Categorías

Relatos Eróticos

Filial

Verano incestuoso

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Giro su cuerpo para acostarse sobre el estómago. El sol del verano caliente estaba pegando muy fuerte en su piel desnuda, dándole un ligero picor pero de sensaciones dulces. La tierra bajo la toalla apretaba inflexible sus tetas. Giro también su cabeza para admirar la belleza joven que estaba a su lado. Ella también estaba desnuda. Los rizos rubios brillaban al beso de la luz del sol. Sus rasgos juveniles eran perfectos y puros. Sus ojos estaban cerrados. Sonrío entonces a su hija y continúo explorando el cuerpo joven.
Silvia pasaba las vacaciones de la universidad durante el verano, en su casa, ellas ya habían pasado muchos veranos así, simplemente así, recostadas juntas al sol, desnudas en el patio trasero. Ellas se sentían muy cómodas con sus cuerpos. La madre se permitió seguir la curva de la delgada y lisa garganta. Demoro cuando sus ojos aterrizaron en los pechos atrevidos. No eran grandes, pero se veían atrevidos, con los pezones rosas parados que subían y bajaban al son de la respiración apaciblemente de la hija.

Los ojos de la madre siguieron el viaje por encima del estomago plano y firme, la piel bronceada y brillante por el aceite que la protegía del sol. Tomo una respiración profunda cuando miró fijamente ahora el monte de venus con ricitos rubios. Perfectos, sus muslos entonaban con el resto del cuerpo, piernas largas que parecían seguir para siempre, bien formadas Algo la hizo llevar los ojos hacia la cara de su hija, ella estaba despierta, mirándola. La madre sonrío y ella le dijo. "Mamá, querés por favor pasarme el aceite por la espalda” giro su cuerpo delgado para darle una vista encantadora de su espalda. Se acerco más al lado de ella. Las personas siempre habían comentado lo diferente que madre e hija se veían. Hecho raudales de aceite en su palma, y la froto a la otra, extendiendo las mano acariciando desde los hombros. Sonrío, al ver cómo la piel se erizo al primer roce. Silvia gimió. Apoyo en ella sus pechos maduros apretándolos en la espalda resbalosa de su hija, y los pezones alcanzaron el máximo tamaño. Sus cabellos oscuros cayeron encima de los hombros lisos. Era obvio que era más vieja que la hija, pero su cuerpo se había guardado en forma a pesar del paso de los años y todavía cuando caminaba por la calle algunos hombres le decían cosas y piropos Sus manos resbalaron hacia la parte baja de la espalda. Con los dedos extendidos acaricio extensamente hasta que las puntas llegaron al culo atrevido. Pronto los dedos se encontraron en cada globo del culo, amasando y apretando. No era consciente de cuánto placer le estaba dando hasta que Silvia gimió. "Mamá me lastimas " Riéndose retiro sus manos del apetitoso culo y siguió camino hacia las piernas, humectándolas muy bien con el aceite. Con los ojos exploro furtivamente la conchita rosa entre los muslos.

Forzándose en demasía se acostó sobre la manta al lado de su hija, al tiempo que sus tetas se alzaron más, para saludar los rayos consoladores de sol. Separo ligeramente los muslos en un esfuerzo débil por aliviar el dolor en su concha. La respiración se le agito muy rápidamente. Ya había hecho esto con su hija durante muchos años y nunca le pareció tan excitante como le era hoy. ¿Qué estaba pasando con ella? después de todo el cuerpo joven a su lado era el de su hija. ¡Agito la cabeza en un vano intento por liberarse de esos pensamientos pecaminosos! Cerró los ojos fuertemente para evitar la imagen de sus dedos explorando su concha rubia, buscando placer entre los labios mojados.

Así, cuando estaba a punto de ir hacia la casa, Silvia le dijo. "Mamá, mientras yo estaba en la escuela me hice una amiga nueva." Ella quedo quieta y escuchó. Siempre habían tenido una relación muy abierta, y compartían casi todo. Supo de inmediato que Silvia necesitaba hablar, reconoció el tono de voz de cuando Silvia era mas chica, la voz de Silvia era baja y suave, y ella empezó a hablar.

