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Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

En esos deseos encontré una página que no estaba escrita, encontré a ella, mi pareja desde hace tres años, haciéndose cargo de las más determinantes actitudes, dejando a un lado las mías, aplastado mis voluntades de hacer algo que pudiera agregar a nuestra relaciones de sexo. Para impedir mis actos sublevó la personalidad y ató mis manos de lo alto de una viga, acababa de bañarme por lo que es obvio que esperó el momento sigilosamente, como una gata en medio de la ciudad esperando por su presa. Mis pocas ropas hacían de mí alguien vulnerable, ella puso la música y se movía por mi derredor observándome, como estudiando dónde estaba mi mas frágil zona. Al comprender que me provocaba deseos acudió a la más vil de mis sospechas, rozaba con sus dedos partes inauditas de mi cuerpo, desinteresada, superada, desconocida para mí. No me desvestía como yo hubiera imaginado, sólo me tocaban los pies con sus propios pies. Me seguía rodeando sin saber que hacía mientras no la veía, pero sentía su cercanía con en aliento en celo, incomodando mi sexo atrapado en mi ropa interior. Ella sabiendo de ese problema no acudía en mi auxilio, por el contrario, sonreía gozosa de mi dolor.

Comenzó a moverse desbrochándose la ropa y mostrando sus pechos, los que siempre me cautivaron, mas que nunca hoy, haciendo lo que nunca hace, se acariciaba ardiente de ella misma, o de la situación, debajo de su camisa tenía puesto un conjunto amarillo que le regalé, lo había comprado para las ocasiones que yo planeaba, pero no para la sorpresa inaudita de ella. La trama era una sola pieza, de red, con los escotes suficientes para hacer estragos en mi mente de sólo imaginarla, al verla era sublime. Se desprendió el resto de la ropa y mostró su cuerpo por completo, con ese conjunto amarillo que lucía como nunca.

Se acercó y dejo caer mi bata de baño, y con cara de admiración se hizo la sorprendida de mi conflicto entre mi miembro y el calzoncillo que llevaba puesto. Se acercó lentamente, penetro su mano dentro de la prenda y sólo se limitó a acomodar mi excitado tronco viril. Rodeaba mi cuerpo con su caminar rozando el mío, apenas con su mano tendía un cinturón imaginario por mi cintura y abrió mis piernas desde atrás, subía con las manos por el interior de las piernas hasta el final, la espalda, el cuello y su aliento en mis hombros, con sus manos tomo mi sexo desde atrás y lo jadeó provocando los desprendimientos de flujo, acariciaba mi pecho, mi cara... se posó delante y bajó lentamente la única ropa que tenía, dejando mi cuerpo desnudo para admirar luego desde un sillón, ella sentada y superada de la situación. Se acariciaba mientras me miraba, se movía como una perra excitada mostrando todo lo que había para mí, pero sin dejarme mas que mirar, gozando de mi impotencia al estar atado de manos y necesitar desesperadamente hacer algo con mi sexo.

Tuvo un orgasmo, bebió un sorbo de vino tomó un consolador que también le había regalado sin un uso fructífero en su momento, quizás por los nervios de su inexperiencia hoy lejana. Mostró su cola, se puso en cuatro y poco a poco fue acercando el mismo a su cola, sabiendo lo que en mi provocaba en las fantasías. Lubricado al máximo lo fue introduciendo lentamente, cada vez mas, y más, hasta que poco quedó fuera, lo movía de adentro hacia fuera en un vaivén lento y seguro, gritaba al compás de su masturbación hasta que llegó a su segundo éxtasis. Yo, atado en la viga como desde el principio no aguantaba mi dolor con mi pene erecto desde hacía mas de una hora, ella se acercó, se puso de rodillas y sin mover las manos de su espalda introdujo en su boca mi pene por completo, aunque luego de esa sensación indescriptible se limito a tocarme con la lengua apenas la punta una y otra vez, haciendo que mi dolor se multiplicara insufriblemente. Luego se puso detrás de mí, tomó mi cola con sus manos y me besó mi ano en una confusa sensación de placer, deseando mas de ese caramelo en mi interior, su lengua me recorría sin final desde arriba a bajo de mi cuerpo, con las manos rodeó mi miembro apretándolo en un éxtasis lindero con el dolor, del que necesitaba mas, pero ella limitaba una y otra vez.

Se puso delante de mí nuevamente, estudiaba como hacer que el goce se transformara en mas placer, se volvió a poner de rodillas delante de mí, tomó con sus manos mi miembro y lo sacudió infinitamente, lo introdujo en su boca acompañado de un gemido continuo, imparable estaba a punto de acabar en un orgasmo y el dolor me hacía desvanecer la idea de acabar en su boca, aunque se detuvo ya no sorprendiéndome, estaba dispuesta a hacerme sufrir en un placer que no había tenido nunca.

Acercó el sillón lo puso frente a mí, se puso ella frente a mí y apoyó sus brazos en el sillón, puso su cola delante de mi sexo y con su mano se penetró con mi verga latente de deseo y ganas de hacer lo que ella hacia, penetrarse con mi pene erecto reclamando por su cuerpo. La curva de su espalda pronunciada como un puente vencido y su cola aflorando en el extremo, sus manos tomando mi sexo y penetrándolo en su sexo era la imagen de mis sueños tiempo atrás, era la imagen del ahora. Sólo hizo falta ocuparme de mis movimientos hacia adelante, empujando el placer sobre su colita redonda y sensual, como siempre la había visto, pero ahora deseosa de mí, como yo de ella. Mi pene, lubricado con todo tipo de flujos iba y venía a su interior mientras ella pedía furiosa -ahora partirme!- y juro que sentía que el que se partía era yo, al estallar en lagrimas simultáneas con mi orgasmo, interminable, inacabable, furioso.

Luego me desató y casi me desvanezco en el suelo, lo que ella impidió sentándose sobre mí. Volvió a penetrarse ahora sobre mí, y se dedicó a jadearse de adelanta hacia atrás, impidiendo mi desfallecimiento, me volvió a excitar y se movió interminablemente, dolorido de tanto placer, de mi erección sólo se dedicó a hacerme acabar una vez mas, para lo que ya no podía mas. Ya era imposible superar mi sueño aún dormido, ella los cumplió todos de una vez, como para que pueda gozar en la imaginación hasta que no queden mas que sensaciones de pregunta, al no saber dónde se desprendía mi imaginación de la realidad.

 

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