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Relato dedicado a su pene, relato gay

Publicado por Gonzo el 29/08/2016

-Quiero que describas mi pene. Me dijo y acto seguido…

El chico se puso en frente, y después de respirar hondo, jalo su pantalón deportivo desprendiendo de su vientre la tela, el jalón fue tan fuerte que junto a su pantalón se deslizó también su ropa interior, es decir que cuando dejo de bajarse la ropa, quedo descubierto de la cintura hasta lo muslos.

Eso era como ver el cuadro de la parte más interesante de aquel chico, lo que más me gustaba le colgaba justo al centro. Su pene estaba aún flácido pero ya se notaba cierta rigidez, su piel era blanca, alrededor no tenía pelos, estaba totalmente rasurado, recorriendo con mis ojos la piel que cubría su pene, apenas y pude notar unas venitas delgadas, casi imperceptibles que corrían por ambos costados, al llegar al borde, éste se notaba más abombado y de su capullo apenas se dejaba ver la punta de ese lindo miembro que parecía terminar en una curva ligeramente salida hacia afuera donde dejaba ver su orificio en el centro.

-¿Te gusta mi pene? Me pregunto y por el tono de su voz note que hacia la pregunta con cierta timidez, no podía ver su rostro en ese momento, pero lo imaginaba con unos ojos de venado y la quijada caída hacia abajo esperando mi respuesta, sin embargo no fue precisamente con una respuesta que le contesté, sino con otra pregunta.

-¿Te gusta tenerlo rasurado? Y después de una pausa en la que seguí inspeccionando su pene minuciosamente con mis ojos, me llego la respuesta, me llego con esa misma voz tímida.

-Es que así se ve más grande. Quise acabar con esa su inseguridad en ese momento, pues ya era momento de que tenga algo de confianza en sí mismo, entonces le pedí.

-Sube la cámara para poder verte chico. Vamos súbela que tengo algo importante que decirte.

Y entonces él con cierta tardanza dio un pasito hacia adelante y se agacho para subir la cámara y mirarme en su pantalla, al principio me evadió con la mirada, era tan inseguro y estaba tan nervioso, seguramente esperando una respuesta negativa de mí parte a la pregunta que me hizo que no quería ni mirarme de frente.

-Mírame directo a los ojos, porque tengo algo muy importante que decirte.

No tuvo más remedio que mirarme de frente, pero lo hizo como esperando una reprimenda, no obstante, nada de eso iba a pasar, sino todo lo contrario. Porque todo lo que le dije a continuación más bien hizo que el rostro se le iluminara y hasta se le sonrojara ligeramente, y su alegría por lo que le dije fue tal que no pudo evitar que se le escapara una sonrisa.

-Oye chico, y óyeme bien, si quieres que tu pene se vea más grande sólo tienes que masturbarlo, porque tu pene no tiene nada que envidiarle al de ningún otro hombre. Tú tienes un buen pene y me gusta, sólo tienes que masturbarlo, sólo eso, así que hazlo, ahora.

Él agarró rápidamente la cámara con la mano y la volvió a bajar, enfocando solamente su zona íntima como hace instantes atrás, y alejándose un poco para que su pene quedara enfocado adecuadamente al centro, acudió con su mano para precisamente agarrárselo, lo tomo poniendo sólo dos dedos alrededor y justo a medio camino entre la punta y su vientre. Noté también que con esos dos dedos presiono el tronco de su pene como si lo estuviera pellizcando para que éste se levantara y comenzara a ponerse erecto. Francamente la forma en que apretó su pene con esos dos dedos me dio la sensación que si yo se lo hubiera hecho en mi propio pene me habría dolido, pero creo que él se estaba poniendo tan excitado para masturbarse en frente de mí que no le importó el dolor que le pudo haber causado a su miembro.

Pronto se dejó llevar por la excitación, y esta vez, al tocarse con esos dos dedos fue más benevolente con su pene porque ahora lo presionaba menos y lo friccionaba por ambos costados recorriendo todo el largo de su pene, de ese pene tan rico que empezaba a crecer y ponerse recto. Su capullo se abrió y dejó que escapara su borde enrojecido, definitivamente eso hizo que la boca se me llenara de saliva, el borde de su pene no solamente era rojizo sino que lizo y se notaba que salió de su capullo humedecido, quería metérmelo a la boca y sentir ese borde abultado resbalar encima de mi lengua, resbalar con mi saliva y su resto de humedad, dejándome su exquisito sabor a verga, imaginaba el sabor de su pene en mi boca y mi excitación aumentaba, ese miembro sabia como excitarme, no metí al decirle que lo tenía bueno porque a medida que más se masturbaba así me parecía.

