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Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

"Deja de decir tonterías y vete a jugar" me dijo mi madre. "No tengas miedo Tú, deja el miedo para mí" Le dije. "Yo no tengo miedo", me contestó, pero estaba visiblemente aterrada. Este diálogo ocurrió cuando tenía trece años. La tontería que le dije a mi madre fue la siguiente: "Mamá, algo raro me pasa en los oídos. Escucho las cosas que la gente dice, pero entiendo más allá de sus palabras, entiendo lo que realmente quisieron decir al hablar. Es raro, es como si leyera el pensamiento". Ella creyó que se trataba de invención mía, pero no era así. Así viví durante largos años, segura de que nadie comprendería mi condición, que terminarían por sentir compasión de aquello que ellos llamaban "mi problema".

Créanme, busqué por todas partes una explicación a mi sexto sentido y no encontré más que teorías muy estridentes. La definición más cercana vino de una amiga que asistía a un grupo de estudio de cuestiones esotéricas; desde luego al comentarle del asunto no le dije que yo tenía la facultad de escuchar claramente las entrelíneas de lo que la voz de los demás expresaba, pues eso daba siempre algo de pavor en mis interlocutores, pues mientras dudaban acerca de si mi facultad de oír era cierta o no, la simple idea de no poder ocultar sus verdades les producía histeria, así, le comenté que una amiga de la facultad me había dicho que sentía síntomas extraños, que al escuchar la voz de los demás desentrañaba exactamente el pensamiento que precedía a la emisión de voz y que por ello el lenguaje le resultaba algo ridículo, pues de las palabras pronunciadas ella escuchaba la intención que encerraban, y que frente a ella no venían al caso las diplomacias, porque hasta las disculpas entendía en su sentido más puro de negociación.

Ella respiró profundo y dijo con pose de erudito: "Lo que tu amiga tiene no son síntomas, pues ello hace presumir que se trata de una enfermedad, y créeme, ya quisiera yo tener esa enfermedad que dice, se le llama clariaudiencia, sólo la poseen los seres que han alcanzado cierto nivel de evolución y desarrollo, pues es el fruto de un largo camino de disciplina, y consiste en que una persona es capaz de escuchar los pensamientos ajenos, es como la clarividencia, sólo que manifestada al oído. Cuídate de esa amiga querida, pues escucha todo lo que piensas".

Yo repuse torpemente "pero es que no escucho los pensamientos, sólo entiendo lo que las palabras quieren decir", y con ello quedé al descubierto como una mentirosa y como la iluminada en cuestión. Ella hizo un gesto, mirándome incrédula, dijo: "Ya veo, tú eres esa amiga que escucha". Que quiso decir MENTIROSA, ME OCULTASTE QUE LEES MI MENTE.

"Entiende que no leo tu mente", le dije. "¿Te creeré?" esbozó con ironía, y completó "Si no leíste mi mente, como supiste que pensé que me ocultabas que leías mi mente?" "Tú me lo dijiste cuando hablaste" "No creo haberlo dicho", que quiso decir CABRONA BRUJA TELÉPATA, y continuó, "pues felicidades por esa facultad que no todos tenemos, cultívala. Perdón, pero tengo que irme", es decir PINCHE AFORTUNADA, SI NI TIENES VIRTUDES, ME LARGO, NO QUIERO VERTE MÁS.

Y así era. Mi habilidad de escuchar tenía que permanecer en secreto si quería tener una vida social coherente. A nadie le gusta ser escuchado en entrelíneas porque a nadie le gusta la verdad, y yo todo el tiempo me cuestiono qué pasaría si la gente se quitara el velo y comenzara a ser justo como le gusta ser, el orden se vería trastocado por un tiempo, pero iniciaría una era de libertad, ausente de mentiras. Yo mejor que nadie sé que el mundo es una telaraña de mentiras, que cada palabra que se emite es una apuesta a ganar. No escucho el pensamiento, pero entiendo, entiendo más de lo que quisiera, y mi secreto tuvo que ser acallado, y tuve que aprender a considerar las versiones verbales de la verdad de la gente, y no aquella que entendía de sus voces.

Uno de mis principales problemas fue, obviamente, relacionarme con los hombres, pues las palabras preciosa, te invito, amiga, linda, original, lista, acompañar, copa, café, bonito vestido, y casi cualquiera que pronuncian, a mí me suena a follar.

No es que sea enemiga de follar, pero un diálogo como "Oh, pero si tú eres la prima de Julieta, nos conocimos en el baile en su casa de la semana pasada, ¿Lo recuerdas?, me simpatizaste, sé que estás algo apurada pero no puedo perder la ocasión de invitarte un café, o una copa, lo que quieras, y platicar un rato, conocernos un poco, ¿Cómo ves?", yo lo escucho como MIRA QUÉ NALGAS, ERES LA JODIDA PRIMA DE LA PUTONA AQUELLA, TU CULO ME ENCANTÓ CUANDO LO VI EN EL BUFFETE DE NALGAS DE LA SEMANA PASADA, ME ACUERDO QUE TUVE LA VERGA PARADÍSIMA, PIENSO QUE ERES UNA CACHONDA Y ME GUSTARÍA QUE NO TE OCUPARAS DE NADA QUE NO SEA MAMARME EL NABO, ASÍ QUE DEJAME INTENTO VER SI QUIERES FOLLAR AHORA O MÁS TARDE, QUIERO QUE TE METAS MI VERGA EN EL CULO Y MIS TESTÍCULOS EN EL COÑO, QUIERO FOLLAR UN RATO, VER CÓMO ERES EN LA CAMA, ¿SE TE ANTOJA CULITO?, por lo tanto, los trato casi exclusivamente cuando quiero follar, y los oigo hablar no para darme cuenta si quieren follar o no, porque siempre quieren, sino para evaluar qué tan bien lo hacen.

Pese a todo, no siempre quiero estar follando, casi siempre me siento muy sola, terriblemente sola. Tener este estúpido don no me hace muy feliz, más bien ha venido a estropearme la tranquilidad. ¿Alguien alguna vez ha deseado ser más ordinario de lo que es para no darse cuenta de las cosas?, ¿Alguien alguna vez ha querido ser un poco más tonto para disfrutar de la innumerable cantidad de simplezas que el mundo ofrece y estar muerto de risa todo el tiempo?, ese alguien me entendería, es como mirar el televisor y desear tener sólo una cuarta parte del cerebro para no detectar que un cretino programa es una mierda, que un noticiero no es objetivo, que el negro cabello de un artista no es un tinte, que las tetas de Pamela Anderson son tan falsas como el paquete de Sylvester Stallone, que a los políticos les importa un pedo el pueblo, para ver una selección de videos caseros presumiblemente divertidos y encontrarlos hilarantes, reír con cualquier idiotez, conmoverme con cualquier farsa que se asemeje a los sentimientos humanos, sorprenderme con aquello que alguien con el mínimo aplomo o convicción pronuncia y que mi cuarta parte de cerebro creyera a pié juntillas como innovador.

Quisiera ser menos intuitiva, menos receptiva, pero no lo soy.

Busqué entonces alguna actividad que me gustara a mí y que les gustara a los demás, y por lo tanto elegí ser vocalista de un grupo. El grupo en el que me metí tenía, como casi todos los grupos, una doble cara, por un lado tocaba jazz por afición, y por el otro tocaba cumbia y música para fiestas por necesidad. Además, el chico que tocaba la batería era un encanto, además de sumamente serio, casi no pronunciaba palabra, era un pimpollo monosílabo que supo ganarse mi corazón.

Todo lo que tenía que decirme lo expresaba con sus ojos, con sus manos, me abrazaba y me sentía querida. La primera vez que estuvimos juntos fue después de una tocada del Magic Jazz, que era como se llamaba el grupo.

Esa vez tocó en suerte que el público conocía algo de jazz, de manera que valoraron la escasa arte que podíamos desplegar en el escenario, al concluir teníamos el cuerpo tan lleno de adrenalina que el simple roce del aire nos hacía sentir toda clase de cosas. Dado que no teníamos dinero tuvimos que regresar a pie a nuestras casas; llegado el momento en que él tenía que seguir por su camino y yo por el mío, observamos que la luna era demasiado enorme y que ello nos invitaba a unirnos. Le seguí y esa noche no llegué a mi casa, cosa que me trajo problemas, aunque los regaños de mi madre, lejos de sonar con algo de preocupación por mi, en realidad querían dejar en claro que yo no la iba a burlar a ella, es decir, lo importante era que no sufriera un descalabro su autoridad, mientras que mi seguridad y desarrollo eran lo de menos.