"Es una chica diferente, su nombre es Tamara, nosotras nos entendimos muy bien desde el principio. Tenemos las mismas clases y no paso mucho en que con ella empezamos a compartir el cuarto" la madre solo extendió la mano para acariciar los dorados cabellos en un esfuerzo por aliviarla. Silvia se alzó más sobre sus brazos y se volvió para mirarla.

"Mamá, nosotras dormimos en la misma cama, juntas, desnudas" la madre vio sus mejillas sonrojadas por algo de vergüenza y se esforzó por comprender lo que estaba oyendo. Se aflojo y dio a Silvia un abrazo caluroso, las tetas se tocando, se acariciaron. Silvia estaba llorando, mascullando algo sobre lo que había hecho, estaba avergonzada de ella misma. Tiernamente le alzo la cara para mirarla directamente. "Mira, yo soy tu mamá, te amo, no importa lo que hiciste, vos estas contenta?" Entre lágrimas Silvia puso su cabeza sobre los muslos desnudos de la madre cuando esta se sentó sobre las piernas separadas cruzando los tobillos, quedando su concha expuesta ante ella. "Mamá, me gustan los hombres. Necesito a los hombres en mi vida, pero amo cuando Tamara y yo nos tocamos. Es diferente pero también es tan excitante“

Acaricio la mejilla de su hija amorosamente. "Entonces eso es todo lo que tiene que interesarte. Que estés a gusto y contenta con ella" Permanecieron juntas por un largo rato. Silvia con la cabeza en el regazo de su madre y esta acariciándole la mejilla, el sol seguía calentando los cuerpos desnudos. Las mentes de ambas mujeres giraban, llenas de propios pensamientos. La madre continúo acariciando la mejilla dulce. Solo se sobresalto cuando sintió algo contra su pelvis. Miro hacia abajo y se asusto al ver un dedo delgado jugando ligeramente con la mata de pelos que cubría su concha. Inmediatamente busco con la mirada la cara de Silvia. Sus ojos estaban abiertos pero con una mirada diferente. ¿Era anhelo o lujuria lo que ella adivinaba en sus rasgos? No la detuvo sino que abrió aun más extensamente los muslos. Supo que su hija podía oler su excitación y se abrió, sintió que los labios de su concha se hinchaban y separaban, cuando la punta de un dedo resbalo fácilmente entre ellos. Se sentía bien. Supo que debía detenerla que todo esto estaba mal. En vez de eso se pregunto por cuánto tiempo había tenido sueños calientes con su hija. No le importaba ahora. Estaba a punto de hacerlos realidad, de hacerlos vivir en lugar de soñarlos

Gimió cuando el dedo largo y delicado se resbaló dentro de sus paredes firmes y mojadas. Se dejo caer de espaldas. Se oyó gemir y de repente ya estaba ávida de degustar sus besos. La hija tiene rasgos que heredó de su padre, era mucho mas intrépida que lo que seria ella en toda su vida. Noto esto cuando ella la empujo sobre la toalla. Su cabeza se metió entre los muslos buscando la tibieza agradable de su gruta de amor. Estaba viendo por primera vez una nueva cara de su hija. ¿Realmente podría ser esto verdad? ¿Esto realmente estaba pasando? Pensó, al sentir la respiración de Silvia hacerle cosquillas entre la mata de pelos oscuros. “Dios yo quise esto” repetía en pensamientos.
Alzo las caderas y tembló sintiéndose de repente hablar con voz agitada. Era el cielo puro. El placer la recorrió rápidamente a través de todo el cuerpo y pronto descubrió que quien estaba metida entre sus piernas, era nada más que su bebé, a quien ella alimentó con su leche de mamá.

