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El ayudante de catedra

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Era una mañana calurosa de otoño. El salón de clases estaba repleto. Todos tratábamos de asistir en ese horario porque el ayudante de cátedra era un tipo muy accesible y sobre todas las cosas, muy práctico y entendible para explicar.

Como me interesaba en particular la materia, trataba de buscar toda la bibliografía necesaria, referente a los temas a tratar. No es que fuese un nerds, ni mucho menos, pero cuando hay una cátedra que me agrada especialmente, no me quedo únicamente con los apuntes que dan los profesores en los teóricos, intento indagar más, aún cuando mis conclusiones lleguen a diferir con las del dictante.

Había especialmente un libro que se encontraba como material independiente, por si uno quería investigar, que no lo había podido encontrar en las bibliotecas a las cuales había recurrido y para comprarlo era demasiado caro para mis recursos económicos del momento.

Como sabía fehacientemente que el ayudante tenía ese libro en su poder, decidí solicitárselo en préstamo, con el fin de fotocopiarlo. Me dijo que no habría problemas, que en la práctica siguiente que tuviéramos me lo acercaría. Pero como ese tema se trataría específicamente en la próxima clase teórica del profesor titular y quería debatir el mismo, como era mi costumbre, accedió a que lo fuera a buscar a su domicilio la tarde siguiente.

Mientras me dirigía en micro hacia su casa, me puse a pensar en el ayudante de cátedra en cuestión. Ricardo era un hombre de unos 35 años aproximadamente, alto, cabello y ojos claros, buen físico y por sobre todas las cosas era un seductor nato. Todas las compañeras de clase morían por él y según se comentaba había tenido algunos affaires en años anteriores con alguna de ellas. Así que no me quise hacer ningún tipo de ilusiones al respecto. Solamente iría a buscar un libro, que tan generosamente se había ofrecido a prestarnos.

Cuando llegué a su domicilio vi que la calle era de tierra y su casa no estaba en muy buen estado, por lo menos le haría falta una buena mano de pintura. Cuando golpeé la puerta, me recibió en pantalones cortos y una camiseta. Me hizo pasar.

Era una casa bastante pequeña al parecer. En el comedor había una mesa y cuatro sillas, no muy nuevas, dos sillones que ya habían pasado sus mejores épocas y una biblioteca llena de libros nuevos y viejos. Se dirigió hasta ella, buscó en uno de los anaqueles y me entregó el libro.

- Cuidalo mucho, porque como sabrás sale bastante caro- me dijo

- No te preocupes- le respondí- lo fotocopio y te lo traigo de nuevo.

- Querés mate?- me preguntó.

- No es necesario, no te preocupes.

- Yo estaba tomando así que no es ningún trabajo.- me dijo

- Bueno, si es así no hay problemas.

Se dirigió a la cocina y trajo un mate y un termo lleno de agua caliente. Nos sentamos enfrentados y nos pusimos a charlar un rato.

- Y, que tal te parece la carrera?

- Todavía no comenzamos a trabajar con pacientes, que es lo que a mí me interesa y por lo que estoy estudiando- le contesté.

- Claro, eso se da recién en los últimos años, pero además de trabajar con pacientes, también podés dedicarte a la enseñanza o la investigación, aunque- me dijo con una media sonrisa- rico no te vas a hacer- señalándome la casa.

- Pero vos no te dedicás además a atender pacientes?

- No me gusta demasiado, pero si me viene alguno lo atiendo, aunque en realidad, todavía no tengo consultorio.- me respondió.

- Pero, es tan jodida la carrera?

- No es que sea jodida, lo que pasa, es que yo me dediqué a la investigación y no a los pacientes.

Mientras me hablaba, no se había dado cuenta que se le había escapado un huevo por el costado del pantalón e inconscientemente se lo estaba tocando. Debo decir, que para mí tomar mate con otra persona, me parece muy sensual, no sé por qué, pero siempre me pareció así. No podía apartar la vista de su entrepierna, cuando al pasarme un mate que estaba muy lleno, sin querer me manché el pantalón color crudo que llevaba puesto.

- Uyyyyy! Qué lástima! Te quemaste? - me preguntó.

- No, pero no creo que esta mancha salga rápido sino me la limpio urgente!

- Esperá que voy a buscar un trapo húmedo y vemos como lo solucionamos-

Se dirigió hasta la cocina y volvió con un trapo, me lo entregó y yo traté en todo lo posible de sacarme la mancha, pero por la ubicación en que estaba, me resultaba difícil sacarla, sin quitarme el pantalón.

