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Yo, Hétero, Confesándote mi Primera, única y Exquisita vez que estuve en la cama con otro Hombre.

Publicado por Hétero Amante de los Miembros Viriles el 11/10/2015

Mi Primera y Única vez en la cama con otro hombre.
Hola. Escribo esto porque quiero compartir la tremenda experiencia que viví, que fue el tener relaciones sexuales con otro hombre. Me encantó. Soy un heterosexual amante inexorable de las mujeres, de la femineidad. Pero siempre quise saborear y conocer los placeres carnales con otro varón. En especial porque ahora, seis años después soy consciente de que me gustan las mujeres, las mujeres transexuales y me atraen mucho los miembros viriles. Me apaga la pasión besar a otro hombre. No me atrae la masculinidad; pero los genitales de un hombre me fascinan: Mi preferencia es por los penes sin circuncisión, (me vuelven loco), bien cabezones, y las bolas bien pelonas.
A mis dieciocho años había ya cogido con muchas mujeres, hasta que aproveché que yo le gustaba a un amigo mío que era gay. Los dos nos fuimos a empedar un fin de semana él y yo solos a su casa de campo junto al lago. En la noche, me desinhibí y liberé de cualquier prejuicio; sólo quería acariciarle su miembro a mi amigo, probárselo… Pueden imaginar la primera vez que están haciendo algo “prohibido” pero delicioso ¿? Esas maripositas en el estómago. Me atreví a acariciar su abultado paquete sobre sus jeans dentro de su coche. Cada que se me antoja un pene, acudo con una diosa transexual, pero aún así, me encantó que el primer pene que toqué, probé, chupé y en tener adentro de mí, haya sido de él: Pues respeto mi preferencia de nada de besos: Sólo quería disfrutar sin tapujos de las mieles del cuerpo de un hombre. Corrimos a una alcoba oscura dentro de la casa. Estaba tan ansioso por sentir ese pene, tocarlo; probarlo! Nos desvestimos el uno al otro como locos desesperados. Cuando tuve su pene en mi mano, no lo podía creer! El corazón me latía a mil por hora! Por fin! Finalmente estaba disfrutando de otro falo que no fuera el mío. Yo creo que ni mi primer relación sexual llegó a ser tan excitante, sucio y satisfactoria como mi primera vez con otro macho. Se sentía increíble! Comencé a palparlo mientras éste iba endureciéndose. Estaba explorando esa ricura, comencé frotarlo, era una sensación riquísima que digo, AMO el sexo con mujeres, pero aquello era algo totalmente nuevo y delicioso que ninguna mujer biológica podía ofrecerme. Durante esa noche no ví nada de la carne de mi compañero sexual. Me puso erecto el sentir que era una verga bien parada, de unos 18 o 20 centímetros quizás, y amé darme cuenta que no estaba circuncidado, pues su miembro estaba al cien de duro y con la choncha (gorda) cabeza cubierta por rica piel.
Estuve estimulando el rico pene de mi compañero. Era riquísimo sentir entre mis manos una verga que no era mía. Lo que más me gustó fue habérmela metido en la boca. Saborearla y olerla. Joder! Sentir dentro de mi boca cómo mi paladar y mi lengua liberaban la esponjosa y redonda cabeza de su prisión de piel. Se la mamé por veinte minutos. Jugueteé con sus bolas (era la verga perfecta: curvadita, sin circuncidar, de glande o cabeza grande e hinchada, con un par de rica bolas sin ni un solo pelo. De las bolas, pasé mi lengua entre sus nalgas hasta llegar a su ano. De verdad que parecía un experto, pero sólo me desfogué, cumplí todas mis fantasías y ocurrencias. Entre lengüetazos, besos y ruidos me paseaba de su ano a las bolas, de arriba abajo. Estoy seguro de que pocos le han hecho cosas tan ricas como yo se las hice al rico y suculento sexo de mi pareja. De repente, pensé que sería estúpido dejar pasar la oportunidad de saber qué se sentiría tener una en la cola. Cuando le dije que si quería cogerme, que en lo único en que había estado pensando era en sus genitales. Se enojó mucho conmigo, gritándome que él no quería coger, y se durmió, igual yo, sintiendo que al día siguiente me arrepentiría.