Pero valió la pena. Le pedí al tun tun tun que tocara la batería para mí, y yo a cambio bailaría al ritmo que sus tambores y platillos me ordenaran. Nos metimos a un cuarto que, afortunadamente para sus vecinos estaba sellado a prueba de fugas de sonido y él se sentó sobre su banquillo, tomó las baquetas y comenzó a darle con furia a la batería.

Yo sentía cada golpe de tambor y cada rasguido del viento como un latigazo sutil, como si un brazo blando y caliente azotara mi cuerpo y con su manilla me diera un ligero pellizco. Yo me asombraba de sentir esa especie de dolor porque lo encontraba excitante, y desde siempre había considerado al dolor como la antítesis del placer, y he aquí que esto me dolía pero me encantaba.

Mi baile no era, supongo, un himno a la gracia del cuerpo, pero sí era un premio a la energía. De rato yo no distinguía que mi cuerpo danzante y las notas y el ritmo fueran cosas distintas, era yo misma el sonido total. Joan, que era el nombre del chico, me pareció un ente poderoso, era como el Dios Shiva, con innumerables brazos, cercenando el mundo pero pariendo cierta justicia. Quise acariciarlo, sentir en mis manos y en mi pecho el movimiento de sus músculos mientras tocaba la batería. Me paré a espaldas suyas y mientras él reventaba los tambores y platillos, yo me agachaba para sentir fusionadas su espalda con mi torso y pechos, mientras que mis manos lo rodeaban hasta tocar los músculos de su pecho y abdomen que se movían como los de un caballo de batalla. Por un instante pude unirme a su vehemencia, y sentir el cuerpo vibrante tocando la batería, que había acentuado la fuerza de sus ritmos, mis manos pellizcándole las tetillas eran ya la misma cosa que los platillos y mi sexo que goteaba miel.

Por fin le toqué el paquete luego de pasar mi tacto por aquellas piernas que desternillaban el bombo y el contratiempo. Él seguía tocando y yo ya le había sacado su sexo del pantalón. Sujetando su sexo con las dos manos sentía con mayor fuerza el ritmo. Él estaba muy sudado y yo tenía mi sexo muy mojado. Lo tomé luego de los hombros y lo hice girar en su banquillo, quedando a espaldas de su batería, de su otra novia, y dejando su verga frente de mí. La introduje en mi boca y comencé a chuparla como una enorme mamila, sintiendo como esa pieza seguía concentrando todas las vibraciones que, atrapadas en la habitación, no podían escapar y por lo tanto se iban a alojar en su falo y en mi vulva. Lo chupé procurando meterme todo su trozo en la boca, sujetándole el miembro con la mano y frotándolo en forma audaz.

El banquillo y la batería estaban atornilladas al suelo, por fortuna, pues sólo eso permitió que dejara de mamarle su carne para sentarme sobre él a horcajadas. Él recargando su espalda en la tarola y en otro tambor, mientras que yo estaba sentada en posición de tocar la batería, con el detalle de que, entre el banquillo y mi cadera yacía el cuerpo de Joan, tan firme y duro que merecía todo mi cariño. Con algunas dificultades logré poner uno de mis pies en el pedal del bombo y otro en el pedal del contratiempo, así, a cada sentón que daba le correspondía un enviste de batería. Me puse muy caliente sólo de sentir el cuerpito de Joan, quien seguramente tenía esta fantasía, pero ni siquiera la había imaginado. Mis movimientos comenzaban a hacer un verdadero estruendo, pues mi cuerpo estaba a mil, y sentía un orgasmo.

"Aquí puedes gritar todo lo que quieras, este cuarto encierra el sonido", me dijo; lo del cuarto lo escuché como lo que era, una indicación de que el cuarto era a prueba de fugas de sonido, sin embargo lo primero lo entendí como ME GUSTARÍA COMPROBAR QUE PUEDO HACERTE GRITAR. Sin recelo comencé a dejar que mi fuego se tradujera no sólo en caderazos mojados que engullían aquel pene que se doblaba dentro de mi cuerpo con una tensión y lubricación deliciosa, sino que empecé a vocalizar mi placer, emitiendo mil sonidos nuevos que no se habían escuchado nunca en la naturaleza, también comencé a golpear los platillos con mis manos, y el ritmo que escuchaba era mi escala, mi tempo, mi solo, el tono de mi piel, la armonía de mi alma. Justo con un platillazo vino el orgasmo de él, quien empezó a verter todo su semen dentro de mi matriz, mientras que mi cuerpo seguía una inercia primitiva de vaciarlo. Yo tenía la tranquilidad de estar en días no fértiles, aunque lo contrario no me hubiera detenido en aquel momento, me hubiera entregado aun a la procreación.

Sudados y exhaustos caímos al suelo, recargándonos en el muro que no estaba frío gracias a que estaba cubierto con una esponja con textura de conos, especial para mitigar las ondas sonoras. No dijimos nada, eso fue muy bueno.

Esa noche no sólo viví esa experiencia maravillosa, sino que esa noche conocí a Christian Vander. Monosílabo como era, Joan salió del estudio y me trajo un disco doble en edición que, después supe, era de colección, era una recopilación de solos de un baterista francés de apellido Vander. Fue el comienzo de una orientación musical.

Días después le comentaba a Joan entusiasmada lo genial que me parecía el disco que él me había regalado, de nombre Korusz. Él dijo que los solos de batería estaban bien, nada más bien, que cualquier baterista estudioso podría hacer cosas similares. De lo que dijo entendí que no le gustaba Christian Vander como baterista y que ello provenía de una comparación no muy exitosa que hacía entre Él y el baterista Francés.

La verdad me parecía incongruente lo que Joan decía, pues a Vander lo escuchaba no como un baterista técnico, sino como un ser que se transformaba en su música y que al hacerlo contaba, para suerte de quien lo escucha, con un dominio técnico de la batería extraordinario. Joan todavía me regaló tres discos sencillos de un proyecto de Vander que se llama Offering, y un disco en vivo de la misma agrupación. ¿por qué no le gustaban? No lo sé, ni me explico por qué los tenía si no le agradaban. Me los dio en mi cumpleaños, cosa que me hizo muy feliz, aunque pude detectar que le resultaba fabuloso deshacerse de los discos quedando además muy bien conmigo.

El descubrimiento de Offering cambió mi vida, pues el grupo no cantaba en ninguna lengua conocida. Acaso alguna canción la cantaban en francés o en inglés, pero en su mayoría eran piezas que eran pura voz, sin idioma, y sin embargo lo que cantaban era bello, intenso, embriagante.

La noche de la batería y el detalle de presentarme a Christian Vander, son cosas respecto de las cuales siempre estaré en deuda con Joan, de quien, sobra decir, ya no tengo noticia. Como todo lo que termina, lo nuestro terminó mal, pues, pasado un tiempo empezó a consumir drogas, lo que no hubiera sido mal visto por mí, a no ser que el consumo y posterior trafique de coca lo volvieron muy parlanchín. En cuanto abrió la boca comenzó a caerme mal, empezó no sólo a mentir, sino a mentirse. De rato, el grupo ya no tocaba Jazz, sino pura música comercial, y a veces ni eso. El rompimiento definitivo ocurrió en una noche de concierto de Jazz en el que me dio por improvisar y cantar con el estilo agudo y casi absorbido de Vander. La pieza fue muy aplaudida por el público, pero al terminar la tocada Joan montó en cólera contra mí por haberme apartado de su composición, si es que lo era, por lo que me pidió que me ciñera al estilo de las canciones o que buscara otro grupo.

Elegí marcharme, y no encontré otro grupo en el cual cantar. La necesidad me hizo unirme al grupo Terranova Show, que era un conjunto fiestero. Mi muerte musical, y en general mi interés por la vida, decayó terriblemente esas épocas. Incapaz de suicidarme era de todas formas bastante capaz de preguntarme si la vida valía la pena. Mi don de escuchar seguía latente, pero nadie decía nada. Hasta aquel día.