Se retorció y empujo su concha contra la cara de Silvia mas allá de los límites, Gritando y empujando, cayo rendida entre convulsiones orgásmicas. Lanzado chorrito de dulce flujo en la dulce boca de Silvia, su hija.

Cuando pudo, jadeando, controlar la respiración, se dio cuenta que Silvia esta resbalando sobre su cuerpo desnudo, buscando su boca y pronto sus labios estuvieron juntos. Bebió su propio néctar de la lengua de Silvia, busco mas y le chupo los labios y lamió la cara. Las lenguas se enredaron hambrientamente. Madre e hija ponían todo allí, desnudas, lujuriosamente abrazadas en el patio trasero de la casa, saboreando el deseo lujurioso del incesto. Abriendo los ojos descubrió que el sol estaba cayendo, y ese era el fin de la tarde. Solo tenía el tiempo suficiente para explorar un poco más a su sexy hija. La busco a su lado y la recordó como cuando era niña, y enfoco todos sus deseos hacia quien los había despertado. Suavemente rodó encima de ella, sus tetas se apretaron a las de la joven, los pezones se besaron. Se miraron fijamente contemplando la creación perfecta. La vos de la madre rompió el silencio

"Mamá va a acariciarte como cuando eras bebé" extendió la mano temblorosa, y encontró los firmes pechos diminutos que encajaban perfecto en su palma. Su carne era suave y tibia. La otra mano fue a dar contra una de sus tetas más grandes, buscando un punto de comparación. Cada mano imitaba a la otra, los dedos apretaron los pezones, uno rosa y suave, el otro oscuro y duro. Silvia se arqueó y le ofreció sus tetas.

"Mamá que bien se siente" dijo con su voz jadeante. La madre sonrío complacida, se apoyo en un codo y busco con su boca hambrienta amamantarse del otro pezón. Se pregunto si los hombres sentirían de esta misma manera cuando ellos chupan de una teta. El tibio brote rosa estaba palpitando en su boca. Sus labios se abrieron y alojaron el pezón entero dentro de la boca, succionó alimentándose. Ya sentía tensarse su vagina a punto de explotar en un nuevo orgasmo. Separo los labios, y un hilo de saliva la dejó conectada al pezón brillante, rompiendo ese hilo despacio con la punta de la lengua, dio unas lamidas más. El calor de verano fundía sus cuerpos cuando cambio de posición y se movió entre los muslos firmes. El cuerpo de su hija era perfecto. Con las yemas de los dedos acaricio a lo largo de la carne caliente y prieta. Se esforzó para no apresurarse. Silvia abrió más extensamente sus piernas.

Las manos resbalaron por los muslos y empujaron las piernas para abrirla más. La madre miro absorta la conchita rosa suave de Silvia "¿tu concha es hermosa hija, seguro que coge muy lindo, queres que mamá te toque ahí?" paso los dedos por los labios abiertos y mojados, mojando la carne suave como la seda. Silvia clamó.

"Sí Mamá, cogeme por favor. Lo necesito " La contestación de su cuerpo y sus gemidos era todo lo que necesito para soltar su animal interno y empujo salvajemente un dedo dentro de la concha necesitada de Silvia, luego con la punta del dedo chorreante sondeó entre sus labios buscando el clítoris, dio unos golpecitos rápidamente encima de él, hasta que Silvia intento cerrar las piernas loca de placer. Sus gemidos y lamentos eran música para los oídos de la madre. Resbalo su dedo muy despacio entre los pliegues de los labios y busco su cueva, la encontró mojada y firme, cuan ella era, sintió los músculos de las paredes de la vagina que apretó la punta de su dedo. Silvia Meneo la cadera en busca de una mayor penetración, y descubrió que amaba ser cogida por un par de dedos. Lujuriosamente entre jadeos, la madre empezó a meter y sacar el dedo de su agujero jugoso, empujando en lo profundo para luego arrancarlo de tan caliente cueva. Sus caderas se encontraban con cada uno de las embestidas de la mano. "Mamá, oh mamá, sí, cogeme mamá sí. ohhhhhhhhhhh" fuera de si, Silvia lloró. La madre quiso mirar como su hija acababa en su mano. Era importante para ella hacerla venir. Resbalo otro dedo mas en su arrebatamiento por darle placer, retorció y empujo con fuerza dentro y fuera de la concha de Silvia. Los movimientos de la hija se hicieron salvajes en su deseo, con las contracciones de las paredes aterciopeladas ella acabo. Estando Silvia en pleno éxtasis la madre zambullo su cabeza entre las piernas de ella y abriendo los labios de la concha mojada, encontró el clítoris duro, lo pellizco delicadamente con los dientes mientras hundía los dedos muy exigidos dentro de la dulce vagina.
Se sintió estremecer y tensarse cuando empezó a degustar el néctar dulce de Silvia, sus propios fluidos escaparon cuando saboreo por primera vez los flujos de otra mujer, pero no sólo de otra mujer, eran los flujos de su hija. Se alimento ávidamente en su enloquecido deseo hasta que se sintió derrumbar.

