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El engaño e infidelidad de mi mujer mejoró nuestra vida sexual

Publicado por RAFAEL el 03/02/2015

EL ENGAÑO DE MI MUJER MEJORÓ NUESTRA VIDA SEXUAL

Nos casamos enamorados. Ella de 20 y yo de 26 años, y todo prometía ser bueno y que el nuestro iba a ser un matrimonio feliz. Duramos un año y medio de novios y si, tuvimos sexo unas cinco o seis veces en ese tiempo, pero nuestra boda fue muy bonita y fastuosa, y lo que hicimos sexualmente era un secreto entre mi mujer y yo. Pasaron varios años en los que vivimos muy bien, viajábamos, compramos algunos bienes, y en el campo profesional me iba bien en mi trabajo como médico, tenía cada vez más clientela y eso nos permitía vivir bastante bien pero no teníamos hijos. Muchas veces discutimos por esto y hasta pensé en que nos separáramos. Mi mujer era hermosa y alegre, muy aficionada a bailar y tener amistades, al contrario mío, que soy más bien sedentario, pero en general nos llevábamos bien. Luego, ya teniendo yo 40 años y ella apenas 34, pasó algo que sinceramente cambió mi manera de ser la vida, el matrimonio y desde luego a mi esposa.

Ella siempre había tenido inclinación hacia la gente de color, y jamás lo disimuló, pero la falta de hijos hizo que los dos buscáramos alguna forma de distraernos o de recurrir a apoyo de tipo espiritual, así que comenzamos a llegar a una iglesia. Una noche llegaron a la iglesia tres personas, una mujer y dos hombres. Eran centroamericanos, e iban a Estados Unidos, y se acercaron a la iglesia para ver si se les podía ayudar de alguna forma. En donde vivimos es frecuente el paso de ilegales, todos en busca del SUEÑO AMERICANO, y ver a tres de ellos no era algo raro. Se quedaron al culto y al terminar éste, pidieron que se les apoyara esa noche.

Se les invitó a cenar algo y se les hizo plática. No sé cómo fue que se dieron las cosas pero el asunto es que, viviendo cerca y teniendo un espacio, se nos hizo fácil ofrecerles que se quedaran esa noche en una casita que, aunque estaba al lado de nuestra casa actual, no ocupábamos pero estaba limpia. Ellos aceptaron y los instalamos ahí, y mi esposa y yo nos fuimos a nuestra casa. Ambas casas se comunicaban por una puerta endeble, y a la mañana siguiente, pude ver que el patio de la casita estaba limpio y había alguna ropa recién lavada en los tendederos. Yo tenía que irme a trabajar a una ciudad vecina, distante 20 kilómetros, así que solo le dije a mi esposa que les diera las gracias y que los invitara a desayunar porque habían dicho que se irían. Pero no se fueron, sino que en la noche pude ver nuestro patio bien limpio, y en fin, todo en orden y acomodado. Los tres ilegales aún estaban en la casita, y me iba a molestar con mi mujer pero ella, adelantándose, me dijo que le habían pedido quedarse esa noche solamente, para descansar, y que se irían al día siguiente. Yo acepté de mala gana pero no me puse a pensar que uno de los dos hombres era más o menos de la edad de mi esposa, un tipo no muy alto pero fuerte, musculoso, y de piel negra, y su nombre era Sergio.

Al día siguiente el otro muchacho y la mujer se despidieron de mí dándome las gracias, pero Sergio pidió hablar conmigo. Al hacerlo me dijo que se sentía enfermo, y se había quedado sin dinero, y que me pedía la oportunidad de quedarse unos días solamente, que no me importunaría para nada, y que si aceptaba, él me lavaría el coche y mantendría limpio el patio. En ese momento recordé que un amigo necesitaba siempre ayudantes y lo llamé por teléfono. Me dijo que si lo aceptaba pese a saber su origen ilegal, y así, Sergio empezó a trabajar con mi amigo en una rutina que iba desde las siete de la mañana en que los dos salíamos de la casa, y hasta las cuatro de la tarde cuando retornaba a casa. Yo llegaba a las siete y no lo veía por ningún lado. Le preguntaba a mí mujer y ella hacia como si no le importara en absoluto y decía:

-No sé si Sergio ya llego, mi amor… he estado ocupada todo el día y ni siquiera me he fijado si llegó o no… ¡Háblale para ver si ahí está! – y yo llamaba a Sergio, que de inmediato salía al patio de la casita y con un gesto me saludaba… y esto se prolongaba ya por casi dos semanas.

