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El Día que fui Sumisa

Publicado por Ariana el 09/02/2015

El Día que me quede Sumisa

Hola, soy Ariana (aunque ese no es mi verdadero nombre), y quisiera contarles sobre lo que me pasó alguna vez. Soy una mujer casada, tengo una hija, y mi esposo. Siempre he sido una mujer muy sociable y hogareña, de casa.

A mis 40 años, sigo luciendo un cuerpo envidiable (sé que no como antes, pero mantengo mí encanto a pesar de los años), tengo el cabello lacio, de color castaño oscuro (casi parecido al color negro), lo llevo hasta un poco más por debajo de la altura de los hombros, a veces suelto y a veces sujeto en forma de cola; mi piel era blanca, pero con el pasar de los años, fue adquiriendo un bronceado sobre ella; no soy muy alta, mido 1.60 m. Llevo muchos años casada (me case muy joven). Vivo en una de las zonas más cuantiosas de Lima, Perú.

Como les contaba al inicio, siempre he sido una mujer muy sociable, me gusta salir con las amigas, ir de compras, ir a comer, ir al cine, salir a algún lugar, viajar, trabajaba cuando se podía, y comencé a ir al gym, para mantener la línea y conservar la figura, siempre he sabido mantener mi físico en forma, incluso después que me casé.

Al comenzar a ir al gym, ya desde hace algunos 7 años atrás, hice muchos amigos y amigas (creo que hasta hoy), y en especial de un chico (al que llamaré Omar, aunque su nombre real no sea ese), que es más o menos de ocho a nueve años menor que yo, él también asistía al gym, no era muy atlético ni descuidado, se puede decir que se veía como un hombre normal, era soltero, lo conocí hace unos 4 años atrás más o menos a finales de ese año, y desde allí, no sé porque, desde que nos conocimos, comenzamos a tener más confianza de lo habitual.

Ya al año siguiente, las veces que coincidíamos en el gym con Omar, y al conversar con él, no me sentía normal, me sentía un poco nerviosa, como una chiquilla; no era habitual en mí y más siendo casada. Entre mí pensaba: ¡es idea mía o que,... que me pasa,... porque me siento así con Omar! Creí que era superficial lo que me pasaba, lo de ponerme nerviosa con Omar, supuse que se me pasaría y estaría bien nuevamente.

Con el pasar del tiempo, y cada vez que iba al gym, siempre pensaba en Omar, “no lo podía creer”, no sé cómo se metió en mis pensamientos, me sentía un poco culpable por estar pensando en un hombre que no era mi esposo, no sé a qué se debía que estaba así, y al llegar el fin de semana para ir al gym, esperaba con el pensamiento, al menos ver a Omar allí en el gym. No le conté a nadie lo que me estaba pasando con respecto a Omar, ni a mis amigas, creía que era pasajero y pasaría; pero no fue así, yo no dejaba de pensar en él, estaba intranquila, no estaba bien como siempre.

En casa, yo vivía bien con mi marido y mi hija, no teníamos dificultades desde que nos casamos, hasta que en casa comenzó a cambiar algo, más o menor a partir de marzo de ese año, actualmente unos 3 años atrás más o menos.

Mi marido (al que llamaré Yordy, aunque ese no sea su nombre), comenzó a engordar, descuido un poco su imagen, supongo que se debe al matrimonio y la vida de casados.

Yordy, a partir de marzo de ese año, cambió; comenzó a llegar a casa ebrio, más de la cuenta (aunque a mí no me gusta que tome), pensé que era como un de esos días en lo que de vez en cuando tomaba unas cervezas y al llegar a casa se portaba tranquilo conmigo; pero no, comenzó a llegar borracho más y más, de manera continua; su comportamiento también cambio, ya no llegaba tranquilo, me buscaba problemas de la nada, lo que a mí me hacía sentir mal y porque no quería que mi hija viera a su padre así.

