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La oficina a mi disposicion

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Sueño en el que mis jefes se van a otro país. La oficina queda para mí, y entonces aprovecho para realizar mis fantasías. Meterme en las páginas de relatos eróticos e imaginarme en esas situaciones. Bajando mis pantalones para empezar a tocarme. Sentirme como si fueras vos la que me provoca, la que me seduce, la que me calienta. Cierro los ojos y mi imaginación se dispara sola. Vos entrás al departamento sin tocar la puerta (alguien olvidó cerrarla). Las luces están apagadas, pero en la oficina del fondo hay una encendida. Te acercás suavemente, mientras escuchas gemidos que aumentan. Te empezás a excitar. Imaginás la escena que vas a encontrar cuando entres. Sentís como tu conchita se va humedeciendo. No podés evitar tocarte mientras caminás hacia esa oficina. Asomás tu cabeza y la imagen, en un principio decepcionante, luego te ayuda a concretar tu fantasía. No hay ninguna pareja cogiendo. Sólo estoy yo. Tocándome. Y viendo videos pornográficos. Tu mente empieza a imaginar cosas y tu cuerpo responde con calor, cada vez más. Tu mano se esconde debajo de tu pollera. Yo no te noté aun. Mi mano se sigue moviendo sobre mi pija. Una mano en el mouse y la otra bajo el pantalón. Vos no podés resistir la calentura y te empezás a acercar. De repente giro mi cabeza y te veo. En un principio me asusto, pero al momento me doy cuenta de la oportunidad que se presenta. Como si no me importara, sigo mirando mis relatos y mis videos, sin dejar de tocarme. Vos entendés la provocación. Te acercás a mí desde atrás. Tus ojos se posan sobre la computadora y te calentás más con las imágenes que se suceden. Tu boca se apoya en mi oreja y con suavidad pero decisión empezás a lamerme. Muy excitante. Mis ojos se cierran, mostrando que mi cuerpo se sintió tocado. Poco a poco mi cuerpo responde a tus caricias, las cuales no se detienen, y te enfrenta. Te quiero besar. Vos querés seguir el juego que yo empecé. Me decís que no, que primero te tengo que chupar la conchita, si no no. Yo accedo con sumisión y excitación. Corrés las cosas de encima de la mesa, te subís, y te recostás pidiéndome que te bese. De a poco voy bajando tu pollera. No me cuesta mucho, ya la mitad del trabajo estaba hecho. Las botas quedan puestas. Me calentás más así. Mi boca se posa sobre tus labios inferiores y saco mi lengua para empezas a realizae esta grata tarea. Sentís como tu conchita agradece (vos también) la dedicada chupada que te estoy regalando. Te sentís acabar y me avisás. Yo con gusto recibo tus jugos. Ahora sentís que es mi turno de recibir y te levantás. Yo, cambiando mi rol, te retengo encima de la mesa y te digo que todavía no. Mis dedos empiezan a explorarte. Acarician y penetran tus dos agujeritos, que deseosos se abren y piden más. Cuando te sentís acabar por segunda vez, te levantás decidida y me bajás los pantalones. Yo me reclino en el sillón y me dejo hacer. Tu boca no aguanta la espera y empieza a chupar apenas aparece el glande. Te la tragás hasta donde aguantás, porque pocas cosas te calientas más que chupar una buena pija. Una mano trabaja incansadamente en mi; la otra trabaja de la misma manera en tu propio cuerpo. Toda tu mente quiere sentirme en todo tu cuerpo. Te sacás la remera y el corpiño y me pedís que te la meta. Yo me levanto y te pongo con las tetas sobre la mesa. La sentís fria, a la mesa. Y te provoca sensaciones distintas. Yo, por mi parte, me pongo el forro y acaricio tu conchita, solo para ver cuan mojada va a recibirme. Despacito apoyo mi pija sobre tu conchita. Se abre paso lentamente, tocando todos tus nervios. Tu cuerpo se estremece. Me empiezo a mover, metiendo y sacando. Mis dedos, entretanto, se detienen en tus tetas, en tu espalda, y finalmente en tu agujerito trasero. Sabés que me encanta tu culo. Y sé que te encanta que te meta el dedo ahí. Sentís un placer tan grande como un interminable orgasmo. Yo no puedo sentir más que un profundo deseo y la más deseosa excitación. Cambiamos de posición. Yo en el sillón y vos cabalgándome. Mirándonos a los ojos y cogiéndonos con la mirada. Sentís un nuevo orgasmo llegar. Yo quiero acabarte en la cara, así que me aguanto. Aguanto hasta que no puedo más. Te aviso que estoy por acabar. Rápidamente la sacás de tu conchita, le sacás el forro y te la ponés en la boquita. Con ansias y deseo la chupás, esperando ese delicioso manjar por venir. Yo me siento desfallecer. Mi orgasmo es largo y profundo. La leche sale y te mancha la boca y la cara. Tu lengua no deja escapar ninguna gota. Tus manos también ayudan. Te lavantás y me mirás a los ojos. Nos besamos. Los dos cansados, pero satisfechos.

 

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