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De vacaciones en Tunez

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Lo que les voy a contar sucedió hace un año. Era verano y yo en vez de irme de vacaciones con mi familia como solía hacer me fui con la que por aquel entonces era mi novia a pasar una semana a Túnez. Blanca sabía que yo era bisexual y además en otro tiempo fue confidente de mis “andanzas” pero llevábamos dos meses saliendo y desde luego los dos íbamos a intentar guardarnos fidelidad. Llegamos por la Noche a la capital, rápidamente alquilamos un coche que nos llevó a la pequeña ciudad dónde íbamos a residir esa semana. La noche era fresca y el paisaje era cautivador. Llegamos al Hotel y esa noche Blanca no quiso hacer el amor quizá por el cansancio del viaje. Al día siguiente bajamos a bañarnos a la piscina del Hotel, hacía un calor espantoso y nos estuvimos refrescando un buen rato en él

En fin, regresamos a la habitación para echar la “siesta” pero Blanca desistió nuevamente de hacer el amor, lo que empezó a parecerme sospechoso. Poco después comprobé que no quiso porque estaba cansada ya que cayó dormida como un tronco. Mis testículos empezaban a dolerme porque llevaba como un par de semanas sin descargar y necesitaba sexo. Así que por alguna extraña razón bajé como guiado por mi intuición a la piscina a darme un baño. Cuando llegué a la piscina pude comprobar que el Jardín y los alrededores de la piscina estaban completamente desiertos lo que en un principio no me importó. Comencé a bañarme y pronto sentí algo como un pinchazo en el muslo izquierdo. Salí como pude del agua y me dirigí hacia el departamento de botiquín, en él encontré al hombre que me había hechizado.


-¿Entonces ha sido en este muslo dices?-me preguntó.

-Sí.-asentí

-Verás, es una zona complicada, te tendré que dar crema por toda la pierna y hacerte un masaje, me temo que vas a tenerte que quitar el bañador.

Al principio me sentí violento, pues no todos los días semejante macho te pide que te desnudes. Él en ese momento llevaba un bañador largo que dejaba ver unas piernas anchas y fuertes y una camiseta blanca de tirantes en la que se adivinaban unos maravillosos pectorales. Los brazos eran grandes, varoniles y llenos de venas y de sus axilas escapaba una inmensa mata de pelo negro. Su rostro era fuerte pero sus ojos profundos y le daban un aire de misterio muy interesante. El caso es que después de varios minutos callado contemplándole, sólo pude decirle:


-Está bien, me lo quito.-en ese momento algo invadió mi cuerpo y le solté- pero sólo si tú también te quitas tu camiseta.

Raudo y veloz se sacó por la cabeza la camiseta, pudiendo contemplar sus brazos haciendo esfuerzo, y sus grandes y velludos pectorales; que parecían tener continuación en una tableta de chocolate exquisita. El vello se hacía más espeso y desaparecía debajo del bañador. En fin que tras esta visión me quité el bañador sin pensar que mi pene se había obviamente despertado. Me quedé desnudo ante él, que ni se inmutó ante mi erección, comenzó a extenderme la crema con esas grandiosas y varoniles manos haciendo mi pene casi explotar. Como para romper el hielo le comenté mi situación, le hablé de mi novia, de nuestra crisis sexual y de que todavía no había visitado la playa tunecina.


-¿Cómo es posible?-me dijo.- En cinco minutos termino mi turno y si quieres te puedo llevar a una playa que es preciosa.

Terminó de masajearme la pierna sin ningún gesto de deseo o admiración hacia mi erecto miembro. Me vestí y salí con él del Hotel hacia la playa. En esos momentos mi calentón era tal que ni siquiera me acordaba de Blanca. Como observó que cojeaba, me invitó a subirme a su espalda y dijo que él me llevaba con mucho gusto. Esto empezó ya a llamarme la atención. Sin pensarlo me subí, rodeando su cuello con mis brazos y clavándole toda mi erección en la espalda. Para ayudarme a subir me empujó el culo con sus fuertes manos y yo le agarré fuertemente los pectorales. Él, pudiéndose haber asustado por mi erección me miró, me guiñó un ojo y sonrió. Sentir esos firmes pectorales llenos de vello en mis manos fue una sensación gratificante y por supuesto estuve a punto de correrme. Seguimos caminando


-Yo pienso que la culpa de la contaminación la tienen las grandes empresas.-afirmé durante la conversación.

-¿Sabes de lo que tienes tú la culpa?-me dijo.- De ESTO.

Me llevó la mano a su paquete y pude sentir todo su calor y dimensiones. Rápidamente nos fundimos en un largo, húmedo y cálido beso. Su ruda lengua empujaba a la mía y me hacía cosquillas en cada rincón de mi boca provocándome un éxtasis casi insuperable. Tras varios minutos de pasional beso yo no podía creer lo que estaba pasando pero sin pensar en mi compromiso comencé a lamerle las orejas, el cuello (lleno de venas), le chupé los pectorales, jugueteé con sus pezones en mi boca, le recorrí con mi lengua su vello hasta llegar al ombligo dónde no pude detenerme y le bajé el bañador. Aquello era descomunal. Tras la mata de pelo del ombligo, venía un frondoso bosque de pelos erizados en el pubis.

Cuando llegué tuve bronca con Blanca, pues era tardísimo. Por supuesto no le conté mi infidelidad pero la repetí un par de veces más. Lo que parecían ser unas vacaciones de pareja acabaron convirtiéndose en algo así como turismo sexual. Nunca olvidaré Túnez. Por cierto, hoy en día sigo con Blanca y no le he vuelto a poner los cuernos

 

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