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Mati, como mujer me encanta masturbarme

Publicado por Patricio el 31/07/2016

Mati
Eramos felices. al menos eso creía yo. Mati, mi mujer una exuberante rubia natural, de grácil y hermosa figura, piernas de ensueño y colita respingona, además de tener una linda cara que la hacían ver tan inocente, había llegado virgen al matrimonio. Yo la desvirgué y nuestra luna de miel fue una incansable maratón sexual. Recuerdo que fuimos a un lujoso hotel en el Balneario de Paracas y durante la primera semana no salimos de la habitación. Nos amamos en todas las formas y maneras y aún agotados, nos dormíamos desnudos y medianamente saciados, para al despertarnos, empezar de nuevo nuestra sesión amatoria.
Cuando terminamos nuestra luna de miel, instalados en nuestro departamento de Miraflores, frente al mar, nuestra pasión no decayó y bastaba que yo llegara del trabajo, para que mi mujer me recibiera vestida provocativamente e invariablemente terminábamos en la cama amándonos. Sin embargo, al empezar a desarrollar nuestra actividades usuales, yo en mis proyectos de construcción y ella a retomar sus clases en la Universidad, empezamos a entrar en una tenue rutina. Ella estudia Literatura y sigue cursos en la Doctoral de historia. Nuestros amigos, se admiraban de la unión que teníamos y muchos nos preguntaban si no nos aburríamos pues pasado casi un año de nuestra boda, seguíamos tan enamorados y unidos como siempre.
Yo suelo ser una persona perspicaz y observadora y en cierto momento, percibí que Mati ya no disfrutaba como al principio nuestras ardientes sesiones amatorias. Pensé que era algo pasajero, pero luego percibí que en un par de ocasiones, ella había fingido su orgasmo. Para mi, que había exagerado su reacción y eso me hizo entrar en sospechas. Observé que para ir a sus clases empezaba a arreglarse con más esmero que antes y tome nota de ello.
Nuestras conversaciones sobre lo que nos había pasado en el día, empezaron a espaciarse y ella lo atribuía a la cantidad de textos que debía leer y a los constantes análisis que debía preparar. Yo aceptaba sus explicaciones, pero no quedaba satisfecho con ellas. Entonces empecé a monitorear sus desplazamientos. Así un día lunes que ella tenía clases prácticamente todo el día, me dique a seguirla. Antes había instalado en nuestra habitación pequeñas cámaras de video, totalmente disimuladas que me permitían ver, incluso desde mi teléfono o desde mi IPad, lo que ocurría a cualquier hora en la alcoba. Hice lo propio en la sala, de modo que tenía una visión de quién entraba y de la sala en general. Igualmente coloqué un mini transmisor en el maletín que ella usaba para ir a clases. Este transmisor tenía un alcance hasta de 80 metros, de modo que a esa distancia podía escuchar con meridiana claridad las conversaciones que Mati pudiera tener. Luego coloqué una micro cámara de video de alta resolución en su cartera favorita Louis Vuitton que suele llevar invariablemente a la Universidad. Finalmente descargué en su celular una aplicación para determinar donde se encontraba y lo mismo hice instalar en su automóvil (que yo le regalé) un dispositivo para ubicar el lugar donde se encontraba el vehículo.
Ese lunes, discretamente la seguí hasta la Universidad , para no hacerme visible, usé uno de los automóviles de mi empresa y observé que ingresaba al campus dirigiéndose al estacionamiento de los alumnos. Dejando pasar unos minutos, yo hice lo propio e ingresé para estacionarme en el área de visitantes. Encendí los aparatos instalados en la cartera y en el maletín y traté de escuchar. Dado que ambos dispositivos de acoplaban, resolví mantener encendido en dispositivo de la cartera. Escuche claramente la voz de Mati quien al parecer hablaba con una compañera de clases, luego al parecer ingresó el profesor y empezó a dictar la clase. Yo me aburría con la lección y aproveché para dormitar un poco. La voz del profesor llegaba a mi monótona y aburrida. Terminada la clase, se escucharon los característicos ruidos de las carpetas, de los alumnos moviéndose y de conversaciones casi ininteligibles.
Estaba aburriéndome de la vigilancia y empecé a pensar que en mí había entrado un sentimiento paranoide que deseaba encontrar algo que no existía. Realmente me resistía a pensar que Mati estuviera en algo non santo y el problema era yo. Sin embargo el timbre del teléfono móvil de mi mujer me sacó de esas cavilaciones. Ella contestó con una voz muy dulce.
