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Sexo con la profesora de tenis

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Este relato sucedió hace unos años, cuando el tenis estaba muy de moda con bastantes victorias de tenistas españoles, entonces para perfeccionar mi técnica me apunté al club de tenis de Huelva. Estaba con un grupo de cuatro chavales dando las clases, el profesor era un ex–tenista, era bueno dándolas. Un día cuando fui al club, el profesor no fue a dar la clase, estuvimos esperándolo pero no apareció, al rato nos dijeron que estaba malo, que unos meses iba a estar de baja, que iban a buscar a un sustituto para que empezara a darlas en la próxima clase. Al otro día, fui al centro de entrenamiento como de costumbre y cuando llegue a la pista me lleve una sorpresa enorme, vi a una mujer de unos treinta años, pelo largo y muy negro, hermosa, ojos negros, labios gruesos y carnosos, tetas grandes y unas piernas muy marcadas por el deporte, llevaba puesto una camiseta ajustada blanca y una falda corta blanca. Cuando todos los alumnos estaban se presentó, se llamaba Mónica, era monitora de tenis, todos los alumnos nos quedamos embobados mirándola.
Empezamos jugando dobles, dos contra dos, ella miraba, después individuales, y por último practicamos el resto, ella sacaba y por orden íbamos restando, yo era el último, y observaba como ella cada vez que quería sacaba a mucha velocidad, y mis compañeros ni veían la pelota, otras veces sacaba más flojo. Cuando llegó mi hora los demás chicos se habían ido ya a ducharse, sin más preámbulos empezó a lanzarme bolas desde el otro lado de la pista, yo como comprenderéis no estaba muy concentrado en las bolas, ya que mis pensamientos estaban centrados en torno a esa mujer. Tras un rato de casi no darle a ninguna pelota, ella me llamó, me acerqué y me dijo que si había alguna razón por la que no daba bola, no sabía que responderle y Mónica sonriéndome maliciosamente, me pregunto si era por ella, me sonrojé bastante, agaché la cabeza, y ella me dijo que por hoy se daba por terminada la clase, sin demora nos dirigimos a los vestuarios para ducharnos. Entré en el de chicos y ella se dirigió a la otra puerta, mis compañeros se habían ido.
Cuando estaba quitándome la camiseta, oí el ruido de la puerta del vestuario, me gire y para mi sorpresa vi a Mónica entrar, me quedé sin habla, más aun cuando la vi poner el pestillo de la puerta y acercarse a mí. Cuando estaba al lado mío, me susurró al oído que si me ponía nervioso cuando ella estaba cerca, le respondí que era obvio, ella sonrió, me cogió de la mano y la puso en su pecho, me dijo que empezara a tocarla a ver si así se me iban los nervios, al notar mi mano sobre su pecho empecé a sobarla por encima de la camiseta durante un instante, al segundo ya puse mi otra mano en su otro pecho y ella volvió a sonreírme. Me dijo que estaba en los vestuarios para que todos mis nervios se fueran y me centrara en el tenis, y sin más preámbulos se quitó la camiseta y el sujetador, dejo delante de mí sus pechos duros y firmes, con pezones oscuros, los cuales empecé a tocar suavemente y después a lamer con mi lengua, ella comenzaba a suspirar y su ritmo se aceleraba. Tras estar así un rato, ella se sentó en un banco, yo me agaché y metí mi cabeza entre su falda, llevaba un tanguita negro, el cual aparté con uno de mis dedos, seguidamente empecé a lamerle su coñito, el cual sabía muy rico, ella con su mano apoyada en mi cabeza no quería que dejara de lamer y estuvimos así un buen rato.
Después me levanté y ella me quitó las calzonas bruscamente y los slip, tras esto empezó a comerme la polla, lamiendo mis testículos lentamente, absorbiendo mi pene, metiéndoselo entero en su boca, era muy placentero, me estaba dando una muy buena mamada. Tras degustar de todas formas mi polla, me dijo que quería más, se arrodilló en el banco, y después apoyó sus manos también en el banco, a cuatro patas, me coloqué detrás, y Mónica me dijo que estaba lista, pero que fuera despacio porque aun no estaba muy lubricada, agarré mi verga con mi mano, y se la pasé varias veces por su raja, visiblemente se pudo observar como sus flujos empezaron a aparecer, su lubricación era ya optima. Coloqué mi polla en la entrada de su coñito y poco a poco la fui metiendo en su cueva, entro en pocos instantes, la saqué y volví a repetir la operación varias veces, hasta que su vagina estaba muy mojada, y mi pene había absorbido parte de sus flujos. Tras esto empecé a empujar suavemente al principio, poco a poco las embestidas fueron más rápidas, con mis manos jugaba con sus pechos, y con su clítoris, podía ver su cerrado ano delante de mí, ella con una mano masajeaba mis testículos, mi pene se atrapaba entre sus glúteos, era muy salvaje.
Tras varios minutos dándole, paré y cambiamos de posición, cogimos la del arco, se acostó ella boca arriba con las piernas abiertas y flexionadas, apoyando sus brazos detrás de los hombros, me introduje entre sus piernas, le elevé sus caderas y se posó sobre mis piernas, cerrándolas alrededor de mi cadera, ella empezó a sentir un gran placer por la penetración profunda que le estaba dando, sentía el roce de mi polla por toda su zona vaginal, estaba siendo espectacular follarme a Mónica de esa forma, el sudor nos invadía, pero el cansancio de mantener la posición hizo que cambiáramos nuevamente de posición.
Cambiamos de postura, ella se quedó boca arriba, con las piernas elevadas y abiertas, le introduje el pene en su vagina y calcé sus piernas en mis hombros, mis testículos se posaban suavemente entre sus glúteos una y otra vez, su clítoris presionado por las piernas lo tenía ante mí, estaba llegando al fin de su cueva, y ella lo agradecía. Estuvimos haciéndolo durante unos minutos, hasta que ella no aguantó más y se corrió, yo estaba próximo, seguí dándole un poco más, y cuando estaba a punto de irme, ella se soltó, acercó su boca a mi polla y empezó a lamer como una posesa, mi leche salió disparada, todo mi semen quedó en su garganta.
Tras esto, nos metimos juntos en la ducha y nos vestimos, cuando nos despedíamos, Mónica me dijo que esperaba que la próxima clase estuviera más atento, yo con sonrisa pícara le dije que sí, aunque los nervios seguirían en mi cuerpo, ella se rió y me beso y me indicó que para los nervios ya estaba ella, después cada uno se fue hacia su casa.

 

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