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SEXO ORAL A LA ORUREÑA

Publicado por Gonzo el 06/01/2015

Ella traía puesta una linda tanguita roja debajo de su falda escolar a cuadros, a pesar de las ganas que ella tenía se mostraba algo tímida para comenzar, entonces me dejo a mí actuar. Empecé metiendo mis manos debajo de su falda; lo primero que encontré con mis manos fue los bordes de su tanga cubriendo los costados de sus caderas, sentí la temperatura de su piel detrás de esa delgada tela que cubría su zona íntima y me acomodé mejor apretando sus caderas con mis manos.

Luego levanté su falda toda hacia arriba, ahí aprecie por completo su tanguita roja, como se pegaba a la piel de su sexo, como su húmeda vagina absorbía la tela que la cubría. Sus muslos juveniles me atraían tanto que conduje mis manos sobre ellos, comencé a tocar delicadamente esos muslos con mis manos, pude sentir como su piel se estremecía a la llegada de mis manos, moviéndose inquietamente ella me miraba directamente a los ojos, y mis manos tomaban más confianza sobre sus muslos, tocaba esos carnosos muslos de arriba hacia abajo, incontenibles mis caricias me hacían llegar por sus costados hasta alcanzar sus caderas, volviendo a palpar por donde había comenzado a tocar su tanga roja.

Y en ese preciso instante separé sus piernas, me puse justo en medio, sus muslos carnosos me recibieron rozándome los costados, ya estaba más cerca de su piel más íntima y podía sentir su excitación, su respiración entrecortada cerca de mi rostro y sus ojos semi cerrados, estaba totalmente extasiada, disfrutando ese momento tanto como yo. Como yo que me conduje sobre su cuerpo y me deje prender por su cuerpo aun cuando ella no me tocaba con sus manos siquiera. Aun sin aproximarse a mí con sus brazos, pero sí su sexo, era el que me llamaba, podía presentir ese caudal de excitación que mojaba su vagina e impregnaba de su aroma a mujer esa piel que se guardaba tras su prenda íntima, aquella que ya quería quitar con mis manos. Pues ya quería tener su sexo expuesto para poseerlo con mi boca.

Mis manos se pegaron a sus caderas justo al borde de su tanga, por ahí empezaron a invadirla mis dedos hasta caber y casi adherirse a su piel, extendiendo mis dedos, comencé a recorrer hacia sus nalgas por ambos costados, esa piel tan carnosa y redonda empezaba a excitarme aún más, y ella ya se mostraba más inquieta ante mis manos invadiéndola, abría aún más sus piernas, pegaba su pecho a mi pecho y se entregaba absolutamente al dejarse invadir con mis manos. Tocar su piel, invadir su ropa interior, agarrar sus nalgas me emocionaba tanto que, cuando comencé a acariciar sus nalgas, tan carnosas y gruesas, tan excitantes que no pude contenerme, y separé levemente sus nalgas de la cama en la que se encontraba sentada para comenzar a meter más mis manos y tocar sus nalgas por más abajo. Separé también sus nalgas por el medio y pude sentir ese calor al interior de sus nalgas resguardando su ano, pero por el momento no quise invadirla ahí en medio.

Apretadas por la cama mis manos estrechaban sus nalgas, yo contenía el peso de esas dos nalgas en mis manos y las palpaba con mis dedos abiertos por toda su redondez, con las palmas de mis manos que contenían el peso de sus redondas nalgas podía sentir plenamente su piel tan tierna. Quise mover mis manos sobre sus nalgas pero oprimidas no podía más que mover mis dedos. Entonces le pedí que me permitiera sentarme a su lado para que ella se pusiera de costados sobre mi pecho y así poder tocarla mejor.

Me senté en la cama a lado suyo, ella se puso de costado, sus nalgas apuntaban hacia afuera, mis manos sujetaban su culo a manos llenas. Tomaba bien sus nalgas y me extendía por todas partes acariciando esas redondas lonjas de piel gruesa. Hasta que llegué en medio nuevamente, y lentamente me fui hacia bajo acariciando entre sus nalgas, deslizando mis dedos ahí en medio, pegándome a su piel, y cuando estuve a punto de lograr meterme entre sus redondas nalgas hacia su ano, ella me contuvo y tuve que volver a rozar hacia afuera de sus dos nalgas, pasé por en medio de sus nalgas deslizando mis dedos y llegue hasta sus caderas. Luego abriéndome paso entre su piel y su prenda íntima, pude alcanzar su vientre y ya cuando estuve a punto de llegar a tocar su sexo.

