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Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

A mis 40 años de edad, mis experiencias sexuales han sido heterosexuales y amplias, aunque ahora divorciado y soltero, tuve muchas novias y amores amantes fugaces y enamoramientos platónicos. También he tenido relaciones con hombres y travestís una docena de veces, siempre de forma activa, de ellas disfruté al menos con tres de ellos, pero solo por la ocasión, aunque se dieron no más de tres o cuatro encuentros, pero fueron deliciosos.

Pero.... recuerdo que desde siempre tuve el deseo de tener un hombre, no gay ni bisexual, sino un hombre, un macho. No soy muy aventado y las veces que intenté, casi siempre excitado por unas cervezas o tragos, no lo logré, por lo que mis fantasías y mis frecuentes masturbaciones se daban pensando en un hombre, cualquiera que fuera, que me gustara. Por asuntos de trabajo llegué a una pequeña ciudad y llegué a un pequeño hotel, sencillo y con ambiente familiar. Lo que más me gustó, era el tipo que atendía a los huéspedes. Sencillo, unos 27 años, buen cuerpo, muy atento pero tímido. Me cautivó con su forma de ser, su mirada y sus labios carnosos que humedecía con su lengua.

Me encantó y le pedía cualquier cosa para que me llevara a mi habitación, lo cual hacía de inmediato, pero no pude decirle lo que quería y sentía por él. Como tenía que pasar al menos dos años en la ciudad, lo mejor era buscarme un apartamento y logré contratar uno donde viviría solo. Al pasarme y equiparlo con todo lo elemental, después de una semana decidí buscar a mi amigo e invitarlo, con el cuento de que necesitaba su ayuda, lo que aceptó con gusto y quedamos de vernos el fin de semana que tendría libre.

Para que más, mis emociones, mis deseos, giraban porque no sabía como reaccionaría, a pesar de mis fantasiosos planes y tampoco estaba seguro si yo le diría lo que realmente deseaba. Llegó el día y entre pláticas y cervezas, le pedí que me hiciera un masaje, lo que provocó su asombro, pero además todo mi plan no lograba realizarlo por pena. Pero al calor de las cervezas y mi insistencia mi amigo inició brusca y torpemente un “masaje” en la espalda y fue cuando le puse mis nalgas en su miembro, aunque ambos vestidos, pero aprovechando la situación, me quité todo y al tratar de quitar su pantalón se resistió, pero mi insistencia al borde del desenfreno permitió que le sacara su pene, deliciosamente templado, y me incliné para besárselo y mamarlo.

Que cosa más rica, tanto lo había deseado y ahora tenía en mi boca lo más deseado y lo sentí tan exquisito que logré meterlo todo en mi boca, no era tan grande, pero hermoso, delicioso, diría bien dotado por lo normal en tamaño y grosor. Me pidió más y con gusto se la seguí mamando hasta que sentí un fuerte chorro caliente en mi garganta y aunque quise sentir más él lo retiró y no me dejó más, luego se despidió y se fue. Fue un éxito, sabía que vendría lo que yo deseaba, que me cogiera y me hiciera sentir su falo en mi trasero caliente.

Pasó algún tiempo en que no nos vimos, hasta que apareció, previa invitación de mi parte, resulta que al calor de las cervezas se entusiasmó y noté su deseo por una aventura secreta, como yo quería. Sucedió que con cierto grado de embriaguez y teníamos varias horas, le pedí que se bañara y luego descansara, yo lo despertaría y accedió con cierta desconfianza, pero se fue a mi cama y al rato dormía profundamente. Era una noche lluviosa, encantadora y excitante.

En esta situación comprobé que dormía profundamente, lo que aproveché para darme una ducha muy especial y prepararme para la ocasión, con una tanga entre mis nalgas, sandalias y una bata corta. Llegué a pensar que si él no reaccionaba le diría que no le dejaría ir y si quería podría quedarse en mi casa. Pero cuando llegué se despertó y luego de desvestirlo le di una mamada especial, me puse provocativo y le pedí que me penetrara, lo cual hizo de forma tranquila, aunque no fue lo mejor ya que no me penetró totalmente y terminó precozmente, dejándome con ganas de seguir penetrado.

Pasaron los días y continuamos nuestro secreto aunque muy esporádicamente, me ha insinuado ser mi marido, lo que me encanta, y hemos cogido ya unas 15 veces, me he enamorado de él, es un amor de lo mejor. Creo que también él me desea. Le he pedido que me presente a un amigo, pero no quiere, quiero tener otra experiencia, me excita la idea de tener otro amor y de ser posible hacerlo con dos a la vez. Quiero una relación clara y…amplia. He querido serle fiel y se lo he dicho. Me encanta cuando dice que solo seré para él y verlo con algo de celos. Lo que me encanta de nuestra relación, aunque no es constante, es que yo lo conquisté, lo atraje, me ha complacido con locuras y me hace falta verlo ya que tenemos varias fantasías pendientes por cumplir.

El no cree que ha sido mi primer y único hombre, creo que se imagina que podría tener más. Le he jurado que no necesito otro, pero realmente sueño con tener al menos dos experiencias más, quiero tener otro hombre, tengo deseos increíbles, pero es difícil para mí. Quiero en mis momentos actuar como mujer, maquillarme, transformarme, no tanto, pero si tengo un macho, me encanta ser su hembra, soy capaz de decir locuras y sentirme su puta, su esclava, que me mande, que me ordene, quiero atenderlo, mamarlo y que me coja como quiera. No se que pasará, mi cuerpo y mi culo piden contacto, no quiero, pero deseo serle infiel, lo que quiero y necesito es un hombre. Mi lema es: VIVE LA VIDA CON INTENSIDAD Y CON GANAS.

 

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