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Yo tambien me masturbo

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Sí, aunque les suene raro que una chica como yo diga eso, es verdad de hecho creo que eso me ha permitido en gran medida disfrutar realmente del sexo. Permitan que les cuente algo de mi vida, y luego me dicen qué opinan de eso.

Bien desde muy niña, fui criada por mi abuelo materno ya que era él único que se podía quedar en casa mientras que mi madre y mi abuela se encontraban trabajando en un fabrica de ropa militar, de mi padre sólo sé que preño a mi madre y desde el día que le dieron la noticia el muy cobarde la abandonó.

Mi abuelito debía tener como setenta años cuando yo apenas era una recién nacida, pero se encargada de hacerme casi todo, me alimentaba aseaba y vestía y eso lo continuó haciendo hasta que yo alcancé a tener como unos siete años de edad, ya que a partir de esos momentos yo había aprendido a ser auto suficiente, digo para bañarme y comer, pero algo que siempre me agradó fue el que mi abuelito sin ninguna mala intención me lavaba hasta que comencé a bañarme sola, por lo que yo misma me comencé a enjabonarme con fuerza sobre mi pequeño clítoris y esa agradable sensación embargaba todo mi cuerpo.

Siendo adolescente continué practicando ese ritual todos los días, cuando me bajó mi primera regla no me tomó desprevenida ya que tanto mi madre como mi abuela me habían contado que en algún momento eso me ocurriría. Desde luego que comencé a explorar mi cuerpo con mayor detenimiento, pero de manera muy discreta. Ya cuando yo llegué a los 17 mi madre tenía un nuevo marido por lo que nos fuimos a vivir a la casa de él, al lado de la cual vivía un chamaco de la misma edad mía, la ventana de mi habitación daba a la de la habitación de él, quiero decir que se encontraban una frente a la otra separadas únicamente por unos tres metros, la cosa era que tanto él como yo podíamos ver parcialmente la habitación del otro, a los pocos días mi padrastro nos presentó y comenzamos a mantener una buena a mistad, pero cierta noche antes de acostarme me dirigí a mi ventana con el fin de abrir la persiana para que entrase algo de aire, cuando lo vi a él digo a mi vecino que de paso se llama Ricardo, semi desnudo viendo una revista o algo así acostado en su cama y dándose como pequeños pero fuertes golpes sobre su pipi, al principio eso fue lo que me pareció a mí, pero al verlo con detenimiento por entre las hojas de mi persiana me di cuenta que realmente era que su mano se encontraba sobre su pipi y se lo jalaba para arriba y para abajo y cada vez con una mayor rapidez y fuerza hasta que finalmente se fue deteniendo y al parecer había algo en la parte superior de su puño, luego me enteré que eso era su leche. Esa noche mientras me encontraba en mi cama me di cuenta que él estaba haciendo lo mismo que yo me hacía pero de manera distinta. Durante unas cuantas noches lo seguí observando y al tiempo que él se hacía eso yo también me sobaba mi clítoris y gran parte de mi coño.

A los pocos días no pude aguantarme más las ganas de decirle que yo lo había estado viendo mientras él se golpeaba digo masturbaba, pero decidí hacerme la tonta para así que esperé que él se estuviera masturbando y de golpe abrí mi persiana justo en el momento en que Ricardo se estaba viniendo, como hice bastante ruido desde luego que llamé su atención, eso lo cortó todo y como pudo se levantó de su cama y corrió la cortina de su cuarto. Al día siguiente le pregunté qué había estado haciendo la noche anterior sobre su cama, al principio trató de cambiar la conversación pero al yo decirle que le preguntaría a mi padre de crianza, su actitud cambió por completo. A regañadientes me dijo que se estaba pajeando, al principio no lo entendí pero luego caí en cuenta que era de esa manera tan particular que él se refería al acto de masturbarse a sí mismo. Mientras él me daba un corta explicación noté que se había puesto nuevamente muy nervioso, y al observarlo con detenimiento me di cuenta que su mano trataba de ocultar o tapar el pequeño bulto que se había marcado en su pantalón.

Al hacerle referencia a dicho bulto, Ricardo como que cambio de manera de actuar, y en voz baja me preguntó si quería verlo de cerca, ya que la curiosidad me mataba acepté por lo que nos movimos al patio trasero de su casa, y tras unas matas de plátano se bajó el pantalón y luego el interior y de momento frente a mí se encontraba su pene, su mano de inmediato comenzó a subir y bajar agarrando su pene, mientras que yo lo observaba ensimismada, de momento Ricardo me preguntó si yo quería tocárselo, y la verdad era que sí, por lo que de inmediato lo agarré con mi mano derecha, se sentía duro y caliente entre mis dedos, él me fue indicando cómo mover mi mano sobre su pipi, y me limité a seguir sus ordenes.

