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Un baño muy excitante

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Tal vez esto te suene algo loco pero con todo el estrés de la vida cotidiana: ¿Te has tomado el tiempo para tomar un baño? Sí, ya sé, eres muy limpio y te bañas todos los días, pero me refiero a tomar un baño simplemente por placer, no con las típicas prisas de la mañana, donde avientas la ropa, te metes a la regadera de prisa, apenas estando medio tibia el agua. Luego de prisa te enjabonas, más automático que conciente te enjuagas, y en menos de lo que se piensa ya estás fuera de la regadera, secándote ( o más bien medio secándote , ya el aire hará el resto) te vistes de prisa y sales corriendo a la primera actividad. Yo me refiero a otra cosa, a un baño en el que te das la oportunidad de experimentarlo. Que te das la oportunidad de sentir tu cuerpo y el ambiente que lo rodea.

Un baño en que te permites sentir algo similar a lo que sigue:

Me desvisto, voy retirando una a una las prendas que cubren mi cuerpo. Retiro hasta la más mínima pieza extraña a mi. Cada pieza que me cambia, me disfraza, me hace sentir o parecer algo que no soy.

Ahora me encuentro ahí, vulnerable sin nada que me altere o disfrace mi verdadero yo. Estiro mis brazos y mis manos hasta alcanzar la llave para abrir la regadera. Esto me hace sentir aun más vulnerable, el hecho de privar a mi propio cuerpo del contacto de mis extremidades me hace sentir abierta. Esta sensación me aterra, por lo que una vez alcanzado mi objetivo contraigo mis brazos rápidamente casi como un reflejo para volver a sentir la escasa protección que estos brindan a mi cuerpo.

El tiempo transcurre y la espera necesaria para encontrar la temperatura ideal del agua que brota libre y ligera me parece eterno. Parece que el tiempo transcurriera a una velocidad diferente, que el agua deseara aumentar mi desesperación y mi necesidad de estar en contacto con ella. Una vez transcurrido lo que me parece una eternidad vuelvo a estirarme, esta vez para comprobar que el agua ha llegado a la temperatura ideal, esa temperatura ligeramente por encima de la que tiene mi cuerpo en este momento, por lo que vuelvo a contraer mi brazo, pero esta vez es mi cuerpo el que se acerca a mi mano.

El primer contacto entre el agua y mi cuerpo es una sensación maravillosa. En ese momento puedo sentir cada una de las gotas caer sobre mi cuerpo y recorrerlo centímetro a centímetro. Como corre, se desliza y deja su marca a su paso, como pasa sobre la piel dejando huella de su existencia. Poco a poco esta sensación se desvanece y decido pasar al siguiente paso, el cual es enjabonar mi cuerpo y mi cabellera. Comienzo por la cabellera, a la cual dirijo mi mano con un poco de shampoo, justo lo suficiente para que haga mucha espuma ya que me gusta la sensación de esta en mi cabeza y en mis manos. Luego tomo una pequeña esponja, le aplico el jabón y dejo que esta recorra cada centímetro de mi cuerpo, tallándolo, acariciándolo, retirando el sudor y el esfuerzo de un día difícil y fuerte. Dejo que mi cuerpo esté conciente de que ha sido tocado, y permito que el jabón desprenda cualquier residuo de otro momento que no sea este. Cuando mi misión ha sido cumplida, vuelvo a entrar de cuerpo completo al agua que brota de la regadera, Esta vez de un solo golpe recorre el agua desde mis cabellos hasta el más escondido rincón de mi cuerpo. Esto me permite sentir por última vez la espuma sobre mi cuerpo como corre, como baja con el agua. Prácticamente me parece sentir una caricia sobre mi cuerpo. Me parece sentir como es recorrido de arriba abajo con delicadeza, en ocasiones volteo solo para comprobar que estoy sola y que sólo es la espuma que recorre mi cuerpo y hace delicias con él. Para terminar de enjuagar paso mis manos por encima para terminar de retirar todo el jabón que hay en él. Comienzo dándole especial atención a mi cabello que suele guardar más jabón que el resto de mi cuerpo, luego voy bajando y reviso bien que el agua haya cumplido su trabajo en cada rincón. Cuando esto está terminado, no me queda más que cerrar las llaves del agua y tomar una toalla para secarme.

Es este punto, debería de sentir frío, pero no lo hago. Por el vapor acumulado en el baño, este se encuentra a una temperatura que no provoca frío en mi. Salgo de la regadera, y comienzo a frotarme con la toalla, me dedico a secar mi cuerpo y mis cabellos con sumo cuidado y paciencia dándole tiempo de sentir su nueva condición limpia.

¿Has notado el calor que hace en esta temporada? Este calor se convierte en un aliado mío. Siento como me comienza a asfixiar tanto vapor y decido abrir la ventana. Me topo con la sorpresa de que el aire que entra por ella es caliente. La sensación es única. Se siente el cuerpo caliente del contacto con el agua y que lo recorre el viento aún más caliente, sólo puedo suponer que es similar al contacto de piel con piel. Eso hace que un escalofrío recorra mi cuerpo, pero es muy agradable, tanto que decido permanecer unos minutos más así. Pronto, una paz comienza a invadir mi cuerpo. Siento casi como si fuera un bebé recién nacido, con esa paz interior y la satisfacción de saberse querido. Una sensación que hace mucho no invadía mi cuerpo y mi alma. Después de un rato decido que es tiempo de regresar a la realidad, así que comienzo a aplicar crema por todo mi cuerpo no dejo que se me pase ni un milímetro disfruto de los últimos momentos de libertad, de contacto conmigo misma.

Por último tomo mi ropa y la deslizo por mi cuerpo colocándola en su lugar, me permito sentir las diferentes texturas de la tela. La suavidad de la ropa interior y la textura del resto de la ropa que aprisionará mi cuerpo, pero que al mismo tiempo me protegerá de los demás y quien sabe, tal vez también de mí misma.

 

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