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Sabado sin plan

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Era una de esas tardes de sábado sin plan en las que lo mejor es desconectar, relajar y dedicarse mucho tiempo a una misma ( y mucho amor.)

Hacía ya algún tiempo que no mantenía relaciones sexuales con nadie, y es en esas épocas cuando mejor me lo suelo pasar sola, quizás porque estoy más ansiosa, quizás porque tengo más tiempo para mí....la verdad es que siempre me lo paso fantásticamente bien y es que masturbarme para mí es todo un ritual, digamos una mini-fiesta erótica.

Estaba tumbada en el sofá de mi casa, vivo en Madrid, en una buhardilla no muy céntrica pero sí muy acogedora, la verdad es que el ambiente ya acompañaba, era invierno pero la calefacción de mi edificio me permitía estar en casa tan sólo con unas braguitas y una camiseta, la luz era la justa, estaban poniendo una película en la tele, Kalifornia creo que se llama, nada del otro mundo pero hubo un momento en el que nuestro queridísimo agente Mullder se folla a una chica contra la pared y los movimientos rítmicos de su pelvis me parecieron completamente excitantes, y me di cuenta de ello porque inconscientemente estaba apretándome los muslos para mitigar el cosquilleo que no podía evitar sentir entre mis piernas.

Pues bien, fue ese el momento en el que decidí que esa tarde me la iba a dedicar por completo a mí, sólo de pensar lo que ya sabía que me iba a hacer mi excitación crecía aún más, y sin dudarlo me dirigí al baño y abrí el agua caliente de la bañera. Y aquí os cuento mi ritual.

Cuando me masturbo me encanta hacerlo en la bañera, entre agua , me pone sobre manera acariciarme el cuerpo caliente y húmedo y si antes de hacerlo me fumo un porrito, las sensaciones se multiplican por mil. Aquel día me lo había fumado, por lo que estaba extremadamente sensitiva, el roce de cualquier cosa sobre mi piel me estremecía por eso no esperé a que la bañera se llenase para meterme dentro.

Yo que soy muy previsora, hice que me pusiesen en casa una bañera de esas que son redondas y que tienen una especie de banquito para sentarse, y cómo no, justo enfrente un espejo enorme que en esos momentos me reflejaba a mí, allí sentada, con las piernas abiertas, súper excitada. No es que me encante mirarme al espejo, pero en esos momentos me resulta muy excitante. Soy rubia, alta y bastante delgada, la verdad es que tengo cierto éxito con los hombres y por qué no decirlo, también con las mujeres. Tengo la piel blanca y el pecho bastante grande, y en aquellos momentos entre mi excitación y el calor del baño, mis pezones rosados iban adquiriendo un tono más oscuro.

Coloqué un pie sobre el borde de la bañera y después de haberme puesto gel en mi mano derecha la deslicé abierta desde mi culito hasta que mi palma se topó con mi clítoris. Con dos dedos fui separando mis labios, los recorría de arriba abajo y de la misma forma que aumentaba el número de movimientos , aumentaba la presión con la que los ejercía.

Veía en el espejo cómo mi entrepierna comenzaba a encenderse, estaba hinchada, sonrosada, y muy, muy excitada. Mis pechos a pesar del calor estaban firmes, mis pezones endurecían pidiendo atención, y mi mano, dispuesta a dársela cogió fuertemente uno de mis pechos y dos dedos rodearon el pezón, primero lo acariciaban, lo estrujaban y al final lo pellizcaban...mmh...me encanta, me vuelvo loca cuando me toco las tetas, y más aún si es delante de un espejo.