Pensé que este malestar era momentáneo, que iba a pasar, pero no, la relación con Yordy comenzó a empeorar, bebía demasiado, discutíamos de todo, le molestaba que saliera, me buscaba problemas de la nada, no se controlaba, me celaba hasta con mi sombra, me sentía muy mal, y él, fresco, sin disculparse al menos de su mal comportamiento, estaba irreconocible.

Y así paso el tiempo, los inconvenientes se mantuvieron y el problema no cesaba, yo no sabía a qué se debía que se originó todo este malestar, creía que pasaría y volveríamos a vivir tranquilos, como antes, pero no.

Desde que surgió el problema, empecé a salir menos por no discutir con Yordy; en el trabajo estaba algo distraída, y en casa nada mejoraba, la relación con Yordy se fue deteriorando. Pero, a pesar de ello, no dejaba de pensar en Omar (no entendía por qué).

Yo me sentía muy, pero muy mal, aunque no lo mostraba. A pesar que económicamente no estábamos mal, dejé de trabajar y me dedicaba ahora a mi casa, a atender a mi esposo y a mi hija que estaba ya en el colegio.

Al poco tiempo después, en uno de esos días laborables, Yordy se fue a trabajar con siempre, y yo normalmente llevaba a mi hija al colegio muy temprano, y al estar retornando para mi casa, me encuentro con Omar, creo que se me notaba que no estaba bien, él se dio cuenta de ello, y desde que lo conocí en el gym, la confianza y amistad entre nosotros fue muy buena (como ya les había contado antes), y a pesar de ello, no entendía porque no dejaba de pensar en Omar, creo que esperaba verlo, pero no en ese momento).

Entre tanta plática, Omar me convenció para ir a tomar un café esa mañana y fuimos, le comencé a contar que en mi casa empezaron a surgir los problemas con Yordy, que no entendía a qué se debía ello, me sentía mal, y sin querer, solté algunas lágrimas.

Omar me abrazo, supo entender cómo me sentía (quizá necesitaba decírselo a alguien). Al terminar el café y la plática, nos despedimos, quedamos en vernos en el gym el fin de semana.

Al llegar el fin de semana, fui al gym, creo que más, esperando ver de nuevo a Omar, pero no llegó, y así pasaron algunas semanas, no veía a Omar, no lo encontraba ni en internet, quería llamarlo al celular, pero no me atrevía, yo no dejaba de pensar en él, e incluso aparecía hasta en mis sueños. Me sentía incapaz de entender porque estaba así, mi mente pensando sólo en Omar (sé que no era lo correcto, no estaba bien que este así), y los problemas con Yordy no cesaban.

En casa, a pesar que paso unos meses, los problemas no cesaron, se mantuvieron, y Yordy, que era tan dulce, tranquilo y detallista desde que lo conocí, cuando nos casamos y por muchos años que ya llevábamos viviendo juntos, se volvió, se podría decir más patán, hasta con la familia, y yo, más y más mal anímicamente.
Tiempo después, más o menos a partir de la quincena de junio de ese año, Yordy tuvo que viajar fuera de la ciudad, por unos asuntos del trabajo, y saldría por unos dos o tres días. Él se fue un lunes, y se suponía que llegaría el miércoles o quizá jueves, en fin.

Como era habitual, yo llevaba a mi hija todas las mañanas a su colegio, la iba a recoger cuando salía y seguía con mi rutina habitual. Ya el martes, fue lo mismo, lleve a mi hija temprano a su colegio, había dejado cocinado la comida debido a que tenía que hacer unos trámites en el centro de la ciudad; para sorpresa mía, vi a Omar allí (me sentí bien al verlo después de algún tiempo – quizá como no dejaba de pensar en él, tenía la idea que lo encontraría); me vio, vino a saludarme, conversamos, me conto que se había puesto a trabajar en un trabajo más al que tenía, y que con ello, no tenía tiempo disponible, incluso ni para ir al gym, aunque este otro trabajo que tenía, era por tiempo temporal.

