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Primera vision sexual

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Desde el momento en el que tuve la primera noción de sexo hasta el punto en el cual me encuentro tuve que pasar por un largo camino, pero sin lugar a dudas, descubrir mi sexualidad ha sido una de las mejores cosas de mi vida.

Todo comenzó cuando siendo yo muy pequeño digamos unos siete años mas o menos quedaba yo al cuidado de Cira. Una sirvienta mas joven que mi mamá que me trataba muy bien. La verdad nunca se propasó conmigo ni me hizo insinuación sexual alguna pero fue la responsable de que mi visión sexual comenzara a tan corta edad. Creo que como todo me sucedio al modo como yo estaba preparado a comprenderlo siempre he pensado que las mujeres son de lo mas dignas de respeto, pero sin lugar a dudas nos exitan hasta niveles inexpresables. Nunca me han gustado los relatos que hablen de maltratar a la mujer pero creo que la fiel y nada pretenciosa descripción de una sensible relación sexual es estimulante tanto para hombres como para mujeres.

Resulta pues que una tarde despues de hacer los deberes escolares me dio de cenar y me mandó a dormir pues mis padres no habían llegado aún y la verdad supongo que yo tenía todas las intenciones de dormir, pero resulta que teniendo un poco de sed me levanté a pedirle agua a Cira. Siendo jugueton como siempre lo he sido, decidí espantarla como muchas veces lo había hecho. Así que salí sigilosamente de mi cuarto me asomé al pasillo y no vi a nadie. Fui a la sala y tampoco había nadie. Entonces vi que la luz de la recamara en donde dormían mis padres estaba prendida y me dirigí hacia allá lo mas sigiloso que pude y asomándome por la rendija que se forma entre la puerta y el marco de ella, la vi. Así tan de pronto que en un primer momento no pude pensar nada sino en la imagen que vi. Y que vi. Lo que ahora les relatare desde mi perspectiva del recuerdo.

Vi a Cira que era una mujer joven de rasgos indigenas muy bonita con su largo cabello cetrino que siempre habia visto yo trenzado pero que ahora suelto de sus amarras se desparramaba alrededor de su cabeza como si de ondas de agua se tratara. Su frente morena perlada de sudor sus ojos firmemente cerrados. Su nariz expandida respirando pesadamente pues se mordía a si misma el labio inferior. Su barbilla firmemente levantada hacia el cielo y su cuello estirado y con algunas venas remarcadas por el esfuerzo.

Baje mi mirada y vi sus senos puntiagudos no muy grandes con sus pezones perfectamente marcados a traves de la blusa. Senos que urgían por salir de su prisión textil, prisión que ni aun la lujuria del momento logró vencer el recato pueblerino. Note también que el vientre de la muchacha se movía al compás de la respiración que oía salía pesadamente de su naríz y cada cierto tiempo se contraía y quedaba estática para dar paso a un pujido que no se conformaba con salir por la naríz sino que obligaba a la boca a perder la sensual mordida del labio inferior para abrirse y dejar salir un quejido el cual no era posible distinguir si era de dolor o de placer salvo por la imagen que estaba yo viendo.

Su cintura se movía acompazadamente de arriba hacia abajo en un ritmo cadencioso y era aqui donde se perdía bruscamente el recato pueblerino para dar lugar a la mujer hecha y derecha; La que adueñandose de su propio placer tomaba su otrora falda amplia y larga hasta los tobillos y la arremangaba por encima de la cintura para permitir que sus morenas y firmes piernas juveniles se abrieran de par en par apoyadas sin calzado en el borde de la cama para dar paso al par de manos mas activas que nunca se hayan visto en la entrepierna de una mujer.

En ese momento deje mi primera impresión de belleza femenina para dar paso al sentimiento de gusto y satisfacción al ver a esa mi nana tan decente y recatada tomando para sí misma el derecho de hacerse el amor sin ningún cargo de conciencia. Creo que lo que mas me exitó de esa ocasión fue el ver que una mujer era capaz de permitirse desearse y permitirse darse placer sin evidencia alguna de remordimiento.