A duras penas pudo apartar la boca y lamió a lo largo el estomago plano. Se abrazo a su hija Arrullándose suavemente, "Bebé, sos la nena caliente de mamá, tenes una concha riquísima... Mamá te va a coger cuantas veces quieras como hoy" era todo cuanto había soñado. Empujo los muslos de Silvia separándolo más Y zambulló de nuevo la cabeza entre ellos, buscando beber más del néctar prohibido. Silvia se esforzó para decir "Mamá, por favor, Mi concha está llena de vos…" oyó decir esto y un chorro tibio se escurrió del interior de la vagina de Silvia, y se apresuro a beberlo.

"Que rica la lechita que le das a mami" dijo la madre y empujo dos dedos una vez más en sus profundidades mojadas y Silvia se retorció de gusto.

"Mamá, se siente maravilloso, como me coges, no pares, seguí…" la madre esbozó una sonrisa pecadora y lentamente continuo explorando con los dedos en su interior, separando con la mano libre los labios hinchados y abiertos para que sus ojos pudieran regocijarse en su conchita rosa pálido. Saboreo del clítoris perfecto, un botón firme de sexo palpitante. Extendió la mano para retirar la piel que lo cubría y puso un dedo encima de él. Sabia cómo reaccionaría y no se defraudó en lo más mínimo cuando Silvia empujo sus caderas hacia ella. También como a ella, a la hija le gustaba que le acaricien el clítoris. Empezó a resbalar los dedos mojados empujando firme hasta el arrugado y aun virgen ano, empapándolo con sus propios líquidos. Simplemente mirarlo hizo latir muy fuerte la concha de la madre. Arrugado, tan cerradito, se preguntó si la habrían tocado alguna vez ahí.

Ella movió el dedo como barriendo por encima del agujero pequeño, que con cada paso del dedo se entendía, y la animó a continuar. Tomo a Silvia por la cadera e hizo que ella rodara para quedar acostada boca abajo. Sus manos se encontraron de nuevo con las mejillas del culo y la empujo más hasta que ella estuviera de rodillas. Silvia enterró la cara en la toalla.

"¿Te gusta como tu hija te muestra el culito? eh?”

"Si mucho, y a mami le gusta tocarte el culito" no termino la frase completa cuando ya estaba untándolo con abundante aceite solar. Cuando fue bastante empezó a empujar contra el anillo apretado, Silvia gritó y ella alivio la presión, sabiendo bien cómo se siente, entendiendo que el dolor que sentía su hija era porque aun ese culito era virgen e instintivamente se resistía a ser perforado, ella maliciosamente le dijo a su hija

"Silvia, bebé. Decile a Mami, jugaste alguna vez con tu culito? “Ella gimió ruidosamente... “Nunca Mami, nunca" la única respuesta de la madre fue un gemido al saberse ella la primero en usar su culito, y eso fue muy importante para ella. Bajo para morder delicadamente cada nalga, mientras empujo los dedos en su concha y murmuro por lo bajo.