En cierto momento él puso su mano sobre la mía y comenzó a moverlas con mayor fuerza y rapidez hasta que de su pene salió algo como escupido, eso me dio algo de asco al principio, pero al Ricardo terminar se limpió con algo de papel que había llevado de seguro para ese fin, él se encontraba subiéndose los pantalones cuando me dijo descaradamente, lástima que las mujeres no se puedan hacer la paja no sabes de lo que te pierdes. En ese momento me sentí picada, molesta por la insinuación de que no podíamos hacernos la paja, cuando yo sabía que sí, y sin pensarlo le dije que se encontraba muy equivocado, en su rostro pude ver que realmente no creía lo que yo le estaba diciendo, y luego remató diciendo bien si es así como tú dices por qué no te la haces ahora frente a mí, ya le he dicho que no pensé mucho y sin hacerlo detenidamente me subí la falda y tras bajarme la panti le mostré mi coño a mi amigo y vecino, él se quedó como esperando a ver qué yo hacía. Al sentarme sobre un pequeño taburete abrí las piernas y con mis dedos comencé acariciar mi clítoris, mientras que él me observaba en silencio, y de la misma forma descarada que Ricardo me preguntó si yo quería agarrar su pene, yo me armé de valor y le pregunté si él quería agarrar mi coño, yo no me imaginaba que se moría por tocarme el coño, pero eso lo aprendí más tarde.

Aunque sus movimientos eran torpes, el sentir otra mano que no fuera la mía sobre mi clítoris como que me excitó más todavía, y comencé acariciar mi coño con su mano bajo la mano mía. La mano de Ricardo se encontraba toda húmeda con mis flujos vaginales, únicamente me la pasaba sobre mi pepita, una y otra vez hasta que finalmente alcancé un sabroso orgasmo, Ricardo cuando levanté la vista se estaba masturbando nuevamente, pero en esa ocasión lo dejé a él solo que se la hiciera. A partir de ese día tanto él como yo disfrutábamos inmensamente masturbándonos uno frente al otro o juntos, con el tiempo Ricardo trató de hacerme mayores acercamientos sexuales, pero yo estaba firmemente decidida a llegar virgen a mi matrimonio, realmente ganas no me faltaban pero ya mi madre y mi abuela me habían aconsejado bastante de qué era lo que los muchachos buscaban realmente, pero tanto Ricardo como yo estábamos que ardíamos de deseos, gracias a esas viejas revistas que estaban en manos de mi vecino vimos lo que era mamar y en cierta ocasión él me propuso que yo se la mamase, lo que yo acepté siempre y cuando él me la mamase a mí al mismo tiempo, como había visto en una de las fotos de la revista, y así lo hicimos como siempre en la parte trasera del patio de su casa tapados por unos matorrales, el sentir su boca sobre mi coño fue algo realmente sabroso, y en cuanto a tener su verga en mi boca fue una nueva experiencia que realmente no me agradó tanto a mí como aparentemente le agradó a él tener su boca sobre mi coño, de hecho él continuó mamándome el coño en varias ocasiones y yo si le mamé su verga un par de veces más fue mucho.

Entre Ricardo y yo teníamos ese gran secreto, y nuevamente gracias a las viejas fotos a él se le ocurrió proponerme el que yo me dejase dar por el culo, como la mayoría de las fotos que veíamos, al principio me negué rotundamente, pero fue tanta su insistencia y en realidad tenía algo de curiosidad al respecto, que finalmente accedí a que me cogiera por el culo, pero para ellos debíamos buscar un sitio y un momento más adecuado, esa tarde mientras me daba una ducha me comencé a meter el dedo entre mi culo, y realmente no me resultó molesto, al día siguiente tomé una botella y mientras me enjabonaba me la comencé a introducir, eso si fue diferente ya que me dolió algo al principio a pesar de que estaba toda enjabonada. Para esos momentos mi madre y mi padrastro no se detenían a ver si la puerta se encontraba bien cerrada, y una noche que me dio algo de sed, cuando me dirigía a la cocina los escuché jugando en su cama, de manera sigilosa me tiré al piso y casi arrastrándome llegué a la puerta de su habitación que se encontraba abierta de par en par, y a pesar de la oscuridad vi cómo mi padrastro le empujaba su buen pedazo de carne a mi madre por entre las nalgas, ella al principio se quejó pero luego al parecer lo disfrutó bastante. Al día siguiente le pregunte a mi madre haciéndome la tonta qué habían estado haciendo ella y su marido, como mi mamá me hablaba bien claro me dijo que se les habían acabado los condones y que mi padrastro le había dado por el culo, yo sorprendida le pregunté si no le había dolido ya que la escuché quejarse por eso, me dijo que sí al principio pero que gracias a la vaselina el dolor le duró poco tiempo, tras lo cual al parecer como que se dio cuenta de que estaba hablando más de la cuenta y cambió el tema. La siguiente prueba que hice utilicé la vaselina, yo tenía el envase de un champú que era casi del mismo tamaño que el pene de Ricardo y con eso comencé a practicar cada vez que me daba una ducha.

