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Celebracion de boda

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Este sábado pasado fui a una celebración de bodas en un club que habían rentado para la ocasión. Llegué tarde, casi a las 8, y los novios estaban a punto de cortar el pastel, y los camareros empezaron a poner los aperitivos. Después de dar mi abrigo al que estaba en la puerta, me di un vistazo en un espejo largo justamente a la entrada. Decidí que había sido una buena idea comprar ese conjunto rosado... una falda larga, y una blusa sin mangas, con zapatos altos del mismo color daban a lucir mi piel bronceada. Mi pelo largo, negro y rizado caía a mi cintura y mi pintalabios de color de rosa fuerte traían la atención a mis labios, y también a mis ojos negros.

Por media hora visité a las diferentes mesas, saludando a los que conocía. Recibí más de un comentario sobre que linda yo me veía, y cuánto había crecido. Muchos no me habían visto desde que me gradué, o sea cuando tenía 17 años, y la realidad es que aunque desde los 13 añitos siempre he tenido cuerpo de mujer, sólo fue en los últimos dos años que me iba sintiendo más segura en mi piel, para decirlo así. Por ejemplo, ya no me incomodaban tanto las miradas ni los comentarios de desconocidos sobre mi físico.

Al ratito me excusé y me fui a usar el baño, que quedaba a un lado de la entrada. Cuando regresé, los novios habían empezado su primer baile de casados, y no quise interrumpir por cruzar la pista. Así que me paré en el ultimo escalón de las escaleras que daban al salón de bailes y me quedé parada observando. Algo me hizo dar la vuelta y mirar, aunque hasta ahora no sé qué es. Pero me encontré con dos ojos oscuros, sensacionales, mirándome tras las frondosas hojas de una palmera. Me quedé mirando, impresionada, y me di de cuenta que los ojos pertenecían a un hombre sensual y moreno que estaba sentado en un banquillo. No podía ver mucho más que sus ojos, pero la mirada era tan sexual, que no necesitaba ver más; me quemaban. No quería parecer fresca así que di la vuelta, pero esa sensación de yo no sé qué me daba cosquillas en el cuello. Decidí olvidarlo y cuando el primer baile terminó, entré de nuevo al salón a hablar con mis amigos.

La música buena empezó, y pronto encontré pareja con quien bailar, un chico que yo he conocido desde hace tiempo, es gordo y cómico pero baila bien y siempre está listo para una buena broma. Bailamos, bromeamos, y se me olvidaron los ojos que yo había visto. Tras un largo merengue, le dije a mi pareja, "tengo sed, me voy a la barra," y pedí una coca-cola. Mientras me reclinaba sobre la barra, sentí de nuevo ese qué sé yo fuerte. Cuidadosamente miré a mi lado y ahí me encontré con el dueño de esos ojos. Me sorprendí a notar que este hombre era sumamente chaparro, creo que hasta más pequeño que yo (y yo mido 1.60), maduro con sus 35 y picos de años, con pelo negro, y piel color de chocolate. Su cara era extraña, no era feo ni era lindo, pero tenía algo excitante, sensual. Él se reclinó sobre la barra a mi lado y me sonrió, mostrándome unos dientes blanquísimos y grandes. Era una sonrisa segura, y algo en esa sonrisa me dio miedo. Tímidamente le devolví una sonrisa política y rápidamente di la vuelta. A mi espalda, escuché sus carcajadas.

Ya era tarde, y poco a poco las personas se iban. Yo me quedé sin pareja, pero seguí bailando como quiera. Me encanta bailar, sobre todo merengue y salsa. Empecé a darme de cuenta cómo este hombre no quitaba sus ojos de mí. Me fui calentando y cobrando ánimo y empecé a bailar más sensualmente. El hombre, con una copa en la mano se quedó reclinado sobre la barra, siguiendo cada paso mío. Me empezó a excitar la situación, cuando de repente las otras personas en la barra se levantaron y decidieron que iban a bailar. Una mujer rubia, gordita, y salida empezó a bailar (supuestamente) sensualmente sobre una silla pero pronto se cayó de la silla por su borrachera. Me asombré a ver que entonces la mujer empezó a dar vueltas por el piso, y se podían ver sus bragas, que eran una tanga tan chiquita que se podía ver todo. Me abochorné mucho porque nunca había visto una mujer comportarse así, así que me fui afuera a sentarme en unas mesas que pusieron cerca de la playa. Ya era de noche, y de afuera no se podía oír el ritmo fuerte de la música. Sólo se veían las luces y las personas pasando, como sombras en la ventana. Era tan calmado, las olas del mar subiendo y bajando como cuando uno respira, el viento acariciando mis brazos, mi cuello... empecé a pensar en ese hombre, a recrearme en la idea de que me gustaba...