- Aló.- al parecer la persona que hablaba con ella, la saludaba
- Si, yo estoy muy bien y tú.- preguntó con voz acariciadora mi mujer.- El interlocutor o interlocutora al parecer le decía que estaba muy bien.-
- Me alegro.- dijo Matti.- Pero hoy no, es imposible, tengo clases todo el día y cada vez la carga de tareas se hace más gravosa.- explicó con esa voz coqueta que yo tan bien conocía.-
- No, imposible.- al parecer la otra persona le preguntaba si podía faltar a alguna de sus clases.-
- No, nunca hasta ahora, pero los lunes siempre son pesados porque tenemos que reportar las lecturas del fin de semana.- pensé que la persona con la que hablaba le decía si alguna vez había faltado, por eso la respuesta de Mati
- Pero después tendría que ponerme al día y aparejarme con los demás. Pero qué te parece si lo dejamos para mañana, que solo tengo clases de 9 a 10 y luego no tengo nada hasta las 4 de la tarde. A mi marido le puedo decir que me quedaré en la biblioteca para preparar una tarea y no regresaré a casa a almorzar. Tendríamos una seis horas para nosotros ¿te parece? .- la voz de Mati se hacía cada vez más dulce.-
- Me encantaría, pero tenemos que pensar donde. No quiero exponerme, tu sabes.- dijo coqueta y en ese momento me convencí que hablaba con un hombre. En ese momento una oleada de furia empezó a gestarse en mí. Definitivamente había algo que yo no debería saber.
- Si, podrías recogerme en la Universidad y discretamente ir allí.- al parecer él le había dicho donde iban a ir y Matti, muy coqueta le respondía con su voz de querendona que yo conocía.-
- Ok. Hasta mañana. Para ti también.- Era la despedida e imaginé que algo cariñoso le decía el hombre, quizás le mandaba besos y por eso la última parte de su respuesta.- con esto cortó la llamada.
Vaya, mi mujercita estaba en algo y al parecer tendría una cita de seis horas quien sabe con quién y sobre todo para qué. Creí terminada mi vigilancia y mientras regresaba a mi oficina, resolví ponérsela fácil. Le diría cuando regresara de la oficina, que mañana a las seis de la mañana debía viajar a la ciudad de Trujillo por dos días, de modo que le daría un pase libre por 48 horas para que sin la presión de mi presencia, hiciera realmente lo que le diera la gana. Mi día realmente fue un infierno. Me resistía a pensar que mi mujer, la persona a quien amaba, a quien deseaba y con quien hasta ese día me sentía realizado y feliz, tuviera una aventura extramatrimonial.
En la noche efectivamente comunique a mi mujer mi intempestivo viaje a Trujillo y observé a pesar de lo apenada de su voz porque no iba a estar, que en sus bellos ojitos había un destello de alegría. Esa noche casi no dormí y menos tenía ganas de hacerle el amor. Mi cabeza era un verdadero lío y así amaneció. Me levante y duché a eso de las 4 de la madrugada y a las 5 salía supuestamente con dirección al aeropuerto. El vuelo (y esto lo podía comprobar ella) salía a las 6:45 a.m. Me despedí de mi mujer que quedó en la cama. Sus besos de despedida me supieron a hiel y partí raudo. Le avisé que mi auto lo dejaría en el Aeropuerto, de modo que al regresar tendría movilidad a la mano. En mi oficina, había dejado la misma versión, el Jefe se iba a Trujillo por dos días.
Mientras me alejaba de mi casa, encendí mi IPad y focalicé las cámaras colocadas en el dormitorio. Mi mujer seguía durmiendo. Yo iba a dejar efectivamente mi auto en el aeropuerto y allí mismo alquilar un auto en Budget Rent a Car, para no despertar sospechas si acaso tenía que seguir a Mati. De pronto, mi mujer se incorporó y alcanzando su celular hizo una llamada. Subí el volumen y escuché:
- Hola.- dijo coqueta mi mujer.-
- Te tengo una sorpresa…..mi marido está viajando a Trujillo y no vuelve hasta pasado mañana.- le daba la noticia a su amigo con una voz entre alegre y deseosa. El hombre aparentemente se alegraba.-
- Yo también.- respondió Mati.- Creo que en vez de ira al sitio que me dijiste, mejor nos vemos en mi casa. Puedo faltar a mi clase de las 4 de la tarde y podríamos pasar la noche juntos.¿Te parece?.- Seguramente su amigo había explotado de alegría y ella sonreía feliz.-
- Si, a mí también me encantará.- seguramente se refería a la noche que pasarían juntos y en mi cama.