Para mi sorpresiva suerte, al día siguiente, sobrio y ver por primera vez su cuerpo esbelto y desnudo. Su Pene se veía hermoso y apetitoso, cubriendo ¾’s partes del glande, dejando sólo al descubierto su meato (agujerito del pene por donde se orina ó eyacula). Sus testículos, suculentos, perfectamente depilados, grandotes y redondos; su ano y nalgas igualmente depiladas meticulosamente. Sus genitales tan bellos, estéticos, y tan cerca de mí y en persona, no lo pensé dos segundos y me acerqué a su pene, lo ví detenidamente, me lo metí a la boca con todo y testículos. De volada mi verga se ponía tan dura… Igual que la suya, endureciéndose y calentándose en mi boca. Qué rico sentía crecer su verga en mi boca. Lo desperté con una rica mamada mañanera. Sus bolas se veían pesadas e hinchadas, seguramente de la lechita que se había aguantado la noche anterior el muy “caballero”. Yo seguía igual de deseoso de disfrutar de mi sexualidad con él, con sus genitales y bajo mis términos. Yo supongo que él al ver la autenticidad de mi deseo, es decir que no era causado por el alcohol, cooperó bastante. Él sabía que Yo realmente deseaba su verga y huevos, me sentía atraído, hipnotizado, obsesionado del cuello a los piés de mi vergudo (pingudo) amigo. Me persuadió de meterme su hermoso y apetitoso pene hasta la garganta. Logré engullir esa delicia un par de veces con todo y huevos, pero sus bolas no cruzaban más allá de mis bien atendidos labios. Después de disfrutar como nunca un pene (lo chupaba, lo succionaba, empujaba su cabezón contra mi mejilla; me excitaba tanto verme a mí mismo en frente del espejo en plena acción sexual con esa verga tan rica en mi boca… restregaba su pene contra mi rostro, golpeteaba mi lengua con su cabeza) hasta que se me ocurrió una idea perversa y doblemente deliciosa: un rico 69. Fue haber conocido un paraíso de placeres para mí prohibidos. Y mi goce fue muchas veces más placentero, pues por la noche sólo probé y sentí su verga, pero ahora además también la veía, la veía entrar en mi boca! Masturbarlo! Le decía mucho que estaba enamorado de su pene. Lo increíblemente fantástico que me la estaba pasando con él. Y que me encantaba su pene. Le pedí incluso que le tomara una foto y que luego me la pasara. Yo me coloqué debajo de él. Se veía de veras bellísimo lo que estaba viendo. Hasta que llegó el ansiado momento por mí de que él me hiciera el amor. Tendríamos fácil una hora disfrutándonos, desde que lo desperté (se levantó muy de buenas) incluyendo nuestro 69. Hasta que me puso en cuatro; yo seguía ensalivándole y chupándole como un loco el pene, mientras que él me dio un rico masaje en mis glúteos, rozando de vez en cuando mi año. Después me mamó el ano, huevos y el pene de una manera tan brutal, tan rico, que me dilaté además de tener una enorme erección que él disfrutaba sentir frotando mi verga. De verdad que estaba gozando. Me hizo el amor muy rico. Entre caricia y caricia del masaje, añadió aceite de coco y lubricante y me fue introduciendo un dedo, yo seguía feliz mamando de su verga como un becerro pegado a la vaca. Fue muy delicado, sutil, jamás me dolió. Lo único doloroso fue al principio cuando su cabezota se abría paso entre mis nalgas. Se quedó quieto unos minutos mientras yo le acariciaba las bolas. Después de unos minutos, comenzó a moverse muy lentamente, muy delicioso, hacia adentro y afuera, que paulatinamente fue moviéndose más rápido, más fuerte y más delicioso. Después de diez minutos mi ano se había no sólo amoldado sino que hasta sentía riquísimo cuando me sacaba todo el cabezón para volvérmelo a introducir todo. Me encantó tenerlo dentro de mí. No podía creer lo que me estaba pasando, de verdad! Por momentos creía con espanto que quizás era tan sólo un sueño, rico y sucio. La verdad es que me trató muy bien. Muy rico. Y sin condón. Tenía que evitar cualquier tipo de bloqueo. Me cogió durante cuarenta deliciosos minutos. De perrito, después me volteó bocarriba, me abrió de patas y me la metió así. De ladito. Nos tomamos varias fotos teniendo sexo. Yo se la metí durante algunos minutos, estaba calientito y apretadito. Pero preferí regresar a mi rol de pasivo, después de todo, estábamos teniendo sexo para que yo conociera los placeres carnales fálicos. Sentía todo el tiempo sus testículos golpearme en el culo, también se escuchaba el típico <> que sus huevos producían al chocar frenéticamente contra mi extasiado y bien atendido culo. Los tenía aguaditos y colgaban. De vez en cuando me quitaba de sus cogidas para mamarle su herramienta. Me excitaba la idea de probar su verga después de que la sacaba de mi culo. En total, estuvimos una hora y media, quizás dos. Le pedí que se viniera adentro de mí. La verdad no sé por qué no quiso. Me habría gustado sentir que “era suyo”. En vez de eso, nos masturbamos de una forma deliciosa: nos empiernamos de frente, pusimos nuestros huevos contra los del otro y nuestros penes juntos, de modo que su sola mano o la mía masturbaba “dos pájaros de un tiro”.
