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El desempleado caliente

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Firme su finiquito señor Sánchez -dijo el gerente de personal-, usted ya no pertenece a la empresa, ha sido despedido. Sentí tanta rabia e impotencia cuando me dijo eso, que me fui sin despedirme de nadie de esa empresa. Una vez en la calle, me sentía tan mal anímicamente, incluso tenía ganas de pegarle a todo el mundo. Mi vida era un asco, a mis 25 años, otra ves sin trabajo, dependiendo de mis padres. Me sentía pésimo.

Me fui a mi casa en el tren subterráneo, ahí volvieron a mi mis instintos de homosexual, cada hombre que subía al vagón lo miraba, a los lindos me los imaginaba desnudos, con sus vergas en mi boca. Realmente ¿cómo habrán sido esas pollas?, grandes, chicas, gruesas, delgadas, cómo saberlo.

Llegué a mi casa, no había nadie. Decidí darme un baño, para sacarme la rabia del día. Me desnude frente al espejo. Yo me encontraba bello. Piernas gruesas y peludas, mis apreciados pocos pelos del pecho, mis nalgas firmes y mi herramienta, que tenía sus 15 cm de expresión máxima.

Mis ojos verdes, brillaban en el espejo y combinaban con mi tez clara.

Saque unas tijeras, cortándome los bellos de las axilas, del pubis y del ano. Me metí debajo del agua, y me pase jabón por todo el cuerpo. Me limpie los testículos y el pene, especialmente el ano. Lo rodee primero con mis dedos, pasándome una esponja con jabón, jadeando, para luego introducirme el dedo índice en el ano. Con la otra mano, me masturbaba, mientras el agua caía sobre mi cara.

Al momento me fui cortado, sintiendo un gran placer, a lo cual me dije - Roberto, basta de darte placer sexual sólo, es hora de que busques un hombre, de que pruebes la carne de otro. Y esa noche, decidí que saldría a la búsqueda de un macho.

Me llene de crema las piernas, los brazos, especialmente la entre pierna y el trasero. Me perfume, me vestí con una camisa de seda y unos boxer tipo zunga que tenía.

Llegué como a las 23 horas a la disco, yo sabía que este era un recinto gay. Al entrar una pareja de hombres baila y se besaba al medio de la pista. Me dirigí al bar y pedí un gin con gin. Al rato, se sentó un hombre al lado mío. Hola -dijo- me llamó Esteban, ¿qué te parece la música?.

Esteban, era de la misma estatura que yo, pelo negro, delgado, de cara respingada y medio narigón. Vestía ajustados pantalones de cuero y una camisa apretada. Sin duda era mi tipo, era el hombre que yo buscaba.

Quieres bailar -le dije-, a lo que respondió sí. Ah! mi nombre es Roberto.

Ya al segundo tema estabamos besándonos. Mi lengua jugaba dentro de su boca, y a él le gustaba. Se acercó más a mí, agarrándome de la cintura, friccionando nuestros cuerpos. Como nuestros paquetes estaban a la misma altura, cada uno sentía como nuestras vergas se ponían duras. Me gustaría chupártela ahora le dije. A lo que Esteban dijo - si quieres vamos atrás, ahí esta oscuro y nadie nos vera.

Fuimos a unos asientos, que estaban en la oscuridad, apenas se divisaba la pista de baile pero no así el bar.

Esteban sacó su pene, toma aquí lo tienes para ti -dijo-. Me lo sumergí en la boca. Mientras Esteban dirigía los movimientos con su mano. Su polla no era tan grande, seguramente por que estaba aprisionada en los pantalones.

Tenía como un sabor a frutilla.

Mientras hacía mis ejercicios bucales, observe que en la barra un hombre nos observaba, lo que me excito aún más.

Me gustaría ir a un lugar más tranquilo contigo, le dije.

Tendría que hacer un par de llamadas -dijo Esteban- para ver si me consigo un departamento. Espérame y vuelvo.

Esteban se subió los pantalones y fue a hablar por teléfono.

Yo fui al bar, porque me había dado mucha sed.

Al llegar al bar, el cantinero me dio un wisky, señalando que el caballero de la otra esquina me lo enviaba.

Miro hacia ese sector, y veo que el hombre que nos estaba mirando, viene hacía mi.

Era un tipo treintón, como de un metro noventa de estatura y cien kilos de peso. Tenía el pelo cortado al cero y de cara redonda.

Hola me llamo Maximiliano -dijo- me puedes llamar Max.

No pude evitar mirarte a ti y a tu amigo. Tengo una proposición que ofrecerte.

Escucho -le dije- , que cosa tendría que decirme.

Les propongo -dijo Max-, si es posible, que si yo pudiera mirarlos cuando hacen el amor.

Yo quede perplejo, con esa propuesta.

Podríamos ir a mi departamento, o al de ustedes -dijo Max- sería una grata experiencia para mí, y para ustedes.

En ese momento, llego Esteban. Y al ver que conversaba con otro hombre, se acerco abrazándome.

¿Qué pasa aquí? -dijo.

Nada, tan solo una propuesta -dijo Max- a ver que piensas tú.

Así le explique a Esteban, que era lo que Max quería. Y ahí Esteban me dijo que no se pudo conseguir nada para pasar la noche juntos. Dada las circunstancias y después de un momento, le dijimos a Max, que aceptábamos su propuesta.

