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Al terminar la fiesta

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Yo soy una mujer que cometió un enorme desliz, una falta que muchos no dudarían en llamar "pecado", y hasta hoy no me atreví a hablar de eso ni siquiera con mi confesor.

Pero el cargo que tengo de conciencia es muy grande así que decidí aprovechar esta página para desahogarme contando mi experiencia.

Todo cuanto voy a referir a continuación es la pura verdad pero, por razones obvias, usaré nombres ficticios y no precisaré la ciudad en que ocurrió esto. Baste con decir que fue en algún lugar de Sudamérica...

....

Siempre pensé que la amistad de Hernando con mi marido no era buena. Javier y yo estamos casados desde hace tres años y, durante todo este tiempo, casi nunca salimos solos y, en cambio, las salidas con su grupo de amigos se han hecho una costumbre.

Claro que esas salidas son divertidas porque ellos llevan a sus parejas y todos la pasamos bien.

Hernando es el único soltero del grupo y, por tanto, suele cambiar de pareja con bastante frecuencia. Quizás esa condición hace que sea tan desvergonzado que no desaprovecha ninguna oportunidad para hacerme insinuaciones.

Todo ocurrió cuando tuvimos una pequeña fiesta en la casa de Hernando. Yo ya llevaba un embarazo de ocho meses y, por tanto, mi estómago estaba bastante grande y debía usar esa ropa especial que nos hace ver tan tiernas a las futuras madres.

Como es costumbre en esta parte del mundo, todos bebieron sin medida menos yo, que debía cuidarme por mi estado.

Debieron ser las 2 de la mañana cuando todos cayeron rendidos en el mismo lugar donde se habían sentado. Sólo Hernando, su novia de turno y yo estábamos despiertos.

De pronto, la muchachita le balbució que quería irse a dormir.

-Vámonos, mi amor ¿sí?... ya es tarde.

-Adelántate que yo tengo que acomodar a la gente -le respondió.

Una vez que ella hubo desaparecido, él reinició su asedio.

-¿Y? --Me preguntó- ¿cuándo te vas a animar?

-Ya te dije que no -le respondí- además, tú la tienes a Rossanna ¿no?... ella es tu novia.

-Ella es como las otras... una pasión pasajera. Puedo terminar con ella mañana mismo. Yo te quiero a ti.

-Mira... mejor no hablemos esas cosas. Aquí está mi marido y están todos los amigos. Nos pueden oír.

-Qué va. Están bien dormidos.

-No. Mejor no.

-Bueno. Entonces yo me voy a mi pieza a dormir. Tú puedes ir a la de junto, que está vacía.

-Prefiero quedarme aquí con Javier.

-No seas tonta. El frío le puede hacer daño al bebé.

Y, sin decir más, se fue a su habitación donde le aguardaba ella.

Hernando tenía razón. Hacía demasiado frío así que, con sumo cuidado, hice que Javier me soltara y lo dejé durmiendo a pierna suelta en un sofá, al igual que a todos los demás.

Pero, al dirigirme a la pieza que iba a ocupar el resto de la noche, no pude evitar reparar en que la puerta de Hernando estaba abierta.

Quizás hubiera pasado de largo pero unos jadeos despertaron mi curiosidad así que, con mucho cuidado, me asomé a ver lo que pasaba.

Rossana estaba desnuda, arrodillada pero con medio cuerpo en la cama mientras Hernando, todavía vestido, le pasaba la lengua por el ano ...............

 

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