- Puedo pasar al baño para sacármelo y ver si con algo de jabón la mancha sale?- le pregunté.

- Si acompañame.

Me llevó hasta el baño. Yo no sabía que hacer, si cerrar la puerta o dejarla abierta. Decidí dejarla abierta. Me saqué los zapatos y me bajé el pantalón. Yo suelo usar unos calzoncillos de algodón con Lycra ajustados al cuerpo y casi siempre un número inferior al mío. Con el fin de que se me marquen bien el culo y los huevos. Era de color blanco y medio transparente, así que si hubiera estado en bolas, era casi lo mismo, salvo que para mí mucho más excitante!

Trato de mantenerme en forma yendo tres veces por semana al gimnasio, así que mi cuerpo está bastante bien desarrollado, aunque no exageradamente. Ricardo me miró el cuerpo, lo que más le interesó fue mi culo, el cual, modestia aparte, está duro y muy bien armado.

- Qué buen físico que tenés! - me dijo.

- Trato de ir cuando puedo al gimnasio, que a decir verdad, con el estudio y las clases, cada vez puedo menos.

- Yo juego al futbol los fines de semana, aunque mi cuerpo no puede compararse al tuyo.

Cuando la mancha parecía haber salido del todo, traté de volverme a poner el pantalón, pero Ricardo me paró diciéndome:

- Es inútil que te los pongas, mejor dámelos que los cuelgo al sol para que se sequen más rápido.

- No te preocupes, por ahí tenés que salir a algún lado y te estoy demorando.

- No, no hay problema, tenía que terminar de preparar una clase, pero lo puedo hacer más tarde, además no tengo que ir a ninguna parte.

Asentí sabiendo que tenía razón y se lo entregué para que lo colgara. Mientras tanto lo acompañe a la cocina para que volviera a calentar el agua que ya se había enfriado. Me senté en una banqueta que había, mientras Ricardo le cambiaba la yerba al mate.

- Sos de acá?- me preguntó.

- Sí nací acá y vos?

- También.

- Vivís solo? - Me atreví a preguntarle.

- No lo tengo a sultán que siempre me acompaña - me dijo con una sonrisa señalándome el patio de la casa en donde había un perro callejero, color té con leche muy lindo.

El agua estuvo a punto. Llenó el termo y comenzó a cebar nuevamente. Se sentó frente mío en otra banqueta y me dijo:

- Esta vez, tené cuidado de no mancharte!

- No te preocupes, ya no me queda más para sacarme- le contesté con una carcajada.

- Si, todavía te queda el calzoncillo - me dijo con una sonrisa - aunque no entiendo como podés usarlo tan ajustado, a mí me dolería todo de tenerlo tan apretado!

- No, para nada, no ves que es elástico? - me paré, puse los dedos en la cintura, me acerqué a él y le enseñé.

- Si, pero los huevos no te quedan muy aprisionados ahí? - Me preguntó tocándome - No sería mejor que estuvieran libres? - Me lo bajó dejando mi verga al descubierto que ya estaba medio dura. Me agarró los huevos y me los comenzó a sopesar.

- No sigas, porque ahora el manchado podés ser vos - Le contesté.

- Querés que pare? - Me preguntó rodeándome la cintura con sus brazos y agarrándome el culo con ambas manos.

- No! Seguí! - le contesté mientras me sentaba en sus piernas.

Acerqué mi cara a la suya, nuestros labios se unieron en un largo beso. Nuestras lenguas jugaban continuamente. Me gustó su forma de besar, sabía hacerlo. Comencé a sentir entre mis nalgas algo que se estaba endureciendo y creciendo de tamaño. Mi verga estaba apoyada contra su abdomen, estaba durísima! Ya salían de mi glande algunas gotas de líquido pre-seminal. Le saqué la camiseta para que no se le manchara. Ante mi vista aparecieron su pecho y vientre lampiño, en comparación del mío que es una mata de pelos ensortijados. Solo tenía algunos alrededor de las tetillas y en el vientre.

Tomó mi verga entre sus manos y me obligó a pararme. Miraba mi cabeza hinchada con ojos de goloso y se la introdujo en la boca. Con su lengua jugaba con mi glande que parecía reventar con la excitación que tenía. Siguió metiéndosela y mis 20 cm. estaban ya llenándole la cavidad bucal. Parecía un experto en la materia. Cuando empecé a realizar un mete y saca cada vez más acelerado. Me di cuenta que estaba próximo a eyacular, pero como no quise, me aparté de su boca. Me arrodillo y le bajo los pantalones.

