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El hijo de mi mejor amiga aprovechó mi calentura para practicar sexo conmigo a los 50

Publicado por Elvira el 16/01/2016

Hola Me llamo Elvira tengo cincuenta años, viuda hace cinco y un hijo de 25. Vivo sola ya que mi hijo se casó y se fue a vivir a otro país. Con mi esposo tuve una vida sexual aceptable, sin excesos en la que nunca hubo más de dos formas de tirar: él arriba y algunas veces yo cabalgando. Lo que si le fascinaba era que le chupara la verga, lo que hizo que me convirtiera en una experta, pero muy pocas veces fue reciproco conmigo pues para que me lo hiciera oral tenía que suplicárselo. Yo mido 1.70 m. de estatura, peso 68 kilos, mis senos son medianos y lo que más sobresale son mis nalgas por lo abultadas, en resumen estoy conservada a pesar de mi edad y hago ejercicios para conservarme sana y en forma. Actualmente ejerzo las funciones de vice rectora en un prestigioso colegio donde las exigencias de moral y ética son fundamentales. Dentro del colegio tengo una amiga muy especial con la que me une una gran deferencia. En una ocasión me presentó a uno de sus hijos de nombre Jorge, él es ingeniero de sistemas y muy entendido en computadores y, hasta donde me habían comentado, en mujeres, cosa que comprobé en carne propia. Cuando su madre nos presentó me atrajo su figura atlética y su cordialidad lo que recordé en la soledad de mis noches, pero tratando de desechar ideas eróticas por tratarse del hijo de una gran amiga, cosa que nunca logré. Tiene 30 años, divorciado, mide unos 1.80 metros de estatura, un poco delgado pero fibroso.
En una ocasión tuve un desperfecto en uno de los computadores que uso en mi casa, le comuniqué a mi amiga y me dijo que su hijo podía arreglarlo, que le diría para que me ayudara. Se presentó con su madre al día siguiente cuando me encontraba sola realizando trabajos en otro computador, cosa que hago llevando puesto ropa ligera: pantalones cortos y camiseta deportiva sin sostenes ya que desde que quedé sola lo hago así porque me siento libre. En esas estaba cuando llegaron, les abrí, los invité a sentarse y me dirigí a la habitación para ponerme más ropa, cubrir las piernas y colocarme sostenes. Cruzamos un par de palabras y nos dirigimos al computador dañado, Jorge lo abrió y me dijo que no era tan grave y que hacía falta cambar una pieza, que se encargaría de comprarla, volvería otro día, la cambiarla y listo. Noté que Jorge dejaba el computador y volteaba a mirarme para decirme cualquier cosa, él se daba cuenta que yo trataba de arreglarme la blusa y el sostén ya que por la prisa no me los había colocado correctamente y me molestaban, cosa que le parecía chistosa porque sonreía, pero a mí no me hacía ninguna gracia. Al despedirse me dio un beso en la mejilla y me dijo que estaba muy bonita y que me dejaba para que pudiera arreglarme con calma el sostén. Me reí con su apunte le di una palmada en la espalda en señal de despedida, me despedí de su madre y seguí con mis labores. Al quedar sola nuevamente me quité la blusa y el sostén que tanto me molestaba, me paré delante de un espejo, me acaricié los senos y me dije para mis adentros que de seguro a Jorge le llamaron la atención a pesar de la diferencia de edades, que aún gustaba a los hombres y que cuando me dijo que estaba bonita no lo dijo como un cumplido, sino porque le gusté. Me ilusioné pensando en que lindo sería tener relaciones con un macho con esas cualidades físicas, pero no guardé demasiadas esperanzas en tenerlo porque de seguro muchas mujeres más jóvenes que yo acapararían su tiempo y su vigor. ¡Que equivocada estaba! Las noches siguientes no me podía quitar de la mente la figura de Jorge. Me desnudaba completamente y tocándome las partes íntimas rogaba en silencio que abriera la puerta de mi habitación, se me tirara encima y me diera la buena ración de sexo que necesitaba después de una larga sequía de cinco años. Todo se limitaba a sueños y tocadas en lo íntimo porque mi posición como vice rectora y como hijo de una gran amiga me impedían mostrar algo de coquetería. Jorge arregló mi computador y quedé muy agradecida y al