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Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

El siguiente relato que os narro acaeció hace tiempo, vivíamos en un piso, y teníamos en el piso de enfrente alquilada a una vecina, una estudiante de Derecho. Mi madre cogió confianza con ella, solían tomar café ambas juntas, en casa de ella o en la nuestra, hablaban de temas variados. Ella se llamaba Macarena, veinticuatro años, estaba buenísima, guapa, medía 1,65 metros, pelo moreno lacio y largo, siempre con una cola, ojos negros achinados, era gallarda, largas piernas, con un culo redondo, senos medios redondos.
No transitaba ni un día sin que la viese, me cruzara con ella, al principio solo nos saludábamos, con el marchar de los meses empecé a tratar algo más a Macarena, me enteré de que no tenía novio. Un día nos invitó a mi familia entera a cenar a su casa, fuimos todos, comimos, y después nos pusimos en el salón a ver la televisión. Transitado un tiempo, ella nos dijo que tenía una buena película, que si la veíamos, todos dijeron que estaban cansados y que se iban, yo no dije nada, y fijó la mirada en mí, me dijo que si la veíamos, lo pensé y le dije que vale, pues tampoco tenía nada que hacer al otro día.
Nos quedamos los dos, sentados en el sofá, ella lucía un vestido verde que llegaba hasta las rodillas, ajustadísimo, tuve que esforzarme para vencer la tentación de acariciarle las piernas. Cuando la película terminó, seguimos sentados en el sofá, ella quitó la televisión, y puso la mini cadena, la música, a sonido ambiente por la hora que era, después ella me invitó a bailar, primero lo hicimos separados, mi erección fue instantánea, la tomé de la cintura y apoyé mi instrumento contra su cuerpo para que ella lo notara, sus manos agarraron mi cuello y mis manos empezaron a dibujar círculos en su culito. No bailamos mucho más, ya que enseguida se lanzó a besarme, empezamos a enrollarnos, mientras acariciábamos mutuamente los cuerpos, hasta que se empezó a arrodillar, colocando su cara enfrente de mi pene, me bajó los pantalones y los calzoncillos, y empezó a chupármela, verla así, a mis pies, mamándome el miembro como una puta sedienta me puso a mil, le acariciaba la cabeza, ella se excitaba cada vez más, me lamía los lados de la polla, se la metía entera, chocando sus labios con mi vientre, hasta que sintió que estaba yo ya cerca del fin, entonces retiró sus labios de mi polla. A continuación, se levantó y caminó hacia la cocina a coger una botella de champagne, me cogió de la mano y me llevó al cuarto, me dio la botella, la descorché, Macarena la tomó y bebió un largo trago mientras la desvestía, la dejé solamente con un minúsculo tanguita, ella caminó lentamente por la habitación para que yo pudiera follarla con los ojos, desnuda era maravillosa, sus senos rígidos, su culo erguido, sus piernas duras.
Continuó exhibiéndose hasta que se apoyó de espaldas a la pared, levantó una pierna y la puso sobre una silla, era una invitación para comerme su coño, me arrodillé ante ella, y comencé a lamerlo con pasión, sus jugos caían a mares e inundaban mi garganta, mis manos apretaban sus nalgas y ella, entre orgasmo y orgasmo, apagaba su sed bebiéndolo champagne de la botella.
Cuando ya se había corrido varias veces, me incorporé y la puse a cuatro patas sobre la cama, mi polla estaba más erecta que nunca, la penetré de golpe, ella lanzó un alarido de placer, y con sólo ese acto tuvo otro orgasmo. Paré un tiempo, acariciándola por todo su cuerpo, y después empecé a bombearla con fuerza, ella gemía de placer, seguidamente me detenía, acariciaba sus senos, y volvía a penetrarla, a follarla, mientras mis manos jugaban con su culito, embadurnándolo de sus propios jugos, lubricándolo, mi polla penetraba su raja, y unos de mis dedos se introducía por su culo, Macarena volvió a gritar, exclamaba fuera de sí que me la follase, que la penetrara bestialmente por el culo, le gustaba recibir algo de dolor, le dije que le iba a doler, y ella me dijo que lo hiciera.
Saqué mi verga de su coño y de un golpe se la metí en el culo, se lo partí, ella gritaba de dolor, pero a la vez de placer, me rogaba que acabara en su culo, que se lo llenase con mi leche, no le dije nada, continué machacando su culo, mientras mi mano jugaba con su raja, Macarena me gritaba que acabara de una vez, que no aguantaba más, todo esto me excitó demasiado, liberé un alarido, y solté el chorro de leche, inundando su recto, seguidamente, suavemente, saqué mi verga de su orificio, ella se giró rápidamente, y se abalanzó hacia mi pene para saborear esa mezcla de jugos, la dejó inmaculada, tenía a mi vecina en posición de perra desesperada por beber mi leche, era una puta sedienta.
Esperamos un rato hasta recuperarnos de la acción, pasado un tiempo cuando lo logré, me vestí y me fui a mi casa a dormir. Durante el tiempo que viví allí, nuestras miradas tenían una complicidad especial, se notaba que había química entre nosotros.

 

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