En ese momento, de lo que no se puede prescindir es de la queridísima ducha. Yo creo que a la ducha deberían declarársele dos usos oficiales, y si no que alguien me diga que nunca se ha puesto la ducha entre las piernas buscando placer sexual. A mí me encanta hacérmelo, y ese día por supuesto no iba a ser menos. El agua salía completamente caliente, y mientras que con una mano no dejaba de tocarme los pezones con la otra comencé a pasear la ducha por todo mi cuerpo, muy cerca de él, la puse sobre mi clítoris y comencé a moverla contra él haciendo círculos, eso es una masturbación en toda regla, me levanté y me puse contra la pared sin separar la ducha de donde tan acertadamente estaba colocada, los azulejos de la pared estaban fríos y comencé a rozar mis pezones contra ellos, ahora mismo estoy apretando las piernas pensando en aquella sensación del agua caliente en mi clítoris y el frío erizando mis pezones más aún de lo que ya estaban. En esa situación de excitación total tomé el bote de gel y lo apreté boca abajo sobre mis riñones, entonces el chorro frío de crema comenzó a navegar entre mis nalgas, le acompañaba mi mano, que con el dedo corazón hábilmente aventajado llegó hasta la entrada de mi vagina, estaba totalmente abierta, esperando algo, y no pude más que introducir mi dedito...aah...comencé con movimientos lentos, pero duraron poco porque mi excitación no podía hacerse esperar, mi agitación hacía que mi mano se moviese rápidamente dentro de mí, y de vez en cuando salía para acariciar con todos sus dedos, que parecían una infinidad, todo mi sexo, desde mi clítoris hasta mi ano, en el que se paraba con suavidad, aquello me excitaba, fue entonces cuando introduje en él la puntita de un dedo, y mi excitación crecía, mis pezones seguían duros rozándose contra la pared fría, dejé la ducha y recorrí con la mano liberada mis pechos, mi vientre, mi pubis, y acabé en mi vagina, en la que introduje dos dedos y comencé a moverlos dentro de ella, mientras que mi otra mano se afanaba en darle placer a mi culito, y de qué manera lo estaba consiguiendo. Me entretuve así mucho rato, de cuando en cuando me miraba al espejo y la imagen me parecía completamente excitante, yo, desnuda, empapada, de pie, y con un gesto en la cara que no hacía sino reflejar lo bien que me lo estaba pasando...mmh....aah,... no puedo más, la estimulación de mis dos agujeritos y mis pezones hace que mi vagina comience a abrirse y cerrarse, anunciando un orgasmo, entonces me arrodillo y el agua de la bañera, que para entonces ya estaba llena cubre mi cuerpo hasta la cintura, esa sensación ...mmh...me corro, mi respiración agitada y mis gemidos se entremezclan con el ruido del chapoteo.

Ese fue mi primer orgasmo, y digo primero porque en mis rituales de sexo, nunca vienen de uno en uno, de eso me encargo yo, no hay prisa, y como yo misma me complazco no paro hasta que no lo consigo o hasta que no me agoto.

No saqué la mano de mi vagina, seguía ahí dentro haciendo movimientos circulares con mis dedos, con la otra acariciaba mis tetas, pasaba mis pulgares por los pezones y los pellizcaba, llegaba a besarlos, esa era una gran suerte para mí, porque a mi lengua le encanta estirarse un poco para rozarlos con su puntita. Me puse a cuatro patas en la bañera con los codos apoyados en el banquito, pasé una mano por mi culito y la introduje entre las nalgas hasta que alcancé en esa nueva postura mi vagina. Una vez más comencé a introducir mis dedos dentro, pero esta vez eran tres, entraban y salían al unísono provocando que mi cuerpo se moviese adelante y atrás, movimiento que hacía que mis tetas se golpeasen con el banquito de la bañera y creo que no tengo que explicar cuáles eran mis sensaciones al notar como mis pezones chocaban y se deslizaban sobre el mármol blanco. Veía mi culito en el espejo, y mis dedos que desaparecían entre mi carne rosada oh, dios mío, cómo me ponía aquello, no podía dejar de gemir, necesitaba algo más... y lo tenía.