tratar de pagarle se negó y me dijo que lo había hecho con mucho gusto. Al cabo de una semana me encontré nuevamente con él y le pedí revisara mis otros dos computadores, le hiciera mantenimiento y que por favor me cobrara. Me dijo que estaba un poco ocupado pero que haría todo lo posible para sacar un tiempo y revisarme los aparatos. En vista de la buena impresión que me causó como persona y tratándose del hijo de una gran amiga le di un par de llaves de la entrada de mi casa, para que revisara mis computadores cuando tuviera un rato libre. Tomó las llaves y me dijo que no me preocupara, que en cualquier momento iría a mi casa y solo se dedicaría a su labor. Pasaron unos días y Jorge no iba a mi casa y me despreocupé, pero al llegar una tarde después del trabajo y pensando que estaba sola, al entrar a casa, comencé a tararear una canción a la vez que me desvestía al son de la música. Me fui quitando poco a poco la ropa delante de un espejo quedándome solamente en pantaloncitos., bailaba un poco voluptuosamente y levantándome las tetas, se las mostraba al espejo. Al dar una vuelta para mostrarle al espejo mi culo vi a Jorge parado en la puerta que divide la parte social de la íntima de mi casa, estaba parado y con una sonrisa en la cara. Se me cayó la cara de la vergüenza, recogí como pude la ropa tirada, me tapé lo que más pude y fui a la cocina a vestirme, ya que no podía ir a mi habitación porque Jorge estaba parado en medio de la puerta. Me vestí como pude y salí, fui al estudio donde estaba Jorge y torpemente traté de justificar mi actitud, a la vez que le pedía excusas y a pedirle que no lo divulgara por ningún motivo. Me dijo que no había nada que excusar, que no me preocupara, que era un caballero y lo que vio quedaría entre nosotros. Remató diciéndome que yo bailaba muy bien, que tenía un bonito cuerpo y que lástima no tener un hombre que pudiera admirarme y valorarme. Le di las gracias, fui a mi habitación mientras él se quedó terminando la labor de mantenimiento de mis equipos. Tocó la puerta de mi habitación y sin entrar se despidió diciéndome que había terminado, que no me preocupara pues tenía las llaves y me dejaría descansar. ¿Cómo iba yo a descansar con semejante espectáculo que le brindé, donde pudo apreciar todo mi cuerpo solo en pantaletas, bailando delante un espejo de una forma sensual?. Me acosté y me vino a la mente Jorge, corriendo donde estaba bailando y darme una buena culiada.
Decidí conquistar a ese hombre que me hacía mojar en seco durante la noche y planee todo sin olvidar detalle, en donde mi decoro dentro de la sociedad no quedara expuesto y que fuera Jorge quien tomara la iniciativa. Lo llamé y le dije que uno de mis computadores estaba molestando, me respondió diciéndome que vendría el sábado por la tarde. Ese día por la tarde me duché largo rato para estar limpiecita, rasuré por los lados los pelos de mi chocho dejando solamente un camino peludo por encima de mis labios, me vestí con falda y camisa abotonada casi hasta el cuello y me senté a esperarlo.
Tal y como lo prometió llegó, nos saludamos y pasamos al estudio para que revisara mis computadoras. Confieso que estaba un poco asustada pues nunca fui infiel a mi esposo ni siquiera después de su muerte; esto era diferente para mí, no tenía experiencia como conquistar a un hombre. Se sentó y comenzó a operar cada uno de ellos mientras yo me paré detrás de él para observar el procedimiento sin entender nada pues los nervios me querían traicionar y desbaratar todos mis planes. Jorge se paró y me dijo que no le encontró ningún daño, que me sentara y le dijera que mal le encontraba y se paró detrás de mí. En vez de sentarme me quedé de pie, me incliné para ver de cerca la pantalla y eché hacia atrás mis nalgas.. Quedé en una posición que permitió que mi falda se subiera un poco y resaltara mi trasero. Sentí la verga de Jorge sobre mis nalgas y sus manos posarse sobre mi cintura que era lo que yo buscaba. Me enderecé y me recosté a él quien comenzó a besarme el cuello y el lóbulo de la oreja. Esto me calentó, pero aún quería seguir en mi empeño de que fuera el quien me tomara pero no sin antes oponerme. Casi