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Playa de lujuria

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Esto que estoy por relatarles sucedió en mi adolescencia en una de mis salidas de pesca. Estaba acostumbrado a salir de pesca con amigos y quedarnos a acampar toda la noche mientras intentamos obtener una pieza de gran porte en nuestros anzuelos.

Como ya les conté organizamos una excursión a una playa alejada del centro de la ciudad y alejada del gentío que se junta en épocas veraniegas, mis amigos y yo nos trasladamos hasta esa lejano mar de arena y nos dispusimos a organizar todo lo necesario para cuando llegara la noche; lanzamos nuestras líneas al agua y nos acomodamos para disfrutar de un día soleado en una playa desierta.

Los tres estábamos esperando alguna noticia de los peces y nos pusimos a charlar de mujeres, pajas y otras locuras. Jorge en medio de la charla confesó que una vez se relacionó con una joven a la cual le encantaba chuparle la verga y tragarse después de agotadoras succiones todo el semen que él le entregaba en orgasmos furiosos, en uno de los encuentros relató como mientras ella se tragaba ese pedazo de carne que se le ofrecía en el rostro, comenzó a acariciarle suavemente con la punta de sus dedos el transpirado y húmedo anillo que formaba parte de su ano.

La caricia se fue transformando en casi una masturbación que ella le proporcionaba y fue creciendo esa sensación de placer o cosquilleo tanto en Jorge que pronto no pudo más que pedirle a gritos que le introdujera el dedo completo en su ano, el gozo y la excitación se apoderaron de los dos y ella terminó metiéndole en ya su dilatado ano tres de sus dedos provocándole un orgasmo que terminó en una eyaculación tan prolongada que no olvidó en toda su vida.

Cuando Jorge acabó con su relato ambos espectadores teníamos una mezcla de sorpresa y calentura que no podíamos ocultar por nuestros bultos en los pantalones. Para apagar el fuego de ese relato propuse meternos en el mar y para agregarle diversión decidimos hacerlo desnudos, cuando nos sacamos los shorts nos quedamos mirando los rabos que teníamos cada uno, demás esta decir que el mío era el más grande y gordo, modestia aparte tengo una poronga de 19 x 6 que creo es bastante carne entre las piernas.

Cuando nos metimos en el mar no pude dejar de pensar en esos dedos introduciéndose en el culo de Jorge y comencé a sentir una especie de calentura tan grande que mi mente no entendía si quería que me hicieran lo mismo o no, yo reflexioné ante la posibilidad y creí que estaba teniendo pensamientos homosexuales, pero la verdad es que las mujeres me calientan mucho, pero debo confesar que tuve varias fantasías eróticas con películas de travestís que terminaron en una memorable paja.

Mientras yo pensaba observé como Jorge y Franco conversaban sobre el mismo tema muy cerca uno del otro y decidí acercarme a ellos para no perderme nada. A partir de este momento los recuerdos todavía me provocan erecciones monumentales. Junto con las incógnitas, la calentura y los deseos de gozar nos olvidamos de la pesca y nos encontramos los tres en una playa solitaria, desierta y llena de lujuria y pasión homosexual. Al acercarme a ellos pude observar el rostro de Jorge que estaba extasiado, excitado y a punto de explotar de deseo.

Yo no podía dar crédito a mis ojos cuando vi que mis amigos y compañeros de pesca estaban masturbándose mirándose uno al otro, a pesar del frío del mar mi verga todavía seguía dura, pero cuando me acerqué a ellos una fuerza que nunca había sentido se apoderó de mi, y comencé a sentir como mi pene de 19 cms. parecía estallar, rocé sin querer el culo de Jorge y pronto nos encontramos tocándonos los penes unos a otros y masturbando en forma incontrolada al otro.

Salimos del mar y nos sentamos en la playa, el primero en romper los esquemas fue Jorge cuando se abalanzó y me dio el beso más fogoso de toda mi vida yo, respondí metiéndole la lengua en su cavidad bucal y le agarré la pija de tal forma que se corrió sobre mi mano y parte de mi verga quedó llena de la leche de Jorge que no paraba de eyacular, Franco no resistió y me chupó toda la leche que estaba en mis 19cms. que estaban por estallar. Nos fundimos en un solo deseo Gozar ....!!

