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La china zorra

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Este relato acaeció durante mis vacaciones de hace un par de años, cuando estuve de viaje en la isla de Bora-Bora, en Tahití. Estuve allí dos semanas, y es un lugar maravilloso, con unas playas espléndidas, con unas rutas turísticas magnificas. Los primeros días solo fui a la playa, me desprendí del grupo y no hice ningún viaje turístico por Tahití, hasta que llegado el cuarto día me decidí a conocer algo del lugar. La primera excursión fue a la laguna de Bora-Bora, nos montamos todos, y la última llegó la guía, la cual al verla me dejó congelado, no era muy guapa, pero daba mucho morbo, se llamaba Yang Wenyi, era china, piel típica amarilla, veinticuatro años, no muy alta, delgada, ojos marrones, pelo lacio corto, sin muchas tetas y un culo normal. Llevaba un pantalón corto beige, arriba la parte superior de un bikini azul, desde el primer momento me dejó embobado en ella, no por su belleza, sino por el desorden emocional que me daba.
Pasaban los días, e íbamos visitando lugares, progresivamente comparecía más confianza entre nosotros dos. Llegado el día octavo, tocaba de excursión ir en safari con jeep hacia el interior de la isla para ver toda la belleza de Polinesia, durante todo el camino estuve enviándole mensajes manifestando lo que me atraía, ella solo me devolvía miradas y risas. Hasta que me armé de valor y la invité a salir por la noche, y ella me dijo que sí, pero que tenía que ser en el Club Med Bora Bora, en la Polinesia francesa, donde había buena comida y shows nocturnos, y a donde ella tenía ganas de ir, yo acepté.
A la hora indicada nos vimos, estaba preciosa, llevaba un bikini rojo, con pareo en la parte inferior. Pasamos toda la noche hablando, ella me contó que hizo un viaje desde China a Tahití hacia tres años, y se quedó maravillada, y que buscó trabajo en la isla para quedarse y no regresar, y lo que encontró fue de guía turística. Poco a poco nuestra atracción fue en aumento, hasta que me animé a acercar mi boca a la suya, su pequeña de labios gruesos y jugosos boca, hasta que nos besamos, tomé su cara entre mis manos y volví a besarla varias veces, después pasamos a las caricias.
Más tarde, fuimos a dar una vuelta a lo largo de la playa, la cual estaba poco concurrida a esas horas, hasta que nos detuvimos, y a continuación nos dimos un pequeño chapuzón para refrescarnos, seguidamente cogimos unas alfombrillas que había por allí y nos tumbamos. La tela de su bikini era muy fina y con el agua se le marcaban claramente sus pezones, mis ojos no podían separarse de ese par de cositas, Yang lo notó enseguida, y sin demora se liberó de la parte superior del bikini, dejándome contemplar sus senos, eran pequeñas pero deseables, con el pezón duro. A continuación, ella me preguntó si me gustaban sus tetas, inmediatamente le dije que sí, y me lancé a lamerlas, morderlas y acariciarlas. Mi lengua cobró vida, lamiendo el canalillo, el seno, el pezón y la areola en círculos, mis manos se aferraban a su cintura. A Yang le gustaba, me pedía que continuara, que le diera bocaditos, yo la complacía, atrapaba sus pezones entre mis dientes suavemente, tirando un poquito, después con mis labios depositaba todo el calor de mi aliento. Seguidamente, tomé ambos senos con mis manos mientras mi boca subía por su cuello hasta su boca, mis manos comprimían firme pero suavemente sus tetas, mientras nuestras lenguas jugaban. A continuación, Yang, muy excitada ya, me pidió que le hiciera el amor, entonces la deposité sobre la manta, comencé a besarla por todos lados de su cara, luego bajé por su cuello hasta sus hombros, después bajé a su abdomen y finalmente a sus muslos. Finalmente, le quité la parte inferior del bikini, ante mí quedó su coñito depilado, me arrodillé entre sus piernas acariciándola, abrí bien sus piernas y besé el interior de sus muslos con ternura, mientras ella no paraba de gemir. Después me dediqué a su raja, lamí y recorrí con mi lengua todos sus recovecos, succionando sus labios, metía mi lengua en su vagina lo que podía, hacia como si la estuviese penetrando, ella gemía cada vez más, saboreaba sus jugos, absorbía su clítoris, hasta que no después de mucho tiempo, Yang se corrió en medio de sonoros gemidos.
Inmediatamente, ella como poseída se incorporó y abalanzándose sobre mí me liberó de mi bañador, a continuación se lanzó a devorar mi pene, era delicioso sentir su pequeña boca cerrarse sobre mi miembro, yo con el movimiento lento de mis caderas la ayudaba a marcar el ritmo. Yo la incitaba a que se tomara su tiempo, ella recorría con su lengua mi verga de arriba abajo y viceversa, para después introducirse mi polla en su boca, se esmeraba en darme una buena mamada, disfrutaba con ello.
Cuando ya estuve lo suficiente caliente, la acosté de nuevo boca arriba con las piernas separadas, me puse encima, y guié la punta de mi pene hasta la entrada de su cueva, la cual estaba bañada de sus propios fluidos, después fui introduciéndosela lentamente, resbalándose muy suavemente hasta llegar al fondo, momento en el cual ambos soltamos un pequeño gemido. Mi boca se pegó a la suya mientras nuestras caderas se movían acompasadamente, ambos gemíamos, besaba su cuello, cada vez se movía más frenéticamente, me gritaba que no parase, clavando sus uñas levemente en mi espalda, esta chinita era una máquina sexual.
Yang llegó inmediatamente al orgasmo, bañó toda mi verga de sus fluidos, yo paré un rato, dejándola reponerse, para después continuar penetrándola lentamente, hasta que ella estuvo nuevamente lista, entonces fuimos incrementando el ritmo, hasta que se hizo frenético. Pasado unos minutos, ella volvió a hacer lo mismo de antes, gritaba que no parase, clavando sus uñas levemente en mi espalda, a lo que Yang acompañó una petición de que le dijera cosas fuertes, yo no hice nada, y al momento ella me lo ordenó, yo accedí, y empecé a insultarla, que era una putita, que era la mujer más guarra que había visto nunca, que las tías más zorras del mundo son las chinitas, esto hacía que se excitase más y más cada vez que le decía algo, tenía una cara de guarra impresionante, hasta que nuevamente llegó al orgasmo.
Tras esto, saqué mi polla de su coñito, y se la puse delante de su cara, ella se la metió en la boca y empezó a comérmela a un ritmo lento, yo apoyé su cabeza en el suelo, y comencé a follarme su boca con mi polla a mi ritmo, cada vez más rápido, ella mantenía su pequeña boca abierta, con una abertura ideal para masturbarte, a la vez con una de sus manos se acariciaba su coñito. No tardé mucho en correrme, el primer chorro fue directo a su garganta, lo que le hizo dar un par de arcadas, el segundo fue a su boca, y los restantes fueron repartidos por su cara.
Acabado el espectáculo, me tumbé a su lado, con la respiración agitada, nos pusimos a contemplar las estrellas, y al rato nos fuimos a nuestras habitaciones. La excursión continuó hasta el final.

 

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