- Bien entonces te espero a la hora que tu digas. A las 10 sería perfecto. Yo dejaré sin seguro la puerta de servicio y entras por allí. No traigas auto, no quiero que algún vecino chismoso pueda sospechar que hay alguien en mi casa
- Si, te veo a las 10. ¿cómo?, ¿quieres que me vista con mini y muy sexy?. Bueno solo te diré que te sorprenderé. Te espero….no tardes.- cortaron y Mati chequeó la hora, eran las 7:30 y perezosamente se estiró y se quitó el camisón con que dormía y quedó totalmente desnuda, exhibiendo ese bello cuerpo que yo tan bien conocía y que había disfrutado creyéndolo solo mío.

Una ola de furia, frustración y desconsuelo me invadió. Unas lágrimas de impotencia afloraron a mis ojos, pero haciendo acopio de la poca sensatez que me quedaba me repuse y tracé mi plan. Primero a conocer al sujeto que le había movido el piso a mi mujer. Luego ver y grabar su reunión en mi casa y finalmente tenía que decidir qué hacer. Llegué al aeropuerto a las 8 de la mañana y luego de estacionar mi auto, fui a Butget y renté un auto que me fue entregado rápidamente. Regresé a Lima y me alojé en el Hotel El Olivar de San Isidro. Las 9:30 y ya estaba en mi lugar de observación. Hice en el cuarto de hotel las conexiones para grabar desde las 10 de la mañana. Conecté las imágenes al televisor plasma de 55 pulgadas que había en el cuarto y esperé.
Las primeras imágenes me mostraron a Mati, sentada ante su tocador terminando de maquillarse. Estaba realmente bella, deseable, vestida solo con un brasier de media copa color carne que contenía agradablemente sus deseados senos. Completaban su atuendo un pequeño calzoncito tipo biquini también color carne que se ajustaba deliciosamente a su monte de Venus y a su espectacular colita. Luego coquetamente se puso una minifalda escocesa a medio muslo y completó su vestuario con una blusa beige que dejó suelta abrochando sus botones, peo dejando libres dos de ellos que permitían ver el canalillo de sus senos. Su cabello cepillado a conciencia y luego se perfumó con la fragancia francesa que había comprado en nuestro último viaje a Europa. Mati se examinó frente al espejo y obviamente quedó más que satisfecha y consultando su reloj (9:50 a.m.), salió de la alcoba.
Enfoqué entonces la cámara 3 de la sala y capté el momento en que Mati bajaba las escaleras, modosita y gatuna. Esas eran las características cuando estaba deseosa y con algo de nervios. Se acercó a la ventana y empezó a observar. Las 10 en punto y al parecer su invitado había llegado. Mati entró a casa y supuse que a abrir la puerta que conectaba la entrada de la puerta de servicio con la casa misma. Sentí la conversación y los saludos de ambos. Ella reapareció en la sala llevando un ramo de rosas rojas, detrás de ella un hombre que estaba de espaldas a la cámara y no podía ver su rostro. Mati lo invitó a sentarse, mientras ella coqueta le dijo que traería un florero con agua para las bellas rosas. Al sentarse, pude observar al hombre, casi de mi estatura (1:80 mts) de regular contextura, perfectamente afeitado y con una cara muy varonil y rasgos definidos, hasta diría que tenía cierto parecido a mí. Elegantemente vestido, impecable camisa blanca y una hermosas corbata en perfecta combinación con su traje. Nuevamente Mati regresó con un florero de cristal y las flores dentro de este. Ella coqueta le comentó lo hermosura de las flores y dándole la espalda coquetamente se inclinó para poner el florero en la mesa de centro. Al inclinarse le daba al hombre el regio espectáculo de sus hermosas piernas y de su deliciosa braguita.