Durante una fiesta de una línea aérea contrataron a nuestro grupo para amenizar. La fiesta estaba ni más alegre ni más aburrida que las otras. Era día de luna y yo estaba algo inquieta de mi organismo. A mediación de fiesta, luego de un ligero receso, llamó mi atención que una chica pelirroja se acercara a mi y me susurrara al oído, "¿No tienen algo de un tal Magma?, tóquenlo ya para que cierre el pico aquel cabrón que no para de hablar. Tóquense Juana la Cubana", yo sonreí nerviosa, un antifaz que llevaba me impedía sonreír del todo, pero miraba al tipo que no paraba de hablar de Magma. Cierta vez escuché un poco de Magma, casi por accidente. Vander es baterista de Magma, pero por alguna causa no me agradó del todo. El hombre me gustó a la primera impresión, pero no como para dejar ahí abandonado el baile, tenía que seguir cantando. Al cabo que habría oportunidad de localizarlo al terminar las canciones contratadas; sin embargo, al terminar ya no estaba él, sino solamente la chica que lo acompañaba, la que sería sin duda su novia. Una novia ingrata, debo decir.

La noche había sido una especie de sobredosis de todo, durante toda la fiesta me la pasé escuchando voces extrañas, mirando a la gente, observando como unos a otros se miraban entre sí y con los ojos se decían toda serie de cosas, veía los movimientos. Veía al tipo de Magma haciendo aspavientos con las manos, a una rubia, al parecer su novia, tremendamente irritada, a un hombre mayor hastiado de la plática de aquel chico, a la vez que deseoso de tener a la rubia, y el resto del grupito distraído. Algunos comenzaron a bailar con nuestra música. Podría decir cómo es una persona sólo de verla bailar.

Yo seguí cantando y de repente perdí de vista al hombre de Magma. Llegado el fin de nuestra actuación estaba bastante perturbada. Había noches en que me había sido fácil sobrellevar una fiesta, alegrando a la gente, pero hoy, esta noche en especial, lo que necesitaba era tener interés verdadero por algo. Sabía que no estaba muerta, pero no se me daba muy bien afirmar que estaba viva. Seguía viendo a la gente linda que paseaba de un lado a otro de la fiesta y me sentí envuelta en el juego que jugaban, por un instante pensé que era factible rendirse de una buena vez al orden descompuesto que es la vida humana, dejar de una vez por todas de ver en la mentira maldad, sino abrazarla como la única verdad constante, tal vez los hombres sólo pensaban en follar porque las mujeres nacieron para ser folladas, tal vez era tarde pero a buen tiempo de dejar de esperar algo de este mundo y avenirse a lo que el destino deparara.

Una buena manera de empezar esta tranquilidad sería encontrar al hombre de Magma y hablar un poco con él, a ser posible llevarlo a la camita y ver si es cierto que le gustan las emociones fuertes. A propósito, y para mejor lograr mis fines, me dejé puesto en el rostro un antifaz negro y con plumas que portaba esa vez. El antifaz me convertía en un ave casi humana, con carne humana pero con la agudeza de un ser que vuela.

Encontré muy animados al hombre mayor y a la chica rubia. Mi intención era preguntarles el paradero del tipo de Magma, total, si me preguntaban mis razones les diría que no sabía, que la chica pelirroja me había pedido que lo buscara. Sin embargo me acerqué y me mantuve a su lado esperando que terminaran de contarse lo que se contaban para luego hablar, lo que escuché, y lo que se dijo, cambió el curso de mi noche:

Dado que mi sentido del oído es, como he dicho, muy intuitivo, he de referir lo que se decía y lo separaré de lo que en realidad se quería decir:

"¿Pero no irá a venir el extraterrestre de tu novio? TENGO ALGO EN MENTE PERO NO ME GUSTARÍA TENER AQUÍ CERCA AL INÚTIL DE TU NOVIO", decía el hombre mayor.

"No creo, me enfadé con él lo suficiente como para no verlo de aquí a pasado mañana OLVÍDATE DE ÉL, PROPÓNME LO QUE SEA, TAL VEZ Y TU NOCHE DE SUERTE SEA ESTA, Y LA MÍA TAMBIÉN", dijo la chica.

El hombre mayor se tocó la barbilla como si filosofara, pero desde luego filosofaba en cómo llevarla a la cama justo ahora, pues se veía que entre ambos había habido sexo ya alguna vez, imposible pensar que el chico de Magma no lo hubiera notado, una mujer lo sabría al instante. El tipo dijo "Todavía sigo muy dolido de que me hubieras ganado la apuesta del reloj ME ENCANTARÍA COBRARME LA APUESTA PERDIDA, Y DE PASO DARTE TU MERECIDO"

La chica abrió la posibilidad: "Una apuesta es una apuesta. Perderías conmigo siempre. ¡Es más! Apuesta lo que sea JUGUEMOS AL AZAR, SI TIENES SUERTE TENDRÁS TODA LA SUERTE QUE MI CUERPO PUEDA DEMOSTRARTE"

"Te apuesto mi moto contra tu coche VAS A PERDER CABRONA", dijo el hombre.

"Va la apuesta, ella es testigo", repuso ella, que significó eso mismo y me señaló a mi. Él se apresuró a sacar una moneda del bolsillo. Tal cual si el sujeto fuese un profesional del cara o cruz, extrajo una moneda conmemorativa del aniversario del Banco de México; uno eligió el águila y el otro la imagen de un edificio antiguo. La encargada de tirar al aire la moneda fue la chica, y yo, que no tenía auto, miraba con extrañeza que este par se jugara a la suerte sus vehículos, aunque sospeché que la apuesta era un pretexto para organizar sin culpa algún juego de pierde y gana. La verdad fui feliz de estar entre aquellos dos, participando de un evento inusual para mi, siendo testigo sin riesgos, divirtiéndome. Me sentía uno de ellos. La moneda giraba como un clavadista, hasta que por fin cayó en el suelo. La chica acababa de perder su auto. Puso cara de total decepción e incluso se formaron en sus ojos una especie de ojeras. Su cara seria la hacía lucir tan triste que ganas me daban de pedir dinero prestado para comprarle un auto.

"Un caballero no puede hacerle esto a una dama NO PUEDES DEJARME SIN AUTO, PIDE LO QUE SEA MENOS MI AUTO", dijo ella.

El sujeto contestó, "Las damas y los caballeros no apuestan. No somos caballeros ni damas, pero podríamos ser uno el amo, y otra la esclava, y con eso saldaríamos la deuda. Sólo por esta noche, sólo hasta el amanecer TU ERES UNA PUTA Y NO UNA DAMA, Y COMO TAL DEBO TRATARTE. ESTÁS EN MIS MANOS Y CON ELLAS HABRÉ DE HACER CONTIGO LO QUE QUIERA. ERES MÍA HASTA QUE SALGA EL SOL", propuso él, dejando pocas opciones a la chica.

Ella se quedó callada, mientras que él apuró la situación, "No tengo toda la noche, o me das tus llaves o aceptas mi primer orden que es decir lo siguiente: Sométeme, hazme la puta que soy NO SEAS PAYASA Y HAZ LO TUYO, ME ESTOY IMPACIENTANDO".

Ella repuso en perfecto español, educado y con excelente dicción, "Sométeme, hazme la puta que soy"

Dejaré por un momento de señalar lo que las voces querían decir, pues de lo contrario el vértigo de los sucesos me rebasarían.

"Pero mira. Por estar distraído con lo de la apuesta no había notado que nuestra amiga es la cantante, y todavía tiene puesto el antifaz. A ver, que no permitan ya la entrada de nadie más. Esta fiesta va a comenzar", mientras el tipo decía esta fiesta va a comenzar, miraba con lujuria a la chica rubia, la que ya había dejado su aire superior, su aire dominante, la que ya no era más un ser humano, era menos que eso, era un animal al cual los hombres podrían aprovechar, sin voluntad, sin opinión, era una esclava, y lo sabía. Ya no emanaba de ella más luz que la que pudiera asumirse de aquel cuerpo bonito que tenía, pero era la luz oscura que emanan los objetos perversos, la luz que emana una guillotina cuando la vez, la luz tenebrosa de una pistola, el brillo ácido de un látigo tirado en el suelo, de un potro de tortura, el tenebroso fulgor de una cruz de oro invertida, como un objeto que no puede negar la condición de aquello a que sirve. La belleza de la chica no podría ser separada de la naturaleza de su amo, quien seguro exigiría de aquella carne toda la elasticidad de que era capaz. El hombre maduro continuó, esta vez dirigiéndose a mi: "Cantas muy bonito. Tienes una voz espléndida. ¿Sabes qué entiendo cuando escucho la palabra Fidelio?"