Finalmente mi madre y su marido salieron de vacaciones, dejándome bajo el cuido de mi abuela que cuando se encerraba en su habitación a ver televisión, no la sacaba nadie ni que pasase un terremoto. Ese día en la noche dejé pasar a Ricardo a mi habitación, entró por la ventana de mi cuarto. Apenas se entró dentro de mi habitación se comenzó a quitar la ropa, desnudándose rápidamente. Yo por mi parte aún me mantenía con una dormilona que era de mi madre, algo transparente pero sin más nada debajo. Sin perder tiempo Ricardo comenzó a besarme febrilmente, les diré Ricardo en la escuela era del grupo de los gusanos de biblioteca, realmente no se relacionaba con muchos chicos, lo que en parte me daba la seguridad de que nuestro secreto se encontraba bien guardado. Cuando los dos ya nos encontrábamos bastante excitados él me comenzó a besar y lamer mi coño, y cuando menos lo esperaba me paso la lengua por mi culo, por suerte me había bañado antes de irme a mi cuarto. La sensación fue algo diferente, jamás pensé que me agradaría tanto, por lo que abrí más mis nalgas en señal de que continuase, su lengua caliente y húmeda me la introducía ligeramente por mi hueco mientras que yo me daba dedo sobre mi pepa.

Alcancé un sabroso orgasmo, y loca por sentir su verga dentro de mi culo me embadurne mi hueco y su verga con vaselina, copiando las posturas que habíamos visto en las fotos me puse de rodillas primero, luego agarré mis almohadas y las coloque bajo mi cuerpo de manera que mi cola quedase levantada, luego bajé mi torso y la mesa quedó servida, sentí cómo al principio el pene de mi amigo comenzaba a rozar mi ano, sentí su calor y su dureza, segundos después me lo comenzó a introducir, como yo mientras me duchaba ya había practicado con el envase de champú, el dolor fue pasajero pero una vez que su miembro se encontró dentro de mi cuerpo y sus brazos tomándome por las caderas me sentí desfallecer de lo contenta que estaba, Ricardo realmente se vino rápido pero finalmente pude disfrutar de esa agradable sensación.

Al terminar él se sintió algo avergonzado, quizás por lo rápido que se vino, pero yo realmente no le di importancia a eso, en cambio sí le pedí que me chupase mis senos, mis pezones aunque pequeños los sentía bien calientes, él sin protestar colocó su boca sobre una de mis pequeñas tetas y comenzó a chuparla, luego pasó a la otra y así sucesivamente. Tras terminar mientras él me chupaba los senos yo comencé a jugar con su verga la que se encontraba flácida, en pocos momentos volvió a tomar cuerpo por lo que yo sin decir palabra me volví a poner en cuatro patas. En esa segunda ocasión lo disfrutamos más, ya que se pudo aguantar un buen rato mientras me daba por el culo y una de sus manos me acariciaba mi pepita. Cuando terminamos Ricardo se estaba comenzando a vestir para marcharse por donde vino, cuando a mí se me ocurrió decirle que se detuviera, lo que me sorprendió fue que lo hiciera sin chistar, en ese momento me di cuenta de que de alguna manera yo tenía cierto poder sobre su persona, jamás me había detenido a pensar eso pero desde ya hacía tiempo sólo hacía lo que yo le decía salvo eso de querer darme por el culo.