Me dijo que por la mañana de ese día, tenía libre, que por la tarde tenía que ir a su otro trabajo, pero que el jueves tendría toda la tarde libre. Me invito a salir para ese jueves por la tarde y seguir conversando, pero le dije que no podía, es que como mi esposo viajó y quizás estaría de retorno entre miércoles o jueves, no quería tener problemas. Omar me insistió tanto y no sé cómo me convenció para salir. Quedamos en encontrarnos en el centro de la ciudad ese jueves por la tarde. Nos despedimos, yo para mi casa y luego para recoger a mi hija del colegio, y él para su otro trabajo por la tarde.

No dejaba de pensar en que no debía haberle aceptado a Omar a salir, no sabía por que acepte, y no sabía qué hacer.

Ya el día miércoles, yo suponía que mi marido llegaría, me levante temprano, lleve a mi hija al colegio, volví a casa, me puse a arreglar un poco, lave la ropa y trataba de pensar en qué hacer para ese jueves por la tarde.

En el fondo, quería ir con Omar (al menos creo eso porque no dejaba de pensar en Omar), pero no quería tener problemas con Yordy, y al estar pensando en que era lo que debía hacer; no sabía si ir con Omar, o llamarle o decirle que no podía ir, o ir y buscar alguna escusa con Yordy,... no sabía, cuando de pronto, suena el celular, era Yordy, quien me llamaba para comunicarme que lo de su trabajo se extendería por unos días más y que llegaría el sábado por la mañana. Para mí, fue como un alivio ello, lo cual me permitiría encontrarme con Omar el jueves por la tarde.

Así transcurrió el día miércoles, recogí a mi hija del colegio.

Llego el día esperado, el jueves, me levante temprano como siempre, lleve a mi hija al colegio, e hice mi rutina habitual en casa. Tenía que inventarme una excusa creíble para salir y no llamar demasiado la atención de mi hija. Luego fui a recoger a mi hija del colegio. De retorno en casa, almorzamos, y ella como siempre, se puso a hacer sus tareas del colegio. Yo tenía que ir al encuentro con Omar, y no sabía con qué escusa salir.

Tuve que inventarle a mi hija que iba al cumpleaños de una de mis amigas, que en dicha reunión nos reuniríamos yo y mis amigas. Que iba a estar ocupada y que regresaría en la noche todavía. Quedó comida para su cena, así que no dejaría descuidada a mi hija. La deje a cargo de la casa, que me llamara al celular por si se presentaba algún problema. Ella me entendió.
Me arregle un poco, para no levantar tanta pecha y finalmente fue al encuentro con Omar al centro de la ciudad. Estaba un poco nerviosa e impaciente.

Ya en el centro de la ciudad, me encontré con Omar a la hora señalada, se veía bien (quizá esperaba verlo a pesar de todo). Luego, conversamos y caminamos para un parque que estaba cerca, hablamos casi como una hora, sentados allí, como dos enamorados, contándonos nuestras cosas, y yo no pudiendo ocultar mi tristeza por los problemas que tenía con Yordy, solté unas lágrimas como la primera vez que conversé con Omar; en ese momento, me abrazo, yo me apoye en él, y así estuvimos por un momento.

Luego, me miró a los ojos, y sin soltar mis manos, me confeso que le gustaba mucho, desde que me vio en el gym, no había dejado de pensar en mí; yo por otra parte, estaba sin reacción, sin palabras, no sabía que decirle (yo también desde que lo conocí, comencé a pensar más y más en Omar, sin entender por qué).

Pasó un momento así, y Omar siguió diciéndome cosas bonitas, respiré, tome valor y le respondí que me halagaba lo que decía, pero que eso estaba mal, yo era una mujer casada, con familia, que era mayor que él, que no podía ser,... y sin imaginarlo, me dio un beso en los labios, me quede sin palabra, estática y trate de separarme de él, al separar nuestros labios, me volvió a tomar de las manos, no dejo de mirarme a los ojos, y me pregunto qué le respondiera que yo también le gustaba a él (yo no dejaba de pensar en él dentro mío, pero no podía decírselo), no sabía que decirle, y así, volvió a sorprenderme con otro beso que me volvió a dejar fría, el cual poco a poco le fui correspondiendo, creo que no hacían falta las palabras, me vendí solita.

