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Pies de seda

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Hola, me llaman Descalzo y soy un hombre de 27 años que disfruta todo lo
relacionado con el sexo. Particularmente lo que más me gusta es todo lo
relacionado con la masturbación, el exhibicionismo y sobre todo los pies
femeninos. Unos pies lindos y suaves pueden ser tan provocativos y sexys que
fácilmente pueden producir en mi una excitación total que muchas veces me es
imposible de ocultar. Hoy voy a compartir con un ustedes una experiencia que
viví hace 2 meses con una chica que jamás olvidare.

Era un día de trabajo como cualquier otro y me encontraba navegando en
Internet durante la hora del almuerzo. Casi todos habían salido a comer y la
paz del lugar me permitía meterme en paginas de historias eróticas. Me
encanta leer sobre experiencias de otras personas que tenemos el mismo deseo
sexual, y disfrutamos leyendo los que otros hacen para que, después de
calentarnos un rato mientras leemos, terminemos con una rica masturbación a
solas. Me encontraba totalmente sumergido leyendo una historia de 2 amigas
que descubrían la masturbación juntas cuando comenzó a sonar el teléfono.
Conteste y era la persona encargada de la entrada que me decía que había un
cliente en la puerta y que no había nadie que lo atendiera. Yo molesto por
la interrupción y con mi respiración aun exaltada le conteste a la operadora
que no quería recibir a nadie en ese momento porque me encontraba
almorzando. La operadora insistió en que la persona no quería irse y que le
urgía ser atendida en ese instante. Finalmente, no tuve mas alternativa que
suspender lo que leía y me fui molesto a recibir a la persona. Pero todo se
nublo en mi mente cuando vi aquella chica de unos 20 años esperando en la
recepción para ser atendida. Era muy sexy, elegantemente vestida con un
taller, de cabello castaño y liso, alta, como de 1.78 m, delgada pero con
unos pechos sobresalientes, una cintura pequeña y unos pies hermosos que
resaltaban en unas divinas sandalias que solo tenían una pequeña tirita, lo
cual permitía poder observar con detalle aquel par de pies grandes y bellos.
Creo que evidentemente mi cara me delato cuando al verla me saco la mas
dulce sonrisa y le estreche la mano gentilmente para invitarla a pasar.
Para mí fue inolvidable el momento en que suavemente pronuncio su nombre...:
"Carolina". Ella se mostró bastante agradada e inmediatamente comenzó a
hablar de la compañía a la cual representaba mientras caminábamos hacia la
sala de reuniones. Debo admitir que no le preste ninguna atención a lo que
decía. Mis ojos lo que hacían eran devorarla sin disimulo mientras ella
conversaba sin parar. Una vez en la sala de reuniones, mande a que nos
trajeran café y ordene que no nos interrumpieran. Poco a poco trate de
quitarnos la formalidad de la reunión y de repente cuando leía uno de sus
informes para un proyecto ella me dijo: "Me encantan estas sandalias. Las
compre hace 2 semanas y ya no sufro teniendo esos zapatos cerrados todo el
día" al mismo que tiempo que decía esto, tenia una pierna cruzada, con su
pie derecho descalzo encima de su muslo izquierdo, y su mano acariciando
tiernamente la planta desnuda de su pie. Inmediatamente me comento "Me
encantan además, porque me las puedo quitar en cualquier parte y mis pies se
sienten frescos y libres". Quizás para ella ese era un tema de conversación
trivial, pero para mi fue motivo suficiente para excitarme. Estaba en shock
mientras veía aquella belleza acariciándose sus plantas sin ningún pudor en
frente de mí. Lo único que alcance a decir fue: "Tienes unos pies preciosos
Carolina". Ella sonrió y me contesto: "Gracias Luis; te puedo llamar Luis,
no?" y yo conteste "Claro mi vida, dejemos tanta formalidad". Hubo un
instante de silencio; un intercambio de miradas y de sonrisas. Poco después
ella me dijo "Luis, porque no nos vamos a tomar un café en otra parte y
hablamos con mas calma, te parece?" No podía creer que aquella mujer fuera
la que estuviera insistiendome en salir de ahí. Me sentí confundido; incluso
por un momento pensé que estaba soñando. Decidimos irnos en mi auto, y una
vez en el auto su mirada se torno mas relajada y llena de picardía.
Comenzamos a hablar con mas confianza y dejamos el tema del trabajo de lado.
Mientras hablábamos ella se quito sus sandalias y recostó sus pies descalzos
encima de la aguantera del carro. Inmediatamente después me dijo "Te juro
Luis que si fuera por mí viviría descalza. Siempre me pasa que donde quiera
que voy estoy es buscando el momento para quitarme las sandalias…" "Es que
me encanta sentir que las plantas de mis pies tocan algo que no son mis
zapatos…" "creo que por eso es que me la paso acariciándome los pies". Yo no
podía creer que aquella mujer me hablaba tan frescamente de algo que para mí
había sido motivo de excitación durante toda mi vida. Mi respuesta fue "Mi
amor, es que realmente tus pies son preciosos… no deberías usar ningún tipo
de zapatos… " al mismo tiempo que decía eso mi mano se dirigía a su pie y
acaricie con ternura la suave piel de sus plantas. Ella dijo "Ay Luis... eso
me encanta… síguelo haciendo, porfa". No había terminado de decirme eso
cuando coloco sus 2 pies descalzos sobre mi pierna derecha. Casi sin pensar
comencé a acariciarle las plantas de sus pies con mis manos… sentir aquella
piel fresca… suave… bella… evidentemente cuidada… me hizo casi temblar
mientras seguía manejando. Sus pies eran grandes, quizás calzaría un 43,
eran delgados y largos y sus dedos eran perfectamente redondeados. Nunca
había visto unos pies tan bellos con una piel de seda que era bella
solamente para verla. A medida que le acariciaba los pies, sus ojos re
tornaron muy brillantes y poco a poco fue cerrándolos mientras mostraba la
mas dulce de las sonrisas. Con sus ojos cerrados me dijo a manera de
confesión: "Luis, te tengo que hacer una confesión". A lo que yo le dije:"lo
que quieras mi vida… dime". Ella contesto: "Eso que haces es lo que más me
excita en el mundo… creo que estoy a punto de alcanzar el orgasmo si
continuas acariciándome los pies de esa manera". Y yo le dije: "Carol, a mi
también me excita hacerte esto, te juro que podría hacerlo toda la tarde". Y
ella contesto: "…si sigues me voy a tener que masturbar". En ese momento
sentí un escalofrio en mi cuerpo; por un momento pensé en solamente detener
el auto y hacerle el amor en donde fuese. Mi reacción fue levantar uno de
sus pies y comenzar a lamérselo con mi lengua, mientras yo seguía manejando.
No sabia a donde iba. Solo queria lamer sus pies y siguió sintiendo esa
locura del momento… quería hacerla delirar de ganas. Mi lengua recorría con
ansias toda la piel de sus plantas y termine chupando los dedos de sus pies,
uno por uno. No quería parar, quería mas, estaba saciando mi mas profundo
anhelo con unos pies femeninos. Aun recuerdo lo suave que se sentía mi
lengua cuando lamía sus plantas. Recuerdo incluso que sus pies olían al
mismo perfume que ella usaba. Ella poco a poco reclino su cabeza hacia atrás
y termino casi totalmente acostada. Comenzó a gemir, era como si ya no podía
contenerse mas. Me decía "No pares mi amor, no pares, sígueme lamiéndome los
pies, esta demasiado rico". Fue entonces cuando se bajo el cierre y vi como
su mano desapareció dentro de sus pantalones. Su mano se movía
frenéticamente, con ganas, casi con desesperación. Estoy seguro que en aquel
momento ella no podía parar, aunque se lo hubiese pedido. Estaba como perdía
en el placer, masturbándose con ganas y diciéndome "Papi, que rico, no
pares, sígueme lamiendo los pies". Fue entonces cuando ya los gemidos se
convirtieron en gritos… y mi boca ya no lamía sino que chupaba sus pies… era
como un vicio… era como si yo tuviera el orgasmo al mismo tiempo que ella.
Todo esto mientras yo manejaba. La verdad es que no note si alguna persona
en otro auto nos vio, pero de haber sido así, ojala que haya disfrutado
viendo solo el 10% de lo que yo sentí. Casi llegando al orgasmo, ella se
quito la blusa que cargaba puesta, así como el sostén, para así poder
apretarse bien los senos y pellizcarse los pezones como tanto quería.
Finalmente, su orgasmo fue una especie de convulsión en la que agitaba la
cabeza y sus manos apretaban con fuerzas sus senos y su clítoris. Fue
increiblemente bella su cara de felicidad al terminar y ver el brillo de sus
ojos. Fue entonces cuando decidió sentarse de lado, viendo hacia mí, aun con
sus senos al aire libre y con riesgo a que alguien en los autos cercanos
notara que no llevaba nada puesto. Pero su cara de felicidad me demostraba
que nada mas le importaba… que se sentía feliz y que había sentido algo que
hacia muchísimo tiempo deseaba muy dentro de si misma.

