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Una tia de pelicula

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Cuando escuché que esa noche llegaban mis tíos, me emocioné. Vería a mi tía. Ella era una mujer absolutamente madura, de 48 años, muy bien conservados, y se notaba que lo pasaba muy bien con mi tío, el hermano de mi mamá. Es más, siempre en las conversaciones que escuchaba de mis padres, ellos comentaban que bien se veía mi tía, y que se notaba que su marido la mantenía bien. Mis padres se reían, dando a entender en su doble sentido, que el plano sexual era saludable. Pues bien, siempre que tenía ocasión de verla, a partir de mis 16 años, trataba de descubrir algo más, en su escote, en su falda, o imaginar sus calzones bajo sus jeans, en fin. Era de piel muy blanca, una cabellera trigueña, y de facciones muy atractivas. No era delgada, más bien rellenita, al estilo de esas mujeres maduras que abundan en los cuadros antiguos. Tenía una sonrisa muy agradable, y me trataba con mucho cariño. Cada vez que me veía me decía verdaderos piropos, como que grande estás sobrino, que alto, como has crecido, etc. Y yo pensaba, si tía, y vieras como me ha crecido también, como me gustaría mostrártela, tiita.

Y ahora la tendría de nuevo en mi casa. Llegaron cerca de la medianoche. Mis viejos les sirvieron unos tragos y algo para picar, yo estaba ya con pijama, así que cuando llegó ella, me saludó como siempre con un abrazo cariñoso. Pero esta vez, me atreví a estrecharla un poco más de lo usual. Mi verga también estaba un poco más consistente de lo habitual, así que procuré que la sintiera. Su cuerpo me estrechó y noté que mi herramienta se ubicó muy precisamente en medio de sus muslos, en el vértice que era mi sueño. Fue solo un par de segundos, pero mi verga se congratuló de estar allí. Ella sin duda lo sintió, pero no dijo nada, se separó y mirándome me dijo: está cada vez más grande mi niño… Sus palabras me estremecieron. Sus hermosos ojos me taladraron y sentí que me enamoraba.

La charla se desarrolló en base a cosas triviales, mientras yo me mantenía en un discreto lugar secundario, mirándola y soñando con cada línea de su cuerpo. Envidiaba a mi tío, que en un poco rato más se iría a dormir con ella. Y además en mi cama, que les debía ceder por esa noche. Sin duda, esa situación la disfrutaría más tarde, cuando ellos se fueran, y yo volviera a mi cama, imaginaría su cuerpo en mi lecho….ah, que paja me correría. Estaba hermosa, y la encontraba más sensual que nunca, de vez en cuando sus bellos ojos me miraban, y me derretía. Llegó la hora de acostarse. Mis tíos fueron a mi cuarto, y yo a dormir en la pieza de mi hermano. Que panorama… No podía dejar de pensar, mientras me disponía a dormir, en mi tía, metiéndose en mi cama, rozando mis sábanas con su piel suave. Y me imaginaba como luego estaría al lado de mi tío. Me levanté y golpeé a la puerta de mi cuarto. Pase, dijo mi tía, que efectivamente ya estaba en mi lecho. Pero aún sola, pues mi tío no volvía del baño. Permiso, tía, voy a buscar algo en mi ropero… le dije. Si pasa no más, me dijo ella, que cepillaba su pelo.

Abrí mi ropero, dándole la espalda a mi tía. Sentí que ella me miraba. Y lo confirmé mirando de reojo por el espejo del interior del ropero. Mientras se cepillaba, me miraba de arriba abajo. Su camisa de dormir se entreabría por un botón que no estaba abrochado, y se alcanzaba a ver la suave redondez de un pecho blanquísimo. Con esa sola visión, mi verga se puso dura. Bastaba eso para ponerme a mil y darme ganas de corrérmela. Ya tenía suficiente por esa noche. Sin embargo, me detuve más rato, haciendo como que buscaba algo. Ella me miraba, y se sonreía, con cierta malicia. No se si era mi imaginación, pero creí ver cierto atisbo de picardía en la forma que me miraba. Sobrino, venga para acá. Me dijo. MI corazón se paralizó. Ssssi tía, ¿qué quiere? le dije, mientras me daba vuelta hacia ella. Siéntese aquí, dijo tocando con su palma el borde de mi cama. Me senté a su lado, y allí me di cuenta que mi verga levantaba groseramente mi pijama. Perdone, tía, balbuceé, tratando de ocultar lo imposible. Ja, ja, ja, sonrió suavemente mi tía. Mi sobrino grande, no seas tontito, si es natural que sientas cosas. Me dijo. Al fin estás en la pubertad, no? Si, pero…, es que..., me comportaba como un estúpido, no sabía articular palabra.