Nos besamos de manera recíproca, luego decidimos ir a un lugar más tranquilo, no quería que alguien conocido me viera. Omar decidió entonces llevarme a un lugar más privado, y llegamos a un hotel, yo con algo de dudas en la cabeza, lo acompañe a aquel sitio que estaba un poco escondido, pero por allí cerca.

Ya en el hotel, y con algo de remordimiento en la cabeza (me decía entre mí: ¿qué estoy haciendo?, ¿yo soy así?, ¿qué me pasa?). Llegamos a la recepción, Omar pidió una habitación y fuimos hacia allí. Omar cerró con seguro la puerta, yo me senté a un lado de la cama, estaba un poco nerviosa. Prendió la televisión, puso el canal para adultos (creo que era el Venus TV). Comencé a calentarme viendo las imágenes. Luego vino hacia mí, se sentó a mi lado, puso sus manos sobre mis hombros, y comenzó a besarme por el cuello, las mejillas y la boca. No me resistía.

Poco a poco, fui sintiendo una sensación indescriptible por todo mi cuerpo, mis labios le decían a Omar: ¡no sigas, soy casada, ya basta,...! pero mi mente decía: ¡sigue, no pares! Omar siguió, fue bajándole el cierre a la casaquilla negra de tela traía puesta, comenzó a tocarme el pecho, aun puesta el polo verde limón que llevaba, me hacía sentir en las nubes, aunque de mi boca seguía saliendo palabras que le decían: ¡para ya, ya no siga, soy casada, esto está mal...!. Yo me sentía como hechizada ante Omar, me dejaba besar y tocar por él.

Omar me saco la casaquilla, me saco el polo verde limón que llevaba puesto, me quede solo puesto el sostén rosado que tenía. Siguió besándome desde la boca, el cuello, el pecho. Luego se puso detrás de mí, fue besándome el cuello, las orejas y fue bajando por mi espalda, tocándome con sus manos mis pechos y fue bajando poco a poco por mi espalda. Yo no reaccionaba.

Me puso de pie de la cama, y él, detrás de mí, me besaba y recorría mi cuerpo, yo sentía como una corriente que recorría mi espalda. Luego me dio la vuelta, nos quedamos frente a frente mirándonos, él comenzó a desabrochase su camisa de color plomo que llevaba puesta, se la sacó y quedó al descubierto su pecho.

Luego me tomó entre sus brazos, beso mis labios, hasta que pude sentir su lengua y el calor de sus labios. Después, me tumbo a la cama, yo sin palabras, solo con la respiración agitada; comenzó a recorrer mi ombligo, desabrochó el botón de mi pantalón jeans, me beso el ombligo y sus manos frías fueron tocando mi piel hasta llegar a mi sexo.

Me quito los zapatos, las medias, luego me sacó el pantalón, quedándome puesta solo mi calzón rosado como mi sostén. Yo echada en la cama y con las piernas fuera del borde de la cama, me sentía en las estrellas, Omar, se sacó los zapatos, desabrocho la correa de su pantalón negro de tela que llevaba puesto, quedándose solo con una trusa negra. Luego se echó encima mío, me beso los labios y me dijo que si le gustaba, yo asenté con la cabeza diciéndole que sí, haciéndole entender que ya era suya.

Se levantó de la cama, me pidió que yo también me levantara (me sentía como un títere, lo que me decía, lo hacía y no me oponía). Me pidió que me arrodillara, y puso frente a mi rostro su sexo.
Me dijo: ¡Ariana, ya sabes lo que tienes que hacer! Comencé a tocar su pene con mis manos, le baje la trusa, y aunque no quería hacerle sexo oral, llevó su pene hacia mi boca, estaba erguida, me dijo que se la chupara, yo obedecí.