"¿Mi amor, sabes le gustaría a mami?, quiero ser la primera en romper tu culito?, va a ver que bien se siente. Mami ama cuando la cogen a ella por el culo. ¿Vas a dejarme hacerlo?” Simplemente le dio una nalgada

Silvia gritó... "Cogeme, sí, cogeme, cogeme como te cogen a vos por el culo”.

"Shhhhhhhhhh mi amor, tranquila." susurro, acariciándole el culo “Para eso necesitamos estar en casa, en mi cama. No solo quiero cogerte el culo con mis dedos, y con mi boca, si no también quiero cogerte con mi juguete y quiero cogerte muy profundo” Tomadas de la mano ellas fueron del patio a la casa. Las piernas le temblaban cuando subían los escalones hacia el cuarto de la madre y cuando ellas entraron se besaron apasionadamente, los labios se mezclaron y apretaron, alimentándose, explorándose. Sus manos se cruzaban pellizcándose los pezones. Apretándose las tetas

Silvia se puso en la misma posición en que esta afuera sobre la cama, la madre hizo una pausa para acariciar el arrugado ano de nuevo, haciéndolo mojar. Su dedo empujó lentamente y la oyó clamar. No la podía ayudar a encontrar un poco de satisfacción en el dolor, que fue intensificado por la creciente presión del dedo dentro del culo. La madre continúo empujando hasta que culo se trago por completo la punta del dedo meñique. Quiso empujarlo profundo y violar su ano cerrado, pero se detuvo. Ella necesitaba ser abierta despacio. No quiso dañarla. Su mano libre busco entre la pliegues de la concha el clítoris y empezó acariciando muy despacio. Ambas manos trabajan en un movimiento alterno Silvia se meció y se estremeció, sus lamentos eran roncos y apagados. Su agujero virgen se relajó un poco y se rindió, permitiendo el acceso al dedo violador en sus profundidades. Ya casi era tiempo, la madre la cogió por unos minutos con el dedo meñique mientras le acariciaba el clítoris, y decidió que era tiempo de ir por más Se dejo caer de la cama y busco en un cajón a su juguetito. Era una nueva experiencia para las dos. La madre nunca lo había usado antes en ninguna otra persona pero ahora, ahora estaría cogiendo a su hija por el culo. Junto al pensamiento lujurioso le llego un espasmo que recorrió la concha y sintió como otro chorro de flujos bajaba desde el interior de su vagina por los muslos y apretó las piernas hasta descargarse por completo. Después de volver al control de su cuerpo se ajusto las correas del juguete a las caderas y se miro en el gran espejo del armario como le quedaba la verga de hule, y se aseguro que estuviera bien firme. No podría esperar para mirarlo penetrar el culo de su hija.
Subió a la cama y se acomodo detrás del culo de Silvia. Su culito pequeño era perfecto y cuando abrió con las manos las nalgas lo vio palpitar esperando ser cogido. Silvia le habló a la madre “¿Mamá? ¿Qué estás haciendo? nunca me sentí así, quiero que me cojas , quiero sentir que me rompes el culo salvajemente", ansiosa la madre le beso la espalda y una vez más hundió sus dedos en la concha mojada, jugo en ella metiéndolos y sacándolos para extraer todo los flujos posibles y entonces los esparció por la punta del juguete de caucho.

