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Angel del deseo

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Desde que había hecho el amor por ultima vez con Erika, quien a pesar de sus solo 17 años era una vorágine en la cama, que no me sentía tan maravillado con una mujer como aquel fin de semana en Londres. Esta historia comienza ese viernes luego del trabajo cuando esa joven, luego que su amigo tuvo que volver apresuradamente a su casa, fue dejada prácticamente tirada en medio de ese wine bar. Toda su humanidad irradiaba inocencia, pero no era solo esa aura juvenil lo que atraía, sino que además poseía una belleza radiante y angelical, que era imposible no dejar de notarla. Su cuerpo poseía una arquitectura humana, estructura ósea como la llaman algunos, que podía ser el sueño erótico de muchos hombres y mujeres también. Su piel era blanca y más parecía una de esas finas lozas japonesas, que infunden cuidado y temor que se van a quebrar, con solo pensar que se les va a tomar. Sus ojos eran color violeta, sus labios gruesos rojos como una rosa recién abierta en una mañana de primavera. El cabello negro era como el azabache que hacia resplandecer más sus facciones. Sus senos desafiaban la gravedad y se mantenían erectos sin necesidad de ningún soporte. Tenía una cintura estrecha que realzaba su culo que parecía de una avispa, con unas piernas que parecían haber sido moldeadas para sostener toda esa esplendorosa belleza. Llevaba un vestido de seda negro que se deslizaba como enredaderas por todo su cuerpo al tiempo que le daba un aire electrizante de libertad de movimiento. Con todo eso la convertían en un conjunto, que despertaba la necesidad y el deseo de que hay que tocar, palpar, sentir. ¡Hola!! ¿Cómo te llamas? Me atreví a preguntarle sin saber porque lo hice, sobre todo cuando en ese lugar había otras doscientas personas con una decena de hombres que ya la devoraban con la mirada.
¡Ángel!, Me dijo con una voz que parecía que venia del cielo.
Un nombre exacto para alguien que debe venir desde alguna parte muy alta en el universo, allí donde se crea la belleza. Exactamente un nombre para llamar a una persona que nos puede enseñar como llegar al paraíso, pensé inmediatamente. Entonces me puedes enseñar el camino a ese lugar le conteste.
¿Que lugar? Me pregunto.
Estúpido yo me dije, se me han confundido los procesos cerebrales de las comunicaciones, porque creo que estoy hablando cuando realmente estoy pensando o estoy hablando sin pensar.
¡No, con ese nombre me tienes que llevar al paraíso!, me apresure a decirle. Pero porque lo hice, fue mi inmediata reacción. Creo que estaba hechizado.
¿Deseas ir a bailar? De nuevo mi arrebato. Era como si el instinto primitivo de cazador se sobreponía a mi normal comportamiento de profesional en el medio del barrio financiero de Londres.
¡Oh si me encanta bailar!.
Y ahora que hago, me dije. No esperaba que las cosas se desarrollaran con esa velocidad. Hacia menos de treinta segundos que había cruzado las primeras palabras con ella y en los próximos treinta estábamos en la calle esperando un taxi para irnos a bailar a un club latino.
Antes de llegar a ese lugar había ocurrido un cambio en ese Ángel, que era una verdadera rosa inglesa. ¡No te preocupes! me dijo, una vez que nos habíamos instalado en el interior de ese tradicional taxi negro londinense. ¡Me gustan todos los hombres!. ¡Adoro cuando estos me desean y tu no lo podías evitar, se te notaba demasiado!. ¡Tienes toda la razón, me tenias hipnotizado!.
¡Si ya lo sé!, me respondió. ¡Eso me pasa siempre con los hombres y con algunas mujeres también!. ¡Porque soy como una gata que percibe a los machos y una hembra que percibe el deseo! ¡Además me encanta el sexo, porque me mantiene feliz. Pero a diferencia de los felinos yo estoy en celo todo el tiempo!.
En ese momento me sentí como una presa a la cual tenían acorralada y mis ínfulas de cazador desaparecieron. Me tenia que rendir.
A mí me parece un milagro lo que ha pasado. ¿Qué quieres decir, un milagro? Porque así como tu que dices ser periodista a mí también me gusta escribir. En ese momento desde su pequeño bolso saca un papel y me lo pasa.