Comencé manoseando su verga con mis manos, luego lo lleve hacia mi boca, fui chupándosela con la lengua poco a poco, y con mi boca, iba y venía hacia su sexo; su pene fue endureciéndose y estirándose más y más, Omar estaba excitadísimo, ya también me estaba calentando más. Y así fui haciéndole sexo oral por un rato.

En la televisión justo en ese momento, había una escena en la que también la chica le hacía sexo oral al chico. Omar me pidió que hagamos lo mismo que veíamos en la televisión. Allí, el chico apretaba su pene en la boca de la chica, le decía que se la tragara y aguantara la respiración. Yo me opuse, pero, Omar me dio una mirara, con la cual supe que tenía que obedecer.

Acerco su pene a mi boca, comencé a lamerlo y chupárselo, entraba y salía sin cesar. Luego, Omar me dijo: ¡Ariana, ¿estás listas?! Yo asenté con la cabeza afirmando que sí. Entonces, apretó su pene hacia mi boca, sujeto mi cabeza con sus manos, me dijo: ¡Ariana, aguanta, aguanta! Trate de sacar su pene de mi boca, debido a que me quedaba sin respiración, pero me sujetaba con fuerza. Me solté, solo para respirar, se la seguí chupando y volvimos a lo mismo. Estaba como obsesionado con eso creo.

Pude notar que Omar estaba excitadísimo, que en cualquier momento se correría en mi boca, lo cual yo no quería. Fue apretando mi boca contra su pene, pero yo se la chupaba, entraba y salía para que no se corriera en mi boca. En una de esas, apretó una vez más su pene a mi boca, me sujeto la cabeza, y pude escuchar que me decía: ¡Ariana, aguanta, aguanta! Yo trate de soltarme cuando ya sentía su semen, pero no me soltó y se corrió en el interior de mi boca. Sentí como arcadas y al soltarme de él, por mi boca salía liquido de semen (sentí un poco de asco, ni con Yordy había hecho algo así).

Omar acercó su pene que aún tenía rastros de semen de nuevo hacia mi boca, yo ya no quería eso, y con fuerza metió su pene a mi boca, dijo: ¡tú eres mía! ¡tómate mi leche calientita! ¡trágatela! (creo que si había tragado algo de semen anteriormente). Encajó su pene hacia mi boca, lo apretó sujetó mi cabeza de nuevo, no me podía soltar. Al poder zafarme de él, me dijo que se la mamara y así lo hice. Luego me dijo que fuera el baño a limpiarme la boca de los rastros de esperma. Fui, me enjuague la boca del rastro de semen que tenía y volví a la habitación. Yo estaba un poco incomoda por lo que había pasado antes.

Omar fue al baño un momento, yo me quede sentada en la cama mirando la televisión; luego Omar salió y se acercó a mí de nuevo, me bajo los tirantes de mi sostén, me los saco y comenzó a chuparme los senos, nos pusimos de pie fuera de la cama. Omar bajo su cabeza hasta mi sexo, me bajo el calzón y me lo quitó. Siguió besando mi sexo, introduciendo lentamente los dedos de su mano y su lengua a mi ser, me hacía sentir excitada de nuevo. Siguió besándome, tocándome y dándole placer a mi sexo. Yo con mis manos sobre mi cabeza, estaba en las nubes.

Omar quería hacerlo en la cama. Ya allí, Omar se tumbó en la cama, de espaldas hacia abajo; me pidió que subiera en él, yo me puse encima abriendo las piernas, haciendo la postura del Andrómaco, me sujeto con las manos por la cintura, yo de rodillas sobre Omar, con las piernas abiertas, lleve su pene hacia mi vagina, empecé a subir y bajar, él con las manos, comenzó a acariciar mis senos, tocar mis nalgas, manosear mi ano, me estaba gustando. Creo que nunca me había sentido así.

Luego me di la vuelta, dándole una vista espectacular de mi espalda, me senté sobre él apoyando mis manos sobre sus rodillas, él me sujetaba por la cintura y comenzamos de nuevo a tener sexo, estaba entregada a él, a su voluntad, y yo gemía sin parar (haciendo la pose del columpio). Seguimos por un rato así, luego sujeto sus manos a las mías, yo me movía de arriba hacia abajo, gemía, era increíble.