sin voz le dije; ¡No Jorge, no, no me hagas eso, soy una mujer decente y tú te estás aprovechando de mí! Siguió besándome el cuello y yo trataba como de zafarme, pero con cada movimiento mi culo se restregaba en su verga. Levantó las manos y las colocó encima de mis tetas al tiempo que me decía: ¡Sé que quiere guardar su compostura, pero es tan fuerte la arrechera que tiene que no la deja pensar!. Tranquila, ya le demostré que soy muy discreto! Eso hizo desistir a mi pobre resistencia y lo dejé hacer. Me desabotonó y quitó la camisa, desabrochó mis sostenes y liberó mis tetas, las masajeó, colocó dos dedos en cada uno de mis pezones y me puso a respirar con dificultad. Bajó las manos y sentí cuando bajaba la corredera de mi falda y esta se escurrió entre mis piernas quedando en pantaletas. El besuqueo en mi cuello y su mano en mí chocho ya habían hecho su efecto así que me voltee y lo bese con vehemencia. Desabotone su camisa y le acaricie el pecho y sus tetillas, sin ningún tapujo bajé una mano y le palpé la verga por encima de los pantalones, la sentí dura y dispuesta a atacarme. Se quitó la correa y se bajó al mismo tiempo los pantalones y pantaloncillos quedando su verga totalmente para mí, la tiene larga y un poco gruesa.. Jorge no dejaba de besarme en los labios mientras yo le acariciaba el tronco, caminamos sin dejar de hacer lo que hacíamos hasta que tropecé con el sofá, comencé a besar su pecho y fui bajando hasta quedar sentada con su verga mirándome de frente. Lo agarré, le corrí el pellejo que lo recubre, apareció su cabeza roja y me dediqué a hacer una de las cosas que más me gustan del sexo: chupar verga. Abrí la boca y aprisioné la cabeza entre mis labios dándole seguidos chupetones, aflojé los labios y me la tragué poco a poco hasta la garganta, lo hice varias veces y pude hacerlo toda la tarde pero Jorge tenía otros planes para mí. Notó que yo estaba bastante arrecha, me acarició los cabellos diciéndome que nunca se la habían chupado como lo hice yo. Tomándome por los hombros me recostó al espaldar del sofá, se arrodilló entre mis piernas, las rodeó con sus brazos y me jaló hasta quedar en el borde en una posición un poco incómoda para mí, pero beneficiosa para él porqué mi chocho quedó con mis pantaletas como única defensa. Una de las cosas decepcionantes de mi esposo al hacernos el amor era que no le gustaba chuparme el chocho y las veces que lo hacía era bajo mis suplicas, por eso al ver que Jorge se encaminaba a eso me hizo echar la cabeza hacia atrás y abrir bien las piernas. Tal y como pensé metió la lengua en mis pantaloncitos y comenzó a lamerme a través de ellos mordiendo mis labios vaginales ante mi impaciencia porque lo hiciera directamente, sin trapos ni nada. No aguanté más y casi gritando le pedí: ¡Quítame los calzones, quítamelos que quiero sentir tu lengua dentro de mi chocho! Me los quitó y mi chocho quedó sin defensa. Me desconecté de la realidad y decidí dejarle hacer conmigo lo que quisiera. Me dedique a disfrutar lo que siempre soñé: que me chuparan el chocho. Cuándo sentí su lengua comencé a girar las caderas en torno a ella, me acomodé, levanté las piernas a la altura de mi pecho y mi culo quedó también expuesto. Al tiempo que chupaba mi chocho, pasaba uno de sus dedos por mi hoyito anal, abría mis nalgas y su lengua trataba de entrar por ese orificio. Con ese tratamiento llegué al máximo, nunca me imaginé que me hicieran tantas cosas a la vez y en mi arrechera me desahogué diciendo vulgaridades; ¡Así, así papito, no pares, comete mi concha y mi culo que son tuyos! Sentía como su legua lamía todo el entorno entre mi chocho y el culo y al encontrar mi clítoris le dio pequeñas mordiditas y me siguió frotando el hoyito del ano con un dedo, lo que me llevó a ver estrellas. Ya desposeída de todo pudor y totalmente descarada le dije que me hiciera lo que quisiera. Dejó de lamerme y se acostó boca arriba en el piso con su verga bien parada y me dijo: ¡Súbase y ponga su chocho en mi boca mirando hacía mi verga para que así poder chuparnos los dos. Me subí, le puse el chocho en la boca y volví a sentirme en la estrellas. La verga quedó al alcance