Luego, en la fricción que empezó a hacerle a su miembro incluyo los otros dedos, cubrió el largo de su pene, pero me dejo para mi propio placer el borde rojizo que salía de entre sus dedos hacia afuera en cada fricción que se hacía como una flor que habría sus pétalos y me dejaba bien expuesto ese huequito que tenía en el centro. Ya tenía deseos de ver como salía disparado de ese huequito su semen completamente blanco y espeso, unas ganas crecidas de ver salir disparados sus chorros gruesos o que simplemente la secreción le chorreara hacia abajo, ensuciando su rojizo borde y sus dedos que no paraban de acariciar, no me importaba como pero quería que ya se chorreara y le pedí que se tocara con más agilidad, con todas sus ganas.

-Quiero que te masturbes con todas tus ganas, tu pene lo es todo para mí en estos momentos, dámelo todo chico. Dame tu pene completo.

Y el empezó a manosearse de una manera que parecía que quería exprimirse el chorizo para que empezaran a descargarse sus chorros de semen. Empuñaba su pene con todos sus dedos cerrados alrededor, sus fricciones eran incesantes y sin parar, su mano resbalaba alrededor de todo su pene enérgicamente, era sumamente excitante verle hacer eso, el borde entraba y salía de su capullo incontable cantidad de veces, sin duda alguna que su pene estaba a reventar de placer, cuando metía la mano en dirección a su vientre y dejaba ver parte del largo de su excitado miembro salir hacia adelante ya se notaban mejor las venitas que tenía a los costados.

Pero él no paro de manosearse, de acariciar su pene hasta que se le acabaran las fuerzas y terminara agitado, eso lo escuchaba bien junto a sus gemidos ahogados, era imparable como una máquina, era solo él y su pene y no iba a detenerse hasta acabar y darme la satisfacción de verlo eyacular.

Y después de un rato con su masturbación incesante, su agitación y sus quejidos de placer, detuvo su mano del prolongado manoseo, y yo creyendo que iba a hacer una pausa pensé en pedirle que subiera su pene para permitirme ver sus testículos, pero no, me dejo con el pensamiento cortado, pues rápidamente se le escucho exclamar un grito de placer que parecía que le hubiera roto la garganta y de aquella voz tímida de hace un momento había pasado a un tono voz de todo un macho, y le vi muy bien dar el último manoseo sobre su miembro remangando hacia atrás por completo toda la piel para que su borde saliera bien parado hacia donde yo lo estaba mirando comiéndome las ganas.

Y de inmediato empezaron a salir descontrolados sus chorros blancos, unos me imagino cayeron justo encima de la cámara pues se escuchó el sonido que produce cuando algo toca alrededor de ésta, el resto salieron disparados por un costado y así se fue descargando maravillosamente ese pene rico, hasta que la intensidad de sus chorros fue disminuyendo y los últimos, más cortos, fueron resbalando hacia abajo sobre su borde manchándolo de flujos blancos y otro tanto en su mano encima de sus dedos. Así termino esa estupenda eyaculación que tuvo.

Después de tanta excitación se notó lo agitado que había quedado por cómo se contraía su abdomen, y ya esta vez con mayor confianza vi como jugueteaba con su pene tomándolo de la parte que va a dar a su vientre para agitarlo como una trompa de elefante, o algo así, pero se sacudía libre en el aire, y como ya lo percibí con mayor confianza respecto a su genital entonces pensé en pedirle aquello que me había quedado volando en la mente y le dije:

-¿No vas a mostrarme los huevos?

Imagino que respondió afirmativamente volviendo a agitar su pene en el aire, cosa que me saco una corta risa que no me pude aguantar, corta porque en ese momento me sorprendió; agarro su pene desde abajo y se lo llevo todo hasta arriba, me permitió ver directo aquello que anhelaba, ese par de testículos estaban bien tiesos y bien marcados sobre la piel que los sostenía, y no sólo hizo eso para mí, sino que para que quedaran bien expuestos y se los viera en su totalidad, se dio a la tarea de sacar hacia adelante su zona genital para que así sus huevos salieran más hacia adelante, cosa que se lo agradecí.

Él aprovecho el momento para hacerme una petición, que venía acompañada de esa su curiosidad por saber qué opinaba de su pene. Y quiso que yo le dijera en mis palabras, ya que conocía que yo escribía relatos eróticos, que le dijera exactamente palabras cargadas de excitación que lo llenaran de satisfacción y lo dejaran orgulloso de su pene.

Pensé un momento, y llegue a la conclusión de que, aunque al decir las cosas que le vienen a uno a la mente tienden a ser espontaneas y por lo mismo sinceras, escribirlas te da la posibilidad de decirlas con mayor exactitud, de buscar las palabras correctas para expresar exactamente lo que sentiste. Y entonces le dije que mejor se lo escribiría, porque además escrito quedarían para siempre esas palabras que me permitieron expresar lo maravilloso que me parecía su pene, en cambio las palabras que le pueda decir por muy buenas y excitantes que fueran, se las llevaría el viento y se perderían para siempre, que en cambio, un relato podía leerlo él cuantas veces quisiera y no sólo eso, sino que todos los que leerán el relato, amaran su miembro como yo lo hice al verlo, y él acepto. Así que va dedicado para su pene este breve relato.

ellibrodegonzo@gmail.com

 

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