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Embarazada necesitada

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Este relato sucedió hace ya bastantes años, cuando vivía en mi piso anterior, tenía una vecina que vivía dos plantas encima de mí, se llamaba Manuela. Un día, me la encontré en el garaje del edificio, yo venía de dar una vuelta, y ella estaba descargando bolsas del supermercado. Manuela era guapa de cara, rubia, muy delgada, con unos pechos pequeñitos, poco culo, estatura media, estaba casada y vivía con su marido. Yo hacía bastante tiempo que no coincidía con ella, y cuando la vi en el garaje nada tenía que ver con la que yo tenía en mente y que os describí antes, estaba embarazada de cinco meses, la cara la tenía rellenita, tenía más culo, sus tetas habían crecido bastante, con los pezones marcándoseles a través del vestido, la barriguita se le notaba claramente, pero aun así estaba tremendamente atractiva.
Al verla con tantas bolsas, le ofrecí mi ayuda, entre los dos cargamos estas y empezamos a subir por el ascensor. Mientras subíamos, hablábamos del calor que hacía, aunque el estar tan cerca de ella, hizo que mi pene se pusiera erecto, fue un acto reflejo. Llegados a su puerta, mi excitación era notoria, mi paquete estaba claramente marcado, así que solté las bolsas y me disponía a irme cuando ella me dijo mientras abría la puerta que si me importaba dejarlas en la cocina, le respondí que no, y se las metí, colocándoselas en la mesa.
Tras esto, durante unos segundos nos miramos a los ojos, mi excitación iba en aumento y Manuela se dio cuenta, así que iba a despedirme, cuando ella me dijo que si me apetecía una cerveza o algo, me quedé callado un rato, pensando que hacer, hasta que acepté la invitación, ella sonrió y me dijo saliendo de la cocina que cogiera lo que quisiera del frigorífico y que a ella le sacara un zumo de piña. Manuela cerró la puerta del piso y seguidamente se fue por el pasillo hasta su cuarto. Preparé las bebidas y me fui al salón, deje su zumo en una mesita junto al sofá y me quedé de pie mirando los objetos y libros que tenía en el salón.
Al rato apareció ella, se había puesto un vestido premamá de estar por casa, bastante corto y con un generoso escote, la miré y no pude evitar fijarme en sus pechos, en que se había quitado el sujetador, en que sus pechos botaban libres, y en que sus pezones atravesaban la tela del vestido. Esa imagen me excitó más aún, incluso me sentí algo incomodo por la situación. Inmediatamente me dijo que me sentara, al mismo tiempo que ella se sentaba en el sofá y cogía su vaso. Me acerqué y de pie le dije que no sabía que estaba embarazada, y después le pregunté que de cuanto estaba, Manuela me respondió que de cuatro meses, y a continuación me preguntó que si ya se le notaba que estaba muy gorda, yo que pensaba que ahora estaba mejor que antes le respondí que se le veía muy bien, que de gorda nada, con la barriga normal de un embarazo, incluso le dije que la encontraba ahora mucho más atractiva. El lanzarme de ese modo hizo que mi excitación no bajase, más aun cuando al estar de pie veía sus pechos moverse cada vez que cogía el vaso.
Tras un breve silencio, me dijo que lo que estaba claro era de que a su marido no le gustaba así, me quedé sorprendido, y cuando reaccioné me tiré al ataque y le dije que yo la veía muy sexy, con un morbo tremendo. Manuela miró directamente mi pene a punto de explotar y después mirándome a los ojos me preguntó que si me follaría a una embarazada, me quedé inmóvil unos segundos, ella me dijo que no pasaba nada, que lo dejara, entonces reaccioné, dejé mi vaso, me situé detrás de ella, e introduje mis manos por delante de sus hombros, hasta que llegaron hasta sus pechos, se los agarré al tiempo que con mi lengua lamía su oreja y le decía que me la follaría por todos lados. Tras decirle eso, ella se estremeció e hizo por levantarse, pero no la dejé, le seguí comiendo la oreja y masajeándole suavemente los pechos, ella se relajó y empezó a suspirar. Después le giré la cara y nos empezamos a besar, a enrollarnos con pasión.
Minutos después, me puse delante de ella, la tumbé en el sofá, me arrodillé delante suya, le quité las bragas y abriéndole las piernas pasé mi lengua a lo largo de la rajita para saborear primeramente su húmedo coño, Manuela suspiraba y se estremecía. Con las piernas bien abiertas, pasé a lamer sus labios, desde el perineo hasta el monte de Venus, mordiendo a veces suavemente esos hermosos gordos labios vaginales. Después pasé a su raja, y fui refregando mi lengua por toda ella, desde arriba hasta abajo, bañando mi rostro de su abundante flujo, ella se retorcía de placer, gemía alocadamente. A continuación, le empecé a morder con delicadeza su clítoris, estiraba de él, lo lamía, lo besaba, lo frotaba. Cuando su coñito empezó a parecer una piscina con agua caliente, le hundí mi lengua dentro de su vagina, follándola con esta, ella me decía que siguiera, que continuara cabrón, todo esto mientras se contorsionaba de placer, su orgasmo estaba cerca, lubriqué muy bien un dedo de mi mano, y se lo introduje en su culo mientras lamía su hinchado clítoris, eso la puso a mil y empezó a temblar, hasta que explotó en un gran orgasmo, se notaba que hacía tiempo que no disfrutaba, quedó tumbada en el borde del sofá con la parte baja del vestido en su cintura, abierta de piernas, totalmente mojada y extasiada. Mientras