Como para probar si era cierto lo que yo pensaba me senté en mi cama y abriendo las piernas le dije casi en tono de orden que me mamase el coño, y Ricardo sin decir nada se arrodilló frente a mí y colocó su rostro sobre mi vulva, acto seguido comenzó a chupar y lamer todo mi coño a tal grado que me hizo alcanzar otro sabroso orgasmo, yo todavía dudaba de que realmente me hiciera caso de manera ciega, por lo que le dije que deseaba un poco de agua para tomar, antes de que fuera a protestar me dirigí a la puerta y se la abrí indicándole que él sabía dónde se encontraba la cocina, hizo el gesto de tomar sus pantalones pero yo le indiqué que no perdiera tiempo que mi abuela de seguro se encontraba dormida. De manera muy sigilosa Ricardo salió de mi habitación completamente desnudo, yo cerré la puerta apenas él salió, y a los pocos minutos lo sentí tocarla. Al abrirla ahí se encontraba él con una copa de agua, me la tomé y le dije de manera autoritaria que se sentase mientras yo me aseaba en el baño, al regresar a mi cuarto Ricardo se encontraba sentado en mi cama tal como yo lo había dejado, pero mi ropa se encontraba dispuesta de otra manera, sospeché que él la había estado tocando y se me ocurrió decirle que me ayudase a escoger qué uniforme me pondría al día siguiente. Realmente sólo tenía dos uniformes y uno se encontraba en la cesta de la ropa sucia que fue el que tomé en mis manos y se lo alargué a él. Ricardo abrió los ojos sumamente sorprendido, fue cuando le pedí de favor que me ayudase ya que deseaba subirle el ruedo pero quería ver cómo se vería y el espejo de mi habitación no era lo suficientemente grande como para poder verme de cuerpo entero.

Sin más lo ayudé a ponerse mi uniforme, realmente era la falda, faltaba la blusa la que también saqué de la ropa sucia, una vez que estuvo frente a mí con mi ropa puesta le indiqué que se diera la vuelta, pero me pareció que faltaba algo, y busque sus zapatos y un par de mis medias de colegiala, tras ponérselos insistí que todavía faltaba algo, realmente el cabello de Ricardo se encontraba bien corto tipo militar, por lo que me puse mi dormilona y me dirigí a la habitación de mi madre, sentí a mi abuela trasteando en la cocina y tras tomar algunos artículos regresé a mi habitación. Una de las cosas que tomé fue una vieja peluca que se la enganché sin que él protestase, luego le coloqué un par de zarcillos de presión y sin que le diese tiempo a que protestase lo comencé a maquillar, al terminar Ricardo había cambiado completamente, pero aún yo pensaba que le faltaba algo, le ordené que caminase por mi habitación y fue cuando me di cuenta de lo velludo de sus piernas, además le ordené que se subiera la falda, y me di cuenta de que se encontraba sin nada debajo de la falda, y busqué una de mis pantaletas y se la entregué para que se la pusiera de inmediato.

Por un rato lo traté como si fuera otra chica, hasta le cambié el nombre llamándole Rina y él no protestó en ningún momento, luego de eso le ordené que se desvistiese y se marchase a su casa, sólo hasta que estuvo a punto de vestirse le ordené que saliera completamente desnudo, al fin y al cabo entre su ventana y la mía había tan sólo unos cuantos metros, nuevamente sin decir palabra me obedeció. Al día siguiente le comenté que charlar con Rina me había gustado mucho, y él me confesó que a "ella" también le había agradado, el resto de la semana lo pasamos compartiendo sin ninguna actividad de tipo sexual aunque yo me moría por las ganas de que me diera otra vez por el culo. El fin de semana siguiente mi madre y su marido volvieron a salir, según ellos visitarían a unos familiares de él. Por lo que la casa nuevamente se encontraba a mi disposición, claro que mi abuela se encontraba en casa en su habitación y sí no la molestaba ella no me molestaría.

Ricardo apenas pudo entró nuevamente por la ventana de mi habitación, y de inmediato se había comenzado a quitar la ropa, una vez que estuvo completamente desnudo se me tiró encima, fue cuando lo detuve diciéndole que si no me hacía caso se podía vestir y regresar por donde había venido. Ricardo no dijo absolutamente nada se quedó en silencio esperando que yo le ordenase. Yo me encontraba vestida y pensaba darme un baño, pero decidí probar hasta donde él me hacía caso o hasta donde estaba dispuesto a obedecer mis ordenes, así que luego que me senté en mi cama le ordené que se acercase a mi gateando, lo que hizo sin chistar, me bajé las pantis y nuevamente le ordené que me chupara el coño, y sin tener que repetírselo colocó su boca sobre mi vulva y se dio a la tarea de chuparme el clítoris y lamer mis labios vaginales. Eso de estar dando ordenes y que la obedezcan a una es muy sabroso, como un tiempo después escuché decir en el Colegio Universitario, el hacer uso del poder es sabroso. Bien, una vez que Ricardo me lamió y chupó hasta el cansancio mi coño, le ordené que se pusiera una ropa mía que yo había separado para él, sólo se limitó a verla y de inmediato se la iba a poner cuando lo detuve, sus velludas piernas como que no combinaban con el tipo de ropa que yo le había escogido, por lo que sin decirle nada me dirigí al baño y traje una maquinilla de afeitar de mi padrastro, también traje crema y una toalla húmeda, él al ver esos instrumentos me preguntó qué era lo que yo pensaba hacer, sin hacerle caso continué, era evidente que le pensaba depilar las piernas y el resto de su cuerpo, fue cuando Ricardo me preguntó qué le diría a sus padres al verlo depilado, sencillamente le respondí tu eres ciclista y los de verdad se depilan el cuerpo, así que de ahora en adelante practicarás ciclismo de verdad.