Me gustó verlo venirse. De su verga brotaban chorros y chorros de espeso, grisáceo y calientito Semen. Sacó leche de una manera descomunal. Desvirgar heterosexuales era no sólo su fetiche, sino que era su vocación; todo un experto. De verdad que era sublime, exquisito ver esa cabezota hinchada como un volcán del cual derramaba semen espeso y calientito. Ojalá hubiera grabado en vídeo su venida. Recogí con mis manos la leche que pude y me la eché en mi cara mas no en mi boca, y en mis genitales. Me vineriquísimo, lubricándome mi verga con su lechita. La cantidad de leche que aventé era mucha como la de mi compañero. Sólo que la mía era más líquida. Pasó por mi mente el querer probar su leche, pero la verdad es que ya se había enfriado demasiado, y mi deseo realmente era sentirla en mi culo. Quería sentir cómo me llenaba de lechita de hombre. Después de esta fenomenal cogida, Nos bañamos. Yo le lavé su pene, huevos y culo. La verdad que no resistí las ganas y el antojo, así que al final de la ducha, me arrodillé y le dí un rico guagüis como un “gracias” por todo.
La verdad es que el resto del tiempo en que no estábamos teniendo sexo, actuábamos como camaradas heterosexuales, pero le pedí durante ese día que cogiéramos nuevamente… Dos veces más!! La tercera veces ya no me quiso hacer sexo anal, pues como ya había sido mucho sexo y sin condón, tenía enrojecida la cabeza de su pene y además le ardía. Así que Yo encantado, le ensalivé su delicioso pene por veinte minutos, antes de masturbarme y venirme en su cara.
La verdad que después de tan maravilloso, placentero y secreto fin de semana, en el que no sólo me sacié, más bien me atasqué de Pene y delicioso sexo entre machos a manos llenas, jamás volvimos a vernos ni a frecuentarnos. Terminamos mal ese mismo día camino de regreso, pues se enojó muchísimo cuando no lo quise tomar de la mano durante el viaje ni darle besos, cuando él sabía que él no me gustaba; me gustaban los Penes: Su Pene! Me gustaba el sexo sin afecto con otro hombre. Mas su cara, su masculinidad, no me atraían pero para nada, ni siquiera afectivamente. Si hubiera aceptado mis condiciones, habríamos tenido muchísimas más aventuras sexuales; yo quería que fuera nuestro secreto.
Duré semanas masturbándome recordando cada detalle de nuestros encuentros; su delicioso y suculento pene, su peculiar aroma, su sabor… Hasta la fecha le estoy eternamente agradecido por haberme dado ese regalo tan delicioso, por haberme dado tanto placer, por haberme ayudado a cumplir todas mis ardientes fantasías homosexuales, por haber saciado mis ansias y curiosidad de conocer un pene al tacto, al gusto y por haberme regalado al menos por una vez el papel pasivo de una mujer, y por haberme pervertido con su irresistible pene.
Así es… adivinaron… Pero no, aún no lo he hecho… Un “Glory Hole” o varios de ellos. Vergas de desconocidos que a través de agujeros en una pared, deleitan a los suertudos mamadores del otro lado. Es un genio quién haya tenido semejante ocurrencia! Un buffet de miembros viriles; escojo el o los que más me gusten, guiándome por éstos y sin cruzar jamás mirada con sus dueños y sin siquiera verles la cara: es horrible! Bueno… a mí eso me quita la líbido, la excitación y hasta las ganas. Espero atreverme pronto a publicar esto (obviamente de manera anónima), éstas, mis más secretas y más comunes de lo que ustedes creen, confesiones de un joven heterosexual en los placeres carnales que otro hombre puede llegar a ofrecer. Creo que el sexo entre hombres es algo Hermoso independientemente si eres gay, bisexual, curioso o hétero que le gustan los penes. Y para mí fue muy satisfactorio. Tanto que no me ha vuelto a suceder. He hecho un par de 69’s. Creo que es una buena manera de conocer el pene de otro hombre. De ahí en fuera, cuando ando de ánimos de una buena verga, acudo con un par de Diosas Transexuales. Para mí son mujeres con pito. Y me encantan.

 

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