Allí estaba ella cuan larga era, y cuan amplia podía volverse tomando con una mano la flor del deseo, abriéndose los pétalos en generosa floración y con la otra aventurando un dedo a los rincones que ella misma se conocía como fuentes de placer. Tomando sus labios íntimos y halándolos delicadamente hacia arriba para dejar al descubierto el delicado clítoris de rosada apariencia y dar paso al dedo aventurero a acariciarlo en remolinos cada vez mas rápiodos. Tomaba tambien sus labios mayores, uno en cada mano y los sobaba en circulos contrarios que se encontraban en el punto donde se veía salir el botoncito de su capuchón y dándole un apretón para obligarlo a salir mas aún, apretón que no terminaba ahí sino que proseguía hacia abajo como exprimiendo toda la flor la que daba sus jugos sin reproche y dejaba que fueran recogidos por otro dedo para ir a humedecer otra vez el ya muy inflamado boton del amor.

En todo ese trance la cadera no dejaba de moverse hacia arriba y hacia abajo y las rodillas no se cansaban de abrirse y cerrarse como para reforzar el movimiento de las manos.

Mientras tanto yo sentía que dentro de mi comenzaba a bullir lo mismo que movía a la desde ahora objeto de mis deseos. Sentí que mi pene creció tan de pronto y tan de repente que no me dió tiempo de acariciarlo. No es que fuera la primera vez que mi carne despertara y se pusiera enhiesta, sino que era la primera vez que lo hacía con tanta fuerza que de no abrirme el pantalón talvez habria salido por si mismo. Me abrí los pantalones del pijama y comencé a acariciarme como lo había hecho otras veces pero ahora no era solo la sensación corporal agradable. Ahora mi mente se llenaba con esa joven pujante y sudorosa empeñada en frotarse con las manos su entrepierna hasta sacarle algo que por otro lado yo nunca le había sacado a mi ser. Es decir, un orgasmo.

De pronto ambos, ella desde su lecho y yo espiando desde la rendija nos sincronizamos. Ella abrio la roja orquidea de placer para introducir un dedo y moverlo en rápido compas de adentro hacia afuera y yo tomando mi miembro y jalando el prepucio hacia atras como nunca lo había jalado, pues pense "Si ella puede descubrir su botoncito plenamente, yo porque no he de hacer lo mismo con lo mío" Así que cuando ella comenzo a mover su dedo a un ritmo regular yo movía mi mano al mismo ritmo. Cuando ella sacaba su dedo de su interior y viajaba hasta el clítoris para acariciarlo en circulos yo combinaba el movimiento de frotar mi pene de adelante hacia atras con el de moverlo todo en círculos.

Lo mas exitante era saber que ella no sospechaba siquiera mi mirado mientras yo estaba completamente conectado a su placer.

Ella no conformó a su botoncito a un dedo y le encargo a otro que ayudara en la aventura de remolinearlo y yo por mi parte con una mano me acariciaba los testículos y con otra seguia en mi instintiva tarea de masturbarme.

Ella se contrajo toda y yo me puse tensó. Ella comenzó a pujar mas rapidamente abriendo mas las piernas y dejando ver un rostro de dolor y yo esforzándome por no hacer ruido con mi respiración y ser descubierto. Ella alzando su cadera en el aire y frotando fuertemente su mano a su entrepierna y yo sintiendo una oleada desconocida que me invadía por completo. Ella descargando toda su energía toda tensa con la mirada clavada a su entrepierna y las caderas en descontralados moviemiento y yo sintiendo una sacudida incomprensible pero arrolladoramente placentera. Ella desmadejándose toda en la cama despatarrada con las piernas cansadas y abiertas el pecho y cara sudorosos y yo sosteniendome del marco de la puerta para soportar la oleda de mi primer placer supremo. Como no había edad, tampoco había semen que limpiar.

Ella se levanta aturdida y se pone los calzones. Yo me tomo el pene aun erecto e intento guardarlo en mi pantalón. Ella toma un pañuelo desechable del tocador de mi mama y se seca con él la cara y yo me regreso sigiloso a mi cama.

Ella va a verme para ver si estoy durmiendo y como no me da tiempo de taparme sin duda ve que hay algo extraño en mi entrepierna. Me despierta con un "¿Gus, estas bien?" y abro los ojos y veo su cara ruborizada y su expresión dulce como siempre pero algo preocupada. Sin duda nunca mas vería su persona como antes, pero ahora era mas bella, mas plena y con mas sentido.

Esa vez fue la primera vez en que mi vida comenzó a tomar sentido, sentido que nunca mas volvería a perder y siempre dispuesto a disfrutar.

 

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