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Bajo la lluvia

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Esa tarde de invierno fue el momento oportuno que yo ansiosamente esperaba para complacerte, haciendo realidad tu fantasía erótica. Durante toda la semana estuve pendiente de los reportes del clima y aseguraban un sábado lluvioso, ¡tal cómo lo esperaba!.

El sábado en la mañana, al despertarme cerca de las diez, lo primero que hice al salir de la cama fue mirar a través de la ventana. Aunque aún no estaba lloviendo, unos grandes nubarrones oscuros cubrían el horizonte de extremo a extremo. Esta vez los reportes del tiempo no habían fallado: pronto la tierra sería acariciada por las gotas frescas y cristalinas de la lluvia cantarina. Después de mirar a través de la ventana tomé el teléfono y te llamé emocionado para invitarte al parque. Debía estar loco por invitarte al parque en un día como este, pero no podía ser otro día. Hoy era cuando iba a hacer realidad tus sueños eróticos. Me sorprendió que aceptaras la invitación a salir sin poner ninguna objeción, después de todo, el panorama no se presentaba muy agradable. Pero talvez tu intuición femenina anticipaba algo, no lo sé. Pero este sería el mejor día para cada uno de nosotros. Cuando terminé de hablarte y de hacer todos los arreglos para encontrarnos volví a tomar el teléfono para llamar a mi amigo Juan. Todavía tenía algo de tiempo antes de salir.

Por fin llegó el momento esperado. Era cerca del medio día. Traté de vestirme lo más casual posible pues de todas maneras no iba a necesitar mucha ropa en el parque. Ni siquiera me preocupé de llevar ropa adecuada para la lluvia, ni nada para cubrirme. Al salir de la casa, los que antes eran nubarrones oscuros en un paso perezoso sobre el azul del cielo eran ahora unas masas amenazantes cargadas del líquido vital. De hecho, unas pequeñas gotas empezaban a caer y para cuando llegué al parque las pequeñas gotas se habían convertido en una sinfonía magistral escrita en allegro.

Llegué a la parte del parque donde habíamos quedado en encontrarnos a la una y mi sorpresa fue mayor al encontrarte ya ahí. No sé desde cuando estarías esperando pero te notaba una actitud expectante, como si anticiparas algo. Te habías vestido con una falda corta que te daba un poquito más arriba de las rodillas y que por la lluvia que caía se te había pegado completamente a la piel. La blusa que llevabas también se te pegaba a la piel y pude darme cuenta que no llevabas sostén. La redondez de tus senos se dibujaba completamente y tus pezones se habían erguido y se marcaban durísimos a través de la mojada tela de tu blusa. Lucías realmente seductora y estimulante hasta el punto que no pude evitar una erección en ese momento y debido a la lluvia se me marcaba el paquete completamente a través de la tela del pantalón.

No hubo necesidad de decir nada más. Te tomé entre mis brazos y nos fundimos en un beso interminable. Nuestras lenguas se encontraban una y otra vez. Con un placer enorme yo atrapaba tu lengua con mis labios, la chupaba, la mordía suavemente. Tú también hacías lo mismo con mi lengua y con mis labios. La calentura se nos había subido a ambos. Parecía que esto era lo que estamos esperando desde hacía tanto tiempo. En medio de un jardín que estaba oculto en un rincón del parque las flores presenciaron el encuentro de dos cuerpos fogosos, cuyo ardor era imposible apagar ni siquiera con la lluvia que nos cubría completamente.

Empecé a desnudarte. Esa era una parte de tu fantasía: hacer el amor en un jardín bajo la lluvia. Te saqué la blusa toda mojada y al contacto directo con el agua me dio la impresión que tus pezones se pusieron más duros. Pudo comprobar esto cuando empecé a chuparlos. Estaban durísimos. Me lengua los envolvía y mis labios los aprisionaban. Tus senos redondos se amoldaban a la forma de mis manos que no se saciaban de apresarlos y estos, por el efecto de la lluvia y el frío, parecían más redondos y más firmes. ¡Qué delicia era sentir el agua sobre tus senos!, parecía como si estos fueron unas sensuales copas de las cuáles yo podía beber tu pasión mezclada con el agua sin diluirse. Después te saqué la falda y me di cuenta que no llevabas ropa interior. Ahora pude comprobar que definitivamente venías preparada para hacer realidad tu fantasía. En ese momento pensé si anticiparías también lo que faltaba para que tu fantasía se hiciera completamente real. Esta vez te habías rasurado completamente tu pubis. Lucía espléndido. Tu vientre liso, tu pubis fresco, tus labios vaginales perfilándose libres e hinchados por el placer y tu clítoris majestuoso… te aseguro amor que en este momento tu fantasía se hizo mía.

Ya desnudos los dos nos acostamos en el verde césped que se extendía como una alfombra, como una cama verde que la naturaleza dispuso gratamente para el disfrute nuestro. Tu cuerpo desnudo sobre el césped parecía una sensual flor abierta que despedía la fragancia suave de la pasión y el deseo. Me acosté suavemente sobre ti para envolverme contigo. Envolviste tus piernas alrededor de mis caderas mientras que nuestros labios se unían en una cadena interminable de besos y chupeteos. La lluvia seguía cayendo y cada gota parecía un dedo que recorría mi espalda con sus húmedas caricias. Tus manos se movían inquietas sobre mi espalda también y me acariciabas las nalgas suavemente. Me decías que cuando te llamé en la mañana y te dije que te invitaba al parque, inmediatamente vino a tu mente este momento que estábamos viviendo. Te dije que este era mi regalo para ti y que desde ahora podrías compartir todas tus fantasías conmigo pues estaba dispuesto a hacerlas realidad para ti. Te mencioné también que si te acordabas de la otra parte de tu fantasía y un brillo de lujuria se reflejó en tus ojos. “Claro que me acuerdo”, me dijiste en un tono muy sensual, “mi fantasía completa es hacer el amor en un jardín bajo la lluvia… con dos hombres a la vez”… pero, ¿no me digas que…”.