descansaba, me iba quitando la ropa a la vez que le preguntaba por su marido, Manuela me dijo que llegaba a la tarde, eso me dio tranquilidad, así que cuando me quité la ropa me acerqué a su rostro, y le dije que me la chupara, me miró y sin decir nada se incorporó y se sentó, después me la cogió y empezó una suave lamida del tronco, le dije que se la comiese, mientras le bajé el vestido hasta la cintura, dejando sus excitados y duros pechos a la vista y a merced de mis caricias. A continuación formó una o con los labios, y los puso cuidadosamente en la punta de mi pene y movió la cabeza en círculos diminutos, después recorrió los laterales de mi polla, para a continuación coger la punta de mi pene suavemente entre sus labios, y hacer que mi miembro penetrase en su boca, en cada intento más profundamente, presionándolo y chupándolo, también acariciaba y besaba mis testículos. Con las tetas al aire, acariciándoselas a la vez que me mamaba mi polla como una perra en celo estuvimos un rato disfrutando.
Pasados unos minutos, le dije que ya valía, que se diese la vuelta que me la iba a follar, Manuela me respondió que sí, que la follase, que era un cabrón, que me aprovechase de ella. Se puso de rodillas encima del sofá, para acabar a cuatro patas, yo de pie me puse detrás de ella, le acaricié el clítoris un rato, estaba muy mojada, y sin demora se la hundí suavemente en el coño, entró sin mucho problema, y al momento empecé a follármela sin contemplaciones, Manuela me indicaba que siguiera, que le gustaba así, yo le decía que era una zorra, que su marido era un cornudo, que mira que no querer follar. Mientras me la follaba, sus tetas y barriga se bamboleaban con cada embestida, ella respiraba fuerte mientras gritaba que yo era un cabrón, que no parase, que siguiera, hasta que de nuevo se corrió, notaba sus contracciones y eso hizo que me corriese yo también en su interior, llenándole su coñito de mi semen.
Aun estando enganchados, le pregunté que si le había gustado, ella respondió que sí, que le gustó, que hacia mucho tiempo sin sexo. Tras esto se la saqué y cogiéndola por la nuca le hice que mirase hacia mí, apoyé mi rodilla en el sofá y la hice bajar hasta mi polla chorreante de semen, después le dije que no habíamos acabado, y le ordené que me la limpiase y que me la pusiera dura otra vez. Me miró y sin decir nada se puso de nuevo a mamarla a cuatro patas mientras yo me acomodaba sentándome en el sofá.
Cuando logró ponerme de nuevo mi verga a tono, me levanté y la puse contra el respaldo del sofá, le metí dos dedos en su coño y arrastré flujo hasta su culo, lo repetí varias veces, hasta que en una de ellas le metí un dedo en su estrecho canal. Le pregunté que si la habían follado por el culo, y Manuela respondió que solo una vez un novio que tuvo en el instituto, que su marido no, le dije que estuviera quietecita y diciendo eso empecé a encularla lentamente, su culo y mi polla estaban perfectamente lubricados, y le introduje la cabeza y paré, ella gritó de dolor, pero seguidamente me dijo que siguiera, le metí la mitad y paré, ella tenía cara de dolor pero le gustaba, después se la saqué y se la metí hasta la mitad, y después empecé a follarla, cada vez iba penetrándola un poco más, hasta que toda le entró en su culo, me encantaba sentir la presión de su esfínter, poco a poco le empezó a gustar, se frotaba el clítoris y suspiraba, le pregunté que si le gustaba que la enculasen, y respondió que sí, que lo añoraba, le dije que era una zorra, y ella pedía más y más, yo le decía que era una guarra, le preguntaba por lo que diría su marido si la viese así enculada, y Manuela respondía que él no le había dado nunca por culo, que él se lo perdía. Poco después Manuela, de nuevo empezó a temblar y contraerse por el nuevo orgasmo que estaba teniendo, su culo apretó mi pene.
Yo seguí un poco más y cuando estuve a punto, se la saqué y pajeándome le dije que se acercase, se agachó hasta mi polla, y sus labios entreabiertos recibieron mi leche, cuando dejé de expulsar, se tragó la polla sin importarle que venía de su culo, que dije que era una guarra, una mamona, una pedazo de puta, y ella seguía a lo suyo, limpiando mi polla de semen. Estuvo un largo tiempo jugando con mi verga, la cual bajó de nivel un rato, hasta que nuevamente logró ponerla Manuela a tono.
Nada más lograrlo, me dijo que su culo era mío, que me lo follase de nuevo, esa frase me excitó a tope, estábamos de pie, le di la vuelta, apoyó sus codos en el reposa cabezas, le agarré los pechos, y sin mas se la clavé por el culo, a ella le gustó, y me dijo que la enculase, que no parase, le decía que era una puta, me follaba su culo a tope, la veía reflejada en el espejo del comedor, esto acrecentaba mis embestidas, hasta que ambos a la vez nuevamente llegamos a un nuevo orgasmo, ella gritaba de placer, yo me corrí en su culo y seguidamente nos dejarnos caer en el sofá exhaustos, estuve con mi polla en su interior unos minutos hasta que cesaron las palpitaciones del orgasmo.
A continuación, ella se quedó exhausta de lado en el sofá tumbada, yo me aseé y me vestí. Manuela estaba adormecida, tendida de costado, con su gorda barriga de embarazada, y con su visible culo abierto, enrojecido, del que a veces salía semen, me quedé con esa imagen guardada en mi retina para siempre. Le dije que me iba y apenas tubo fuerzas para despedirme.

 

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