"Mamá va cogerte ahora, sabes bebé. Vos relájate. Primero, voy resbalar esta verga en tu conchita, así, ves”. Apretó despacio la falsa verga en los labios de su concha y empezó a empujar. Asombrada miro como la concha de Silvia se devoraba por completo la verga.
La saco y empujo de nuevo. Silvia gimió y jadeó. La madre también jadeó. Para ella era muy lindo ver como el hule desaparecía dentro de la concha mojada de su hija. Cuando lo vio muy brillante por los jugos de Silvia, apoyo la cabeza bulbosa en el oscuro agujero del culo. "MMMMm que gustó, como te lo coges, ahora despacito te voy a coger el culito, sabes? Así de despacito... ahora... voy a cogerte por el culo… querés que te coja? " Silvia estaba perdido entre lujurias y pasiones y sólo pudo gemir y asentir con la cabeza enterrada en las sabanas de seda de la cama. Con una mano sostuvo la verga y muy despacio empujo hacia adelante para no herirla. Miro como se estiraba la piel y como se abría camino muy despacio dentro del culo de Silvia, tomó todo el cuidado posible para no empujar profundamente. Los lamentos de Silvia eran claramente de dolor ahora y por un momento tuvo miedo de no poder continuar. No quería herirla. La arrullo suavemente, mientras le aseguraba que pronto el dolor se convertiría en el más intenso placer que ella alguna vez experimentaría. "Respira lenta y profundamente mi amor, séntilo, relájate y deja que entre, mamá te va coger muy profundo y vas a enloquecer de placer" se movió despacio y espero a que Silvia estuviera relajada. El placer estaba empezando a reemplazar el dolor ahora. La cabeza de la verga de hule empujó ahora despacio dentro de su culo, la estaba abriendo por primera vez. Le metió dos dedos en la concha para mojarlos en sus flujos y luego los paso por el borde de su ano estirado, acariciándolo para mojarlo aun más, lubricándolo muy bien. Se Mordió los labios y empujo un poco más, y estremeciéndose Silvia tomo una boqueada de aire y empujo su culo hacia atrás, en un solo movimiento su culo tragó muy profundamente la falsa verga de hule.

Ella clamó y sollozó y la madre con algo de temor le pregunto si ella quería detener esto. "ayyyy , no, sí, ayyy, me duele, pero no te detengas", la madre se afirmo tomándola por las caderas y entonces despacio, muy despacio empezó a sacar la verga del interior del culo de Silvia. Sabiendo cómo ella estaba sintiéndose manejo muy inteligentemente la situación, simplemente, movía el hule muy despacio dentro Silvia para que su culo se acostumbrara a ser penetrado, cuando los quejidos de Silvia fueron gemidos de gozo. Empezó a aumentar de a poco el ritmo de la cogida, y logro que la verga entrara y saliera del culo sin ninguna dificultad. En la habitación se escuchaba el ruido de los muslos golpeando contra las nalgas, gemidos, sollozos, suspiros y aies. Silvia gritaba y sollozaba extremamente. La madre miró como su recto se apretaba alrededor del juguete y quiso cogerla muy duro.

Fue demasiado. Silvia no tolero tanto placer y en un orgasmo infinito quedo casi inconsciente sobre la cama, con el culo aún mirando a su madre. La Madre al borde del delirio se metió una mano entre las piernas y acariciándose rápidamente acabo en chorros como si se estuviera orinando. Agotada, retiro el juguete muy lentamente del culo ahora abierto de su hija, se derrumbaron juntas una al lado de la otra, quietas, sin movimiento alguno mas que el de sus pechos respirando, gozosas por lo que habían vivido. La respiración despacio tomo un ritmo calmo, los cuerpos sudorosos se habían relajado, y el sueño gano terreno. Se contuvieron mutuamente en un abrazo. Una nueva atadura se formó entre madre e hija. La madre fue quien despertó primero del sueño lesbico y miró con infinita ternura a Silvia, dormida aun en sus brazos. Pensó en lo que había pasado. Y no sintió ningún pesar, ni culpa alguna, sólo un hambre insaciable de continuar explorando los placeres con su hija. Deseó que ella sintiera lo mismo y que pudieran compartir los mismos sentimientos. Cerrando los ojos se abrazo mas a Silvia y recordó que en la próxima semana vendría Andrés, su otro hijo, también a pasar las vacaciones en la casa, con una sonrisa pecaminosa volvió a dormir.

 

¿Ganas de SEXO? No desesperes, descubre quien más quiere sexo en tu zona!