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Follada en el metro

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Este relato sucedió un viernes de verano que yo tomé el metro para irme a casa de mis tíos, en Bilbao, tras haber salido un rato de fiesta, serían sobre las tres de la mañana. Entré en el vagón, estando ya un poco contento por los efectos del alcohol, el cual estaba vació, salvo una chica sola, ya que había fiesta en la otra punta de la ciudad, me fui para ella y con la vergüenza quitada por el alcohol, me senté a su lado y le pregunté por lo que hacia allí sola, ella me dijo que había discutido con una amiga y estaba de mala leche.
Le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba Diana, ella era morena, pelo largo, guapa de cara, 1,60 cm, delgada, ojos marrones, no muchas tetas, pero uno de los mejores culos del mundo, era impresionante verlo, vestía con unas botas negras, un pantalón rojo, y una camisa de tirantas blanca. Sin mucha demora, y con mi autoestima subida, empecé a atacarla, intenté darle un beso, ella me apartó la cara, después fui a acariciar su pierna, pero Diana me quitó la mano, por último fui a cogerle una teta, pero nuevamente ella me apartó la mano y me miró mal.
Al momento arrancó el tren, cuando ya iba un poco de trayecto, le dije que estaba muy buena, que era una pedazo de tía, que me encantaría echarle un polvo, el lenguaje no era típico mío, era obsceno más bien, el alcohol estaba dentro de mí. Ella me miraba con cara de mala leche, era obvio que la situación no le gustaba demasiado.
Pasado unos minutos más, Diana se levantó y se cambió de sitio, se fue unos metros alejada de mí, en el trayecto de ese cambio, le piropee su hermoso culo, diciéndole que era el más bello del mundo. Una vez sentada en el nuevo sitio, yo me levanté y me volví a sentar al lado suyo, e inmediatamente seguí diciéndole las mismas cosas.
Nuevamente intenté sobarla un poco, ella me seguía quitando la mano, e incluso nuevamente se levantó y cambió de sitio, pero yo incansable, me volví a sentar al lado suyo, e intenté acariciarla un poco. Tras muchos intentos, logré meter la mano por debajo de la camisa e incluso del sujetador, había conseguido agarrarle su teta, pero sin mucha demora, ella me quitó la mano, pero al retirármela, le saqué un seno al aire, ella gritó histérica, y se volvió a meter la teta dentro de la ropa. Para terminar mi ataque, intenté meter la cabeza entre sus senos, pero Diana me la apartó, dándome una torta en la cara, su cara era de muy mala leche.
Tras esto, ella se volvió a cambiar de asiento, pero yo la seguí, y otra vez me senté a su lado, pero esta vez, le cogí con mi mano una de sus manos, y con la otra intenté desabrocharle el pantalón, entonces para mi sorpresa, ella me quitó de mala manera la mano del botón del pantalón, pero a continuación Diana dio un giro brusco a la historia, se apartó unos centímetros de mí, y se empezó a desabrochar el pantalón ella sola, me quedé desconcertado, no me podía imaginar eso nunca. Cuando reaccioné, le ayudé a quitarse el pantalón y dando un paso más, seguidamente la libré de su tanga negro, a ella no le importó, estaba empezando a excitarse con la situación, además el estar solos en el vagón del tren del metro también le daba su morbo a la situación.
Inmediatamente, me desabroché mi pantalón, para después bajarme mis slip, estaba ya desnudo de cintura para abajo, igual que ella, la cogí en peso, sobre mis caderas, y la llevé contra la puerta de entrada y salida, acaricié con mi mano su raja, y estaba muy húmeda, sin demora se la intenté meter, pero ella me paró, me dijo que me pusiera un condón, le respondí que no tenía y ella me puso cara de enfado, sabedor de que era un momento decisivo empecé a besarla, a enrollarnos, a acariciar su cuello, sus orejas, a ponerla caliente para que se olvidase de lo del preservativo.
La cosa funcionó, ya que momentos después hice un nuevo intento por penetrarla, y ella ni se inmutó, estaba muy excitada para acordarse de lo del condón, rápidamente se la metí progresivamente, hasta que llegué al final, le introduje toda mi polla en su vagina, al llegar al final ella se quejó, eso me excitó aun más. Después empecé a bombear, colgada de mi cintura, con sus piernas abiertas, estrellándola en cada envite contra los cristales de la puerta, de su coñito empezaban a chorrear bastantes flujos, los cuales caían a través de mis piernas.
Tras estar taladrando su vagina un rato en esa postura, la solté, y se puso de pie, me fui a un banco a sentarme, y esta vez fue ella quien vino tras mis pasos, como una perrita en celo, había probado mi verga, y quería más. Diana se puso delante de mí, mirando hacia la ventana, echó su culo hacia atrás, tenía ante mí un precioso culo, flipaba con la panorámica, y poco a poco fue agachando hasta que mi polla estaba en la puerta de su coñito, apretó un poco más ella, y entró nuevamente, a continuación empezó a mover su culo, arriba y abajo, follándome cada vez más rápido, como una desesperada, gemía bastante, era bastante sonora su excitación.
Después de estar un rato así, se levantó y se dio la vuelta, se sentó a horcajadas en mis piernas, y nos besamos un rato, después con una de sus manos guió mi verga hasta su agujero y se lo clavó, se perdió mi miembro entero en su interior, quedó empalada. Rápidamente empezó a cabalgar, ya con cara de desesperada, deseosa de correrse más, de que llegase yo al orgasmo, me estaba bañando con sus flujos, hasta que no aguanté más y me corrí, llené su agujero de mi semen, ella también se corrió, empezó a tener espasmos en su coñito, señal de que le había gustado, después ella me empezó a echar la bronca por haberme corrido dentro, pero eso me gustaba más, verla así de cabreada.
Poco tiempo después anunciaron su parada, ella se dio cuenta y se levantó apresuradamente, cogió su pantalón que estaba a unos metros y se vistió rápidamente. Nos escribimos en un papel nuestras direcciones de messenger, y ella se fue, yo continué hasta la siguiente parada. A los pocos días regresé a Huelva, y no tardamos en vernos por internet, desde entonces mantenemos conversaciones muy calientes.

 

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