Después, de eso, cambiamos de lugar. Yo me tumbe a la cama, de espaldas hacia abajo, estaba recostada, abrió mis piernas e introdujo su pene de nuevo en mi vagina, ahora era Omar quien se movía, sujetó con una de sus manos, mis dos manos a la altura de mi cabeza, y su pene entraba y salía de mi vagina, estaba mojadísima. Yo acostada, no dejaba de gemir, le decía: ¡sigue, no pares, ah...! ¡soy tuya, así, sigue,...! Había perdido la cordura. Seguimos teniendo sexo en la pose de misionero por un buen rato, entre mí, me sentía con algo de culpa, pero satisfecha.

Al mirar las ventanas, noté que ya era de noche, entonces supe que tenía que volver a mi casa. Omar me suplicó para seguir un rato más, que no me fuera (quien quisiera irse en ese momento, creo que nadie), me dijo: ¡tu hija ya está grandecita, llámala por celular y dile que te demoraras unas horas más en volver a casa, por esta vez! Omar me suplicó con sus besos y caricias, hasta que me convenció, yo estaba a su merced, le obedecí si refutarlo (no sabía que estaba haciendo).

Entre mí, con algo de dudas en la mente, llamé a mi hija y le dije que me quedaría un rato más, que volvería un poco más tarde de lo habitual, que cene y descanse, ella entendió. Omar se alegró, me beso de nuevo, me dijo que yo era suya, que haría lo que él me pidiese; y yo les respondí: ¡soy tuya, haré lo que me pidas!

No podía creerlo, yo había engañado a mi hija. Salió bien la excusa, y Omar volvió a besarme y me dijo: ¡Ariana, ahora te quedaras un rato conmigo y harás lo que te pida!

¡Está bien Omar! le respondí, ¡me quedaré un rato más y haré lo que me pidas! Omar me pregunto: ¿Ariana, estas segura que harías lo que te pida? ¿No te negarás a lo que te pida? Yo dudando un poco en lo que me pediría, le respondí, que sí cumpliría lo que me pidiera, siempre que no sea extremadamente malo. Omar me dijo: ¡lo prometes Ariana! Dime que sí. Entonces le deje que sí.

Le pregunte a Omar que era lo que él quería que yo hiciera. Omar, un poco apenado, me dijo que quería hacerme sexo anal, que tenía esa fantasía, que quería saber que se siente, que tenía un culo formidable, que cualquier hombre se sentiría dichoso de estar conmigo. Ante mi asombro respondí: ¿Qué?, ¿cómo? ¡De ninguna manera! (sólo con Yordy lo había hecho por allí algunas veces, no estaba acostumbraba a que me den por el culo, era un poco doloroso por allí). Estaba un poco molesta por su propuesta. Omar estaba ahora encima de mí, yo tirada encima de la cama, y él, besándome por todo mi cuerpo, me suplicaba y rogaba a que accediera (me gustaba que suplicara). Entre tantos besos y caricias, terminé aceptando (aunque no quería hacerlo por el ano).

Le advertí a Omar que si me sentía incomoda, me dolía o no me gustara, lo dejaríamos. Él acepto. Me dijo que me pusiera en la pose de perrito, y lo hice, mis manos estaban apoyadas sobre la cama, estaba un poco nerviosa. Comenzó besándome, desde la espalda, fue bajando poco a poco hasta mis nalgas, las manoseaba; y con las manos, las estiraba. Comenzó poco a poco a abrirme el ano, besándome y lamiéndome con su lengua alrededor de mi culo.

Introdujo en mi ano su dedo índice lentamente, mientras con su otra mano, intentaba separar mis nalgas para abrirme el culo. Sentía mi ano muy estrecho. Poco a poco el dolor se hacía presente, fue sacando y metiendo su dedo índice en mi culo, estuvo así por un rato. Yo comenzaba a sentir dolor y a gemir, le decía a Omar: ¡hazlo con suavidad por favor, ahh! Sentía placer cada vez que Omar seguía metiendo y sacando su dedo de mi culo, cerraba mis ojos y los abría (quizá nerviosa por el dolor que sentía, pero satisfecha por el placer que Omar me daba).