de mí boca, la agarré y comencé a chupársela con desesperación, cada vez que me chupaba el clítoris más ganas me daban de meter más adentro de la boca su estaca, que por ratos la sentía más grande y que me llegaba hasta la garganta. Estuvimos chupándonos un buen rato, hasta que Jorge se paró y me dijo; ¡Ahora, doctora, siéntese en el borde del sofá que le voy a enterrar la verga como nunca se la han enterrado!. Me senté como me lo pidió y me levantó las piernas, me frotó un par de veces la verga por la entrada de mi lubricado chocho y me la metió un poco más de la mitad. Comencé a girar las caderas como una loca y a suplicarle; ¡Así papito, no dejes nada afuera, entiérramela toda! – Jorge se retiró un poco, la sacó hasta la punta y sin violencia, me la enterró toda. Se dejó caer sobre mi cuerpo al tiempo que me decía: ¡No sabe las ganas que le tenía desde que la conocí, porque notaba que era una mujer arrecha que necesitaba un macho que la calmara!, La posición en la que me tenía le daba para sujetarme las piernas, me las separó lo que más pudo y empezó y meterla y sacarla a su capricho haciéndome gemir y llegar casi que a las lágrimas de tanto placer que me estaba dando, Me dijo que ya iba a acabar que si yo tenía inconvenientes lo podía hacer fuera pero yo le dije que no había ningún problema, que me la siguiera metiendo, que se derramara y me la siguiera metiendo como lo estaba haciendo. Se vino a chorros en medio de mis gemidos y suplicas: ¡Así, así, dame verga hasta que derrames la última gota -
Terminamos al mismo tiempo, descansamos un poco y luego fuimos cada uno a un baño distinto para asearnos. Yo me bañé completamente y al secarme me miré al espejo, me reproché un poco haberlo hecho con el hijo de mi mejor amiga pero al recordar lo bien que lo pasé, me enrollé la toalla en el cuerpo y salí a buscarlo para que me diera otra buena ración. Llegué a la sala y lo encontré desnudo recostado en el espaldar del sofá. Me dijo: ¡Sabía que vendría nuevamente porque quiere más verga. Tranquila doctora, que le voy a dar verga toda la tarde! Me quité la toalla y desnuda le dije que fuéramos a mi habitación, que era más cómodo. Comenzamos a besarnos y acariciarnos, Mientras me chupaba los senos yo le acariciaba la verga, la cual se le fue parando. Dejó de chuparme y me dijo que se la chupara. Me puse de rodillas y comencé a chupársela, apretaba con mis labios el pellejo que recubre su verga y lo llevaba hasta sentir la cabeza en mi garganta mientras Jorge alargando una mano me acariciaba las nalgas al tiempo que me decía; ¡No lo puedo creer, la vicerrectora, toda seria y aplicada chupándome la verga como un loca!. Me animaba diciéndome que yo era una gran chupadora, que me la metiera hasta la garganta, que se la lamiera y que le chupara los huevos. Después de un rato me dijo que parara porque le tocaba a él hacerme feliz. Me dijo que me quedara como estaba, de rodillas, que me acomodaría en una posición que le gustaba mucho. Se colocó detrás y me dijo que separara las piernas, recostara la cabeza en la cama y levantara el culo. Lo hice y quedé con todas mis intimidades expuestas. Él se retiró un poco y me dijo: ¡Así es como siempre soñé tenerla doctora, en cuatro patas y poder ver sus nalgonas y su panocha solo para mí!.. En medio de mi arrebato le dije que me hiciera lo que quisiera, que tenía cinco años sin pasar una noche como esa, que todo mi cuerpo era para él. Me preguntó si tenía experiencia anal y le dije que no, entonces me dijo que quería ser quien me desvirgaría por detrás porque esas nalgonas estaban pidiendo a gritos una buena verga. Se paró de la cama y se vistió. Sorprendida le pregunté qué hacía y me respondió que iría a buscar un lubricante en un almacén que conocía para untarlo en mi hoyito para que se dilatara, pues sin eso cuando me la metiera sería muy doloroso. Me llené de terror pues nunca me lo habían hecho por ahí, aunque siempre tuve algo de curiosidad. Regresó con un par de tubos, yo estaba en la cocina preparando algo que comer, pues la anterior sesión de sexo me había dejado hambrienta. Cuándo me vio se colocó detrás de mí y comenzó a besarme el cuello y a