"No sé", repuse, "tal vez pensarás en la Obertura "Fidelio", opus 72b de Ludwig Van Beethoven"

"Veo que encima te gusta la música culta, lo que te hace un estuche de monerías, linda, lista y con una bella voz, pero sin embargo te equivocas, al escuchar Fidelio pienso en la película de "Ojos bien cerrados" de Stanley Kubrick, pienso en sexo y elegancia, pienso en excesos y refinamiento. Si quieres, tú también podrías salir ganando esta noche. Estoy dispuesto a pagarte $25,000.00 pesos sólo por cantar, nosotros montaremos nuestra fiesta y tú harás que la fiesta se torne fina y delicada, poco importarán las cosas que ocurran; si observas o deseas tener tus ojos vendados ya es cosa tuya; la tesitura de tu voz hará de cada acto un acto santo, pulcro, limpio".

Como percibí que en el fondo sólo quería eso, acepté el trabajo; además que me daba mucha curiosidad lo que le pasaría a esta rubia Barbie. El hombre me instruyó luego de pagarme: "Una vez que entremos tú comienza a cantar, ahorra fuerza pero no pasión, que nadie ha dicho que será fácil que cantes hasta el amanecer"

Entraron y el hombre maduro, a quien los demás trataban como "Capitán", comenzó a ordenar: "A ver ustedes, Pedro, Jimmy, vengan a darle de comer verga a esta putita". La rubia estaba sentada sobre sus rodillas, no pronunciaba palabra, el juego lejos de disgustarle parecía atraerle mucho, su cara era el de una mujer que está bajo la influencia de una droga poderosa. Sus ojos de todas maneras revelaban que, pese a que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa, aquello no era algo que conociera, es decir, puede que su imaginación ya previera lo que le iba a ocurrir, pero era su primera vez sin duda, salvo que fuese muy hábil para poner esa carita de primera vez.

Como estaba ella todavía vestida, el Capitán sacó de su bolsillo una mascada de la aerolínea y le colocó la prenda en los hombros, para que pareciera que ella estaba en horas de trabajo. El Capitán le dijo mirándola con fingido desprecio "Siempre has rechazado a Jimmy porque es pobre, porque es un simple ayudante de mecánico, pues hoy vas a conocer de lo que te has perdido con el buen Jimmy. No sólo arregla los aviones para que no nos estrellemos, sino que tiene la herramienta más grande de la empresa. Más vale que hayas cenado poco, porque es mi deseo compartirte con todos los que están aquí, conocerás a todas las vergas de la compañía, irás a trabajar y a dónde voltees habrá un hombre cuya verga conoces, y ellos sabrán cómo se siente tu boca, cómo se siente tu coño, cómo se siente tu culo. Te verán haciendo de sobrecargo en el avión y pensarán en la idiotez de los pasajeros, que creen que eres una chica seria, una chica buena, una chica difícil, si supieran, si corriera el rumor de lo puta que eres. Ojalá un día aborden uno de mis vuelos exclusivamente varones y vayas tú de azafata, les diría que montáramos una orgía con tu cuerpo y pondría a trabajar el piloto automático. Mira, el buen Jimmy."

Yo estaba cantando, pero a ser honesta enmudecí un poco cuando el tal Jimmy sacó de su bragueta un enorme palo, más moreno que la piel morena que se veía surgir de sus mangas, grande en verdad. Era un pene tan singular que no sabía si al decir el buen Jimmy, el Capitán se refería a la persona o en particular a aquella gran verga. La rubia no dijo nada. "Abre la boca. Métete Jimmy, tu también Pedro". La chica empezó a mamarlos a ambos a la vez. La boca tuvo que abrirse demasiado, y la que jugaba más era la lengua, pues con el grosor de la verga de Jimmy ya era un abuso que se metiera otro bestia en el mismo sitio, por lo tanto no llamaría a aquello una mamada, pues la chica lo que hacía era poner un orificio húmedo a la altura de aquellas dos vergas que parecían más preocupadas de sobarse entre sí que recibir el cariño de unos labios de mujer, la boca tan abierta dejaba caer saliva sin control alguno sobre su retención.

El Capitán miraba la escena con lujuria, y no sabría decir si quisiera ser uno de los proporcionadores de palo, o la chica, pues miraba de espaldas, seguro no se veía la cara de la chica que es lo que podría darle morbo, sino sólo la parte de tronco no metida, las pelotas de los rellenadores. El Capitán se acercó a las espaldas de la chica y se inclinó un poco, no para tocarle la espalda ni las nalgas, sino para estar un poco en sus zapatos, rodeándole a ella con los brazos. La lógica indica que le tomaría de las tetas mientras ella chupaba a Pedro y a Jimmy, pero no fue así.

El Capitán en realidad se había acercado para inclinarse hacia el cuerpo de Jimmy y Pedro, de quienes tomó las vergas sin el menor recato de que ellos no quisieran dejarse tocar por él; lo cierto es que el Capitán comenzó a pajearles cuidando que en ningún instante quedara desocupada la boca de la felatriz. Los agitaba con tal fineza que era obvio que su intención era, más que controlar la situación, golosearse agarrando aquellos troncos, sintiéndoles la piel que los cubre, oprimiendo suavemente la carne de dentro, sintiendo placer al máximo en los momentos en que, como ahora, un pene tan descomunal como el de Jimmy empezaba a regar la leche dentro de la boca de la muchacha. Pedro hizo lo propio. Ni Pedro ni Jimmy dijeron nada por el hecho de estar duchándose uno en la leche del otro, de estar friccionando sus penes como si fuesen las palmas de sus manos, ni les importó que luego de correrse fueran las manos del Capitán quien les untaba como crema humectante el esperma, diseminándolo desde la punta hasta los testículos.

La chica, visiblemente vejada por el esperma en su boca, lo escupió, cayendo sobre su trajecito. Yo seguía cantando, pero cada vez me excitaba más. Desde luego no quería estar en los zapatos de la rubia, pero ver como el aire se llenaba de puro sexo me empezaba a afectar. Nunca en mi vida había visto yo tantas vergas a la vez, ni juntas ni separadas. Me sorprendía de ver lo distintos que eran unos de otros. Algunas vergas eran cabezonas, otras rectas, otras puntiagudas, unas circuncidadas, otras pequeñas, otras grandes, otras únicas como la de Jimmy. El Capitán se enderezó y sacó de otro de sus bolsillos otra pañoleta de la línea aérea e hizo una falsa mueca de enfado a la vez que se limpiaba el semen ajeno de las manos, tal como si dijera, "maldición, ya me manché, no era mi intención", pero lo cierto es que luego de Pedro y Jimmy, él fue quien más gozó con todo aquello.

El Capitán propuso un juego. Acomodaron las sillas a manera que parecieran las filas de un avión. Habilitó una mesilla con ruedas y obligó a la chica a que hiciera la ronda vestida de azafata, diciéndole, "Mira Sonia, vas a hacer tu mejor trabajo, a qué esperar que se llene un avión con puros varones si podemos aquí improvisar uno. Te pararás al frente y harás toda esa mierda de señalar dónde quedan los baños y las salidas de emergencia, luego nos dirás qué hacer en caso de pérdida de presión, y luego tomarás el carrito que está allá y nos servirás tragos, pero te alzarás la falda y te desabrocharás la blusa mientras lo haces, pues nosotros tomaremos lo que mejor nos venga en gana para volar".

