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Sucedió en Madrid

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Me llamo Julián, soy un chico Argentino de 25 años que estudia en esta hermosa Ciudad Española en el Tecnológico. Vivo en esos pintorescos hostales de la zona de la Gran Vía, los cuales voy rotándo con asiduidad, ya que como estan atendidos por sus dueños, rapidamente se dan cuenta de donde provienen mis ingresos, soy un “taxi boy” bastante demandado.
Me dedico especialmente al cultivo y cuidado de mi cuerpo, ya que de eso vivo, precisamente me dedico a la atención de señoras ricas de la Ciudad, que se encuentran sexualmente insatisfechas y descuidadas por los responsables de satisfacer tales demandas. Mantengo mi musculoso cuerpo totalmente depilado, aunque en realidad soy medio lampiño y tengo poco pelo, incluidos cabeza y zona pélvica, poseo algunos tatuajes y aros distribuidos exactamente donde siento que voy a lograr exitar a una cliente con solo verlos.
Atiendo indistintamente damas y gays de la ciudad, aunque prefiero las primeras, no solo son más generosas y agradecidas sino menos histéricas, supongo que es por la necesidad, como en todo el mundo con la proliferación del movimiento homosexual y la indefinición de los sexos, hay gran demanda de machos de verdad.
De cualquier modo como me considero un profesional y trato de satisfacer las necesidades de mis clientes de cualquier forma, a veces me pregunto como sería mi codiciado cuerpo sino fuera mi principal fuente de ingresos, tengo en claro que por ahora, no existe para mi otra posibilidad de conseguir ingresos similares con la profesión que ejercere en el futuro, que es la de músico.
Mi localizador comienza a sonar alrededor del mediodia y salgo para mi trabajo como otros profesionales parten hacia sus oficinas y precisamente en este momento me llama Lola, una de mis mejores clientes, normalmente la veo una vez por semana y creo que realmente se ha enamorado de mí. Me preparo especialmente para ella, embadurnando mi cuerpo con aceite para niños, ya que lo frota tanto que es mejor estar lubricado. Sus gustos son heterosexuales y estoy convencido que no mantiene relaciones con nadie más, pero al llegar ese día a su elegante morada cercana a La Cibeles, me encuentro con que esta acompañada por Sebastián un chico esmirriado y con un cuerpo que es todo lo contrario del mío.
Como Lola advierte o percibe una sombra de celos e inquietud en mi rostro me dice: -Estate tranquilo mi amor, Sebastián es solo un complemento de nuestra relación y tus servicios han sido los mejores que el dinero puede comprar en Madrid, aunque realmente lamento que solo tengas un pollón, con dos miembros serías mi empleado permanente.
No entiendo de que me esta hablando Lola, pero es claro que si no existen hombres con dos miembros, necesita el servicio simultáneo de dos a la vez.
No puedo creer el mínimo tamaño del miembro de Sebastián, aún erecto no es mas que una lombriz larga y fina, eso sí es bastante más larga que la mía, lo cual no es poco. Como se dice despectivamente en mi país “Es un fideo”. Lola continua percibiendo mi nerviosismo y tranquilizadoramente me dice: -Julián, tu carnoso y enorme miembro es el más juguetón y eficaz que yo he probado en Madrid, pero debido a su tamaño, me ha desgarrado varias veces mi culo, lo puedo disfrutar mucho en mi coñito, pero realmente me haces sufrir cuando me follas por atrás. -He tenido que hacer un casting de miembros para poder encontrar algo de mi tamaño que reconozco que es muy chiquito y no se ha dilatado a pesar de tus grandes esfuerzos por satisfacerme. –Hoy quiero hacer la combinación perfecta para toda mujer, que al mismo tiempo me folles por adelante con tu precioso trozo y que Sebastián me clave su fideo en mi culito. Dicho lo cual y tomando la iniciativa arrancó mi camisa de seda y comenzó a mordisquear mis tetillas, lo cual sabe que me produce una instantánea erección.
La seguí a sus dormitorios y comencé mi esmerado trabajo, la desvestí con suavidad diciéndole frases al oído para llevar al extremo su excitación, la recorrí con mi lengua en la que tengo insertada una bolita de oro que produce increíbles resultados, deberían probarlo, mis dedos acariciaron su sedosa piel y en especial su cabeza, punto álgido y comencé lamer su perfumado coñito notando su jugosa excitación en mi lengua, creo que el oro produce algún tipo de reacción química en estos lugares porque se corrió aún antes de comenzar mis efectivos tratamientos. De cualquier forma Lola es de largo rendimiento y difícil de satisfacer aunque tenga varios orgasmos en cadena.
A todo esto Sebastián miraba la escena con su “fideo” presto para entrar en acción, parado al costado de la enorme cama y al percibir las necesidades de Lola entró en acción. Lola comenzó a saborear mi pollón con su lengua, estaba tan excitada que creí que me lo iba a arrancar, entraba y salía de su boca hasta clavarse en su garganta y dificultaba su respiración, pero parecía que quería más aún. Se puso boca abajo y yo me arrodille ofreciendo mi trozo y Sebastián le calzó su largo pene erecto follándola descontroladamente por el culo.
En un momento, Lola se incorporó con el miembro de Sebastián aún adentro de su ortito y me pidió que la empalme por adelante, en el momento que se la calcé, comenzó a rugir de excitación, no podía controlarse y temblada como si sufriera espasmos y fuera de sí, yo trataba de aguantar mi corrida todo lo posible para que su gozo fuera mayor pero era imposible de satisfacer, notaba que Sebastián se cansaba y jadeaba en su posición, incómoda hasta para un profesional, pero Lola continuaba sacudiéndose con sus brutales orgasmos a repetición y parecía que nos absorbía toda nuestra joven energía, a pesar de que nos doblaba en edad. Finalmente no aguantamos más y simultáneamente regamos nuestra cálida simiente en su ardoroso cuerpo, por delante y por detrás al mismo tiempo, eso pareció calmar a Lola un poco, aunque mis sospechas se confirmaron, ya que cuando logré salir del letargo y el cansancio del primer tramo, Lola ya estaba avocada a maniobrar mi miembro y el de Sebastián para volver a elevarlos, su húmeda cachucha continuaba sedienta, aunque le habíamos proporcionado todo nuestro jugo.
Nos increpaba, diciéndonos: -Par de maricones, hacedme gozar como una dama merece, clavadme sus pollitas por adelante y por detrás, quiero los agujeros taponados y seguir acabando toda la noche.
Parecía poseída por una excitación imposible de satisfacer, no había animal o ser animado capaz de calmar su sed de sexo, la combinación y la culminación de su fantasía de recibir ambos penes simultáneamente, había producido un monstruo sediento de semen y no había reserva que la calmara.
Volvimos a la carga aunque bastante cansados y tratamos de hacer por nuestra insaciable clienta lo imposible hasta que luego de una y otra vez, perdimos el conocimiento, cayendo en un sopor en el que no tuvimos noción del tiempo, hasta que Lola nos volvió a despertar con la sonrisa más complaciente que yo había visto en una mujer.
Lola pagó cuatro veces la tarifa habitual, aunque creo íntimamente que fue poco, ya que no pude volver a trabajar en varios días, ni siquiera pude levantarme de la cama por mi debilidad y mi falta de apetito sexual.
Esta historia termina por ahora acá, aunque conformamos la mejor pareja de taxi boys de Madrid junto con mi nuevo compañero Sebastián, nuestras clientes nos llaman “Chorizo y fideo”.

 

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