Tenía un miembro muy grueso, lleno de venas que lo surcaban. Con mi mano le bajé el prepucio. Su glande medio oscuro ya estaba lubricado por su propio jugo. Saqué mi lengua y probé una gotita. Me gustó sabía salado. Comencé a serpentear por todo su mástil hasta llegar a sus bolas, grandes y llenas, casi sin pelos. Me metí una en la boca y empecé a saborearla. Metí la otra y hasta no dejarla totalmente empapada de saliva no quise dejarla. Volví a dedicarme a su miembro que parecía necesitar mi ayuda. Ricardo se retorcía de placer. Me gusta escuchar al que está conmigo, eso me da la señal de que estoy haciendo bien mi trabajo. Metí su glande en mi boca. El tronco me costó mucho más porque era casi tan grueso como mi muñeca. Así que abrí hasta el máximo mi mandíbula (incluso más) y comencé a meterla y sacarla. Estaba obsesionado con esa verga. Me agarraba de los pelos y conducía mi cabeza para que cada vez me metiera más en la boca. Me moje un dedo y con sumo cuidado comencé a jugar con su ano. Al darse cuenta facilitó mi trabajo abriendo las piernas. Dejé su miembro y me dedique a chuparle el culo. Introduje mi lengua algunos cm., tenía un sabor medio picante que me gustó mucho. Seguí con mi trabajo hasta ver que se estaba dilatando.

Nos levantamos. De la mano fui conducido hasta su habitación. Sacó de la mesa de luz un profiláctico y con la boca me lo fue introduciendo en la verga. Se acostó con las piernas levantadas y yo le introduje dos dedos lubricados en su propia saliva. Los di vuelta para que se acostumbrara y cuando me di cuenta que ya estaba preparado, me ubiqué y se la fui introduciendo lentamente, disfrutando su estrechez, tratando de no dañarlo. Cuando la tenía toda dentro y viendo que Ricardo se había acostumbrado a mi tamaño, comencé un lento mete y saca. La sacaba casi toda y la volvía a introducir nuevamente. Nuestras respiraciones se fueron acelerando a medida que mis movimientos se hacían cada vez más rápidos y fuertes. En eso le saco mi verga y le pido que se ponga en cuatro patas. Lo hace. Se la vuelvo a introducir y comienzo una carrera desenfrenada, hasta que noté que mis huevos estaban listos ara despedir toda su crema. Me retiré justo a tiempo, me saqué el profiláctico y densos chorros de esperma acabaron entre su espalda y sus nalgas. Con mis manos, se la fui distribuyendo por toda su piel hasta que terminé exhausto, y me acosté sobre él.

Ricardo se levantó y aprovechando que estaba de espaldas, tomó mis nalgas entre sus manos y comenzó a darme pequeños mordiscos. Separé las piernas y elevé un poco la cadera para facilitarle el trabajo. Introdujo su lengua en mi ano y empezó a chupar con ganas. Me metió un dedo, y cuando me hube relajado, dos más. Yo trataba de relajarme lo mejor posible. Me colocó una almohada en la pelvis para lograr así una mejor penetración. Sacó un profiláctico, se lubricó bien y lo fue desenrollando. Se ubicó sobre mí y lentamente fue introduciendo su glande. Casi pego un grito del dolor. Nunca me habían penetrado con algo tan grueso!. Se detuvo unos instantes hasta que me relajé un poco. Con sus manos me daba cachetadas en el culo para que no me tensara y lentamente, casi sin darme cuenta, tenía todo su instrumento dentro mío. Se volvió a detener. Me empecé a mover, la comenzó a meter y sacar. Primero lentamente, pero luego muchos más rápido. Mi verga había vuelto a endurecerse y con la fricción de las sábanas estaba a punto de acabar. Cuando siento que Ricardo acelera más el ritmo y siento que el profiláctico se va llenando con su semen. En ese mismo momento, comienzo a descargar el resto que me quedaba en los huevos. Ricardo se quedó dentro mío, hasta que perdió totalmente el tamaño y sale de mí. Nos abrazamos, nos besamos y esperamos que nuestras respiraciones se apaciguen. En eso me dice:

- Me parece que el pantalón ya debe estar seco.

- Si - le contesto - pero ahora las que están mojadas son las sábanas.

Los dos nos reímos.

Ese no fue el primero de nuestros encuentros. Demás está decir que a la materia la aprobé con el puntaje más alto. Y todo eso gracias a mi profesor particular!

 

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