Así se sentaron cerca de quince hombres de la línea aérea, según entiendo, mecánicos, pilotos, copilotos, barrenderos, taquilleros, en fin. Sonia, que era como se llamaba, empezó a dar las instrucciones a seguir durante el supuesto vuelo. Luego empezó a servir los tragos y los pasajeros comenzaban a meterle mano en las nalgas, unos le metían los dedos, otros le daban de nalgadas. Uno de los pasajeros se alzó sobre la silla y se echó vino en el culo y le pidió con toda educación "Señorita, ¿puede darme más vodka y lamerme el culo, por favor?", cosa que Sonia hizo con gran desagrado, mientras el vecino del asiento de a lado dijo "No quieras la chica para ti solo, yo quiero que me mame el palo", "pues tenemos un problema" dijo el sujeto con voz intermitente y culo parado, "Puede que haya una solución", dijo el otro.

Se paró frente al otro sujeto, visiblemente más alto que él, y con su consentimiento se le repegó al cuerpo. La verga del aficionado a los besos en el culo tenía su sexo muy parado aprisionado entre su abdomen y el inicio del diafragma del otro, quien lo abrazaba con la única intención de que, por debajo de los testículos de la verga aprisionada, emergiera el tronco de su falo hasta un sitio en que Sonia daba unas mamadas al culo y luego al glande. En teoría ninguno de los pasajeros era homosexual, aunque yo me pregunto qué diferencia a estos hombres de un homosexual, aunque para juntarse y sentirse usan de pretexto a la rubia.

Mientras, los pasajeros ponían sus vergas en las manos de la chica, y otro empezó a follarla por la vagina. A fin de no hacer el cuento muy largo, todos y cada uno de los pasajeros pasaron por el culo, la vagina, la boca y las manos de Sonia.

Luego de esa sesión en que los hombres de la compañía entrelazaron sus lazos laborales, a la vez que algunos cumplieron su fantasía de poseer a la azafata, muchos de ellos se fueron. Al final quedó el Capitán, uno a quien llamaban Copiloto, además de un hombre hermoso que llegó, acompañado de la chica pelirroja del mensaje y otra mujer.

El Capitán dio la orden de subir a la planta alta, pues con lo del supuesto avión la sala principal había quedado hecha un desastre. Yo me había puesto muy caliente pese a que lo ocurrido en el cuerpo de la rubia me parecía de muy mal gusto, sin embargo, ver los cuerpos sudados, la tensión, el esfuerzo, la manifestación ciega del deseo animal, me habían hecho desear una verga como pocas veces. No obstante que los labios de mi pelvis estaban mojados e hinchados, me era incomprensible ver tanta irresponsabilidad, pues la rubia se había metido con todos aquellos hombres y ninguno se puso preservativo, por lo que hacerlo con cualquiera de aquellos hombres hubiera sido una especie de cara o cruz, además, si hubiera hecho caso a las solicitudes de los pocos que se separaban del grupo de supuestos pasajeros para saciar mis ganas, sería inevitable que los otros no quisieran hacer de mí una esclava adicional. Por lo tanto mi cuerpo hervía, pero no había como callarme.

Antes de subir le dije al Capitán, "Agradecería si me ofrece un poco de agua". El Capitán le hizo una mueca extraña a un barman que apenas se vestía luego de haber follado a la rubia, quien terminó trayendo un vaso con agua que me supo muy extraña. Fue el último trago que sirvió ese barman, quien también se marchó.

Sin estar segura, me dio la impresión de que el trago que me dieron traía algún tipo de químico, porque me sobrevino un furor intrauterino que era imposible disimular. Así, estando ya arriba, seguí cantando pero no podía contenerme sólo de cantar y estar viendo los cuerpos magrearse entre sí, y así, empecé a cantar y a la vez me tocaba el sexo. Me daba lo mismo todo, mi vida retraída, inteligente, profunda, siempre me había pagado mal. La chica de cabello negro que había llegado con el hombre guapo, miró mi predicamento y se acercó a mí y me preguntó "¿Bebiste algo que no te supo muy bien?", yo asentí con la cabeza.

La chica de cabello negro me simpatizó, aunque había algo extraño en su mirada. Era extraño que se me acercara a preguntarme algo con tanta ecuanimidad y entereza, pues de hecho se había separado de mamar la verga del hombre con quien había llegado para preguntarme aquello con tono de psicólogo. Hizo una mueca y le dijo al Capitán, "Si serás cabrón, le diste a la singer uno de tus cerdos brebajes. Así que tendrás que disculparle que deje de cantar, y como no le pagarás por follar habrás de respetarla, al fin y al cabo, para putas tienes con esa Sonia".

Fue a otra recamara y de ésta trajo un trajecito de lencería, un consolador de plástico y una funda de almohada negra. Me tendió el traje de lencería y dijo "Si te has excitado viéndonos, danos el placer de verte a ti", que quiso decir, ESTO SERÁ MÁS EXCITANTE PARA TODOS SI TÚ TAMBIÉN TE DESNUDAS. Luego me dio el dildo, y me entregó la funda diciendo "Por hoy sólo escucharás y te tocarás", que quiso decir, PONTE ESTA CAPUCHA PARA QUE NO SEPAS QUÉ SUCEDE EN ESTAS CUATRO PAREDES.

A partir de ahí, entré en una especie de trance onírico, envuelta en la oscuridad relativa que da una capucha negra, sin ver, escuchando muy de cerca mi propia respiración, mis jadeos, mis sonidos, sintiendo la calidez de mis manos o la hueca ficción del pene de plástico que iba adquiriendo realidad a base de imaginación y buena disposición. El brebaje me tenía completamente narcotizada, mi cuerpo me tenía extasiada, mi placer era intenso mientras jugaba con aquel delicioso juguete. Ni siquiera me hice preguntas tan básicas como quién era la dueña de aquella cosa. Me metía el instrumento con fuerza y determinación, y con uno de mis dedos me distendía el ano suavemente, humectándolo con la gran cantidad de jugos que emanaban de mi coño. Además, escuchaba el concierto animal de aquellos que follaban en el cuarto.

Mi mente me seguía haciendo malas pasadas, pues seguía traduciendo las palabras, y me irritaba de oír como aquellos orgiastas pretendían ser amables cuando sus actos eran ya meramente bestiales, aun así mentían. La mentira reinaba como siempre. Lo que más me llamaba la atención era que Sonia, después de tantas vejaciones y tanta humillación, dentro de cada palabra de placer que emitía aludía un poco a su novio, a quien desde luego estaba engañando en un grado superlativo.

Un poco en contra mía, sentí como me privaron del dildo y a cambio me ataron suavemente las muñecas. Por el tacto suave supe que era la chica de cabello negro.

Tanto ajetreo se vio interrumpido, o más bien modificado, por un incidente que empezó como algo trágico, pero luego identifiqué en su mágica magnitud, un acto, un pequeño evento que llegó a tiempo, segundos después de haber aceptado que la vida era superflua.

Los jadeos y rugidos que escuchaba a través de la capucha se suspendieron por un momento. Era como meditar profundamente. Se escuchó el rechinar de la puerta y una respiración agitada que no era de ninguno de los que ya estaba ahí, era alguien que entraba. Sentí un vuelco en el pecho y, pese que era inútil abrir los ojos dentro de la capucha, los abrí sorprendida, como buscando algo. Escuché la voz de Sonia decir, "Creo que terminamos", que quiso decir POR FIN TE DAS CUENTA.

Se escuchó la voz del piloto decir, "¿Es tu novio?, No lo cortes, enséñalo a compartir. Además me da morbo metértela teniendo tu novio enfrente", que significó NADA ME DÁ MÁS GUSTO QUE HACER PENDEJO A ESTE PUÑETERO EN SUS PROPIAS NARICES.

La voz del Copiloto dijo "Nada de escenitas cabrón. Soy cinta negra de karate, y si me haces pararme de aquí donde estoy tan a gusto, será para reventarte los dientes. Aguántate como los hombres, no quieras a tu vieja para ti solo, porque está muy buena", que hasta eso, fue honesto en medida de que lo que dijo es más o menos lo que él quería expresar.

"Ven" dijo Sonia queriendo decir NO ME DEJES, PECA CONMIGO, HAS DE ESTO UN ACTO NUESTRO.

Hubo un silencio que los demás interpretarían como un mutis asfixiante, sin embargo, la agitación de esa respiración extraña y recién llegada, que con seguridad era del hombre de Magma, susurraba al viento a manera de voz una plegaria que decía DIOS, AYÚDAME A COMPRENDER.