Ella me acarició la cabeza con una mano, mientras con la otra se cerraba su blusa. Hace varios meses que no nos veíamos ¿cierto?, me dijo. Y como has cambiado, si ya eres un hombre… Me sonrojé,. No estaba acostumbrado a conversar con chicas, y menos con una mujer madura, que era la mejor de mis fantasías. Mi verga no decrecía, era como si se mandara sola, independiente. Si, sobrino, me di cuenta cuando me abrazaste, pero ¿por qué te pusiste así?. No me dirás que es por mí, ¿no?. Me preguntó, con una encantadora sonrisa. Quise decirle que si, que era por ella, que ella era mi sueño erótico juvenil, que tenía ganas de lanzarme sobre ella y darle lo que tantas veces hice en forma solitaria. Pero solamente la miré, tan tímido como siempre, con una sonrisa estúpida.

Mi niño, me dijo, abrazándome y apretándome contra su pecho. Mi cara se hundió en su hombro, respirando su exquisito aroma. La abracé inconscientemente, la apreté con mis brazos, soñando que estuviera desnuda. Fueron unos segundos felices, que mi verga agradeció soltando pequeñas gotas. Al fin y al cabo, era una situación nueva, muy cercana a mis sueños, allí los dos en mi cama… Me dieron ganas de besar su cuello, su oreja, que tenía tan cerca. Mi boca también actuó sola, mis labios besaron tímidamente su cuello. Ella no dijo ni hizo nada. Luego besé el lóbulo de su oreja. Mi respiración caliente, y entrecortada, me delató definitivamente. Sobrino, que lindo eres. ¿Por qué haces eso?, susurró levemente. Pero no me detuvo. Mi boca recorrió su cuello, hacia atrás, hacia su nuca, como siguiendo la ruta de su perfume. Levanté su cabellera, y sentí que ella se abandonaba. Un suspiro, me indicó que algo pasaba. Sus brazos me atrajeron más hacia si. Mis manos recorrían su espalda, sin saber qué hacer. De pronto sentí una de sus manos en mi verga. Y acto seguido, meterse bajo mi pantalón y aferrarla. Su mano estaba caliente. Mi falo respondió con un respingo mayor, aumentando su vigor. Que sensación tremenda. Mi tía, me agarraba la verga, tal como lo había soñado tantas veces.

Que grande está mi niño…, me dijo, dándome un masaje glorioso. Pero fue tan fugaz, como eterno. La soltó y se separó de mí. Bueno sobrino, que tengas buenas noches, dijo, al tiempo que me besó en la frente, y dándome un zamarrón en mi pelo, me despidió. Me levanté y me fui a mi cuarto, al tiempo que mi tío avanzaba por el pasillo, a su cuarto. Chao campeón, me dijo. Hasta mañana tío, le dije, lleno de envidia, pero feliz. Esa noche me hice la mejor corrida en mucho tiempo. No podía dejar de pensar en lo ocurrido. Mi verga tenía estampada la mano de mi tía, la sentía aún. Era extraordinaria la sensación. Y no podía dormir. Me levanté y en la oscuridad de la casa, caminé hacía el cuarto de mis tíos. Apoyé mi oído en la puerta. Al interior pude escuchar nítidamente la voz suave y susurrante de ambos que sin duda hacían el amor. Nuevamente mi verga se alzó, como un resorte. Si, mi amor, dámela, le decía ella. Así, así. Y mi tío, le decía frases: toma mi amor, agárrala toda, así, así, mmm, mmm, Que rico la chupas…., OH.