"Esa noche estaba tan excitada que eso dos muchachos no eran suficiente para llenarme el cerebro de placer. A pesar que tenia sus vergas, de cerca de veinte centímetros, llenándome tanto mi vagina como el culo. Eso llevaba ya cerca de media hora. Mis orgasmos se habían repetido varias veces, pero aun deseaba más." Ese era el texto del primer párrafo de una historia que Ángel me paso para que le diera mi opinión.
Me costaba creerlo aunque un lado de mi cerebro elucubraba, que quizás este fuera uno de esos sueños eróticos de los cuales se despierta todo mojado. Pero la lectura, el perfume y ese Ángel sentada a mi lado habían confundido aun más mis sentidos. Una cosa si estaba clara. La erección que tenia no me la quitaba nadie, sobretodo después que esas manos de largos dedos hace algunos minutos la recorrían suavemente por sobre mi pantalón, mientras leía esa historia titulada: Esclava del deseo.
Me había casado tres veces, divorciado otras tantas. Tenia varias amantes y convivía con una hermosa y ardiente mujer francesa.
Pero Ángel, con veinte años, a la cual le doblaba en edad, me tenía arrinconado en ese vehículo un viernes en la noche. Al chofer del taxi por el espejo retrovisor le pude captar una sonrisa que reflejaba que percibía cual era la situación entre sus pasajeros.
Momento por favor, es aquí a la vuelta, le dije al chofer al darme cuenta que ya había cruzado el río Tamesis y habíamos llegado al club elegido.
Al bajar no sé si el chofer me dijo Que suerte que tiene. Expresando admiración o quizás envidia por mi compañía O que tenga suerte, queriendo decir que necesitaría mucha energía para satisfacer a esa mujer.
Porque además Ángel tenia uno de esos perfumes femeninos que no solamente alteran sino alborotan todas las hormonas masculinas y el chofer del taxi también había sido afectado, al punto que después de saltar la luz roja del semáforo más cercano casi atropella a un pobre peatón. Cuando continuaba mirando por el espejo retrovisor el sensual caminar de mi ángel guardián.
Todo ello me hacía dudar si era realmente un ser humano o un enviado del cielo.
Lo que sí estaba claro que era una diosa del sexo. Tan pronto comenzó a bailar conmigo en esa pista llena de parejas, en medio de la penumbra, me di cuenta que su vestido poseía una apertura en su frente y ella descaradamente bajo la cremallera de mi pantalón y se coloco mi aparato entre el matorral de su coño. No tenía ropa interior, se había apretado a mí, con movimientos de pelvis se había introducido el pene en su vagina al tiempo que me miraba a los ojos y pasándose la lengua por sus labios. De reojo trate de percibir si las parejas a mí alrededor se habían percatado de esta situación. Todos ellos estaban en su propio mundo quizás deseándose follarse entre ellos mismos.
En ese momento sentí como Ángel comenzaba a estremecerse y cerraba sus ojos. Estaba teniendo un orgasmo, sus piernas se aflojaban y tuve que agarrarla con mas firmeza desde la cintura porque se estaba colocando flácida. Pero luego una pequeña sonrisa dibujaba su hermoso rostro y muestras de sudor aparecían sobre su labio superior dándole una visión mucho más erótica. Enseguida abre los ojos y me dice gracias lo necesitaba y se pega aun más a mí. Aun conservaba mi erección, el baile estaba por terminar ante lo cual la conduzco lentamente hacia uno de los rincones de la pista. Allí rápidamente se dio vuelta y en un solo movimiento se puso el pene entre sus nalgas luego de haberse levantado su vestido. Que por ser de seda colgaba como una cortina a ambos lados del miembro.
En ese momento coloca una de sus manos por atrás y comenzó a acariciarme desde el capullo a los huevos al tiempo que lo pasaba por el ojetillo de su ano. Una vez que lo enfilo correctamente comenzó a empujar hasta que como un guante de seda su culo fue recibiendo mi verga que ya estaba a punto de explotar. Ángel giraba su cabeza y me miraba a los ojos como una hembra poseída por el deseo y la lujuria para besarme y decirme Métamela toda por favor que no aguanto más.
Muy pronto mis huevos chocaban con su coño mojado de jugos de amor.
Su perfume me volvía loco, mi mano recorría su terso estomago y con la palma de la otra mano le acariciaba por sobre la tela del vestido sus pezones. Su culo tenia propia vida porque se movía como un río desbordado arrasando todas las energías que yo podía tener toda vez que tenia que sostenerla para que no cayera al piso.
En ese momento sentí como si en mi bajo vientre estuviera produciéndose una erupción que se iba convirtiendo en incontrolable. Su culo apretaba y al mismo tiempo ordenaba mi verga que comenzaba a lanzar ondas de semen al interior de su trasero. Ángel me dijo mi amor me voy a morir de gusto, me estas quemando las extrañas. Me estas ahogando en tu semen. Y comenzó a temblar como muestra de un nuevo orgasmo. Me mantuve en su interior y mi ángel seguía teniendo orgasmos y deben haber pasado otros quince minutos y otras tres canciones que fueron bailadas por las parejas en nuestra cercanía.
Creo que me he enamorado de ti, me dijo.
Por lo menos para mí tú eres mi amor de este momento y así te recordare por siempre, le conteste.

 

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