Ante esa demostración el hombre la cogió por la cintura y la atrajo hacia él. Mati se dejó hacer y cayó sentada sobre las piernas de su amigo y abrazándose con decisión empezaron a prodigarse un beso pasional e intenso. Sé como besa Mati y en ello es una maestra. Las manos del hombre se perdían bajo la breve faldita y recorrían sus piernas suaves y elásticas y llegaban a su entrepierna. Mi mujer sin mayor reparo, mientras seguía en el ardiente beso, abrió sus piernas permitiendo que el hombre acariciara a placer su seguramente ya húmeda vagina. Ella se esmeraba en el beso y arqueando su bello cuerpo ofreció sus pechos al macho. La blusa salió volando a cualquier parte así como el brasier y los labios del amante se apoderaron de los deliciosos senos de mi mujer. Ella solo emitía pequeños gemidos de placer. El hombre con Mati en su brazos, se puso en pie y mientras seguían en el arrollador beso, se encaminó a las escaleras, iba al segundo piso a gozar de mi mujer en mi propia cama.
Yo estaba en shock. Mati, la mujer que yo amaba, a la que había idealizado incluso desde antes de casarnos, estaba entregada pasional y totalmente perdida en sus deseos a un hombre que no era yo. Gruesas lágrimas de frustración y pena corrían por mis mejillas y la pregunta invariable ¿por qué? ¿en que había fallado para que mi mujer me engañara así? Ni siquiera había respetado nuestro hogar y solo llevada por su pasión y calentura había metido a nuestro hogar a su amante. Cambié a la cámara 1 que estaba en nuestra alcoba y en ese momento entraba la pareja. El hombre la puso en el suelo y ambos con la urgencia de su pasión empezaron a desvestirse con desesperación. Ya desnudos y besándose con renovada pasión se deslizaron al lecho matrimonial, testigo de tantos momentos de amor, pasión entre mi esposa y yo y se amaron. Un perfecto 69 que las cámaras captaban con total claridad y detalle dio inicio a la batalla. El instrumento del hombre era tan respetable como el mío. Quizás el mío era ligeramente más largo y grueso, pero como yo siempre decía, el tamaño es lo de menos, lo importante es saber usarlo. Mati se esmeraba en la íntima caricia y acariciaba los huevos del hombre. Por su lado la lengua del hombre, agasajaba con maestría la vulva de mi mujer y apoderándose de su clítoris, le empezó a regalar suculentos orgasmo cuyo efecto podía apreciar por el rotar enloquecido de las caderas de Mati.
Mati, en la cumbre de un orgasmo arrollador, dejó libre el falo que chupaba con fruición y empezó a gemir y sus gemidos se convirtieron en gritos de intensa satisfacción y luego tensando su cuerpo quedó casi desmayada sobre el cuerpo del amante. El seguía lamiendo la grieta de Mati, pero ahora con suavidad, con deleite y ante ello mi mujer empezó a reaccionar. Su cara era casi una máscara de lujuria contenida. Yo conocía esa cara…ella quería más y pasando a la acción se monto a horcajadas sobre el hombre y de un solo golpe, engulló todo el pene de su amigo. Allí empezó a moverse como una posesa y según su costumbre empezó a gemir y luego a gritar y decir cosas.
- Así mi amor, hazme tuya. Me encanta que me poseas. No sabes como he esperado este momento y hacerlo en mi cama, donde duermo con mi marido, me pone a mil.- Lo decía sin tapujos. Al parecer a este hombre le tenía ganas y ahora podía entregarse a él sin reservas.-
- A mi me encanta poseerte mi vida.- gritaba el hombre.-desde que te vi me imaginé que ibas a ser mía. Esto es ríquísimo, tirarte donde tu tiras con tu marido. Buen cornudo es ese imbécil, teniendo una mujercita como tu, permita que le pongas los cuernos.- ofendía el amante.-
- No, no digas eso. El es un buen hombre, yo lo amo, pero contigo no se que me pasa. Me pones arrecha y cuando te veo quiero ser tuya. Desde el primer momento me moviste el piso y solo quería hacer el amor contigo. No se qué me pasa realmente,
- Sucede simplemente.- respondió el hombre.- que querías tener otra experiencia, querías saber cómo era tirar con otro y ese otro felizmente he sido yo..
- Si, debe ser eso. Tu me haces sentir cosas cuando te veo. Me hablas y ya me estoy humedeciendo y solo quiero que me hagas tuya.- señalaba Mati.