Ella se la estaba mamando. Imaginaba como lo haría, mi mente casi podía estructurar el panorama completo, ella tendida en mi cama, desnuda, y mi tío sobre ella, poniendo su verga en la boca sensual de mi tía. Y ella chupando. Imaginaba como ella le recorría su cuerpo, le agarraba sus bolas. Así quería estar yo con ella. Te la voy a tragar toda, le decía ella. Si, si, le susurraba él. Pero dame tu conchita, rica, le decía él. Ahora los veía en un acalorado 69, esos que en Internet eran mi predilección. Mi tío le chupaba su sexo, y era yo el que metía la lengua, en esa vulva que debía ser maravillosa. Que envidia sentí de mi tío. Y luego cambiaron, mi tía sin duda abrió sus piernas y él embutió su verga hasta el fondo, ella gimió de placer, y luego ambos dieron sendos quejidos, como tratando de acallar, para que no se escuchara afuera. Pero para mí, no había secreto, había escuchado cada quejido y grabado en mi mente cada roce, cada embestida, cada chupada. Mi verga hizo abandono de la sesión, derramando en mis manos su leche.

El silencio fue el siguiente protagonista de la noche. Me fui al baño, y abrí suavemente la ducha para enfriar mi calentura. Pero era difícil, mi verga no atenuaba su rigidez. Varias veces me había pasado, en todo caso. Me la corría, pero hacían falta dos o tres más para bajármela. Estaba en eso, cuando se abrió la puerta. Había olvidado cerrarla. Y entró ella. Mi tía. Cubierta solo con su camisón de seda, más abierto que antes, sus pechos coronados con unos pezones muy erguidos, y su sexo, con un pequeño mechón de vellos. Perdón, estabas tú,…, dijo ella, al tiempo que cerraba la puerta, y trataba de cubrirse. Pero ¿qué estás haciendo, mi niño…?, Yo estaba ahí, en pelotas, con mi verga en la mano. No supe qué decir, mientras ella se acercaba… Pero, por favor, mi niño, como haces esto tan tarde. Es que tú tienes la culpa, tía, atiné a decir…, tuú me dejaste así, …. Ella vaciló un instante, y luego, se arrodilló en el piso, al tiempo que me tomó la verga con una mano, mientras con la otra se acarició su sexo.
No podemos dejar las cosas así, dijo ella, y comenzó a darme una corrida celestial. Ahí estaba yo, de pie, con mi verga tiesa, y abajo mi querida tía, con sus labios tan cerca, tan cerca, cada vez mas. Sentí que se la metería en su boquita. Y pasó. Mi verga fue absorbida por sus labios, y su lengua, sus dientes, su paladar, me empezaron a dar la primera mamada y la más grandiosa hasta ahora. No duré ni dos minutos, y lancé mis chorros en su boca. Ella no soltaba mi pene, mientras sus manos me recorrían las bolas, mis nalgas. Mi cuerpo sentía cosas desconocidas. Jamás, ni en la mejor de mis pajas, había experimentado lo que sentía ahora. Nunca había imaginado que sentir sus dedos en mi culo me harían redoblar mis jugos. Cada gota se quedaba en su garganta, que ella tragaba con delicia. Sentí que mis piernas se doblaban. Me senté en el borde de la tina de baño, antes de caer.

Ella se levantó, y puso su sexo en frente de mi cara. Ahora mi niño, si le gustó lo que le hizo su tía, me dará de lo mismo… dijo ella. Mientras con sus dedos entreabría esa vulva rosada y cuidadosamente depilada. Era una vulva hermosa, como las de esas mujeres ricas que veía en las fotos. Su aroma era embriagador. Y accedí a cumplir con lo solicitado. Primero mis labios, besando tímidamente esos pliegues fantásticos. Usa tu lengua, mi niño, me susurró. Mi lengua se hundió en el calor húmedo de su coño. Asssssiiii, asssssiiii, gemía mi tía. Que rico…. Sigue, sigue. Era sensacional su sabor, su aroma, su humedad. No imaginaba que el sexo femenino eyaculara, pero ese sexo delicioso, lo hacía, chorreaba un jugo salado, que bebí con dedicación. Comprendí que debía brindarle a mi tía lo que quisiera. Y aplicando lo visto, recorrí su culo firme, con mis manos, entreabrí sus nalgas y exploré esos rincones ignotos para mí. Ella gemía, cada vez más seguido. Sentí que su cuerpo se estremeció completo. Y su pelvis comenzó a mecerse agitadamente contra mi cara, como queriendo que mi lengua la penetrara cada vez más. Hubiera querido que mi lengua fuera más larga y entrar hasta su más recóndita profundidad. Pero no fue necesario, pues el orgasmo intenso que experimentó, me hizo sentir que mis caricias habían sido más que suficiente. Era como si mi tía se deshiciera en mis brazos. Me abrazó estrechamente, y nos besamos intensamente.

