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La vez que la obligue a volverse una puta.

Publicado por Jared el 06/01/2015

Era una tarde cualquiera, un domingo para ser preciso. Sabía lo que venía, ya que lo había imaginado la noche anterior y esperaba verla para empezar a hacerle todo aquello que me había propuesto. Cuando la vi, no pensaba en otra cosa que llevármela a la cama y cogerla duro; llevaba un pantalón azul entallado del cual sobresalía una tira de su ropa interior, si una tanga. La blusa que llevaba puesta era negra y entallada, delineaba cada una de sus curvas hasta llegar a su gran escote, donde se asomaba la mitad de sus tetas grandes y redondas. Su cabello largo, oscuro y ondulado estaba alborotado y sus labios eran las rojos que nunca, el juego perfecto con su piel blanca.
Me acerque para saludarla, intentaba establecer una plática casual, pero no podía dejar de mirar ese gran escote y pensaba: Lo hizo para mí, quiere provocarme en verdad quiere que me la coja. La abrace, pegaba su cuerpo con el mío, quería sentirla y le toque una de sus tetas como si fuera un accedente, ella se limitó a sonreír. Le dije que saliéramos a dar una vuelta y ella sin pensarlo, tomo su bolso y un abrigo. Íbamos en mi camioneta, no estaba nervioso pero de una u otra forma me encontraba preocupado, tenía que llevarla a un hotel rápidamente, hasta que recordé uno que se encontraba escondido entre calles a una media hora de mi casa. Cuando llegamos a la puerta del hotel gire la cabeza para verla, buscaba una mirada de aprobación, necesitaba ¡algo! Que ella dijera que sí. Y con una mirada llena de deseo accedió y me sonrió.
Era un hotel de paso, eso era obvio. Cuando baje de la camioneta para pedir una habitación, se escuchaban los gritos y gemidos de otras mujeres y al abrirle la puerta a ella no pude evitar sentir algo de pena, sin embargo, la invite a bajar la tome de la mano y le pregunte que si quería beber algo, ella dijo que si sonriendo. Era demasiada amabilidad la que yo sostenía lo que ocasionaba que el momento fuera extraño, pues lo que yo menos deseaba era ser lindo y dulce con ella en la cama, quería someterla, que se diera cuenta que yo era el único que tenía el control, quería excitarla tanto al grado que me suplicara que la penetrara, que la cogiera durísimo y tratarla como un puta; tenía que lograrlo así que empecé con el juego.
El cuarto contaba con un espejo grande que daba hacia la cama y un sofá perfecto para amarrarla. Le ofrecí su bebida que tomo con rapidez, al término de esta le dije que si estaba dispuesta a aceptar todo lo que me gustaría hacerle, supongo que ella acepto porque ni siquiera imagino lo que pensaba que era lo que yo traía en mente. Le pedí que se recostara sobre el sofá, la amarre de las manos y le pedí que abriera las piernas, camine por el cuarto bebiendo la cerveza que traía en la mano, la agarré con fuerza de la cara y le dije: ahora si vas a conocer lo que es un hombre. Le quite el pantalón y deje al descubierto su culo y le di una nalgada, comencé a acariciarle las tetas y cuando menos lo esperaba la abofetee, ella soltó un pequeño grito. Le quite el sosten por encima de la blusa y comencé a pellizcar sus pezones, ella soltaba grititos de dolor, le levante la blusa a la altura del cuello y empecé a besar sus pechos, después a mamárselos y por ultimo a morder sus pezones; ella se limitaba a abrir la boca y yo empezaba a acariciar su coño. Con una mano pellizcaba una de sus tetas, con la otra empezaba a jugar con su clítoris y metía la punta de mi dedo en su vagina, estaba mojadisima y yo me excitaba cada vez más. La tome nuevamente de la cara con fuerza, le di otra bofetada y le dije:
-¿Te gusta? Claro que te gusta, si ya estas caliente perra.
-No eres lo suficientemente “macho” para intentar someterme.
-Ahora veras como vas a suplicar que te coja puta.
