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Masturbándome por mi cuñada

Publicado por Tauro2783 el 25/06/2015

Les voy a contar una historia ocurrida con la hermana de mi esposa.

Vivo enamorado de mi esposa, una mujer muy hermosa y sensual. Tiene 30 años y siempre que la miro me exita como el primer día.

Sin embargo, desde hace años me ha atraído mucho su hermana, una chava de 28 que también es muy hermosa.

Pues un día, mi esposa me dijo que su hermana llegaría a cenar y que, como vive lejos talvez se quedaría a dormir esa noche. Yo le dije que no había ningún problema, que era mejor que se quedara en lugar de emprender su viaje tan tarde.

Como a las siete llegó a cenar. Se veía hermosa, traía una falda corta, que dejaba mostrar sus hermosas piernas torneadas. Siempre me han encantado las mujeres con piernas sexys y mi cuñada cumplía esos requisitos.

Ella tiene pelo largo, mide como 1.65 y es de contextura media, es decir, ni muy flaca ni muy gorda.

Cuando se sentaba cruzaba la pierna y mi corazón latía muy rápido al verla, sentía como mi pene se ponía duro y yo trataba de discimular para que mi esposa no se enterara de la forma en que yo veía a su hermana.

Luego de cenar fuimos a ver televisión y a ponernos ropa más cómoda. Ella se puso un pijama color rojo, con una blusa que dejaba mostrar muy bien la forma de sus pechos, no muy grandes pero si bien redonditos y apetitosos. Un short muy corto, que hacía lucir muy bien
sus hermosas piernas y su pronunciado trasero.

Yo deseaba lanzarme sobre ella y hacerle el amor enseguida, pero a la vez me sentía mal por ser casado y tener esos pensamientos con otra mujer, pero no cualquier mujer, sino peor aún, la hermana de mi mujer.

En el sofá, ella se sentó a mi lado y yo no perdía el tiempo para tocar de forma discimulada sus piernas con las mías. Me tenía súmamente exitado.

Al rato, mi esposa decidió irse a dormir pues estaba muy cansada. Sin embargo, ni mi cuñada ni yo teníamos sueño.

Vimos televisión como una hora más, entre miradas, risas y coqueteos de mi parte, pero que ella no rechazaba.

Entonces ella decidió irse a dormir. Nos despedimos con un beso que pasó rozando nuestros labios y con un fuerte abrazo que me permitió sentir su hermoso cuerpo. Yo traté de discimular mi enorme erección, pero creo que ella se dio cuenta.

Cerró la puerta de su habitación y yo me fui a lavar los dientes y a acostar. Sin embargo, cuando salí del baño, me dio curiosidad de saber qué hacía ella cuando estaba sola y me acerqué a su puerta.

Escuché como caían sus ropas al piso y como se acostaba en la cama. Yo deseaba entrar y lanzarme sobre ella, pero debía restringir ese deseo a mi imaginación.

Mientras la imaginaba desnuda, saqué mi pene y empecé a masturbarme, despacio, tomando mi pene con dos dedos y luego, con el resto de mi mano.

Y fue ahí cuando me llevé una gran sorpresa, ya que empecé a escuchar que su cama se movía y como su respiración aumentaba. Mi cuñadita también se estaba masturbando.

Me acerqué más a la puerta para constatar que no fuera un truco de mi imaginación y descubrí que era real. Ella se estaba dando un derroche de placer en solitario y yo también, al otro lado de la puerta.

Poco a poco, ella empezó a gemir y a aumentar su respiración. Yo escuchaba como sonaban sus dedos dentro de su vagina cada vez más húmeda y yo imaginaba que se trataba de mi pene, entrando y saliendo de ella. Empecé a frotar mi pene con más fuerza, a medida que mi
exitación aumentaba.

De pronto, escuché como ella comenzó a gemir más fuerte, más rápido y como se corrió, teniendo un orgasmo descomunal y delicioso. Yo no soporté más y pocos segundos después me vine también, teniendo un orgasmo gigante y una eyaculación enorme. Me había masturbado escuchando a mi cuñada masturbarse y me encantó. Ya que las
formalidades del matrimonio me impedían tenerla, al menos me consolaba escucharla acariciarse y soñaba que lo hacía por mi.

Mi cuñada nunca se dio cuenta de esta situación, pero me encantaría que volviera a ocurrir. Y quedé convencido de que, sólamente le sería infiel a mi esposa con una sola mujer: su hermana.

 

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