Sonia, ignorante de que no ha de ser del todo cómodo que se estén follando a tu novia, desesperó y dijo, "Si no quieres venir, entonces mírame, mira cómo se cogen a tu noviecita santa. Mira mis ojos, percibe cuánto estoy gozando. Estás seguramente imaginando la gran vida que me doy con mi vida de azafata, piensa lo que quieras, puedo llenar dos aviones con hombres que me han cogido durante mis viajes, todos sabiendo que no me poseerán más que una vez, faltándome el respeto, ese respeto que tanto me cuidas. Eres mal guardián Emmanuel, el demonio lo tengo en el coño, y no hay día que no me metan una verga, esté o no de viaje. ¿A poco creías que una mujer como yo puede ser atendida por un solo hombre?. Por eso me encanta ser azafata, porque todo el tiempo hay vergas.", que quería decir, palabras más, palabras menos, INMUTATE, PELEA POR MI, RESCÁTAME, CÓMO ES QUE ESTOY ENAMORADA DE TI, ERES UN DÉBIL, UN PUSILÁNIME, UN COBARDE, ME DA GUSTO DAÑARTE, ERES BUENO PARA RECIBIR TU LECCIÓN.

Después vino su voz: "Siempre mentiste. Siempre dijiste que me echabas de menos todo el tiempo cuando estabas fuera". Esta voz sonaba tan exquisita, tan perfecta, y poseía una honestidad vigorosa. A pesar de que lo que sucedía era como para enfurecer a cualquiera, él todavía expresaba ¿CÓMO PUEDES HACERTE ESTO, CÓMO PUEDES MENTIRTE ASÍ?, y tal entereza me conmovió terriblemente.

El novio engañado, destrozado, con su corazón envuelto en una niebla extraña, desconociendo el grado del engaño, despreocupado por ello, sin saber que lo peor había pasado hacía un rato en la sala, pues nada de lo que Sonia estuviera haciendo ahora se compararía con la aquelarre que le habían hecho en la sala. El novio, destrozado y sin embargo amando, ajeno a interpretaciones, seguro sólo de su sentimiento. La novia sin saber el drama que había en aquel pecho. Me hubiera gustado decirle a Sonia que en verdad estaba jugándose el futuro de un amor, que estaba menos perdida de lo que ella creía, y sin embargo no lo hice.

La voz de él seguía resonándome. Era una voz pura. Vaya manera de encontrarle, tendida en un sillón, masturbándome luego que me quitaron la verga de plástico, con las piernas hacia el techo, con una capucha en la cabeza. Lo que más lamentaba es que ni siquiera podía verle, me hubiera encantado verle, aunque no sé que tan segura estaría de no tenderme a sus pies o abrazarlo en forma protectora, o llorar con él.

Luego se escuchó que todos lanzaron una serie de fanfarronadas que no vale la pena repetir, y además no interesan porque yo dirigí mi atención al sonido que emitía la respiración del recién llegado, la seguí como si se tratara de un alma que caminara silbando en un bosque oscuro, y cada inhalación y exhalación eran como un salmo que hablaba del florecimiento y caída del amor; percibí que su cuerpo sentía excitación, pero no era un deseo bestial, era su rendición, la misma rendición que había yo expresado a mi interior horas antes, era él marchándose a la tierra de lo ordinario, abandonando a su fe y sus ritos, ¿A cambio de qué?, de no cargar ya más el peso de su esencia inquieta, a fin de ya no preguntar acerca de la naturaleza profunda de su ser, sino que iba a bajar sus manos, a dejar de luchar, justo como yo.

Entonces sí lloré. Quise estar con él de algún modo y sensibilicé aun más mi oído, e hice el amor con su respiración, imaginándomela como si la emitiera justo en mi oído, abrazándome, abriéndome, y hacía de mis dedos su pene. Sentí como se acercaba su estallido, su jadeo me lo decía. Y luego, mi orgasmo fue supremo cuando escuché su canto como el de una ballena solitaria de Vander, "Ouurrrrhhzzzzzzz Mmmmmmmahhhhh Wuhööötsz".

Vi su vida relatada hasta ahora. Le amé así, francamente. No sé si era la droga que habían puesto en mi vaso, pero lo cierto es que me le abandoné absolutamente. El significado de "Ouurrrrhhzzzzzzz Mmmmmmmahhhhh Wuhööötsz" no lo pude interpretar a la primera, pues fue algo que he tenido que desentrañar lentamente, y lo que sé es que en esa expresión se encierra todo lo que deseo saber del ser humano. Sentí que me introducían el dildo nuevamente, estaba aturdida, lo suficiente como para no descifrar muy claramente la alerta que él me hacía con su respiración, la verga de plástico la sentía como un objeto ritual que satisfacía todas mis aspiraciones sexuales. Luego su voz de nuevo diciendo "No les permitas", que entendí, NO DEJES QUE TE INTRODUZCAN MI SEMILLA. Entendí, me opuse instintivamente, pero en el fondo no me importaba mucho unírmele de la forma que fuere. Era algo irresponsable, pero unirme no era un sentimiento que tuviera muy frecuentemente, por lo que estaba dispuesta a pagar el precio.

Comencé a desatarme, los idiotas no me dejaban en paz. Ya sin capucha él no estaba. Todos parecían ya dedicarse a largarse de ahí, decían unas cuantas cosas. Sonia se vestía apurada y parecía que la perdida de calor en su cuerpo le enfriaba también el alma, pues ahora lucía molesta con el Capitán, como si él la hubiese obligado a punta de pistola a llevar a cabo el acto de puterío de la noche que terminaba, como si estuviese apenada de haber reventado las vergas de todos los empleados que habían ido a la fiesta y uno que otro mesero, enfadada de haber perdido a su novio, a quien, pese a todo, se sentía muy segura de recuperar cuando le viniera en gana, el Capitán se ponía la argolla matrimonial y se fajaba la camisa igualmente irritado, como si hubiese olvidado lo ocurrido. Nadie era lo que horas antes, ahora parecía que cada quién no existía para el placer sino para cumplir algún compromiso. Era mi caso también, me vestía para volver a casa luego de una noche increíble en que vacié casi por completo mi alma, y lo poco que dejé era lo único que me importaba por ahora, encontrarle, mi único dato es que trabajaba en un banco. Amanecía, mi contrato había terminado.

Luego de unos días me hice unos análisis y conocí que estaba encinta. Los problemas fueron los comunes que sufre una chica que, siendo educada en un hogar conservador, esta embarazada sin saber quién es el padre y sin la menor intención de querer casarse. Es decir, sabía que el padre era el hombre de Magma, pero ignoraba quién era ese hombre de Magma. El embarazo fue, además de una situación incomoda en la familia, una experiencia creativa del más sublime nivel. Es el embarazo la situación más erógena que existe, en que tu cuerpo se encuentra incesantemente enriquecido, con un contacto pleno, natural, esencial. El embarazo duele porque es una experiencia nueva, no por otra cosa. Todo me cambió, al nacer mi hija nacía yo misma. El parto me partió en dos, pero fue natural y hermoso. Mi cuerpo parecía intacto, salvo la fragilidad que queda, todo estaba en excelente forma. Conseguí además un empleo de ventas, que con mi don especial era algo, digamos, ventajoso.

Empecé entonces a buscar al chico de Magma, quien además de ser mi principal punto pendiente, era el padre de Stella, mi niña.

Logré ubicar su sitio de trabajo e incluso lo busqué algunas veces, no podía dar con él; pese a todo insistí, y un día, debiendo ir a trabajar, tuve un presentimiento de que sería el día ideal, que no podía ser nada luego de ese día, así que aproveche que era día laboral y regresé a la casa para decirle a la nana de Stella que posiblemente tardaría un poco, cosa con la cual estuvo de acuerdo, y me metía a mi habitación como en una crisálida, en la cual no sólo volví a mis orígenes, sino a mi belleza. Me vestí con los ropajes oscuros que usaba cuando cantaba en el grupo de Jazz, y el resto de mi atuendo, maquillaje y demás, era el reflejo claro de mi alma desnuda.

