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Los pies de Emma

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Todo empezó cuando era joven, en el instituto. Desde siempre me he sentido atraido por los pies de las mujeres, tienen algo erótico, sensual, y el estar a los pies de una mujer, besándolos, lamiéndolos, chupando los dedos, és una fantasia que me pone a cien. El fetichismo del pie está muy extendido, pero no entiendo que muchas mujeres sean reticentes a que un hombre disfrute con sus pies. Yo he tenido la suerte de tener una novia que me permitía disfrutar de sus pies, y en varias ocasiones he podido correrme con alguno de sus pies en la boca, cosa que me encanta; pero sé que no son muchas las mujeres que aceptan sin más el gusto por los pies de su pareja.
En cualquier caso, eso és otro tema, hoy quiero explicar mi primera experiencia. La primera vez que mi fantasia se hizo realidad y disfruté de unos hermosos pies. Fue con Emma, una compañera de instituto.

Aunque las clases del instituto eran bastante aburridas, con el buen tiempo también llegaba mi mejor distracción. Muchas de las chicas acudían a clase con sandalias que permitían apreciar todos los detalles de sus pies.
Otras, aunque acudían con zapatos cerrados, no tardaban mucho tiempo en quitárselos y mostrar sus pies. Yo siempre me he avergonzado de mi gusto por los pies, por lo que procuraba disimular las miradas y la excitación cuando alguna de las chicas ponía alguno de sus pies al alcance de mi vista. Pero con Eva todo era diferente.

Eva era una mujer guapísima de la que estaba totalmente enamorado, de ella y de sus pies. Acostumbraba a llevar zapatos o sandalias de tacón que realzaban la belleza de sus pies. Con ella no podía disimular. Tenia la costumbre de cruzar las piernas y dejar colgando el zapato de la punta de su pie. En esos momentos me quedaba embobado mirando su empeine e imaginando todo lo que disfrutaría besando sus pies, sintiendo en mis labios su suavidad y respirando su aroma. Desconozco si Eva se dió cuenta de mi interés por sus pies, pero quien sí advirtió mis miradas y mi excitación fue Emma.

Emma era una chica guapísima y una buena amiga, coincidíamos en gran parte de las clases y teníamos muy buena relación. Un dia ocurrió algo que me dejó de piedra. Emma llamó mi atención y señaló con su mirada en una dirección.
Cuando miré hacia donde ella me señaló pude ver que una de las compañeras de clase había cruzado una pierna, se había quitado el zapato y se masajeaba el pie. Era evidente que Emma había descubierto mi pasión por los pies, lo que me produjo una gran vergüenza en aquel momento.

Durante unos dias no ocurrió nada especial hasta que un dia fue Emma la que se quitó uno de sus zapatos y, al apoyar una pierna sobre la otra, dejó la planta de su pie a mi vista. Poco después se volvió a poner el zapato, pero entonces se dió cuenta de que yo la estaba mirando y, para mi sorpresa, se volvió a descalzar y dejó su pie al alcance de mi vista durante el resto de la clase. La situación fue excitante. Yo estuve todo el tiempo mirando descaradamente su pie, al fin y al cabo, ella ya sabía mi afición. Ella simuló durante todo ese tiempo no darse cuenta de mis miradas, pero estaba claro que sabía el efecto que estaba ocasionando en mi. Su intención era ponerme cachondo y lo consiguió.

Al terminar la clase, yo me quedé en mi sitio ya que tenia la polla dura como una roca y se notaba el abultamiento en el pantalón. Emma se acercó y me dijo que me quedara al terminar la última clase porque quería hablar conmigo. Estuve toda la mañana intrigado. Sabía que quería hablar de mi gusto por los pies, pero desconocía que era lo que se proponía.

Todo se aclaró al final de aquella mañana. Después de la última clase, todos los compañeros se fueron y Emma y yo quedamos a solas. Ella se sentó en una silla y yo quedé de pie delante de ella. Sentía un gran pudor y vergüenza en aquel momento, pero Emma habló muy claro. "He visto que le miras mucho los pies a Eva, ¿tanto te gustan?", me preguntó. Me dió un vuelco el corazón.
El hablar tan abiertamente de uno de mis deseos más ocultos me produjo una sensación mezcla de vergüenza y de excitación. Le confesé de mi gusto por los pies y reconocí que los de Eva me gustaban especialmente. Entonces ocurrió algo que no esperaba. Emma se quitó los zapatos y me preguntó si me gustaban sus pies.

La polla se me puso dura en un momento. Perdiendo totalmente la vergüenza, caí de rodillas ante ella y, mirando fijamente sus pies, le dije que sus pies me gustaban mucho más que los de Eva. Emma levantó entonces uno de sus pies y lo puso delante de mi cara. No me lo pensé dos veces, cogí con delicadeza su pie, puse mi nariz debajo de sus dedos y aspiré profundamente. Qué olor más excitante!!!! Había llevado los zapatos puestos toda la mañana y sus pies ya tenian un olor fuerte y profundo, pero nada desagradable. Mi excitación fue en aumento y empecé a lamer lentamente la planta de su pie.
Era muy suave y estaba ligeramente caliente y un poco húmeda de sudor.
Pude notar en mi boca un exquisito sabor salado que terminó por volverme loco de excitación. Miré a Emma como para pedirle permiso para más, y al comprobar que ella consentía la situación, introduje la punta de su pie en mi boca todo lo que pude y empecé a chupar. Saboreé cada uno de sus dedos y lamí con ganas entre ellos para extraer todo su sabor. Besé, lamí y chupé su pie con auténtica devoción y casi desesperación. Cogí su otro pie he hize lo mismo. Estuve alternando los besos, las lamidas y las chupadas de un pie al otro.
Nunca en mi vida he disfrutado tanto como en aquella ocasión. Quizás porque fue la primera vez que lamí los pies de una chica, quizás por el hecho de que Emma hubiese descubierto mi deseo oculto, o tal vez por el excitante olor y el delicioso sabor que tenían sus pies. El caso es que estuve a punto de correrme en los pantalones.

Emma retiró finalmente sus pies de mi cara y se volvió a poner los zapatos. Se levantó y cogió sus cosas. Miró el bulto de mi pantalón y después me miró a los ojos. "La próxima vez tendrás más" me dijo, y se marchó dejándome con la polla a punto de reventar. Como podeis imaginar, estuve toda la tarde haciéndome pajas recordando el olor y el sabor de aquellos hermosos pies y la excitante situación que había vivido, de rodillas ante Emma, comiéndome sus pies mientras ella se dejaba hacer.

En otra ocasión contaré alguna otra experiencia que tuve con Emma. Por desgracia al terminar el instituto perdí el contacto con ella y también la oportunidad de disfrutar de sus pies. Cuando desearia que leyera mi relato y me escribiera. Sólo ella sabe lo que ocurrió entre nosotros, lo que es real y lo que és deseo. Besos a tus pies Emma!!

 

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