Al terminar de depilar todo su cuerpo le pasé la toalla húmeda y algo de loción para después de afeitar, desde luego que le ardió un poco pero su piel había quedado casi como la mía. Acto seguido le ordené que se pusiera primero la peluca luego lo maquillé, lo siguiente fue el que se pusiera alguna de mis prendas intimas de vestir, al terminar era como si me encontrase en mi habitación con alguna de mis amigas de la escuela, lo siguiente fue el ordenar que se pusiera la ropa que yo le había escogido para esa noche, cuando terminó de arreglarse nadie pensaría que se trataba de mi vecino de al lado. Luego de eso comenzamos a besarnos y a tocarnos mutuamente, hasta que llegó el momento en que yo estaba deseosa de que me empujase por el culo su pedazo de carne, me levanté la falda y dejando mis nalgas a su disposición le ordené que me besase y lamiera el culo, Ricardo se acomodó detrás de mí y su lengua comenzó a pasarla por sobre mi esfínter, haciendo que yo me sintiera bien contenta y alegre, luego de un rato sus dedos comenzó a introducirlos entre mis nalgas, al principio uno luego de a dos y de a tres a la vez, cuando ya estaba yo bien deseosa de sentirlo dentro de mí le ordené que me pasase la vaselina por mi hueco, y desde luego que él se la pusiera en su pene.

Ricardo me penetró con mucha mayor suavidad que la vez anterior, y su mano rápidamente se alojó en mi coño, mientras que metía y sacaba su miembro de dentro de mis nalgas, produciéndome un gran placer. Lo que me extrañó fue que se hubiera aguantado tanto tiempo sin venirse, y le pregunté fue cuando me dijo que se había hecho la paja antes de llegar a mi casa para poder durar más tiempo, a medida que Ricardo me daba por el culo sus dedos acariciaban mi clítoris, y finalmente se vino dentro de mí. Al separarnos vi en el rostro de Ricardo como que deseaba preguntarme algo pero no se atrevía. Mientras yo me duchaba y me aseaba trató de decirme algo pero como era tan tímido, no terminaba de decir qué era lo que deseaba saber, hasta que mientras que yo me secaba frente a él, le pregunté qué era lo que lo mortificaba tanto, y me respondió haciéndome otra pregunta, ¿ Si eso no me dolía mucho? Yo le respondí que no, y le expliqué las razones para ello, es decir de cómo me había preparado usando una botella al principio, y luego el envase de champú desde luego poniéndole vaselina. Me pareció que Ricardo deseaba probar que se sentía el tener una cosa metida entre sus nalgas, pero no se atrevía a pedírmelo. Como él se encontraba vestido de chica todavía, le ordené que se acostase boca abajo, y subí la pequeña falda que tenía puesta y le bajé las pantis dejando su cola al aire, tomé el mismo envase que yo usaba lo embadurné de vaselina y le ordené que abriese las piernas, con mis manos lentamente se lo fui introduciendo entre sus nalgas, hasta que casi todo el envase se encontraba dentro de su cuerpo, luego desnuda como yo me encontraba me acosté sobre él y comencé a empujar mi cuerpo contra el suyo, por un largo rato, hasta que Ricardo me dijo que se había venido sobre mi cama. Eso realmente no me agradó, digo el que se viniera sobre mi sabana, pero el tenerlo bajo de mí sí me gustó y mucho.

Desde esa fecha, nos ideamos la manera de hacer un pene con un pequeño arnés, él cual yo me colocaba y se lo introducía a él cada vez que teníamos una oportunidad. Cuando finalmente tuve edad para tener novio en cierta ocasión éste quiso mantener relaciones sexuales conmigo pero tan sólo le dejé que me lo metiese por el culo, al parecer eso bastó para que al mes me pidiera en matrimonio. Ricardo y yo seguimos siendo ama y esclavo, ya que ha ido a visitarme a casa como Rina, mi marido jamás ha sospechado de nuestra particular relación.

 

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