Sentí que mi ano estaba abriéndose un poco más, Omar seguía sacando y metiendo su dedo. Después de un rato y al sentir que mi ano estaba más abierto, y ya no pudiendo soportar el dolor, le supliqué a Omar que parara. Me dijo que aguantara un poco más. Me pregunto que si ya estaba lista. A pesar del dolor, le dije que sí, pero que lo metiera con cuidado.

Con ambas manos, Omar abrió mis nalgas y las mantuvo así por un rato (sentía que mi ano estaba bien abierto), apuntó la punta de su pene que volvió a estar tieso hacia mi culo, apretándolo hacia mi poco a poco hacia mi interior, mientras sus manos, abrían mis nalgas. Sentía que me partían en dos.

Fue empujando su verga hacia mi culo, la intentaba meter con suavidad, la metía y sacaba lentamente; yo sentía que entraba cada vez más y el dolor aumentaba; por eso le dije a Omar que ya no quería seguir, que sacara su pene de mí. Omar no hacía caso a lo que le decía. Sentía que su verga estaba bien erecta, me pareció más grande que cuando tuvimos sexo anteriormente, y poco a poco la fui sintiendo más y más adentro de mi culo.

Omar empezó a moverse más y más rápido, hasta que insertó toda su verga en mi ano, grité; y a pesar que me dolía, le pedí que me la sacara, me la apretó con fuerza su verga sin soltarme, me sujetó con sus brazos acorralándome la cintura; yo comenzaba a gemir y daba algunos pequeños gritos de dolor. Le decía a Omar: ¡sácala, me duele, sácala...!

Omar me decía: ¡ya está, tranquila, relájate! Luego, comenzó a moverse, me metía toda su verga, primero lentamente, luego poco a poco, más y más rápido; el dolor seguía y el placer comenzó a aumentar (sentía que me destrozaba el ano).

Poco a poco y con los movimientos, mis piernas fueron estirándose sobre la cama, sentía como Omar me penetraba el culo, a pesar del dolor que sentía, no dejaba de moverse detrás de mí, era divino.

Yo boca abajo, y con mis piernas que se estiraron en la cama, me sentía morir; Omar seguía penetrando por detrás sin parar; mis brazos y mis codos estaban resistiendo, apoyados sobre la cama, sentía que en cualquier momento cederían y estaría tumbada sobre la cama por completo.

Omar me dijo: ¡eres mía Ariana! ¡eres mía! ¡dime que te gusta! Yo le respondí: ¡si me gusta! ¡soy tuya, no pares! Omar estaba excitadísimo, gemía con más fuerza, sabía que en cualquier momento se correría, yo también ya estaba muy mojada, finalmente mis brazos cedieron, quede tumbada por completo sobre la cama, con la boca pegada a la cama; Omar quedó encima mío, no aguantó más y se corrió dentro de mi culo, sentía como el líquido me llenada toda; a su vez, sentía que Omar me aplastaba el trasero con su cintura, quedó tumbado encima mío, sentía su respiración en mi cuello; agitados los dos, quedamos unidos así por un momento (con Yordy nunca hecho algo así, ni había tenido esa sensación cuando lo hacíamos durante todo el tiempo que llevábamos casados).

Después, nos recostamos en la cama, tirados cada uno a cada lado de la cama, Omar me rodeaba con el brazo, y yo abrazada hacia él. La televisión todavía estaba prendida. Me sentí renovada, como una mujer nueva, aunque con algo de remordimiento por lo que hice.

Ya era de muy noche, tenía que volver a mi casa. Vi mi celular y era casi media noche, me había quedado toda la tarde y hasta esa hora con Omar (no podía creer lo que había hecho).