Mejor me contuve, y saqué mi mano, porque esa su vagina quería darme el gusto de tocársela metiendo mi mano por la parte de adelante de su tanga; para ello, metí mi mano entre su falda y su tanga, acaricie su vientre por debajo de su ombligo y fui hacia abajo deliciosamente acariciando su piel metiéndome en el interior de su tanga, poco a poco, mientras rozaba su piel tan suave y esponjosa, sentí como llegaba a sus pelitos, mis dedos se metieron entre ellos deshaciendo sus rizos y se sumergieron tocando esa su piel tan tierna, tan cálida, a mi llegada ella se puso más inquieta, agitada y nerviosa me miraba invadir su ropa interior.

Esa su piel era tan fina, que parecía que nadie la había alcanzado antes, ella no ocultaba su excitación, me miraba con ojos fijos, con labios llenos de deseo, muda sin decir nada pero con el nerviosismo expresándose a través de su mirada. Yo no me detuve y seguí invadiendo su sexo con mi mano, al llegar a su piel más blanda y calurosa me estremecí, llegar ahí abajo fue una experiencia por demás excitante. Allí pude sentir ese calor, mezcla de aroma y transpiración que invadía el borde de todos mis dedos juntos. En poco, ya estaba acariciando el contorno de su tentadora vagina, donde sus pelitos se hacían más densos y se abrían sus labios vaginales.

Por debajo de esa piel que tocaba se ocultaba su clítoris, ya se notaba su volumen tras que mi dedo tentaba esa zona palpando, metí mi dedo en medio de esos labios vaginales para abrirlos y encontré en la entrada ese robusto clítoris, oculto entre los pliegues de esa vagina, empecé a rozarlo para que saltara hacia afuera, en poco sentí, como su piel blanda y manejable se desplegaba fácilmente hacia los lados para dar paso a un clítoris firme que salía hacía afuera para ponerse con toda su humedad sobre la yema de mi dedo. Entonces acomode mejor mi dedo y dejé que resbalara encima de la redondez y la humedad de aquel clítoris brotado. Mi dedo se daba el gusto de resbalar encima, su lustrosa humedad quedaba en mi dedo, mi oído se dio el gusto de escuchar su respiración entrecortada y un corto gemido que no pudo contener. Después ese mi dedo se metió más adentro y siguió rozando, mis otros dedos lo siguieron deslizándose entre los pliegues de su vagina; y ahí en medio, fue encontrar su humedad en pleno, esas secreciones se adherían a mis dedos dejándolos pegajosos al momento de sentir el interior su vagina, sentía que por los costados mis dedos quedaban atrapados por sus labios vaginales, sentía también como su vagina se cerraba hacia adentro con mis dedos sumergiéndose en su interior y es que su vientre se contraía y con eso mis dedos cabían muy bien dentro su vagina. Con mis dedos juntos rozaba, palpaba ese interior humedecido y en cada roce alcanzaba más al fondo hasta que sentí esa rica entrada vaginal, hacia su interior, ese orificio se hacía una deliciosa tentación para invadir con mis dedos. Pero esta vez si iba a invadirla iba a ser con mi boca, con mi lengua, con esos deseos incontenibles que tenia de comérmela y dominar su voluntad.

Sin pudor alguno, saqué mi mano de su tanga y la agarré de sus costados para bajársela, como sus nalgas obstruían su caída, ella se levantó de la cama y por si misma desprendió de su piel la tanga y la echo por debajo de sus nalgas, luego volvió a sentarse ya con el culo desnudo. Yo por mi parte, termine de deslizar esa tanga por entre sus piernas hasta abajo, al llegar a sus piernas se la saque por completo, y al verse desnuda de la cintura para abajo le volvió esa timidez que me permitía a mi dejar hacer sobre su cuerpo, cogí sus rodillas de inmediato y se las separe para que así quedara expuesto su sexo. Sus entrepiernas se sentían tan llenas de ese su cálido aroma femenino, invadida por el deseo, ya viéndose con las piernas separadas, deslizó sus nalgas hacia delante de tal manera que su vagina se abría delante de mí, y sin contenerme, comencé a poner mi mano encima esa vagina para acariciarla, por encima de sus labios vaginales mi mano rozaba sintiendo esa carnosa piel que cubría su vagina y que se abría en labios vaginales gruesos, rojizos y lustrosos, mi boca sedienta, quería directamente llegar a sentir esa piel tan íntima, y me fui encima de esa vagina besándola como se besa en la boca.

Sintiéndome más complacido que nunca, agarré con mis dedos y jale esos labios vaginales a un costado, dejándolos semi abiertos de un costado. De inmediato me puse encima de esa vagina expuesta, con mi boca selle mis labios a su alrededor y metí la lengua, de una sola lamida sentí su humedad, su calor y esa sensación que me invadía hasta excitarme más hasta llevarme a sumergirme más en su vagina por completo, con mis labios chupaba sus carnosos labios vaginales hasta llevármelos dentro de la boca, ella ya no pudo contener más los gemidos y comenzó a pedirme que le comiera su vagina. Yo la invadía con mi boca, tomaba su vagina con mis labios y chupaba, abría sus pliegues y me metía a agarrarla a lametones hasta juntar la humedad de mi boca con la humedad de su vagina.