Había pasado ya el tiempo reglamentario en que el cuerpo se recupera de la experiencia del parto, estaba no sólo lista físicamente, sino que emocionalmente completa, con ganas de entrar en el ruedo de nuevo. Lo único que reprimí fue la riqueza de mis pechos, ya que me tuve que poner toallas pequeñas dentro del sostén, pues me hubiera gustado dejar que éstos dejaran escapar las gotas de leche que quisieran y que ello se notara, pues para mí era un orgullo la cantidad de buena leche que producían para Stella; al escribir esto quise llamar a mi leche bajo algún sentido figurado, tal como miel, néctar o cualquier otra cosa, pero caigo en cuenta que la leche venida de esta manera es ya de por sí algo hermoso, atractivo, pues es la materialización de la entrega, y por lo tanto al decir leche de mis pechos, no preciso llamarle bajo ninguna otra idea porque dudo que haya una forma más sublime de llamarle. Habrá quien diga que al salir la leche es como una fuga que no puede sentirse, pero en mi caso, la emanación de leche es algo que siento con toda claridad, es como un tacto interior dentro del pezón, como un beso que se marcha, si hubiese sido yo el Mesías, en la última cena hubiera entregado mi leche, y la comunión hubiera sido igualmente perfecta.

Ese día llegué apurada y se me informó que se había marchado intempestivamente; pedí su domicilio y curiosamente me fue proporcionado, además me dieron un sobre de la Seventh Records, para entregárselo, era la casa disquera de Christian Vander Offering.

Subí a mi coche y llegué a su casa, que me parecía en cierto modo desoladora. En teoría había macetas y algo de flores afuera, incluso había un foco aún prendido a pleno día, una corona de ramas y esferas de plástico con motivos navideños que en realidad parecía una corona funeraria, y con todo aquella casa se veía lúgubre y triste. Sentí una sensación muy extraña sólo de estar así de cerca de mi futuro.

El camino de mi coche a su puerta era tan breve y sin embargo a mí me pareció que recorría un valle pleno de viento, pensaba en Stella, en la forma en que ella venía a nutrir mi vida, por un lado me sentía dichosa de tenerla y por otro angustiada, pues en cierto modo tengo la convicción que las madres que juran haber dado todo por sus hijos, su vida misma, terminan cobrando o pensando en cierta manera que los hijos están en deuda con ellas, y yo no quería negocios con Stella, quería amarla así llanamente, encontrar el amor que me faltaba en otra parte y no usarla a ella como salvavidas; estaba el hombre de Magma como mi único punto de referencia, fuera de mi visión utópica de una familia, la ciudad me resultaba, con todo y lo grande que es, una cárcel enorme. Estaba cerca, a unos pasos de la felicidad, o a unos pasos del desaliento. Caí en una especie de trance que me hizo saber justo aquello que deseaba saber de las cosas, aparecieron en mi boca las palabras exactas, y en mi corazón florecía una fuerza interior que sólo puedo llegar a definir como amor, y con mi mano delgada convertida en la mano de un mago, toqué a su puerta.

Él abrió y nos miramos a detalle con descaro, me parecía guapo, vehemente, perdido. Hubiera deseado encontrar un hombre fuerte, al menos más fuerte que yo, y puede que él lo fuera, pero en ese momento se percibía que él era más débil que cualquier persona. Tal vez percibió que yo percibí eso y frunció el entrecejo, y como carta a favor le entregué el sobre de la Seventh Records, situación que pareció sacarlo de todo contexto. Me invitó a pasar y su voz me pareció bella de nuevo, y lo más maravilloso, aquello que decía tenía la virtud de comunicar exactamente aquello que pronunciaba, no mentía. Las diferencias entre lo dicho y lo que quería decir eran mínimas, no sustanciales.

Para darme tiempo de analizarlo más le dije que leyera su carta. Estaba absorto con la pequeña cartita verde que venía dentro, y tal vez no podía ocultar que me llamaba la atención su contenido. Las muecas que su rostro no podían evitar me hablaban ya de su carácter, poco dado a las diplomacias y en el fondo honesto. Ahí hice un alto en el camino porque el punto inicial, es decir, ver si él me gustaba como para intentar una relación había sido agotado en forma satisfactoria, pues me gustaba, eso era un hecho, y entonces venía el segundo punto, que yo le guste. Mi minifalda no le era indiferente, eso podía yo notarlo, dejaba que él me mirara el cuello, la cicatriz de la barbilla, las rodillas, mis pies, y ofrecía esta visión de manera generosa y abierta, sin afán de ocultarme, quería que viera mi riqueza. El tararear de mis dedos sobre mi pierna lo sumían en un trance casi hipnótico.

Empezó a hablarme de Magma, le dije que me agradaba y era cierto, se sorprendió. Empezó también a tratar la filosofía de Magma, me hizo conocer sus pormenores, cómo veía él la ideología del grupo. Lo que él me contaba me sonaba tan razonable y tan profético que sentí que él era mi gurú en aluna suerte de religión de dos. Su entrega por el tema era para mí una lección de entrega masculina, a la vez que me hacía admirar todavía más a Christian Vander. Descubrí que yo tenía información de Vander que él desconocía y que completaba lo que él necesitaba saber. Por un momento sentí que me brotaban alas y que era capaz de llenar cualquier hueco de su alma o de su cuerpo.

Kobaïa era para mí la tierra futura, la tierra en amor. Le pregunté si él creía en su existencia, y no entendió que le preguntaba todo con esa simple pregunta. Al verlo titubear aceleré el paso porque mi ser interior era, para ese instante, un ser enriquecido. Aproveché su modestia de justificar a Magma y a su supuesta dificultad para ser entendido y le dije unas palabras que salieron no sé de qué parte de mi ser, "Debes sentirte privilegiado de poder obtener de esta música un placer muy único. Piensa que el gusto es una situación mágica. Tu dices que la música de Magma es hermosa, y déjame decirte que no es hermosa ni horrible, sencillamente hay oídos preparados para escucharla y oídos que no pueden hacer nada frente a ella. Piensa en esto, si aquello que amas fuese intrínsecamente bello, todos percibirían esa belleza, y amarían aquello que amas, y no habría opiniones divididas pues todos se rendirían ante su encanto. Al igual, aquello que encuentras horrible no es intrínsecamente horrible, si lo fuera, todos lo despreciarían, todos quisieran destruirlo, nadie opinaría en contra de su fealdad. El mundo no es ni bello ni horrible, el mundo es como lo quieras ver, como lo puedas ver, aquello que tus sentidos pueden percibir en tu corriente particular. Noche tras noche sueño con no tener los ojos pardos, negros, azules o verdes, quisiera tenerlos transparentes para ver las cosas en su esencia profunda". Sorprendida de mis palabras, quedé absorta, pues aquello lo había dicho para él, pero también para mí.

Se conmovió terriblemente, sus ojos se humedecieron. "¿Qué sientes cuando escuchas la música de Magma?", le pregunté tal vez con algo de crueldad, pues estaba desvalido en ese instante. Contestó, "Por un lado pienso que es una destrucción bella, aunque no me creo del todo que nos vayamos de la Tierra para Kobaïa", y yo repuse, "¿Qué te hace pensar que Kobaïa queda más lejos de lo que estamos tu o yo ahora?, ¿Acaso Kobaïa no podría ser la tierra una vez que comprenda y obedezca las leyes naturales?"; y mientras decía todo esto saqué de mi bolso el Bookset de Christian Vander "Korusz". Quedó con la boca abierta. Sentí que estábamos en iguales condiciones. Ahora no sólo yo lo necesitaba, él me necesitaba también.

Darle a leer el Korusz fue como exorcizarlo, pues caminó de aquí para allá, descubriendo mil cosas a la vez, y volvió a mí después de buscarse y encontrarse, lloraba. Le besé las lágrimas envuelta en un sentimiento aterciopelado que sólo atino a llamar caridad, una caridad sin lástima, como si besara las heridas del alma, curándolas. No hubo más palabras. Éramos la música y nosotros. Si con Joan había vivido la unión de cuerpos y música, ahora ocurría igual, sólo que aquella vez la música era el reflejo de nuestros cuerpos y ahora era el reflejo del universo.

Comenzó a besarme el sexo en forma maravillosa, como si de su lengua a mis nervios se diera el éxodo mítico de Kobaïa. Luego yo le tomé el sexo con la boca y guiada por la música le besé enérgicamente. Su respiración me seducía de nueva cuenta, y no sólo su respiración, pues juraría que escuchaba hasta el correr de su sangre. Me tumbó sobre un sillón luego de quitarme algunas prendas y me penetró con toda la fuerza del mundo, éramos como una falla de placas terrestres, y nuestro acto era un sismo. Mi cuerpo se sentía vivo de nuevo.