Sin darte tiempo a terminar cubrí tus labios con los míos al tiempo que hacía un gesto hacia unos arbustos que rodeaban el jardín. De en medio de los árboles apareció mi amigo Juan quien solamente esperaba mi señal tal como habíamos acordado cuando lo llamé en la mañana. Tú conocías a mi amigo Juan así que no te sorprendiste mucho de verlo allí. Es más, hasta creo que esto también lo anticipabas. Juan se acercó a nosotros. Estaba completamente desnudo y su pene erecto parecía que estaba a punto de explotar pues se había excitado de vernos desnudos acostados en el césped. Este era, querida Giovanna el cumplimiento total de tu fantasía; hoy tendrías a dos hombres a tu disposición, anhelantes los dos de llenar cada espacio de tu cuerpo y de disfrutar de tus gemidos y tus orgasmos. Dos pares de manos empezaron a recorrer tu cuerpo. Mientras yo te sobaba tus senos mi amigo Juan metía sus manos entre tus nalgas y tu sexo y después cambiábamos.

Podías sentir a los lados de tu cuerpo un par de penes que estaban completamente duros y tus gemidos escapaban de tus labios. Nunca te imaginaste el placer que dos hombres podían darte y eso que solo estábamos en las caricias previas. Nos pediste que nos quedáramos de pie mientras que tú te arrodillaste sobre el húmedo césped. La lluvia no detenía su jugosa carrera como uniéndose a nosotros para el disfrute del momento. Estando de rodillas en el suelo tomaste entre tus manos nuestros penes y empezaste a acariciarlos bajando la piel completamente para descubrir los glandes que a estas alturas estaban completamente morados por la excitación. Alternando entre el pene de Juan y mi pene empezaste a mamar nuestros miembros. Después trataste de meterte ambos penes en tu boca pero no lo conseguiste, estaban demasiado duros e hinchados pero eso no te impidió seguir dando lengüetazos y chupadas. Recorrías con tu lengua toda la extensión de nuestra hombría y cada tanto te metías nuestros testículos entre tu boca. Mamabas y chupabas con lujuria, como si tuvieras ante ti un manjar que no quisieras que se acabara nunca.

Lamías tan rico nuestros penes que no pudimos aguantar ya más y al mismo tiempo Juan y yo decidimos inundar tu boca con nuestra leche. Tres grandes chorros salieron al mismo tiempo de nuestros miembros y fueron a parar directamente a tu garganta que mantenías abierta para recibir nuestro jugo calientito y te lo bebiste sin ni siquiera derramar una sola gota. Tu sed por la leche de hombre no dejaba de sorprenderme. A pesar de haber vaciado las bolsas, nuestros penes seguían duros como piedras, listos para continuar con esta orgía de pasiones naturales. La fiesta en el jardín apenas estaba empezando y sabíamos que todavía teníamos para largo contigo. En ese momento nos dijiste que tu sueño más sensual era ser penetrada por dos hombres a la vez. Sin esperar oírlo una segunda vez nos dispusimos a complacerte en tu sueño. Yo me eché de espaldas en el césped y tú de frente a mí con tus rodillas en el suelo te insertaste mi pene en tu vagina. Qué rico fue sentir mi pene llenando completamente tu húmeda cueva que rebozaba de jugos y calores.

Juan por su parte se puso detrás de ti, inclinándote un poco hacía mí para dejar libre el agujero de tu ano. Por un momento intentó meterlo en tu vagina pero la tarea de introducir dos penes en una misma entrada resultaba imposible. Así que mientras yo penetraba tu vagina Juan decidió penetrarte en el otro agujero que te quedaba libre: tu ano. Poco a poco se fue abriendo paso ayudado por el agua que seguía cayendo sobre nosotros. Por fin logró meterte el pene completamente en tu ano. Tuvimos que alternar el mete y saca porque resultaba casi imposible insertar nuestros miembros al mismo tiempo. Ese alternar entre tu vagina y tu ano te puso muy excitada. Te metía mi pene hasta el fondo y lo sacaba y Juan entonces metía el suyo y lo sacaba. Estuvimos así por unos momentos. Para entonces ya no gemías, gritabas como si hubieras enloquecido. Si hubieras sido una yegua estarías relinchando de puro placer montada por dos caballos desbocados. Tus gritos se confundían con la lluvia que caía y nuestros gemidos llenaban el jardín. Si las flores tuvieran oídos se hubieran asustado de nuestros gritos.

Ya era casi insostenible la presión sobre nuestros miembros. Estábamos a punto de eyacular por segunda vez y fue así. En menor cantidad pero igual de fuerte, llené tu vagina con la blanca savia que emanaba de mi árbol de vida y casi al mismo tiempo Juan se vino dentro de tu ano. Pudiste sentir la leche calientita en tus dos agujeros de placer y el orgasmo que sentiste fue potente. Arqueaste tu cuerpo como una gata en celo y no querías separarte, querías seguir sintiendo nuestros penes que empezaban a ponerse fláccidos dentro de ti. Mientras que la lluvia seguía cayendo sobre nosotros permanecimos unidos en el jardín en ese encuentro triple de cuerpos encendidos. Parecíamos una estatua erótica en medio de las flores y solo nos levantamos hasta que cesó la lluvia y se fueron las nubes.

 

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