Luego ella tomaba su vagina con una mano, poniendo los dedos alrededor de su clítoris lo descubría suspendiendo sus pliegues hacia arriba y cuando su clítoris salía completo, con esos mismos dedos, restregaba sus pliegues vaginales hacia abajo, los fruncía al centro cubriendo su entrada vaginal con sus gruesos labios vaginales y volvía a separarlos y suspenderlos hacia arriba, mientras en medio de su rojiza vagina ya escurría un hilo de flujo vaginal blanquecino, tan exquisito, que fui a tomarlo con mis labios y con mi lengua. Termine lamiendo y sorbiéndome todo su jugo vaginal degustándolo en mi paladar, y para terminar sorbiéndolo todo, con mi labio inferior y con mi lengua fui recorriendo lentamente el interior de esa vagina como si restregara el interior de una olla, fue algo delicioso recibir en mi boca todo ese sabor a mujer excitada.

Excitante vagina que termine lamiendo profundamente, con mi lengua me daba el gusto de sentir el interior de esos labios vaginales y lamerlos de adentro hacia afuera por ambos costados, sus labios vaginales tan tiernos se dejaban llevar por mis lamidas a voluntad, si lamia uno de sus labios de adentro hacia afuera, se dejaba llevar a un costado y si lamía hacia arriba se recogía hacia arriba y se dejaba manejar, disfrute tanto de lamer a voluntad esos ligeros labios vaginales; luego cuando ya había lamido lo suficiente, me detuve a poner la punta de mi lengua en su orificio vaginal, y empecé a presionar para entrar, ella sentía como intentaba penetrarla con mi lengua y gemía contrayendo su vientre, soltando el peso de su cuerpo hacia atrás sosteniéndose en sus brazos encima la cama y entregando su vagina a mi boca para que pudiera darle todo el placer que quería.

Mi lengua tiesa en cada intento por penetrarla se impregnaba de su abundante secreción vaginal, lo que mantenía su vagina empapada, el exceso de flujo hacia que mi lengua resbalara pero al mismo tiempo permitía que con sus flujos en la punta de mi lengua pudiera entrar más lubricaba, poniendo mi lengua lo más firme que pude entre tanta humedad, hacia más presión sobre su entrada vaginal y sentía como alrededor de la punta de mi lengua ya cedía su entrada abriéndose y recibiendo el borde de mi lengua. Aproveche el instante para disfrutar de su vagina por dentro, sentir esa cálida entrada vaginal con la punta de mi lengua, luego hice el esfuerzo de llegar lo más adentro que pude, su vagina lubricaba más mi lengua y los músculos de su vagina se contraían alrededor del borde de mi lengua, eso me excitaba y me daba ganas de intentar penetrarla aun con más ganas, ella gemía descontrolada y yo metía más mi boca al interior de su vagina, hundía el borde de mi lengua hasta más no poder y sentía ya parte de las paredes de su vagina que se cerraban destilando flujo sobre mi lengua, hasta que ella sin contenerse y gimiendo más fuerte, lanzo una buena descarga de su vagina y todo fue a dar a mi boca, yo apoye por completo mis labios, me aferre a su vagina y me hice de esa su descarga, lamiendo con mi lengua el interior de su vagina hasta dejar despejado el borde de sus labios vaginales que quedaron empapados de su baba blanca.

Mi boca en su zona intima cubría toda su vagina y para terminar de comérmela por completo, pasé mis manos debajo de sus muslos cerca de sus rodillas y eleve un poco sus piernas, esa su posición hizo que su vagina encajara mejor en mi boca y yo pudiera lamerla hasta sentir su entrada vaginal en medio de mi lengua y ahí pueda darle lametones hasta dejarla libre de todo fluido que saliera de su vagina. Mis labios cubrieron sus labios vaginales, sujete con mi boca a los costados sus labios vaginales, chupándome sus pliegues llegue hasta casi lamer y chupar sus entrepiernas de ambos lados y luego volví en medio de su vagina para dar las ultimas lamidas que saciaran tanto su vagina como mi boca; lamiendo aún por debajo de su entrada vaginal me encontré aquella delicada piel que separa su vagina de su ano y ahí me puse a lamer, degustando ese su otro saborcito de piel tan oculta que ni siquiera ella debía haber pensado que tocaría, menos con mi boca, pero ahí estaba dando mis últimas lamidas chupadas y besos a su zona intima. Y así fue como termine dándole el mejor sexo oral que ella nunca siquiera hubiera podido imaginar.

Y luego yo mismo le puse su tanga y bajando su falda de su uniforme de colegio deje que se marchara satisfecha, con una sonrisa manifiesta entre sus labios, dejándome dicho cuando seria nuestro próximo encuentro para hacerle sentir más placer.

Si eres orureña puedes escribirme a: ellibrodegonzo@gmail.com

 

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