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Una tarde con mi cuñao

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Me llamo Carmen soy española, 38 años, y abandonada por mi marido. El muy cabrón se marchó una mañana dejándome como dios me trajo al mundo, es decir en pelotas. Por suerte, yo no había perdido mi tiempo y había hecho un Master en Diseño Gráfico y Publicitario en un centro de formación de la Diagonal, cuando vivía en Barcelona. Así que no me resultó difícil conseguir un empleo aunque al principio me pagaban poco. Pero así y todo logré salir adelante.

Por esos días en que no tenía un céntimo, recibí la visita de mi descarado cuñado, quien al enterarse que su hermano se había marchado, se acercó a ver si obtenía algunos favores de mi parte. Confieso que nunca me había parecido muy guapo, pero en esos días en que andaba mal de la cabeza por mis problemas, no bien puso su mano sobre mi muslo para consolarme (aunque buscaba follarme y se lo olía), mis bragas se mojaron al instante.

- Qué puta que estás - me dije hacia mis adentros.

Entonces decidí currarle algunos euros pidiéndole prestado. No dudó un instante en acercarme aquella suma, que si bien no era muy grande, me permitió vivir bien por un tiempo. Se veía que lo tenía planeado de antemano, pues traía encima sus buenos billetes. Acto seguido le pedí que me aguardara sentado, que yo ya volvía. A esa altura la humedad acariciaba mis muslos. Y juré vengarme del mal nacido de su hermano, y de paso devolverle en especias sus billetes. Fui hasta el dormitorio donde me desnudé, me puse mis zapatos de altos tacones, y subida a ellos lo llamé. Cuando él entraba yo me estaba poniendo en cuatro sobre la cama, dispuesta a recibirlo de una.

Borja, que es el nombre de mi cuñado pegó un grito de asombro y satisfacción. Inició su ataque magreándome las nalgas primero, luego las tetas donde se encontró con mis pezones erectos que daban muestra de la formidable calentura que estaba teniendo. Yo de espaldas, le frotaba su verga por encima de sus pantalones cada vez más rápido y con más fuerza, y empezaba a notar la dureza que alcanzaba. Mientras tanto sus dedos se iban abriendo el camino hacia el interior de mi coño mojado y caliente, y me volvían loca hasta la desesperación. En un momento, Borja había sustituido sus manos por su boca, y me lamía con su lengua el culo para luego introducirla adentro de él y hacer movimientos circulares que me ponían más loca aún.

- ¿Así que te gusta jugar? - le dije.

Mientras tanto, yo había abierto su pantalón y sacaba afuera su polla, que resultó más grande y sabrosa de lo que suponía. Se la cogí fuertemente y comencé a pajearlo mientras sus dedos llegaban hasta el fondo de mi coño cada vez más caliente. En recompensa de semejante disfrute se la empecé a mamar lujuriosamente, sus huevos chocaban con mis labios, mientras con mi mano derecha me masajeaba el clítoris frenéticamente. Su cabezota pegaba en el fondo de mi garganta. Era una delicia, y el sólo gemía y entrecerraba los ojos mientras su cuñada se la mamaba.

De vez en cuando le tiraba frases tales como: “Las veces que te habrás corrido encerrado en el baño pensando en follarme”.

Pero aquello no fue nada comparado con lo que seguiría. Volví a ponerme en cuatro y le pedí que me la hundiera en el culo hasta el fondo, y sumisamente hundió su polla en mi agujero trasero arrancándome un grito.

- ¡Goza yegua! – gritó.

- ¡Siii...! Párteme el culo, cabrón... fóllate a tu querida cuñada, hijo de puta.

Estaba tan caliente que me corrí al instante, y minutos después sentí su semen tibio que me apretaba las paredes internas, y su voz ronca que gemía mientras terminaba de culearme. No bien se corrió, la saqué y me lo eché encima, esta vez sobre mi coño, y lo sujeté de las caderas para moverlo frenéticamente, hasta que me corrí otra vez de manera tan salvaje como la primera. Al levantarme de la cama para ir al baño sus jugos caían por entre mis piernas. A él lo dejé planchado sobre mi cama.

- Mira que sabes follar, zorra - dijo cuando regresaba.

- Sí, y más te vale que vuelvas por aquí pronto a repetir, y mejorado, porque eres un poco pajero haciéndolo, te diré.

- ¿Y sino regreso tan pronto como quieres?

- Pues iré a tu casa y le diré a tu esposa cómo te follaste por el culo y el coño a tu solitaria cuñada, amor.

Se rió, pues por dentro suyo ya tendría decidido volver pronto. Aquella tarde la había pasado muy bien conmigo, mejor que con su mujer me diría después. Aunque me dejó el culo un poco a la miseria, yo había disfrutado mucho el polvo que me echara. Desde entonces mi lema en la vida es follad, follad a mares.

Y a ello me dedico...

 

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