Los amantes aceleraron sus movimientos y con gemidos y gritos de por medio, llegaron a un espectacular clímax. Ambos se derrumbaron y permanecieron inmóviles por largos momentos. Luego Mati resbaló hacia un lado del hombre. Este, delicadamente empezó a acariciar el bello cuerpo de mi mujer. Pasados unos momentos, la suave caricia empezó a hacer efecto en Mati y allí se estaban besando. Los labios del hombre no dejaron ningún lugar del cuerpo de Mati sin besar. Su grácil cuello, sus increíbles senos y su inigualable gruta fueron objeto de los ardientes besos. , Luego sus piernas tan delicadas y sedosas fueron besadas con singular destreza llegando a los delicados dedos de la hembra. Luego subieron nuevamente por la parte posterior de las piernas, llegando a las turgentes nalgas, duras y elásticas que luego abrió delicadamente y tal como lo hago yo con ella, empezó a meter su lengua en el apretado ano de Mati. Ella cuando le hago esa caricia, delira y ruega, implora que le haga sexo anal. La respuesta a esa caricia del amante, obtuvo la misma respuesta:
- Apodérate de mi anito. Hazme feliz por allí…Necesito que me la metas ya.- gritaba Mati.
- Si preciosa, te encularé y quiero que grites y te descontroles.- sentenció el hombre.-
- Si, Si….necesito tu pija allí….no me hagas esperar.- gritaba Mati desesperada.
El hombre, se acomodó detrás de mi mujer y ella levanto su delicada grupa. El respetable instrumento de su amante, empezó a ingresar al ensalivado orificio, mientras la mano derecha de él acariciaba su clítoris, Mati empezó a descontrolarse al sentir que la masa de carne del hombre ingresaba a ese lugar que hasta ese momento consideraba solo mío. Pero, allí estaba Mati, gritando y pidiendo más, abriendo la boca para respirar mejor hasta sentir que los huevos del amante golpeaban su vulva. Quedaron quietos y luego empezaron a moverse suavemente. Marti movía lentamente sus caderas y en un momento dado se descontroló y con gritos y gemidos pedía más y más fuerte y el hombre la empezó a cabalgar sin piedad. Juntos llegaron a un intenso orgasmo y agotados cayeron en el amplio lecho.
Mis lágrimas seguían rodando por mis mejillas y el fracaso, la frustración, la pena y la rabia contenida no me dejaban espacio para el raciocinio. Miraba la pantalla y allí estaba Mati, mi esposa, abrazada a otro hombre, muy parecido a mí, descansando después de la sesión que ambos se habían regalado. Pasó casi una hora y los amantes se fueron al baño, probablemente a ducharse, la cama lucía totalmente desordenada y con cantidades de flujos y semen empapando las sábanas. Al rato salieron. Me dolió que el hombre usara mi bata de felpa, pero allí estaba, abrazando a mi esposa y ella plegándose a sus caricias. Mati sacó nuevas ropas de cama y juntos, como si fueran esposos cambiaron las sábanas. Luego ambos se sacaron sus batas y completamente desnudos se metieron a la cama. Los besos y caricias se intensificaron y en un momento, Mati se deslizó sobre el hombre y aún cuando estaban cubiertos por las sábanas, no había que ser muy imaginativos para saber que le estaba dando una mamada de campeonato. La cara del hombre era de plena satisfacción y gozo. Aprecié que lo tenso de su cuerpo y el rictus de sus labios anunciaban que estaba eyaculando en la boca de Mati. Ella, aunque no la veía al parecer se tomaba todo el néctar varonil y dejaba limpia y brillante la pija que tanto placer le venía dando. Luego besando su estómago, su pecho y su cuello, la hermosa cara de Mati emergió bajo las sábanas y llegando a los labios del hombre se apoderó de la varonil boca y le dio un beso intenso, pasional y pleno. Por toda respuesta las manos de él acariciaron con pasión el deseable cuerpo de mi esposa.
Yo había perdido la noción del tiempo y mientras ellos se dedicaban a acariciarse lenta y lascivamente, miré la hora: Las 4 de la tarde. Los amantes se habían gozado mutuamente seis horas y al parecer seguían con ganas para continuar. De pronto mi mujer sentándose al lado del amante, le pregunta si tiene hambre y él le dice que tiene hambre de ella y empieza a besarle con dedicación los senos. Ella acaricia la cabeza del hombre y echa su cabeza hacia a tras, disfrutando de las succiones a sus enhiestos pezones. El nuevamente la mete bajo las sábanas y se vuelven a abrazarse y a besarse como si la vida les fuera en ello.
- Me encantan tus besos y la forma como me acaricias.- dice mi esposa. Mientras sigue ofreciendo sus bellos senos para que el hombre se regodee con esas inapreciables esferas.