El caso es que fui al banco y ahí me encontré con mi amigo, quien me dijo que estaba satisfecho por el trabajo de Sergio, pero al mismo tiempo mencionó que, siendo ilegal, no podía meterlo a trabajar a un complejo en donde ya llevaban laborando cinco días pero que de cualquier modo Sergio se acomedía a trabajar en el taller… aunque salía a las 11 de la mañana. No dije nada y le di las gracias pero me dio mala espina que Sergio no me hubiera dicho nada, así que al día siguiente me fui a trabajar pero llamé al hospital reportándome enfermo y pasada media hora me regresé a la casa. Estacioné el coche a media cuadra y con cuidado me llegué hasta mi casa. Todo estaba en silencio y parecía que no había nadie, así que entré lo más silencioso que pude, empleando mi llave y, ya dentro de mi casa, escuché que de mi recamara salía música.

Subí con cuidado la escalera y vi la puerta entreabierta. Pude ver entonces, reflejadas en el espejo de la cómoda, las figuras de Sergio, el ilegal negro, acostado boca arriba y mi esposa montada encima de él, los dos desnudos por completo, en un 69 que me dejó totalmente frio. Ella le mamaba la verga a Sergio y le sobaba sus huevos, mientras él le hacia el sexo oral a mi mujer. Las lindas piernas de mi esposa estaban rozaban las orejas de Sergio, y por la posición, podía ver la lengua de Sergio metiéndose en la vagina de mi mujer. El culo de mi esposa, blanco, firme y hermoso, se movía en círculos, favoreciendo las caricias de Sergio y solo escuchaba el chup, chup de la verga de Sergio entrando y saliendo de la boca de mi mujer que movía la cabeza de arriba abajo. Conmigo ella se ponía tonta y se negaba a mamármela, pero a Sergio se la estaba mamando muy rico. De repente, ella se sacó la verga de la boca y dijo:

-Humm, papacito, que rica la tienes mi amor…. Te la siento gruesa mi cielo… ¡Con razón todas las mujeres blancas soñamos con una verga así de gruesa y larga, bien metida en nuestro coñito, mi amor! –y al oírla decir esto, sentí que el coraje que había sentido al ver cómo se la mamaba al negro, se desapareció simplemente, y dio paso a una tremenda excitación; Deseaba verla coger con Sergio, y ver si era realmente capaz de hacer con él todas esas cosas que yo le había pedido que hiciéramos y ella siempre se había negado… dizque porque mi verga estaba muy grande… ¡Cabrona vieja mentirosa y putona!

-¿Te gusta mamármela, cariño? ¿Qué a tu marido no se la mamas así, mi cielo? ¡Coño, que lo sabes hacer bien rico, chica! En Honduras son pocas las mujeres que se animan a mamar como lo hacen las mexicanas, mi amor… ¿Todas las mexicanas saben mamar así, mi amor? ¡Porque si es así, créeme que me quedo a vivir aquí, cariño!

-Humm, pues no sé si las demás así la mamen, pero a mi me encanta hacértelo así, Sergio… sentí raro, rico pero raro el día en que te viniste en mi boca… una vez mi marido comenzó a venirse y sus mocos sabían bien feo… en cambio los tuyos saben rico, mi amor… más espesitos, y como dulcecitos, mi cielo… ¡Ay, Sergio, coges rico, y me tienes enculada… ojala no te tuviera que ir nunca!

-Pero tú sabes que me tengo que ir, cariño… pero mientras esté aquí, tu marido me acepte y hasta a su mujer me la preste yo estaré feliz, mi amor… oye ¿Por qué no me dejas metértela por el culito, mi amor? Cuando menos dame ese regalito antes de que me vaya, mi cielo.

-Ya veremos, papacito… ahora quiero que me la metas pero yo arriba… me encanta que me la metas así, mi cielo, porque te la siento hasta la garganta, y además, así puedo mover mis nalgas como a ti te gusta, Sergio, en forma de círculos- y este dialogo tan cachondo hacia que yo estuviera como hipnotizado, solo escuchando y viendo lo que Sergio y mi mujercita hacían. Tengo un arma en un cajón de la sala y pensé que si los mataba en ese momento nadie me culparía, pero no entendía mi reacción, ya que estaba más y más excitado de ver cómo otro hombre, negro en este caso, se estaba cogiendo a mi mujer y que ella reaccionara como lo estaba haciendo, ya que conmigo era más bien callada y difícilmente gemía o decía algo.