Pero mi verga no disminuía. Había vuelto a crecer y ya estaba en toda su altura. Quería algo más. Mi tía estaba con el rostro congestionado, sus ojos me miraban como nunca me había mirado. Era como una fiera, sus labios enrojecidos, y su lengua los humedecía al observarme. Era como si estuviera planeando su próxima jugada. Mi pequeño hombrecito… eres tan rico, tan firme. Que maravilla de verga tiene, mi niño. Así me gustan…. Te voy a enseñar algo más… me dijo. Se volteó y dándome su estupendo lomo, acercó su culo fenomenal, a mi verga parada, la tomó con una mano, mientras con la otra se entreabría sus nalgas…. Dámelo aquí…. Me dijo. Tienes que darme esa cosita rica. Vamos, y manteniendo mi tiesa verga en su mano se la encajó entre sus nalgas. Comenzó a frotarla de arriba abajo en su culo. Mi jugo lubricó su agujero, y luego comencé a hundirla. Lentamente. Ella guiaba todo. Sentí como su agujero se abría a mi paso. Y suavemente ella empezó a metérsela, centímetro a centímetro. Mi verga estaba de pronto entera en su culo. Y ella se movía cadenciosamente. Para atrás, para adelante. Sus músculos me apretaban suavemente la verga. No resistí, apenas unos segundos, y ese tratamiento de masaje anal que mi tía me daba, surtió un efecto tremendo en mi pene. Lancé otra vez chorros de jugo, en su interior. Mi vista se nubló. Era demasiado para una noche. Mi primera vez estaba siendo monumental. Di un gemido, que pareció aullido. Mi tía, se retiró y me dio un beso ardiente y húmedo. Ahora te vas a acostar como un buen niño. Me dijo, al tiempo que me sacaba del cuarto de baño. Quedé allí, en el pasillo, hecho un guiñapo. Mi verga fláccida, pero con un gozo interno, que no podría describir. Esa noche si que me dormí como un angelito.

A partir de esa experiencia, no pude ser el mismo. Cada vez que la veía, mi mente se imaginaba de todo. La espiaba, la seguía como un bruto. Me pajeaba a cada instante. Y me mataba su aparente indiferencia. Me miraba, con sus ojos hermosos, y se daba cuenta de que me derretía. Pasaba por mi lado, y mi nariz se deleitaba con su aureola de perfume. Estaba enamorado. Y mi deseo se mantuvo vivo, pensando en su próxima visita. El tiempo pasaba y no venía. Discurrí un plan: debía yo ir de visita. Planeé un viaje a su casa, justificándolo con una excusa barata, pero efectiva. Mis padres me dieron permiso, así que partí. Previamente mi madre le había avisado, de manera que me estaban esperando. Ella estaba sensacional. Parecía más juvenil que nunca. Su madurez le sentaba de maravillas. Viajamos en el coche de mi tío, charlando todo el camino. Yo iba en el asiento trasero, y aferraba mi verga, que ya estaba erecta, soñando en que pronto serían las manos de mi tía, las que lo acariciarían. Cuando llegamos, mi tía me acompañó a mi cuarto de alojado. Apenas entramos, cerré la puerta y me abalancé sobre ella. Estaba desesperado. Ella, se mostró un poco abrumada, y trató de evitar tanta efusividad.

Espera, niño, me dijo, que pasa, tanta desesperación, sobrino…, cuidado. Pero yo no escuchaba, mis manos la abrazaban y trataban de acariciar sus pechos, sus muslos, en fin, trataba de tocar todo su cuerpo, tanto tiempo alejado de mi. Para, para, me dijo, no seas tan impulsivo, vamos con calma, mi niño. Y me dió un beso largo, tan dulce y tibio, en que su lengua me acarició profundamente. Ese beso lo sentí hasta la punta de mi verga enhiesta. Me empujó sobre la cama, y se arrodilló, procediendo a bajar el cierre de mis jeans, y soltar mi pene, que quedó alzado, latiendo, apuntándola. Sus manos lo cogieron y comenzó a sobarlo con tanta sabiduría que me paralizó. Luego sus labios lo besaron. Enseguida se abrieron y lo absorbieron. Su boca era virtuosa. Mi verga entraba hasta lo más íntimo de su garganta. No fueron más de dos minutos y sentí que explotaban mis testículos. Su boca no soltó mi herramienta, tragando cada gota de mi leche. Me dejó seco en un instante. Báñate y luego bajas a comer, sobrinito. Me dijo, sonriéndome de manera maravillosa.