- Y a mi me encanta tu cuerpo, tu cara, tu rica colita y tus piernas. Desde el primer día que te vi, supe que serías mía y que besaría estas increíbles piernas, que las acariciaría y que las podría sobre mis hombros para darte placer.
- A mi me gusta la forma como me haces el amor y me encanta gritar y gemir para ti. Me tienes loquita por ti. Te amo, te quiero, te deseo. Si volviera a nacer te escogería nuevamente a ti. Eres todo para mí. Nunca dudes de mi amor, de mi deseo por ti. Te amo.- Lo decía con tal énfasis y devoción que me impresionó. No recordaba que esa declaración de la hubiese hecho a mí. Pero a ese hombre se lo hacía y lo abrasaba con verdadero amor.
- Y yo a ti preciosa. Recuerda que eres mía, solo mía y yo totalmente tuyo.- El hombre también se rendía a las declaraciones de mi esposa.
Después de lo dicho, la pareja nuevamente empezó a besarse y a amarse casi con desesperación. En ese momento, mientras miraba como mi mujer se abrazaba a ese hombre parecido a mí, sentí que unas suaves manos se posaban en mis hombros amorosamente. Sentí unos suaves senos apretarse a mi espalda y yo con infinito amor, atraía a la dueña de esos gráciles brazos. La atraje hacia mí y besé sus labios con pasión e infinito amor. Allí estaba Mati, mi mujer totalmente desnuda y dispuesta solo para mí. Miré la pantalla del televisor y la imagen de la cama de nuestro dormitorio estaba congelada.
En esta suite del hotel El Olivar, nos amamos como solo nosotros sabemos y dimos rienda suelta a nuestros deseos amatorios. Unas horas después, descansando del intenso ejercicio sexual, hablamos:
- Tienes una imaginación muy fértil mi amor.- Dijo Mati abrazándose fuertemente a mí.- Creaste una atmosfera para dar la impresión que yo te sacaba la vuelta y me acostaba con un hombre en nuestra propia cama y me entregaba totalmente a él.
- Si mi amor, mientras yo pasaba por una catarsis como si realmente te estuviera espiándote para sorprenderte en pleno adulterio. – respondí besando la frente de mi mujer.
- Si, ha sido altamente erótico y realmente arrechante imaginar que te sacaba la vuelta. Ojo lo he hecho porque sabía que eras tu, pero me ha sorprendido tus cualidades escénicas, eres terrible y más adelante, quiero planear algo que sea al revés, que yo te sorprendo sacándome la vuelta y ya veré en que me convierto para seducirte.
Querido lector:
En un momento de nuestra vida marital, a pesar de lo mucho que nos amamos Mati y yo empezamos a entrar en una rutina, que bajó un poco el tono de nuestras sesiones amatorias. Por ello ideamos que ella supuestamente había encontrado un tipo que le había movido el piso y la había incitado a la infidelidad. Yo me puse en el papel del marido engañado, que vigilando a la esposa descubría como en su propia cama se entregaba a un supuesto desconocido. Por ello, siempre remarcaba que el supuesto amante era parecido a mí. Mati me siguió el juego y logramos una sesión amatoria increíble. Todo esto se había originado un día en que quedamos en encontrarnos en el Restaurant Tanta de San Isidro. Mati había llegado primero y mientras tomaba un jugo, revisaba una revista de modas. Yo entré al local y me senté cerca de Mati como si no la conociera. Ella, que es muy imaginativa, me miró con coquetería y cruzando sus bellas piernas, me dispensó una hermosa visión de sus muslos. Yo le sonreí y ella subió un poco su faldita y le veía claramente su delicioso calzoncito azul eléctrico. Dos hombre de una mesa vecina, nos observaban ganándose también con la exhibición que mi esposa me estaba dando. Yo le hice un brindis con mi vaso de agua mineral y me acerque a ella como si la abordara para enamorarla. Ella permitió que me sentara a su mesa y tomando su mano, le di un beso en el dorso de la misma, luego de ello salimos y abordamos mi auto. Para los asombrados parroquianos que nos observaban y para los mozos, habíamos dado la impresión que habíamos ligado, como dicen los españoles. Ellos ni se imaginaban que éramos esposos. Con esa idea, nos fuimos a nuestra casa y nos amamos a morir. Recuerden, para mantener la flama del amor y del deseo hay que ser imaginativos.
Espero les haya gustado.

 

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