Nuestros penes conocieron el dulce calor del culo de un hombre nos cogimos los tres de una manera insospechada por mi, todo se fundió en una acabada de película cuando Franco y Jorge me llenaron la boca con el néctar que chorreaba de sus inflados falos. No se si por vergüenza o miedo de que nos gustó demasiado no volvimos a vernos más. Yo me casé y después de tanto tiempo encontré a Jorge en un restaurante, él también se casó, pero al vernos no pude evitar excitarme y a él le pasó lo mismo, lo noté en sus pantalones y en el abrazo que nos dimos al saludarnos.

El encuentro con Jorge produjo en mi los recuerdos más calientes que tuve en mi vida. Lo llamé por teléfono para arreglar una reunión en familia, pero me dijo que primero quería que nos viéramos en un departamento que tenía para alquilar y que en este momento estaba desocupado. Accedí tomé la dirección y arreglamos el día de la cita. Faltaban dos días y no podía dormir, no podía trabajar, pero si podía coger. A mi esposa le pegué las cogidas más calientes que pude tener en esos dos días de espera, ella me chupaba mi pene me pedía que le llene la boca de leche y cuando eyaculaba recordaba la boca de Jorge y me salía un chorro a presión de leche blanca y espesa, que dejaba a mi mujer sin aliento y apenas podía tragar toda esa expresión de placer.

Al fin el día llegó, Jorge me llamó a mi celular y me dijo que tenía una gran sorpresa para mi. Cuando llegué al departamento llamé al portero, me abrió la puerta y subí por el ascensor, en el trayecto de planta baja hasta el octavo piso, me calenté tanto, que saqué mi verga del pantalón para agarrarla con fuerza y mirar lo hinchada que estaba, la cabeza roja, parecía explotar, el ascensor llegó a destino, guardé presuroso mi aparato, y llegué a la puerta de entrada, mi respiración era agitada, caliente, mi corazón latía al rimo de mi erección; me decidí a tocar el timbre y la puerta se abrió. Me encontré con un Jorge calmo, pero con los ojos llenos de algo que me excitaba aún más, traté de no demostrar nada, para no parecer desesperado. Entré a su departamento, chico pero acogedor, con una gran cama en medio de la única sala que tenía. Le pregunté cual era la sorpresa y él contestó con un –salí que te esperamos-, se abrió la puerta del baño y apareció la figura de Franco.

No podía creer lo que veía mi alegría fue inmensa al volver a ver a ese chico ya convertido en un hombre como yo. Bebimos unos tragos hablamos un poco y todos evitamos tocar el tema de la playa, sabíamos que esa experiencia nos había marcado a los tres, pero la carne es débil, las miradas hablan y particularmente yo estaba calentándome de una manera tal que mi culo pedía a gritos una de esas dos porongas que estaban en la habitación. Las cosas tomaron la única dirección posible, esta vez comencé yo y tomé la iniciativa, comencé a besar a Jorge en cuello, luego este beso se convirtió en una apasionada guerra de lenguas, mientras Franco sin poder evitar la excitación comenzó a masturbar y chupar la pija de Jorge que ya estaba semi desnudo, los minutos desaparecieron y en cuestión de segundos estábamos otra vez en la playa gozando y fornicando como nunca. Lo que siguió es imposible describirlo con palabras, nos unimos los tres en fornicadas incontrolables, donde yo penetraba a Jorge, que pedía a gritos que le metiera en el culo mis 19 cms. y a su vez Franco me clavaba a mi.

En medio de la batalla sexual Jorge nos pidió algo que nunca creí poder hacer, quería que lo penetrásemos los dos a la vez, se recostó de lado y yo me lo clavé por detrás, Franco se subió por delante también le metió la pija en el dilatadísimo culo de Jorge, gritaba como loco de placer y no pude aguantar y le llené el culo de leche, ellos siguieron fornicando como animales y yo era el espectador de la mejor película porno, con ese paisaje no pude más que empezar a pajearme, y cuando ellos estuvieron a punto de acabar nos pusimos los tres con las pijas bien duras uno enfrente del otro y eyaculamos todos juntos arriba de nuestras porongas y cada uno se encargó de limpiar al otro con la lengua. Exhaustos nos aseamos y quedamos en realizar otro encuentro como este.

 

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