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Mi primera llamada

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Me llamo Andrea y esto es una historia real que me ocurrió hace dos meses.
Tengo veintisiete años, soy rubia, de ojos castaños, con un cuerpo bastante
bonito a los ojos de los hombres.



Por problemas familiares tuve que dejar los estudios y ponerme a trabajar.



A principio trabajaba en empleos de temporada, así estuve varios meses
trabajando de encuestadora, otros de camarera en un bar de copas, y así iba
alternando con lo mínimo que me permitía poder pagar el alquiler de mi
apartamento y la comida del mes.



Como os digo, apenas me quedaba tiempo para salir o divertirme, porque estaba
todo el día trabajando y cuando llegaba a casa me encontraba muy cansada para
salir a tomar copas o conocer a alguien.



Un día una compañera del bar donde servía copas me comentó que había
encontrado un trabajo de telefonista bien retribuido, y que estaban buscando
otras candidatas porque necesitaban cubrir varios puestos.



La acompañe al lugar donde trabajaba, al objeto de que ella me presentase a
la encargada del negocio y pudiera recomendarme para el trabajo.



El trabajo consistía en atender el teléfono 906 42 52 62, el cual era una línea
caliente.



Al principio dude si aceptar el trabajo, porque aunque ganaba algo más de
dinero que me podía permitir vivir de forma más desahogada, en mi fuero
interno pensaba que estaba llevando a cabo un acto no demasiado honesto con lo
que había sido mi forma de entender la vida hasta entonces.



No se trataba de que yo fuera una timorata, por supuesto había tenido novios
y amantes y el sexo no resultaba nada extraño para mí, pero siempre había
sido a voluntad mía y con chicos que yo conocía y que me gustaban.



Mi compañera me dijo que solo era poner la voz, para acabar de convencerme y
que yo tenía una voz muy sensual y muchos hombres se correrían conmigo solo de
escucharme.



Finalmente acepte el trabajo aunque sabía que estaba jugando con fuego.



Yo entre a trabajar en un turno de noche donde estaba yo sola.



La compañera a la que releve me dijo que tengas una buena noche, sin darme más
explicaciones de nada.



Pasó la primera hora y no había llamado nadie, yo estaba con el teléfono
inalámbrico en el sofá casi recostada, y con algo de sueño.



De repente sonó el teléfono, y yo lo cogí algo nerviosa porque era mi
primera llamada. Si, dije como una tonta.



El chico que hablaba al otro lado del teléfono solo dijo un escueto
"buenas noches".



Me preguntó mi nombre, y se lo dije.



Yo estaba un poco a la defensiva porque aunque ya os conté antes que para mí
el sexo no era desconocido jamás había probado hacerlo por teléfono ni hacérselo
a nadie.



Le dije a Carlos que a sí dijo llamarse el chico, que en verdad era la
primera vez que trabajaba en la línea y que no sabía como plantear la
conversación.



Él me dijo que no me preocupará y que solamente hiciera lo que él me decía.



Me pregunto que como estaba y yo le conté que me encontraba tumbada en el
sofá.



Él me dijo que estaba desnudo en la cama, y que se encontraba empalmado.



Ciertamente tenía una voz muy sensual.



Me pidió que me desabrochará los jean para estar más cómoda.



Y yo lo hice.



Me dijo que se la estaba tocando y que tenía una polla de treinta y tres
centímetros.



Aquello me estaba poniendo inexorablemente cachonda, y empecé a notar como
se iba mojando mi rajita.



Me hablo de lo muchísimo que deseaba que estuviera mi mano y no la suya
moviendo su polla.



Yo como una tonta le dije que me encantaría agarrársela y meneársela bien.



De repente me vi como embotada en aquella situación.



Estaba excitadísima, y había perdido el rubor de aquella situación inicial
despojándome de mi braguitas húmedas.



Me dijo que estaba loco por metérmela, y yo imaginaba como él entraba en la
sala y me montaba.



De manera inconsciente me restregué el teléfono por mi raja, subiendo después
el auricular y diciéndole has visto como te tienes.



Carlos después de aquello empezó a respirar de forma más agitada, y yo
sentía como el se la meneaba más y más deprisa.



De repente me dijo quiero tu culito zorra, ponte a cuatro patas.



Yo que tenía dos dedos metidos en mi rajita, los saque y empecé a meterme
uno en el culo, para lubricarlo bien.



De igual forma mi respiración empezó a ser más fuerte y no paraba de
entrar y sacar los dedos de mis agujeros al mismo tiempo.



Perdí la noción del tiempo, y no recuerdo las barbaridades que me soltaba
aquel chico bufando como un loco.



A mí me excitaba escucharlo gemir, y me imaginaba su gran polla como un
surtidor de leche llenándome toda.



De repente grito, y yo sentí que se había corrido, casi a la misma vez que
lo hacía yo.



Me dijo que había sido genial hacerlo conmigo, y que quería hacerlo conmigo
en persona.



Me dio su móvil y todavía estoy pensando en llamarlo porque cuando se lo
montan de esa manera por teléfono no suelen defraudar en persona.



He quedado una vez con él y resulto ser como me lo había imaginado.



Sucede que ahora cuando me llaman por teléfono no puedo resistirme al morbo
de saber como es la persona y he acabado follando con muchos de mis clientes.



Mis compañeras dicen que estoy loca porque no sé quien es la persona que
llama y que debo de tener cuidado, pero el telefonito de mi amiga me ha
convertido en una viciosa.

 

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