Me tumbó en cuatro patas y comenzó a joderme, sujetando con sus manos mis nalgas y moviéndolas a su voluntad, de hecho, todo era según su disposición, y yo le obedecía, pues estaba poseído de el ritmo absoluto de las cosas. Inventaba mi necesidad con cada cosa que él emprendía.

De rato me senté sobre de él y me quité el sostén. Con el movimiento que hacía al sentarme a horcajadas sobre su pene, el peso de mis pechos comenzó a provocar que de ellos comenzara a manar la blanca y bella leche, misma que caía tibia sobre el pecho de Emmanuel. Los chorros ligeros de blanca magma dibujaban en su pecho historias. Él alzó sus manos luego de sorprenderse un poco por la aparición del divino líquido, y tomó en cada una de ellas la fuente de mi riqueza, y así seguimos, la leche hacía ríos en sus manos. Ambos cantábamos una música nueva.

No sé si él tuvo su orgasmo porque intuyó el mío o viceversa, lo cierto es que nos corrimos al mismo tiempo y ello fue divino, tanto que mi alma se sacudió de una forma insólita y se derramó a manera de lágrimas que bautizaban mis ojos.

Luego de un tiempo que me pareció eterno, le dije mi propósito, "No es azar que esté aquí. Nos conocimos en realidad hace tiempo. Recuerdas aquella fiesta que se realizó en enero. Había una vocalista de un grupo insulso, esa era yo. Una pelirroja se acercó a mi y me preguntó si mi grupo tocaba alguna pieza de Magma, y yo reí diciendo que no, pues conozco Magma, aunque prefiero los discos de Christian Vander Offering, y luego atendí su orden de cantar cumbias. Luego regresaste, yo yacía encapuchada. Hicieron conmigo una travesura de meterme un dildo con semen, semen tuyo. Pues bien, de aquello tuvimos una hija, se llama Stella, como Stella Vander, y vine a ver si eres un padre adecuado para ella."

"¿Y lo soy?", preguntó él con una inseguridad asombrosa.

"Sí, lo eres", le aclaré. Su voz seguía diciendo lo que pensaba.

A los pocos días nos fuimos a vivir a su casa Stella y yo, le dije que nunca me mintiera, le hablé de mi don y lo asumió con toda entereza. Me recomendó que estudiara psicología, lo que me pareció coherente con mi facultad, con un peligro y me inscriba en tanto cumpla Stella un año de edad. Stella lo reconoció de inmediato, yo no puedo ser más feliz.

El día 23 de diciembre llegó un paquete inusual de la Seventh Records, era un obsequio. Era el cartel promocional del concierto de los 30 años de Magma, celebrado el 12, 13 y 14 de mayo de 2000, autografiado con marcador plateado por el mismísimo Christian Vander, lo que fue regalo para los dos, ese mismo día lo enmarcamos para que colgara en el muro cerca de nuestra mesa en navidad. Teníamos una cena deliciosa, una vela al centro, vino de mesa. Emmanuel bendijo la mesa diciendo:

"Que esta navidad sea recibida por todos con un corazón de pesebre, símbolo de humildad frente a lo nuevo, frente a lo bueno, frente a aquello que es esencial, y que en ese corazón nazca el amor; que así como hoy cocinaste esta cena deliciosa, tu corazón sea como una olla en la que cocines siempre el amor, que éste se cueza y emane el dulce aroma que desprende, y que todo el mundo alce su nariz y exclame "mmmmm". Alejandra, eres lo mejor que ha aparecido en mi vida"

Sé que suena cursi y tal vez sólo tenga sentido para mi que estuve ahí y por ser la persona a quien iban dirigidas esas palabras, lo cierto es que en ellas no había mentiras sino puras verdades, y en efecto me siento con un corazón de pesebre y de olla, y con ese sentimiento encaro el año venidero deseando que las cosas sean como siempre han sido, pero deseando también que mi visión cambie para verlo todo distinto. Poco a poco mis ojos van dejando de tener el color que tienen y paso a tenerlos transparentes, y veo las cosas con claridad. Recostamos a Stella y le cantamos hasta dormirla, cantamos Ehn Deiss, embriagados por su belleza. Luego nos vamos a nuestra cama para seguir cantándole mientras él me penetra. Miro al cielo en las vísperas del año nuevo, y a través de la ventana puedo ver el negro manto plagado de estrellas, miles de ellas que ante mi sonrisa y mi orgasmo se vuelven todas fugaces, haciendo realidad mis deseos aun antes de pensarlos siquiera. Feliz cada día de la vida, feliz año nuevo 2001.

La tendí sobre el sillón y comencé a penetrarla con todo el empuje de la música, mientras sus medias negras eran ahora unas columnas dobladas perfectamente que sostenían el templo cuyo techo era yo mismo, sostenido en las puntas de sus tacones, a la vez que no perdía de vista aquellos pechos sujetos.

Mientras follamos, cambiamos muchas veces de postura, pero casi siempre nuestras bocas permanecían unidas, como si por conducto de ellas nos intercambiáramos momentáneamente el alma, en una ruleta indistinta. Era suyo completamente y sólo deseaba con todo el corazón que ella quisiera ser mía. Empezó De Futura, seguimos cogiendo.

En la última pieza, ella estaba sentada encima de mí, y yo me volvía loco. Por fin veía sus pechos, redondos e intensos, con un pezón algo largo, humectado, fresco, listo para encantar. Tan pronto sujeté esos planetas con mis manos, emergió de aquellos pezones un involuntario chorro de leche, no un chorro dirigido, sino una fuga, como una lágrima blanca, pero lágrima de alegría. Mis manos se teñían de blanco con aquella miel cálida. Alejandra se repegó entonces a mi cuerpo y la leche fue a dar a la pequeña cueva de mi esternón. Durante todo el acto sexual ella y yo emitíamos toda serie de sonidos que nos eran nuevos a ambos.

Cuando sonaba Zëss, ambos tuvimos un orgasmo simultáneo, tan profundo que lloramos. Nos quedamos unidos mucho después de que se terminó la pieza, sin embargo la música seguía, había nacido en nuestro interior, nos había tocado la magia. Todo me parecía coherente ahora, todo tenía razón de ser. Ella era mi despertar.

Ella me contó, estando aun unidos. "No es azar que esté aquí. Nos conocimos en realidad hace tiempo. Recuerdas aquella fiesta que se realizó en enero. Había una vocalista de un grupo insulso, esa era yo. Una pelirroja se acercó a mí y me preguntó si mi grupo tocaba alguna pieza de Magma, y yo reí diciendo que no, pues conozco Magma, aunque prefiero los discos de Christian Vander Offering, y luego atendí su orden de cantar cumbias. Luego regresaste, yo yacía encapuchada. Hicieron conmigo una travesura de meterme un dildo con semen, semen tuyo. Pues bien, de aquello tuvimos una hija, se llama Stella, como Stella Vander, y vine a ver si eres un padre adecuado para ella."

"¿Y lo soy?"

"Sí, lo eres"

Así, la vida no sólo ha vuelto, sino que he reconocido que nunca estuve vivo hasta ahora. Amamos Magma, que más que un grupo es una manera de ser y sentir, y pese a que sé que la inmensa mayoría no sentirá un vuelco en el pecho de escuchar el final de mi relato, he de explicarlo antes de decirlo. Offering tiene unas piezas vocales bellísimas, una se llama A Fïïeh, y la otra se llama Ehn Deiss, siendo esta última una obra maestra. Escucharla nos evoca todo el sentido del cosmos, de la lucidez de verlo con los ojos propios, abiertos siempre. A grandes rasgos, lo que aprendo es que aquello que desdeñamos es algo que nos perdemos, la vida siempre es mucho más, y su único límite es el tamaño de nuestros párpados. No necesitan, obviamente, escuchar Magma, vasta que vean su alrededor, éste les habla de ustedes con toda claridad. Si gustan visiten la página de seventhrecords, al menos verán algunas imágenes Kobaïanas.

 

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