Yo disfrute increiblemente de aquel espectáculo, tanto, que solo con lamerle
sus pies mi ropa interior estaba toda llena de semen. Poco tiempo después de
su orgasmo, cuando ella recupero el aliento y yo seguía aun manejando sin
rumbo, recostó su pie encima de mi pantalón, exactamente encima de mi
miembro. Me dijo "Es tu turno mi rey". Sin decir, una palabra, saco mi
miembro fuera de mi pantalón y lo comenzó a chupar divinamente por un largo
rato. Lo hacia tan bien, se lo metía casi todo en su boca y lamía con
suavidad la cabeza. Me sentía en el cielo. Después se acomodo y comenzó a
masturbarme con la planta de su pie. Era divino, se sentía mejor que si lo
hubiese hecho con su mano. El ritmo era perfecto… sin presionar mucho, ni
poco. Por un momento creí perder el conocimiento mientras manejaba. Me
siguió masturbando con su pie, y por pequeños lapsos, interrumpía lo que
hacia y dirigía su pie a mi boca para que lo chupara. Me encanta aquel
espectáculo, yo lamiendo sus preciosos pies con mi semen sobre ellos. Me fui
excitando mas y mas y por un momento desee que eso durara para siempre.
Cuando estuve mas cerca del orgasmo mis gemidos eran ya gritos… y no hacia
mas que repetirle "Me encantas Carolina, no pares, dame tus pies, quiero
chuparlos". A los pocos minutos sentí venirme y ella hábilmente cambio de
posición y espero que todo mi semen fuera derramado dentro de su boca. Fue
exquisito, chupo cada gota de mi semen, tragándoselo todo, sin dejar rastro.
Finalmente, concluimos con un largo beso lleno de agradecimiento y placer.
Después de mucho rodar terminamos en un motel, haciendo el amor toda la
noche. Por supuesto, en todo lo que hicimos, siempre buscamos usar nuestros
pies de alguna forma… pero ya esa será parte de otra historia. Lo que si es
que debo admitir que esta fue la mejor experiencia sexual que jamás haya
tenido en toda mi vida.

 

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