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MORDIENDO LA ALMOHADA NACIO MARCELA

Publicado por MARCELA el 25/11/2014

Mi faceta de perra la saqué durante una de las muchas ausencias de mi mujer. Me vestí con su ropa, me maquillé con sus pinturas y me empalé un tremendo calabacín por el culo. Fue maravilloso ver frente al espejo a un putón con el celo a flor de piel, tanto que por la noche visité un sitio de ambiente y ligué con un semental que luego en casa, me hizo ver las estrellas con los ojos cerrados mientras mordía la almohada.

Me fascina la homosexualidad y aunque nunca he fallado a Viviana en la cama, siempre deseé tener intimidad sexual con un hombre, sentirme mujer, recibir verga y dejarme coger como mi chica suele dejarse, a pelo por su delicioso culazo y recibir la leche del macho dentro, como Viviana lo hace.

Roberto es un mulato precioso con una tranca descomunal. En el cruce de miradas inicial nos dijimos todo. Al besarnos sentí cómo lubricaba de forma natural y me sumí en un éxtasis mientras sus manos magreaban mi culito. Salimos del local con evidentes rasgos de calentura que nos impedían caminar correctamente. Tardamos quince largos minutos en llegar a mi piso.

El morbo era tremendo, lo deseaba por el culo como desear a mi hembra y era la primera vez que me liaba con un tio. Al desnudarnos entendí que esa noche iba a ser la mejor de mi vida, a Roberto le mide 23 centímetros de pura satisfacción, toda venosa y gruesa como una lata de refresco.

En la ducha dimos rienda suelta a la pasión, qué rico es estar en brazos de un hombre, tenerlo a mis espaldas, notar su erección jugueteando en la raja de mi culo según sus manos recorren mi cuerpo y su boca desesperada busca la mía para fundirse en un beso tornillo, gozar de su lengua y beber su saliva. Estaba eufórica y hablo en femenino porque con él soy mujer.

A la tensión total de su miembro le correspondí con un oral de rodillas que me supuso un fabuloso inicio sexual como maricón pasivo. Me gusta más la palabra PUTA, pero a mi hombre le enloquece decirme así, MARICÓN con todas sus letras.

Mamar verga es una experiencia única. Jamás imaginé que chupar un pene fuese tan rico. Se lo demostré con esmero y di todo de mi al engullir más de media polla y atragantarme hasta la arcada con ella. Mis manos arroparon sus gordos testículos que endurecían a mi sutil masaje, los succioné y lamí el falo hasta llegar al capullo, por la hendidura del glande brotó un sustancioso preseminal que me supo dulce, imaginé su semen, un manjar, y vaya que lo es. Roberto eyacula dulce de leche. Es un sabor tan agradable que me he vuelto adicto a su corrida y si me lo echa dentro, me lo saco con los dedos y no paro hasta acabar de beber todo lo que sale por mi coñito.

En la cama y a cuatro patas me hizo como preámblo amoroso, un beso negro que me dejó sin voluntad y me levantó al límite extremo la poca virilidad que en ese momento tenía. Hacerme su nena era la única idea que tenía en la cabeza. Me estimuló el ano y lo traspasó con el dedo medio, le pasé el tubo de gel con el que me había lubricado para encularme con el calabacín y fui más receptivo hasta que metió cuatro. Reconozco que tuve miedo al ver el aparato aproximarse a mi entrada, quise recular pero el instinto me hizo ir hacia su cuerpo en lugar de alejarme. El estacazo me nublo la vista y entorné los ojos, apagué el grito mordiendo la almohada mientras mi marido se apalancaba entero dentro de mi. Me sentí extraño. No era ni por asomo lla misma sensación de autoestimularse a recibir una polla real. La verga es verga y me encanta.

Roberto acuclillado por detrás y asido a mi cintura me culeó como un semental. Notaba claramente el glande presionar mis paredes rectales y el tope en algo muy sensible que me simbraba hasta la cabeza. Temí cagarme ante el grueso estímulo marital y temí pringar su preciosa verga de mierda. Roberto estaba disfrutando con mi tensión y apretándome del cuello me susurró al oído que no me preocupase, que me relajara y que si me sacaba el caviar sería la prueba de que lo deseaba, que cagarse durante el coito es como tener un orgasmo anal...Y yo que pensaba que era el único cerdo que amaba sacarle la mierda a su hembra!. Viviana me deja la verga completamente marrón cada vez que la sodomizo y en más de una ocasión he lamido su culo sucio.

Mi marido transpiraba a mares, agua que recogía en mi espalda. Me dolía el vientre pero mantenía el aplom y la lujuria de saberme poseído por un macho. MARCELA nació en el instante mágico en el que ROBERTO, su marido, vació toda su furia testicular en mis entrañas y el espeso manjar se fundió a chorros intermitentes con mis jugos femeninos. Los noté con tal claridad, ese rebote líquido buscando sitio para depositarse y mantenerse dentro y los embites temblorosos de mi hombre para exprimirse hasta la última gota de esperma. Fui un maricón, sí, pero en manos de ÉL, de mi semental, mis hormonas no eran de tal, eran tan de mujer que al acoso de su sexo en mi intimidad y al recibir su semen en mi interior, mis caderas se ensancharon, mis curvas realzaron y hasta mi voz fue tan tenue que decidí que la próxima vez que me hiciera el amor, lo iba a recibir como Marcela, vestida de chica, sensual, sexy, bien puta y dentr de todas las putas, la que más.

A mi puta me la cepillo cada vez que está en casa y cuando no, la puta soy yo y se deja cepillar por su bello marido que la hace ver estrellas, amo su verga, amo ser suya y adoro ser inseminada por la boca y por el culo que para el caso es una perfecta vagina receptiva y muy, pero que muy abierta por el miembro reproductor imponente de mi marido al que le soy fiel.



 

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