Di la vuelta me desnude, y desde ese momento sabía que ella haría todo lo que se me antojara, sabía que ese dia sería mi puta personal. La levante del sofá y le pegaba en su coño mojado, deslizaba mi pene por sus tetas mientras le sostenía la cara para que viera lo que pasaba, le ordene que abriera la boca le metí la punta de mi verga, la saque bruscamente y empecé a golpearla con ella en su cara, mientras se me ponía cada vez más dura. La tome por el cabello, mientras seguía golpeandola con mi pene y le gritaba: ¡¡Verdad que si te gusta ser tratada como una puta!! Ella empezaba gritar y yo le metía mi verga a la boca para que se callara, se la metía tan adentro que empezaba a toser, la jalaba de los cabellos para que volviera a gritar y metérsela hasta adentro una y otra vez, así la sentía dura, grande ya por uno de sus orificios.
La puse de rodillas y después la incline de modo que su cara quedara contra el sofá, con sus manos bien sujetas, le quite la tanga y le metí el dedo por el culo con dureza mientras escupía sobre el, con la otra mano le pegaba en su coño y yo le decía:
-¿Así se te gusta? ¿Qué te trate como la puta que eres?
-¡¡Detente por favor!! ¡AHHHH!!
Mientras ella suplicaba que me detuviera, sus gritos me excitaban más. Regrese a su cara y le pegaba con mi verga y después se la metía a la boca, para que ella dejara de gritar. Se la metía hasta adentro que tocaba su garganta, la pegaba contra mis bolas empujándola de los cabellos y sentía su mentón en ellas. La acosté y le sostuve con fuerza las piernas, empecé a mamarle la vagina metiendo la lengua en ella, escupiendole en el culo y pasando mi dedo por su agujero, mientras sus gritos aumentaban, al poco tiempo se corrió en mi boca.
-¡¡Por favor detente ya!! O ya penetrame.
-Te dije puta que ibas a suplicar que te cogiera. Ponte de rodillas y mamamela.
Ella hizo cara de desaprobación, al parecer no es algo que le agrade realizar, pero amarrada como estaba, le abrí la boca para metérsela y se volteo. Le ordene que me la mamara una vez más, ella no obedecía y le di una nalgada tan fuerte, que mi mano quedo sobre todo su culo. La tome por el pelo con las dos manos, le abrí la boca y se la metí. Con mis manos movía su cabeza hacia adelante y atrás, cada vez más y más rápido se la metía tan adentro que cuando ella empezaba a toser, se la dejaba más tiempo dentro de su boca. Le ordenaba con más severidad: ¡mamamela zorra! ¡sabes como hacerlo! Así note ella se prendió y empezaba a mamarme la polla ella sola. Empecé a dirigirla: ¡Más rápido perra! ¡Besamela hasta que te canses! ¡Chupame las bolas! ¡saboreala, te encanta mamarmela ¿verdad?! Le levante la cara sujetándola del cabello, y empecé a pegarle en las tetas y a morder sus pezones, mientras ella gritaba comencé a decirle dije: Sabia que si eras una puta. Le seguí golpenado las tetas y jalando sus pezones hasta que se pusieron rositas.
Sabía que pronto me vendría e imaginaba sus tetas y su cara llenas de semen, pero antes necesitaba hacer algo con ella. Por fin le quíte la blusa, estaba totalmente desnuda recorría su cuerpo con la mirada, mientras recordaba una tarde en la cual hablando por teléfono con ella, mencionaba sus medidas ya que me comentaba que quería hacerse un vestido; 90, 67 y 120. No son las medidas perfectas pero eso describe todo lo que estaba a punto de cogerme. Con las manos sujetas a sus pies quedo sentada abierta de piernas, inmóvil podía hacerle lo que quisiera. Le pegue lentamente en el coño y ella gritaba, con una mano tapaba su boca y empecé a lamerla lentamente. Empecé a mamarle su culo y ella se retorcía de placer. Y de ahí jugaba con su clítoris, le solté la boca y gritaba, gemía como la perra que es. Yo movía mi lengua cada vez más rápido contra su clítoris y empecé a darle pequeños mordiscos hasta que se vino en mi boca. Las piernas le temblaban y continúe lamiéndole el coño, el clítoris. Ella empezaba a gritar:- ¡ya no puedo más! Y se vino una segunda vez dejando el sillón empapado. Me detuve y le baje las piernas con delicadeza y le desate las manos. Ella estaba débil, exhausta, así que la lleve cargando a la cama y sin necesidad de amarrarla la senté y le dije: Quiero que me la mames hasta que me venga en tu boca y tus tetas estén blancas de semen, porque esto mujer no va ni a la mitad.