La mesa estaba dispuesta de muy buen gusto. Como todo lo que ella hacía. Nos sentamos. Yo al lado de ella, y mi tío, en la cabecera, como jefe. No me podía concentrar en la conversación que mi tío entablaba. Contestaba con monosílabos. Sentir los muslos de mi tía, tan cercanos a los míos me había puesto a mil otra vez. La calentura que padecía no tenía merma. Quería terminar la cena luego y seguir con el sexo. Yo la acompaño, tía, le dije al terminar de comer. Y me apresuré a ayudarla a llevar los trastos a la cocina. Allí, nuevamente, mientras ella acomodaba la loza en el lava vajilla, no pude estar tranquilo. No podía estar quieto, frente a su culo hermoso. Su vestido le quedaba de maravillas y dibujaba su silueta redonda. Mis manos la acariciaron. Niño, no puedes estar un rato tranquilo, me dijo, sonriendo. Caramba con esta juventud. Vamos, mi niño. Quédate tranquilo un rato, pórtese bien y luego le daré su postre.

Esa promesa me calmó. Así que volví a la sala y vi un poco de televisión. Cariño, le dijo mi tía a su marido: vaya a acostarse, que debe estar cansado. Yo voy a regar el jardín y subo luego. Si, mi amor, voy a descansar, no te demores. Y tu campeón, ¿no estás cansado?, me dijo. Si, tío, voy a estar un rato más y me voy a acostar. Apenas sentí que mi tío desapareció por la escala, salí al jardín. La noche era fresca y muy a agradable. Allí estaba mi tía, preparando la manguera para regar. Me acerqué, ya mucho más calmado. Tía linda, ¿sabes que te eché mucho de menos?, le dije. Por eso es que hice lo que hice. ¿Me perdonas? Bueno, te perdono, pero debes controlarte un poco, pues si quieres que juguemos, debemos hacerlo como personas grandes. No cometer locuras. Me respondió. Ven, acércate. Cuando estuve a su lado, me tomó la mano y la metió debajo de su vestido. Estaba desnuda, sin calzones, de manera que inmediatamente pude acariciar su sexo cuidadosamente depilado. Su rajita estaba húmeda y tibia. Mis dedos se deslizaron por su vagina, haciendo que suspirara. Mi niño, no sabes lo que me gusta este juego, me dijo. No te detengas, mastúrbame. Me metí debajo de su falda, y allí entre sus piernas, comencé a jugar con mi lengua en su sexo. Si, méteme tu lengua. Asssssiiii, síííí. Susurraba. Pronto comencé a sentir un abundante fluir de jugo, que bebí con ansias. Estaba llegando a un orgasmo intenso, y mi verga también. Ambos nos fuimos en el jardín, derramando mi leche a borbotones. Salí de mi refugio. Y ella comenzó a tirarme agua con la manguera, corrí por el jardín mientras ella me perseguía mojándome. Ambos reíamos como niños. Felices. Anda a acostarte, niño, me decía. Y le hice caso, no sin besarnos apasionadamente.

Nuevamente no podía dormir. Las imágenes de lo vivido esa noche permanecían en mi mente, me nublaban el seso. Y ¿qué estaría haciendo mi tía?. ¿Estará acostada con mi tío, haciendo el amor? Me levanté y caminé sigilosamente hacia su cuarto. La puerta estaba descuidadamente entreabierta. Se oían sus voces. Mi amor, estás exquisita esta noche. Decía mi tío. Que rica tu conchita, está húmeda y caliente, como a mí me gusta, le susurraba. Si, para ti, mi macho, le respondía ella. Métela toda, fóllame hasta el fondo… Y ahí se divisaban sus cuerpos, desnudos en la cama. Mi adorada tía, con las piernas abiertas y levantadas, mientras mi tío le recorría su sexo con una descomunal verga. Sus manos le acariciaban sus pechos, y ella gemía. Calla, mi putita. Le decía mi tío. No te vaya a escuchar tu sobrino… mira que ese muchacho está crecidito ya… y he visto como te mira de embobado… No seas loco, es un niño…. Que niño, tiene edad más que suficiente. Acuérdate que a esa edad nosotros lo hacíamos como atletas…. Es más, hasta creo que te recuerda a mí, cuando tenía esa edad. ¿O no? ¿Mi perrita caliente? Le decía, al tiempo que le enterraba su pene hasta el fondo. Ahhh, si mi amor, siii.