Salí de la bañera y desnuda y empapada me dirigí a mí habitación, el camino era corto. Cuando entré me senté en el borde de la cama, no podía apartar la mano de mi clítoris, de vez en cuando se deslizaba hacía abajo y hacía una entrada hacía el interior de mi sexo un dedo, dos, tres...los movimientos eran lentos, pero muy profundos. Estiré un brazo para abrir la puerta del armario en el que sabía perfectamente lo que buscaba. La parte interior de la puerta tenía un espejo enorme que una vez más me mostraba a mí allí sentada, esta vez al borde de la cama y con la mano frotando mi vagina enérgicamente, la calentura de los movimientos me hizo poner uno de mis pies sobre el borde de la cama para que mi vagina se abriese mucho mejor, los movimientos se aceleraban, apoyé una mano sobre la cama y en esa misma postura mis caderas se levantaban y quedaban en el aire, mi agujero se abría cada vez más, mi excitación era cada vez mayor...aah...mmh, no me veía en el espejo porque mi cabeza colgaba hacía atrás pero me ponía más cachonda cuanto más me imaginaba cuál sería la imagen que reflejaba , mis caderas al aire, un pie en el suelo y otro en la cama, y mi culo y mi coñito en primer plano. Estaba gozando como pocas veces, pero sabía que eso se podía mejorar, por eso volví a estirar el brazo hacia el armario y de ahí saqué como decimos todas 'mi juguete favorito'.

Estaba a cien, y no sé si sabréis en esos momentos cómo se agradece tener un consolador. El mío era vibrador, de látex, una polla casi en toda regla, sólo con tocarlo ya me estremecí, mis pezones demostraban su alegría y mi vagina se lubricaba pensando en él, me coloqué de rodillas encima de la cama y lo puse justo debajo de mí. Entonces comencé a bajar y subir en movimientos primero lentos...mmh.... mientras me metía el consolador, con los dedos previamente humedecidos por mi boca me sobaba el clítoris, los pezones, el culo... los movimientos eran cada vez más rápidos.

Después de un buen baño siempre viene una crema hidratante, y así lo hice. Tenía al lado de la cama un bote de aceite y me lo unté por todo el cuerpo, lo unté también en el consolador y entre mis manos y la polla lo repartí por todos los rincones de mi piel, oh, dios mío, cuando me tocaba con la punta del consolador totalmente resbaladizo sobre mis pezones...ooh...sobre mi clítoris...mmh. La excitación podía conmigo y me tumbé boca arriba sobre la cama, comencé a introducirme una vez más aquella polla en mi vagina..aah, sí... ya no podía parar, estaba terriblemente cachonda, el consolador entraba y salía de mi vagina, y mis caderas se mantenían en el aire de puro gusto, mi clítoris era estimulado sabiamente por mi mano, no podía parar de gemir, mi vecino de al lado, un chico estudiante, seguro que estaría haciéndose una paja pensando en mí, me constaba que lo hacía. No podía más, sabía que me iba a volver a correr y así sucedió, movía mis caderas arriba y abajo y cerraba mis piernas aprisionando entre ellas mi mano y el consolador....ah, sí...., no me importa que me oigan, el estudiante ya está acostumbrado a mis escandalosos orgasmos. Mis flujos se deslizaron entonces entre mis nalgas, cosa que hizo aumentar más mi excitación, sabía que pronto conseguiría otro orgasmo, así que lejos de sacar el consolador de mi agujero me di la vuelta y a cuatro patas hundí mi cabeza en la almohada y el consolador aún más en mi vagina, volvía a ver mi culo en pompa en frente del espejo, pero esta vez era una polla la que se perdía entre los carnosos labios de mi coñito, estaban completamente hinchados y colorados, colorados porque yo no podía más de gusto, los movimientos eran frenéticos...ah,ah...mi mano se movía lo más rápido que podía, y yo debido a mi situación no hacía más que chuparme los pezones y lamerlos con la punta de la lengua que se movía también muy rápidamente..oh, sí... me corro, me vuelvo a correr, me incorporo y el consolador queda totalmente incrustado en mi vagina mientras éste se convulsiona debido a mi tercer orgasmo, no paro de tocarme las tetas mientras con movimientos rotatorios entierro mis caderas entre el cobertor, y aún me excito más, porque el pelo de éste comienza a hacerme cosquillas, oh, sí, sé que me volveré a correr. Me tumbé boca arriba con los pies puestos sobre el cabecero de mi cama, como si estuviese en el ginecólogo, y comencé a pasarme el consolador por todo mi sexo, de arriba abajo, lentamente... lo que daría por tener una lengua pegándome lametadas ahí abajo, masturbándome, succionándome el clítoris, chupándome los labios...hummm.

 

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