Nos fuimos, en la camioneta de Max, los tres adelante. Eso sí, yo al medio.

Llegamos al departamento, nos dirigimos inmediatamente al dormitorio. Max tenía una tele gigantesca, donde puso una porno, para aclimatar la situación.

Max se sentó en un sillón frente a la cama, mientras yo y Esteban nos desnudábamos frente a él.

Esteban, chúpaselo a Roberto dijo Max. Esteban empezó a darme unas ligeras mamadas, me escupió las bolas, repartiendo la saliva con su lengua, recoriéndolas hasta llegar a mi ano. Ahí, me lo empezó a lamer, introduciendo su lenguita dentro de mí. ¡Qué placer más maravilloso, el sentir esa lengua tibia dentro de mí!, yo estaba rojo.

Cambiamos a la posición 69, yo quede sobre Esteban, pero eso sí asegurándome que mi hoyo quedara dentro de su respingada nariz y boca. Vamos, vamos, lámelo, le dije, mientras me fui a su verga, que era mucho más grande a lo que me había parecido en la disco. Me lo trague suavemente, hasta el fondo, estaba muy sabroso.

En eso estaba, cuando miro a Max. Este gordo se había quitado la camisa, y se estaba masturbando, poseía la polla más grande que yo había visto. Le grite -vamos Max únete a nosotros.

Max, se levantó, se sacó los pantalones, acercándose a nosotros. De un velador saco un lubricante, nos tendió boca abajo sobre la cama, y con sus manos empezó a sobarnos el trasero para ponernos lubricante.

Niños se han portado muy mal -dijo- es hora que su papi les de una lección.

Primero penetro a Esteban, el que dio un gran grito de placer. Luego, entro en mí. ¡Que caliente este gordo!- me dije- me agarró de las bolas y empezó a entrar en mí, lento pero seguro, hasta donde más pudo. Luego, la retirada, para seguir con Esteban. Volvío a mí, ya me conocía, entro con más confianza, una y otra vez, yo daba sollozos de placer, lo sentía como andaba por mi estómago. Así estuvo un buen rato, dándonos intermitentemente.

Yo estaba tan caliente, que me pare y les dije a mis compañeros que quería que me penetraran los dos al mismo tiempo. Me puse de espalda en la cama, las rodillas en el pecho de Max, ya que no alcanzaba a llegar a los hombros, me pusieron más lubricante, y Max entro en mí, pero esta vez sólo la puntita. Esteban estiró mis piernas para atrás, y como pudo trató de metérmelo.

¡Vamos muévanse, muévanse!, les decía, pero al parecer era muy estrecho, sólo alcance a sentir un poco las dos cabezas dentro de mí. Esteban se retiro, y Max, me empezó a dar, entra que sale, entra que sale. Esteban quedo sobre, masturbándose, depositando su leche, sobre el ombligo de Max. Max, se corrió dentro de mí en seguida y empezó a masturbarme, despertando mi banano, agarrándome las bolitas, tarde en irme cortado, pero finalmente, lo hice sobre mí.

Terminado esto Max, nos acomodo junto a él, en la cama, comentándonos - niños, que bien lo hemos pasado, pero veo que están cochinos, es hora que se tomen un buen baño. Se paró, y preparó el yakusi para nosotros.

Nos llevó de a uno. Primero el turno a Esteban, lo tomá en brazos y se lo llevó al baño. Luego, vino por mí, me dijo - eres mi favorito-, me tomo, nos besamos y fuimos al baño.

Ahí estabamos los tres, en el agua recuperándonos para empezar otra sesión de sexo caliente.

Max se levantó y dijo -niños es hora que se coman su dulce. Parecíamos con Esteban gatitos peleando por la leche de su madre, si los dos peleando por ese dulce de carne de 20 cm de largo, le mordí las bolas. Deje a Esteban con el banano, mientras le pedí a Max que se abriera mas de piernas, para de esta forma practicarle un beso negro.

Max se apoyaba como podía en las paredes del baño, mientras sus niños, se lo comían. Su ano, era pequeño, llenó de pequeñitos pendejos, me entretuve lamiéndoselo, mientras sentía las expresiones de alegría de mis compañeros.

Roberto -hazme tuyo, dijo Max. Cambiamos de posición, Esteban se sentó en el borde del yakusi, para que Max de lo chupara y yo me dedique al trasero. Max poseía unos grandes gluteos, debo decir que quede nadando dentro de él, pero no por eso hice un gran empeño. Le dí y le dí, mientras él se comía el miembro de Esteban. El agua del baño saltaba para todos lados. Esteban se sumergió y Max le siguió practicando el sexo oral debajo de agua.

Finalmente, me fui cortado, al igual que Esteban, dentro de la boca de nuestro padre. Y Max se fue dentro de nuestras bocas. Finalmente, nos quedamos dormidos los tres, todos revueltos pero felices.

Esa fue una de mis mejores noches. Nunca más nos juntamos los tres. Al mes siguiente fui a una entrevista de trabajo. Cual fue la sorpresa, Max era el encargado de seleccionar al personal. Tuve que hacer unos dictados orales para conseguir el trabajo y hasta la fecha los hago.

Moraleja de esta historia es que sí se sienten tristes, con depresión, lo mejor es el sexo, sobretodo si es con hombres.

 

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