A qué te lo has imaginado entre tus piernas, putita, le dijo. Estás loco, eres un caliente, por eso piensas esas extravagancias, le dijo ella, suspirando con el pedazo en su interior. Peores extravagancias hemos imaginado en esta cama, ¿o no? Y no sólo yo las he pensado, hembra, repuso él. Mira que de caliente a caliente, no se quien lo es menos, mi vida, le dijo él, sacando y metiendo su verga en tan preciado estuche. Mira como tengo de tiesa mi verga, y se la mostraba, brillante de jugos. ¿La tendrá el niño así?, le dijo, con tono sarcástico. ¿Te la imaginas en tu boca? Vamos, caliente, confiesa, le dijo. Tómala, imagina que es la de él. Pobre imbécil, pensé, no sabes lo que me ha hecho con su boca. Y mi verga asentía entre mis manos. Sii, dámela, le dijo ella, así debe ser. Se la voy a tomar, mira como la mamo. Ella la cogió con sus manos y se la tragó entera en su boca. Mmmfffgggg. Como chupaba mi tía, me dio envidia. A mi me la había chupado, pero no de la manera que parecía hacerlo ahora. Mi tío se retorcía de placer. Se dejó caer de espaldas en la cama y mi tía se puso a horcajadas sobre sus piernas y mamaba y mamaba su verga. Mmmfffggghggg

Eso es, chúpasela, chúpasela, le decía, con voz entrecortada. Acábalo. No había imaginado que mis tíos eran tan calientes. Estaba observando una sesión de alto vuelo, y mi verga chorreaba en mi pijama. Mi tío acabó con largos estertores, lanzando muchos chorros en la boca de ella, que tragaba con deleite. ¡Si no lo sabía yo! Estaba rica su verga, macho. Le dijo ella. Era grande y dura, tú sabes que así me gustan. Me calentaste otra vez. Que rico, lo imaginé tan vivo en mi boca, que casi acabé, agregó. Me lanzó esos chorros deliciosos. Si y te los tragaste todos, perra. Contestó él. Si, ahora, quiero que me la chupe a mí. Y que me meta su pene entero, le dijo ella, abriendo sus piernas y ofreciendo su vulva. Mi tío se hundió en su sexo y la hizo revolcarse con su lengua. Dámelo, dámelo, asi, asssi, gemía ella, penetrada con la lengua. Y aferraba su cabeza contra su vagina, deseando que la lengua se convirtiera en verga. Era un espectáculo asombroso. Mi verga lanzó su décimo chorro en mis pantalones. Sentí unos impulsos enormes de entrar y meterme a lo mismo, plegarme a esa lucha ardiente. Meterme entre esos muslos fabulosos y demostrar que mi verga también podía hacerla gozar.

¿Te imaginas que entrara tu sobrino, y nos viera en esto?, le susurró mi tío. ¿Y te viera así desnuda y caliente?, ¿qué harías, perra? Así como estoy de caliente, creo que no lo podría evitar. Disfrutaría de su verga y de la tuya al mismo tiempo. Los chuparía a los dos. Y haría que tú me la metieras por delante y él por detrás, que me hicieran esa doble penetración que me calienta tanto en las películas que vemos. Estoy seguro que si. Cuando te pones así no hay con qué darte, putita. Me gustas así de caliente. ¿Y qué más? Pues, los dejaría secos a los dos, los haría acabar al mismo tiempo, y no sé, los haría lanzarme sus leches sobre mi, y acabaría con las dos vergas dentro, que delicioso sería… Ahhh, siii, siii, me calienta tu fantasía, le dijo él. Al tiempo que la volteaba y abría sus nalgas, con su lengua. Ella arqueó su cola, ofreciéndole la maravilla de su culo, el mismo que mi lengua había penetrado. Si, si, que rico, farfullaba ella, con la lengua recorriendo sus pliegues. Que venga, que venga, que me dé su sexo…, lo quiero aquí entre medio, con nosotros, llegaba a aullar mi tía. Que me rompa el culo, assiii, assiii, oh, oh… La lengua de mi tío debía estar haciendo maravillas en ese adorado agujero, a juzgar por los gemidos y suspiros de ella.

