto deseo. Como si no
fuera ella. Le recuerda todas esas mujeres que ha visto en las películas
pornográficas y que siempre le causaron rechazo por sentir que fingían y que
esos gemidos eran ficticios. Ella ahora los hacía y no eran para nada ficticios
sino reales, tremendamente excitantes y liberadores.



Vuelve a centrar su atención en su pecho que ahora aprieta con fuerza. Sus
dedos presionan y estiran su pezón, que con la fricción presenta un color
rojizo. Con su otra mano saca su pecho derecho y hace los mimos movimientos. Se
mira al espejo y esa imagen de dos manos tocando apasionadamente sus pechos, las
sensaciones que está teniendo y sobre todo ver su cara de deseo auténtico
mucho tiempo reprimido la terminan de desenfrenar. Por su imaginación pasan
miles de imágenes en un instante. Su mente no deja de hacerse preguntas,
imaginarse situaciones y en su interior va fijando lo que va a hacer. Por un
momento para observarse. Termina de quitarse el sujetador que la aprisiona y en
ese momento sus pechos realizan un movimiento sugerente que vuelven a activar su
imaginación. Sus manos los recorren ardorosamente sin parar. Juega con ellos,
los mueve. Incluso se agacha para observar lo voluminosos que son. Piensa en una
caliente y juguetona lengua que los chupetee. Los agarra y los lleva hacia su
boca. Con su lengua busca sus pezones. Con cierta dificultad los frota y enjuaga
con su saliva.



Ahora desea seguir buscando otras fuentes de placer y sus manos pasan
lentamente por su estómago hacia su sexo. Lleva unos pantalones cortos de
tirantes que le permiten rápidamente alcanzar su vello púbico. Se baja los
pantalones y las bragas y observa su sexo con cierta intriga. Su bello abundante
pero cuidado sugieren en ella un tesoro escondido tras ese ramaje tupido pero
suave. Abre ligeramente sus pies temblorosos. Las rodillas empiezan a flaquear
pero ella prefiere seguir momentáneamente de pie. Sus dedos empiezan a
introducirse en ese intrigante bosque y se encuentran con sus labios. Nota el
calor de su sexo y al ahondar el tacto de sus dedos la dejan sentir lo húmedo y
abundante de sus fluidos vaginales. Su clítoris está erguido y saliente
desafiando a su dueña. Pero ella no acepta aún el reto y continúa internadose
ahora hacia su cueva de deseo. Se siente juguetona y prefiere no entrar sino
observar. Por ello se sienta en el suelo bien pegada al espejo. Desea verse
hasta lo más íntimo.

El frío de la baldosa en su trasero contrasta con el ardiente deseo que late
entre sus piernas. Ese frío le llega hasta el orificio de su trasero y obtiene
un extraño pero pequeño placer que hasta ahora no había notado. Vuelve a
concentrar sus sensaciones en esos dedos mojados por el placer y juguetones que
se mueven lentamente pero sin parar por todo su sexo. Separa sus labios y
observa esa cavidad íntima que toda mujer reserva de las miradas incluso
propias. La entrada del placer está abierta y deseosa de visita. Parece que la
está diciendo entra y disfruta, entra y disfruta... Pero ella recuerda la
erección desafiante de su clítoris y a él va. Lo busca y lo encuentra medio
escondido entre la comisura de su labio menor. Con sus dedos fricciona al clítoris,
esos movimientos la hacen sentir un placer al principio doloroso que la hacen
temblar pero irresistible al mismo tiempo. Luego placer, y placer. Cada vez
mueve sus dedos con más rapidez. Su mente no para de producir imágenes. Su
otra mano entra con deseo en una boca jadeante. Peligrosamente sus dedos quedan
aprisionados entre sus dientes. Su lengua moja esos dedos prisioneros de la pasión.
Por fin son liberados y van hacia su nuevo destino, un destino ya conocido. Unos
fabulosos, sensuales y erectos pezones.



En su cuerpo no cabe tanto placer. El sudor baña su cuerpo. El jadeo de su
boca se oye por todos los rincones de su casa, pero no importa está sola. Toda
su casa es cómplice mudo de su pasión desencadenada. Ahora sus dedos juegan
dentro de su vagina. Nota la dureza del cuello del útero. Entra y saca sus
dedos mojados con gran rapidez a cada movimiento el estómago va acumulando un
placer que pronto explotará en un orgasmo largo y profundo. Pero no quiere
acabar tan pronto. Una ráfaga de sosiego llega a su mente y decide probar y
explorar otros lugares. Recuerda el frío sentido en su trasero y con sus dedos
mojados recorre el orificio donde la columna pierde su buen nombre. Está frío
y en su mente se dibuja su forma a medida que lo va tocando. Recuerda lo visto
en esas películas donde todo en el sexo es posible. Con sus propios líquidos
lubrica esa caverna antes no explorada. Cerrada al exterior pero ahora
permisiva. El calor de sus dedos y la presión que ella ejerce van abriendo esa
puerta cerrada. Con cierta resistencia y dolor va abriéndose paso entre la
oscuridad. Mientras su otra mano se introduce en su vagina y nota la delgada
pared que separa ambas cavernas. Sus sensaciones son extrañas pero placenteras.
Decide que desea más, se levanta y se dirige a la cocina. Por su mente van
pasando diferentes elementos hasta que uno se fija en su mente. Se dirige hasta
el frigorífico y allí busca una zanahoria, escoge de entre todas una larga y
no muy ancha. Con sus manos temblorosas la lava con agua caliente y regresa
delante de su revelador espejo. Ahora se encuentra mejor equipada para continuar
con su exploración. La dureza del duro y alargado alimento penetra por su
ardiente vagina. Ella se encuentra tumbada en el suelo. De vez en cuando levanta
su cabeza y observa la escena. Sus piernas abiertas, ella es espectadora de sí
misma. No siente pudor, al contrario, la excita observarse a sí misma como si
de una película porno fuese espectadora y a la vez protagonista.



Vuelve a acelerarse su pulso, su respiración y un deseoso revoltijo se deja
sentir en su estómago, es el frío y el desenfreno de su deseo. Ahora se decide
a por lo nuevo. Con delicadeza vuelve a juguetear con el orificio de su trasero.
El juguete empieza a buscar la entrada. Esta va cediendo y poco a poco ella
introduce el duro elementos en su orificio. Las sensaciones son distintas y
nuevas pero desea sentirlas más y mejor. Ahora está en el máximo de su clímax.
El orificio se abre como nunca lo ha hecho. Ella imprime un movimiento
desenfrenado y fuerte que la hace sentirse a cada momento reventar de placer. En
su mente se ha fijado un pene grande y gordo que chupetea con avidez, introduce
y saca de su boca. Es apetitoso y cálido. Lo siente tanto que parece real en su
boca. Repentinamente su cuerpo empieza a convulsionarse de placer. El orgasmo le
está llegando, ya no se fija sólo en su ano sino que recorre todo su cuerpo.
Sus dedos entran y salen nerviosamente de su vagina. Su clítoris está que arde
de tanto frotarlo y sus pezones están tremendamente duros. Sus gemidos casi son
gritos. Ya llega en su cuerpo hay una revolución de sensaciones. Un grito largo
y profundo se escapa de su garganta al mismo tiempo que llega un orgasmo largo y
profundo como el grito mismo.

Se siente mareada del esfuerzo pero tremendamente bien y a gusto. Se levanta y
vuelve a mirarse ahora relajada y desnuda completamente. Algo nuevo ve ante sus
ojos y su mente ha encontrado una puerta nueva por la que desea adentrarse...

 

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