Me perdí en mis pensamientos pero al rato noté que las luces las iban apagando poco a poco. Parece que todos se habían ido. Me levanté para buscar mis cosas antes que cerraban todo y a pedir otra coca-cola. Cuando fui a la barra, ahí estaba el hombre todavía. Yo, un poco abochornada por la razón de que había estado bailando con él en mente, no le quise mirar, y no más pedí a la camarera, "Una coca-cola, por favor..." Sentí que el hombre me miró con una sonrisa. "¿No más una coca-cola?" el dijo. Su voz era ron, baja, y sensual. "¿No quieres algo de alcohol?" "No gracias," le contesté, sin mirarlo. "De todos modos soy menor de edad para estar bebiendo en un lugar público." "Eso no importa," dijo él, acercándose. "Si yo soy el dueño aquí. Éste es mi club y yo puedo hacer lo que me da la gana. Una coca-cola con ron para la mujercita, por favor..." La camarera asintió con la cabeza. No le quise ofender, ya que no me gusta el ron, así que empecé a beberlo con pequeños sorbitos nada más.

Él empezó a sacarme temas de conversación y yo, poco a poco me dejé soltar, ya que para ese entonces el local se encontraba vacío. Pronto él me empezó a acariciarme una muñeca con tres de sus dedos, suavemente. Yo no podía respirar. "Te estaba observando," me dijo, con una sonrisa....."y bailas muy bien... ¿Dónde aprendiste a bailar así?"

Me reí nerviosamente y le dije que en la cultura puertorriqueña uno aprende a bailar a temprana edad, y no sé qué más...

"Tiene que ser, linda..." me dijo, sus dedos subiendo por mi brazo.."He oído decir que las puertorriqueñas se saben mover con un hombre, sea bailando o... jejeje..." yo no me movía mientras sus dedos recorrieron mi hombro. Sus labios rozaron mi hombro en un suave beso. Me estremecí mientras él me besó el hombro, sus manos acariciando mis dedos. Siguió diciéndome...."Chiquilla, tienes una forma de moverte que me excita..." En ese instante solté un gemido inconscientemente puesto que él empezó a lamer mi oreja y su mano acariciaba mi estómago.

"¿Bailarías por mí, nenita...?" él me susurró, besuqueándome el cuello. No pude más que soltar un gruñoso "síííí..." Lentamente me apartó y me cogió de una mano para dirigirme a la pista. Estábamos solos, y una luz tenue y peligrosa invadía el salón. Él fue al tocadiscos y puso una canción lenta, pero con un ritmo sensual, fuerte, e insistente. "Bailemos..." me dijo, y me agarró de la cintura. Empezamos un meneo lento, y él no quitaba sus ojos de mí. Él se apartó un poco y empezó a mover sus caderas cadenciosamente, de una manera descaradamente sexual. Lentamente él se fue sacando su correa de la cintura. Algo adentró de mi revolcó y me quedé parada sin saber qué hacer. Él no quitaba sus ojos de mi cara mientras soltaba su correa de sus pantalones. Se acercó más, y deslizó la correa lentamente por mi cintura... bajó la correa y me atrajo hacia él por mis nalgas pero no protesté. Él dijo, "Ven, bonita, no te preocupes... bailemos... que estamos solos..."

"No eres como las otras que he visto..." continuó en voz baja. "Tú tienes estilo, tú tienes clase, no como las otras... eres pura... sumamente sexual..."

Me estaba convenciendo. "Venga chiquilla, baila. Déjame ver cómo esas caderas tuyas se mueven.." Y me clavó con esos ojos, y me dejé dominar, me solté. A su dirección, empecé a mover mis caderas en ritmo de merengue, pero merengue lento y sensual. Mientras tanto, él seguía reteniéndome en el lazo de la correa, y empezó a moverse al compás mío. Él no quitaba sus ojos de mí, ni yo de él. Era un hechizo delicioso. "Voltéate, bebé..." él dijo, su voz cargado de emoción. Me sorprendí a verlo emocionado pero me volteé y me meneé. Él subió el lazo de la correa lentamente por mi cuerpo, hasta llegar a mis pechos, y empezó a mover la cintura de un lado al otro, a mi ritmo, masajeando mis pezones. Sentí que él soltó un gemido ronco. Sorprendida, me di la media vuelta. "No..." me empezó a decir, pero ya era muy tarde. Lo vi...él había bajado la cremallera de su pantalón, y su pene moreno, sorprendentemente largo, y muy grueso, apuntaba hacía mí. Yo nunca había visto un pene en vivo, y me quedé petrificada.

"Nunca has estado con un hombre, bella..." el notó..."Noo..." logré decir. "Imposible," dijo él. "Con esa cara, esos pechos, tus piernazos y ese culo tuyo no me digas que nadie te ha cachado..." "No..." dije de nuevo.. De repente vi cómo su cara se volteó tierna. "Eres más valiosa de lo que yo pensaba..." y con eso se guardó su pene hinchado. "No quise ser grosero contigo," me dijo. "ni quise asustarte. Pero si quieres, mira, hay unos cuartos en el segundo piso. Lo que haré es despedirme de ti como un galán, y si quieres te puedes ir. O si quieres, me puedes seguir y continuamos la fiesta. Sea como sea respetaré tu decisión." Con eso me besó tiernamente en los labios, y salió.

 

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