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¡ Que rico café!

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Había decidido tomarme la tarde para mí, pasear por el centro de la ciudad, mirar escaparates, comprar alguna cosilla pero sobre todo me apetecía observar a la gente, sentarme en un banco y verlos pasar o sentarme en un cafetería e imaginar las vidas e historias de esas gentes que me rodean.

Llevaba toda la tarde paseando y empezaba a estar cansada; la tarde no era muy apacible y consideré que era un buen momento para tomarme un café antes de recogerme. Entré en una cafetería y me dirigí al fondo para sentarme en una mesa que hacía esquina. Al entrar me dí cuenta que el camarero me observaba detenidamente y me seguía con la mirada durante todo el recorrido. Tenía la opción de sentarme en una silla o bien en un banco cuyo respaldo era la pared. Opté por el banco, me resultaba más cómodo pero principalmente tenía la oportunidad de observar a los demás, afición que antes os he confesado. Había poca gente y casi todos en el centro del local por lo que yo quedaba un poco alejada de ellos pero eso me permitía tener una visión global sin perder detalle. Sólo había una pareja joven a mi derecha, en la otra esquina que al igual que yo habían buscado algo de intimidad.

Se acercó el camarero que se fijó en mi al entrar; le pedí un café con leche mientras me miraba fijamente a los ojos, lo que hizo que yo bajara la mirada, al cabo de un ratillo volvió con él. Mientras tanto yo empecé a mirar a los demás e imaginar historias sobre sus vidas. También me di cuenta que el camarero seguía mirándome desde la barra y que sólo dejaba de hacerlo cuando alguien llamaba su atención. Empecé a sentirme incómoda, me azoraba su descaro al mirarme. Al intentar evitar la mirada del camarero me fijé con más detalle en la pareja de la otra esquina. Cuando había llegado estaban cogidos de la mano y mirándose con detenimiento a los ojos entre risas y palabras pero en esos instantes ya estaban besándose apasionadamente entre abrazos, ajenos a su alrededor.

Continué mirándoles, viendo como se devoraban a besos y como su respiración iba en aumento a medida que crecía su excitación. Sentí que me excitaba al verlos, al contemplar sus besos, sus caricias, su deseo, su respiración, su excitación. Volví la mirada al centro de la sala y me di cuenta que la gente no se percataba de lo que estaba pasando en aquella esquina, todos estaban en sus conversaciones a excepción del camarero que al estar pendiente de mi y ver donde dirigía mi mirada nos miraba a la pareja y a mi.

Seguí mirándolos con detenimiento e intercalando mis miradas con el camarero que seguía pendiente de la pareja y de mi. Cuanto más les miraba más excitada me sentía e incrementaba mi excitación el pensar que el camarero se daba cuenta de ello. Sentí mis braguitas mojadas, realmente estaba muy mojada y quería aliviar mi calentura en esos mismos instantes, mientras contemplaba a la pareja y ante los ojos del camarero.

Desabroché mis pantalones de talle corto, baje la cremallera y deslicé mi mano derecha hasta mi coño. Uffff...! enseguida reaccionó al contacto con mis dedos, los labios estaban hinchados y calientes. Di un pequeño respingo al acariciar mi clítoris y vi que el camarero estaba pendiente ya solamente de mi. Deseaba acariciarme hasta correrme mientras alternaba mis miradas entre la pareja que seguía a lo suyo y el camarero en cuya mirada percibía su deseo y excitación. Nunca me imaginé haciendo algo así pero mi excitación era ya tal que sólo deseaba correrme y que él viera como lo hacía.

Continué con mis dedos acariciando mi clítoris, lo alternaba con los labios que estaban recién rasurados y cuyo tacto me encantaba. Apoyaba la cabeza en la pared mientras mordisqueaba mi labio inferior y contenía mis gemidos. Seguía mirando a la pareja pero mi mirada ya prácticamente se concentraba en el hombre que no dejaba de observarme. Mis dedos se deslizaban con facilidad ayudados por mis flujos, sentía como mi clítoris reaccionaba a cada caricia proporcionada por mis dedos, los cuales se colaban también dentro de mi coño fácilmente. Mordía mi labio inferior, mi respiración iba en aumento y se volvía entrecortada hasta que finalmente me llegó el orgasmo... Ummmm...! muy intenso, todo me excitaba, la pareja, el hombre que me estaba viendo, la cafetería... mi espalda se arqueó ligeramente mientras mi cabeza seguía apoyada en la pared y me corrí muy a gusto.

Seguidamente hice señas al camarero para que me trajera la cuenta. El se acercó y sonrientemente me dijo: “Invita la casa y puedes volver cuando quieras”. Le respondí con una sonrisa y le agradecí la invitación.

Nunca imaginé que me disfrutaría tanto que vieran como me corría mientras me masturbaba al igual que me excita ahora pensar que tú me has visto a través de mi relato.... Ummmm!!!

 

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