sobarme las nalgas al tiempo que me decía que las iba a tratar con delicadeza. Yo le repetía que estaba nerviosa, que su verga era muy grande para el tamaño de mi hoyito, pero el insistía en que untándome bastante lubricante, me entraría fácilmente. Jorge nunca me forzó a nada, lo que habíamos hecho fue a plena conciencia, sin amenazas, lo que me motivó a dejármelo hacer por el culo. Caminamos hasta mi habitación, nuevamente me puse en cuatro patas, se colocó detrás y comenzó a lamerme el chocho, pero esta vez con más intensidad lo que me calentó bastante y dispuesta a que me hiciera lo que quisiera. Dejó mi coño, abrió totalmente mis nalgas y sentí cuando su lengua comenzó a jugar con mi ojetico anal. Me relajé totalmente. Sentí cuando comenzó a untarme el lubricante y a pasar el dedo por mi hoyito, luego de varias pasadas y sintiéndome relajada y con la respiración agitada metió un dedo y comenzó a meterlo y sacarlo. Luego metió dos. Yo estaba explayada con todas mis partes íntimas a disposición de un hombre al que conocía muy poco, dispuesta a entregándole mi última virginidad sin ninguna condición, cuando mi difunto esposo, con el que viví tanto tiempo, jamás me vio en una postura tan poco decorosa. No se explicarlo pero la sensación que sentía en mi ano era agradable y me hacía olvidar la mujer respetable que tenía a su mando la dirección de una escuela respetable y de tradición. Me metió la verga por el chocho y con los dos dedos en mi culo sentí desfallecer del gusto que estaba sintiendo. Sacó la verga de mi coño y los dedos de mi culo y me relajé totalmente hasta el punto que no sentí algo más grueso que trataba de taladrar mi ojetico. Un dolor agudo me hizo gritar y a la vez tratar de huir cuando sentí que me entró, pero Jorge me agarró por las caderas y me dijo: ¡Tranquila, doctora, ya entró la cabeza, lo demás se lo voy a meter suave! Yo sentía dolor y suplicándole le decía: ¡Suave cariño, que me duele, la tienes muy gorda!, pero él seguía metiéndomela más adentro y yo me quejaba: ¡Ay, ay, no me la metas más adentro, ya siento mi hoyito muy estirado! pero él seguía taladrándome al tiempo que me decía; ¡Aguante un poco, doctora, mientras se la entierro un poco más y termino de desfondarla, solo se la voy a enterrar hasta la mitad, después se la saco un poco y vera que lo va a disfrutar! Comenzó a sacarla y meterla suavemente y me dijo que ahora fuera yo la que me la metiera y sacara. Soltó mis caderas y me separó las nalgas para que yo pudiera sacarla y luego metérmela. Lo hice, fui adelante y sentí alivió cuando salió casi toda, descansé un rato con solo la punta adentro, Jorge me dijo que reculara y me la incrustara yo misma; que lo hiciera varias veces hasta que mi hoyito se fuera acostumbrando a tener una verga dentro. Lo llevaba hasta la punta, respiraba profundo y nuevamente reculaba y me lo metía hasta que sentía que no podía entrar más. Con mis nalgas separadas por sus manos y viendo como yo misma me sacaba y luego incrustaba mi hoyito en su verga, se acercó a mi oído y me dijo: ¡Doctora, se ve Ud. divina con sus nalgonas bien abiertas y el hoyo rellenado con mi verga se ve espectacular, me siento feliz de haber sido yo quien le despretinara el culo! Seguí con mi movimiento de ir adelante y recular hasta que el dolor se hizo menos intenso. Jorge dejó mis nalgas y me tomó por las caderas y luego de varias metidas y sacadas me la sacó y se vino a chorros sobre mis nalgas y espalda. Cuándo terminó de derramarse me la volvió a meter y no la sacó hasta que le quedó flácida. Se paró fue al baño, trajo una toalla y me aseo el ano y las nalgas, diciéndome que el hoyo me quedó un poco floreado pero que no había sangrado. Me paré con algo de dificultad, fui al baño y al regresar se sonrió un poco al verme caminar lento, con las piernas abiertas y las nalgas separadas con las manos porque al cerrarlas sentía irritación en el hoyo.. Me entregó el otro tubo que contenía una crema y me dijo: ¡Doctora, acuéstese y úntese esta crema con suavidad en el hoyo y verá cómo mañana se le baja el escozor! Me dio un beso y se marchó.



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