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El jardinero

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Soy yo, Iván. Ante el aluvión de felicitaciones que he recibido por mis anteriores relatos me dispongo a contaros otra experiencia más de mi vida. Les agradezco mucho que lean mis relatos y que me hagan llegar sus elogios, si no les es posible escribirme o si lo prefieren pueden también votar el relato, con lo que me daré por enterado de su opinión. Para los que no me conozcan me llamo Iván, soy madrileño, tengo 26 años, mido 180 cm y mi complexión es entre delgado y fuertecillo. Esto que les voy a contar es 100% verídico, me sucedió hará tres meses cuando fui a visitar a un amigo de la infancia que vivía en Valencia, el muy cabrón (100% hetero) se había hecho de oro, vivía en un gran chalet con piscina y jardín, con su mujer e hijas y tenía bastante personal de servicio a su cargo. Me instalé en una de las habitaciones, y pasé unos días muy agradables con su mujer, sus hijas, en la piscina, la playa etc... El último día de mi estancia desperté y no había nadie en la casa, bajé al salón y pude leer una nota de mi amigo: “Salimos de madrugada por la muerte de un familiar. Sentimos habernos ido así, disfruta lo que te queda de estancia” Pensé en un principio que mi amigo debió despertarme, pero luego me di cuenta que salieron de madrugada y que de esta manera tendría la casa para mí solo. Desayuné lo que encontré y cuál fue mi sorpresa al salir al jardín que me encontré al jardinero en plena labor (era domingo, y el personal descansaba). El jardinero era un hombre algo más alto que yo, tenía una pequeña melena castaña oscura, ojos grandes y negros. Era grande y fuerte, con un aspecto muy varonil, además llevaba una sensual barba de dos días que le hacía más machote. Debido al calor, llevaba un peto vaquero que me mostraba sus fuertes brazos curtidos con el duro trabajo, un pecho bastante marcado y velludo, una sexy mata de pelo bajo sus axilas y a través del peto se dibujaban también unas hermosas nalgas y un gran bulto como paquete. Me vio y se acercó a saludarme. Su voz era grave y cuando estrechamos las manos me puse a cien pues apretó bien fuerte. Me explicó que conocía la historia sobre la partida de los señores y que el vino a trabajar hoy pues le gustaba adelantar trabajo, estuvo un buen rato hablándome de su trabajo, pero yo no presté atención pues sólo podía contemplar ese ejemplar de macho cabrío ibérico. Volví a la casa para hacer maleta, y dejé la puerta de mi cuarto entreabierta, desde allí oí como Nico, que así se llamaba, subía las escaleras y se dirigía al baño (extraño pues abajo había otros dos aseos), empecé a pensar que quizá quería algo, pues ya me pareció extraño que hubiera venido hoy a trabajar, y me confirmó en cierto modo las sospechas el hecho de que él sabía que los señores habían partido y estaba yo solo. Estaba sudado, entró en el baño y no cerró la puerta, de tal manera que yo podía verle a través de un espejo del pasillo. Para mear tendría que quitarse el peto, y así lo hizo: se desabrochó los botones de los tirantes dejándome ver una vez más sus bíceps contraídos y su vello axilar, se bajó el peto y pude contemplar un aparato enorme, de unos 18cm en estado de flacidez. Colgaban un buen par de bolas, todo ello rodeado de vello que se unía al del pecho y al de las robustas piernas. Meó y se la sacudió, poniéndome a mil; no sé porque, pero yo me lancé y fui hacia el baño a “ducharme”, él terminaba ya y se estaba lavando las manos, yo sin más pudor me empecé a desvestir dejando entrever toda mi erección y entré a la ducha ante la atenta e indiscreta mirada de mi amigo. Dejé correr el agua y di un gemido, cuando sentí que Nico salía le llamé y le pedí que me trajese el gel, pues me lo había olvidado en la maleta. Rápido y diligente me lo trajo, descorrió la cortina y yo le correspondí con una sonrisa, antes que se fuese le pedí que me enjabonara la espalda. Se llenó las manos de gel y comenzó a recorrerme la espalda con sus grandes manos.
Sentía su calor en mi espalda, cada vez más abajo hasta llegar a las nalgas, en las que se detuvo un buen rato. No podía creerlo, tenía a una gran macho acariciándome el culo. De repente me introdujo uno de sus inmensos dedos en el ano, lo que respondí con una sonrisa. Me metió otro y yo creí que me corría. Empezamos a besarnos con lujuria, su lengua empujaba la mía con una fuerza bestial, sus duros brazos me acariciaban el cuerpo sintiendo su vello chocar con cada centímetro de mi cuerpo. Me llevó en brazos a la cama y ahí empezó a comerme el culo con bestialidad tal que creí que me daba algo, podía sentir su barbita sin afeitar rozando con violencia mis nalgas; con las manos me pajeaba, esto duró poco tiempo pues me vine en sus manos. Ahora era mi turno. Le tumbé y empecé a besarle, le chupé la cara, las orejas, el cuello lleno de venas y barba, los enormes pectorales, sus axilas, los brazos, los pies, las duras piernas hasta que llegué al objeto de mi deseo. A esas alturas su verga palpitaba expectante, grande, 27 cm (esto lo medí luego) de un grosor increíble, la chupé, la mordisqueé, hice lo que pude, meterme ese trozo de carne en mi boca me excitaba muchísimo.

Mientras él seguía trabajando mi culo con sus dedos, me apartó la cabeza de su polla y me puso a cuatro patas. Me iba a encular. Primero metió la cabeza, empapada de líquidos pre seminales y gorda como una bombilla. En un par de embestidas ya me había metido su gran aparato entero. Me estremecí de placer, en el aspecto físico tenía una polla enorme chocando con mi próstata y calentándome las entrañas y en el aspecto psicológico estaba siendo enculado por un macho increíble. Empezó a bombear, cada vez más rápido, sentía su cuerpo chocando contra el mío, sus bolas encogidas por la cercanía de la corrida, le miraba y veía al macho de mis sueños sudando para darme placer y gritando cual caballo. Finalmente empezó a inundar mi interior con su espesa leche que quemaba mi cuerpo como nunca antes lo habían hecho. Los chorretones casi sólidos salieron por mi culo y Nico sacó su falo de mi fundiéndonos en un gran beso.

 

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