Comenzó a mamarmela lento, rico después como una loca. Sabía que me vendría pronto, ella no paraba y de repente, mi leche cayo dentro de su boca se la saque y salpico toda su cara, sus tetas, su abdomen. Estaba sucia, bañada en semen y se dejó caer en la cama y me dijo con voz suplicante:
-¿Ya me cogeras?
-¿ay mi putita ya está ansiosa de que le destroce el culo? pues no aún no.
Le limpie el semen del cuerpo, le abrí las piernas con fuerza y empecé a lamerle el coño una vez más. Jugaba con su clítoris una y otra vez, ella suplicaba que ya se la metiera y yo empecé a mordérselo hasta que la perra se vino una vez más. Mientras ella se seguía corriendo tuve compasión y se la metí. Empecé a cogérmela duro, con movimientos rápidos y de repente se la metía hasta adentro y ella gritaba. Empezaba gemir cada vez más fuerte y a gritar como una zorra, en ese momento me di cuenta que sus gritos ya se confundían con las demás putas que se encontraban en ese hotel. Ella me pedía que le diera por atrás y como quería verme amable, complací su petición. Le metí primero la puntita de mi verga, después se la deje ir toda; la puse en cuatro, como la perra que es y se la metí toda, mientras observa en el espejo su gran culo, su cara roja con la boca abierta, mientras una mano la tenía en una de sus tetas y la otra le jalaba los cabellos. Era un hecho, yo la domaba, la recline y parecía que la estaba montando, con un dedo a punto de metérselo por el culo, mientras me la cogía sujetándole las dos manos, ya se había convertido en mi puta personal y me encantaba.
Aprovechando al máximo el tiempo además de que no quería dejar de cogerla, la cambiaba de posición de manera que yo siempre pudiera ver al espejo cada cosa que le hacía. La puse de lado mientras metía y sacaba rápidamente mi pene de ella y podía observar su culo y tetas moviéndose bruscamente y yo cada vez más excitado. Me detuve de golpe y me quede observándola, viendo que ya no tenía fuerza en las piernas, pues le temblaban y ella me dijo:
-¿Qué pasa? ¿Por qué te detienes?
-No pasa nada.
-¿entonces? SIGUIME COGIENDO POR FAVOR!! Dame duro, muévete!!
-Jajajaja te dije que suplicarías puta.
Entonces, la voltee bruscamente su cara veía al techo, le di una bofetada, le agarre los brazos con fuerza, mordí sus pezones y se la metí tan duro y hasta adentro que dejo escapar un grito ahogado. Ella gritaba y yo sentía que estaba a punto de correrme, me acosté en la cama, hice que se sentara en mi verga y ella que viera hacia el espejo, sabía que verse a ella misma siendo cogida con tanta fuerza la excitaría tanto que se correría otra vez, pero ahora sintiéndola hasta adentro por su vagina. A mí se ponía más dura cada vez que veía el movimiento de su culo, arriba y abajo. Ver como se abría y cerraba su vagina cuando se la metía y se la sacaba y lo único que yo podía articular en ese momento era: ¡Muévete puta! ¡Más rápido! Se inclinó un poco más hacia adelante, su clítoris empezaba a rozar con mis bolas y en un sollozo la perra se vino una vez más. Y así en la posición en la que estaba, empecé a penetrarla tan rápido que ella empezó a gritar como loca y justo en ese momento le metí el dedo por el culo. Estaba doblemente penetrada y la perra solo gritaba cada vez que se la metía y se la sacaba por la vagina y el ano. Ella suplicaba que me detuviera y yo le contestaba: demasiado tarde, ya eres mia.
Lo puse sobre mí y me la cogí lo más fuerte y rápido que pude, y ella decía entre sollozos y lloriqueos, casi sin fuerza: ¡Detente! ¡Ya no puedo más! ¡La tienes demasiado grande por favor para! Justo en ese momento mi verga comenzó a temblar y vine dentro de ella. Temblorosa se puso de rodillas y me la mamo un poco. Se recostó en la cama y empecé a besarla. Después de unos minutos, débiles los dos empezamos a vestirnos, la lamí los pezones por última vez, y la saque del cuarto; la dirigí a la camioneta la subí y temerosa se sentó, le bese la mano y salimos de aquel lugar donde los gritos de placer de los otros cuartos seguían escuchándose con la misma intensidad y yo quiero volver a traerla...

 

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