Quiero otra verga más, decía, aquí en mi conchaaaa, y se metía los dedos en su vulva. Estaba como desesperada. Si, así, le decía él, mientras le hundía su lengua cada vez más profunda. Con sus manos entreabría sus nalgas, disfrutando de ese manjar. Mi tío se acostó de espaldas en la cama, y ella se puso también de espaldas sobre él, con sus piernas abiertas, de manera que pude ver como el pene del tío, se acomodaba entre sus nalgas y comenzó a hundirse entre ellas. Poco a poco, esa inmensa herramienta se perdió en el agujero y ella inició un movimiento como rotatorio, empalada en la verga. Se podía ver su sexo, entreabierto, ofreciéndose. Sus ojos se entrecerraban, y el goce de ambos se palpaba en el ambiente. Dámelo así, qué profundo, mi amor, le decía ella, disfrutando de cada centímetro. Ahhh, siii, siii, todo, todo, mmmmm.

No me pude contener. Me desnudé y entré a la habitación, con mi verga tiesa en mi mano. Mi tía me vio y no dijo nada, solamente una sonrisa y una mirada. Esa mirada caliente, que me auguraba el placer, como la primera vez. Oh, ven, dámela aquí, … me dijo, abriendo aún más su sexo con sus manos. Estamos calientes…. Mi amor, mi sueño se cumple…. Si, perra, así veo, masculló mi tío…. Ven muchacho, ahora vas a conocer a tu tía. Vamos con confianza, haz lo que te dice…., mientras redoblaba sus embates y con sus manos acariciaba los pechos de ella. Mi verga entró raudamente en su vulva deliciosa. Ahhh, eso esss, musitó ella, acogiendo mi pene. Así quería estar, con dos vergas adentro. Ohhh, que maravilla, exclamaba mi tía. Y así comenzamos, los dos tío y sobrino, a acompasar nuestros movimientos, uno entraba y el otro salía. Ella aullaba de gozo, su rostro estaba desfigurado. Sus ojos entornados, y su boca emitiendo sonidos ininteligibles. Ahhhh, eggggh, ohhhh, ssssss.

De pronto comenzó a temblar su cuerpo, sus sonidos se convirtieron en quejidos. Su orgasmo fue tremendo, se agitaba, como queriendo salirse de aquel abrazo. Mi tío salió de abajo y se puso de rodillas a su lado, haciéndome señas de que lo imitara. Ambos nos pusimos a su lado, y ella tomó nuestras vergas, frotándolas como loca. Luego las llevó hacia sus labios y se dio a la tarea de mamar alternadamente una y otra. Pronto, estuvimos a punto y cuando lo sintió, enfocó ambas armas a su pecho. Vamos, mis machos, tiren todo lo que tienen para mi, asssiii, assiiii, aquí en mis tetas, quiero sus jugos… Oír eso y verla así tan suplicante, me hizo lanzar uno, dos y más riadas de leche en sus pechos. Lo propio, al mismo tiempo hizo mi tío. Ella comenzó a desparramar los líquidos por sus tetas, sus pezones, su vientre. Que maravilla, que maravilla, gemía, mis machos calientes. Mi verga continuaba erecta y quería seguir, quería recuperar el tiempo perdido. Quería demostrarle a mi tía que su niño, era tan capaz de hacerla gozar como mi tío. Se la hundí en su vagina. Y le di, y le di, hasta que pronto comenzó a tensarse de nuevo. Caramba con mi sobrino, es caliente como nosotros, dijo el tío. Vamos muchacho, sigue así, si, dale a tu tía, mira que caliente está. Toda la noche imaginaba esto y ahora lo está viviendo. Dale , dale, decía al tiempo que se tomaba su verga, tratando de reanimarla. Mi tía lo ayudó, besándosela con pasión y lujuria. La verga de él se alzó, también desafiante, entre los labios de ella. Le besaba los huevos, la punta, le recorría cada centímetro de carne. Y mi verga no estaba peor. Tiesa, entraba y salía de su sexo.

Fue el acto final, los tres acabamos casi en coordinación, primero mi tío, que soltó los restos de jugo que le quedaban, luego yo, que alcancé un orgasmo muy intenso, y finalmente ella, que apretó mi verga con su vagina, estrujando hasta mi última gota. Las luces del amanecer, nos sorprendieron ahí, en la cama matrimonial, desparramados, piel con piel. Una nueva relación familiar habría de surgir. Sin duda, pero eso será materia de otra historia. Veremos que pasa.

 

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