Fui hacia la ducha, me bañe y vestí para regresar a mi casa, estaba aún atónita por lo que había pasado. Nunca había sido tan sumisa con alguien. Omar me pidió que me quedara, y esta vez no accedí, entonces, me pidió que lo esperada, entro a la ducha, se bañó, se vistió, llamó a un taxi que llegaría en unos diez minutos, fuimos a la recepción, Omar devolvió la llave del cuarto y dejamos el hotel, esperamos a la entrada al taxi que no demoró en aparecer.

Me llevó hasta mi casa, nos despedimos, quedando en comunicarnos luego, baje del taxi y vi las luces del piso de mi casa apagadas; el taxi se fue con Omar, subí hacia mi departamento, ingresé, mi hija estaba dormida en su cuarto, me dejó una nota en la cocina que decía: ¡mamá, te sirves la sopa de la olla, yo ya cené, me tuve que ir a dormir porque estaba muy cansada, me pidió que por favor la despertara muy temprano si se quedara dormida!

Me dieron ganas de llorar en ese momento, solté algunas lágrimas. Cené un poco, luego me fui a mi cuarto, pensé un momento en lo que había hecho, y antes de quedarme dormida, puse la alarma a mi celular para despertarme temprano por si me quedaba dormida.

Al día siguiente me levante temprano y seguí mi rutina habitual. Mi hija no me preguntó sobre mi reunión con mis amigas. Nos fuimos al colegio y luego volví a mi casa. Descanse un rato. Omar me llamo a mi celular a media mañana, conversamos un rato, luego nos despedimos porque él tenía que seguir trabajando.

Después de lo que me había pasado, Yordy llego el sábado muy temprano como me dijo. Ese fin de semana fui al gym y me encontré con Omar, me sentía un poco culpable por lo que había hecho. Al terminar nuestros ejercicios, conversamos, fuimos hacia un cafetín y conversamos sobre lo que hicimos, le explique que lo que sucedió entre nosotros no se repetiría, no quería malograr mi matrimonio ni perder a mi hija, no quería malograr mi imagen, mi reputación, en fin. Cuando terminé de hablar, Omar me escuchó, me tomó de las manos, me dijo que aunque no estaba de acuerdo en dejarme ir, respetaría mi decisión; para él había sido mágico lo que pasó entre nosotros, que era su primera vez, que no me iba a olvidar nunca. Y si yo quería, en cualquier momento le llamara, que estaría allí para ella. Así nos despedimos.

Pasaron algunos meses más, yo seguía asistiendo al gym los fines de semana, y a pesar que no había olvidado a Omar, ya no lo veía en el gym. Solo coincidíamos algunas veces por internet y cuando chateábamos, él no dejaba de recordarme lo mucho que yo le gusto, aunque a mí también me gusta él, debo cuidar bien mi imagen, y no levantar sospechas con Yordy. Sé que ha intentado convencerme para repetir ese encuentro entre nosotros, pero ya no se puede.

Al terminar ese año, y comenzar el siguiente, con mi esposo nuestra relación mejoró un poco, ahora estaba más en casa, tomaba menos, su conducta también mejoro algo. Aunque no he podido olvidar a Omar por lo que pasó ese día; por ello, debo darme mi lugar y seguir por mi hija.

Comencé a trabajar de nuevo, y sigo hasta hoy. Han pasado ya un poco más de 2 años y algunos meses desde ese día en que fui infiel, cuando me pongo a pensar en lo sumisa que fui con Omar, pareciera que ese día y durante todo ese tiempo, no era yo la que actuaba así. No he vuelto a ver a Omar, solo a veces lo ubico en internet. Aunque mantengo mi figura en forma, no falta quien me fastidie.

Sé que me equivoqué, no debí actuar así, tuve un traspié, lo admito. Trato de salir adelante, por mi hija (que ya está por terminar su secundaria), y a pesar que mi esposo cambio, espero nunca llegue a enterarse lo que hice.

El secreto queda guardado en mí, y a pesar de todo, sé que hay que seguir adelante.


Atte.: Ariana.

 

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