De repente, Sergio gritó anunciándole que se iba a venir y nuevamente mi mujer demostró ser muy caliente, ya que pude ver su culo moviéndose en círculos y apretando la verga de Sergio. Los huevos de este, negros y enormes comparados con los míos, estaban pegaditos a su verga y alcancé a ver las contracciones de sus huevos arrojándole el semen a mi mujer que solo se inclinó para besarlo y decirle:

-Ay, que rico siento, papacito… así, así mi amor, échamelos todos… quiero que me llenes mi cuca, así… así mero, déjame exprimírtela mi cielo… ay, que rico coges mi Sergio hermoso… ay, qué feliz me haces papacito- y pude ver cómo la verga de Sergio fue perdiendo vigor hasta que solita se salió del ponche de mi mujer y vi el semen escurriéndoles, a él de la verga ya medio aguadita y a ella de ese ponche hermoso que yo creía que era solo mío… y sentí una erección tremenda, y ahí, oculto como estaba, comencé a masturbarme. Me abrí la bragueta y como chamaco viendo su primera cogida, comencé a moverme la verga hasta que terminé arrojando mi semen en el piso… fue solo cosa de un minuto o poco más, pero una vez que arrojé mi semen, volvió mi mente a la realidad y con cuidado, sin hacer ruido, me alejé de la puerta, bajé con cuidado y terminé en la calle. Fui a mi coche y un montón de cosas pasaban por mi cabeza, pero lo que más me impactó fue ver la forma en que lo que había visto me había excitado. No tenía coraje con mi mujer aunque debía tenerlo. Me fui de ahí, y anduve dando vueltas por algunos lugares, fui al súper y compré dos o tres cosas que en realidad no necesitaba y di tiempo para que Sergio se fuera a la casita y así poder encontrar sola a mi mujer.

Cuando llegué, mi esposa actuó como si nunca en su vida hubiera cogido con Sergio ni con nadie más aparte de conmigo, y sonriente me ofreció de cenar como si nada. Le pregunté por Sergio y me dijo que no sabía de él, que desde dos días antes ni siquiera lo había visto ni se había asomado al patio. Si no la hubiera visto cogiendo con Sergio hacia un par de horas o poco más quizá se lo hubiera creído pero lo negaba con absoluta seguridad. Me senté frente a ella, nos miramos, y entonces ella sonrió y me dijo:

-¿Qué tienes, mi amor? Te veo inquieto… ¿Te fue mal en el trabajo, mi cielo? – y ya no resistí más. Decidí confrontarla y le dije entonces:

-¿Sabes una cosa? Vine hace dos horas y media y pude verte aquí, en nuestra casa, o más bien en nuestra cama, cogiendo con Sergio… No, no te voy a golpear ni nada de eso, porque entiendo que no te forzó a nada. Pude ver que estabas cogiendo con él y que estabas realmente feliz… y el también. No te voy a decir tampoco que no me importa porque sería mentirte. Te amo, y eso no lo puedo evitar, pero me entristece tu hipocresía… me hubiera gustado más que me dijeras que ya no quieres nada conmigo y adelante, no te voy a detener si te quieres ir- y ella me miró inquieta, pero luego sonrió y acercando su mano a la mía, me dijo:

-Mira, me di cuenta que estabas ahí, viéndome a través del espejo, y luego, cuando Sergio terminó, vi que te fuiste, y vi también el semen que dejaste en el piso después de que te masturbarte al verme coger con él… mira mi amor, tu sabes que Sergio es un ilegal, y que él se va a ir, y que jamás va a volver. Si, tienes razón, yo no debí coger con él, pero si he de ser sincera contigo, tenía ganas de hacerlo con un negro… tu sabes que me encantan los negros, mi amor… y Sergio era , creo, la persona indicada, ya que coger con él no pondría en peligro nuestro matrimonio, mi amor… para mí, Sergio fue solo sexo, ya demás, es la primera vez que lo hacemos y supongo que será la última… porque él ya se va, quizá mañana o pasado cuando más… no quiero dejarte ni separarme de ti, porque a ti te amo, y el solo me gusta como hombre y porque coge sabroso y él solo… solo es una verga, mi amor, pero nada más… si, ya sé que le dije muchas cosas y que tú me oíste decírselas pero entiende que fueron cosas del momento, y si, Sergio me gusta pero no como para dejarte… créemelo. Mira, si tú me das la oportunidad, veras que nada de esto se repite y te aseguro que vamos a ser muy felices tú y yo… ¿O tú siempre me has sido fiel?... Se muy sincero y piénsalo bien, y además, me gustó, y te lo digo sinceramente, que te hayas masturbado viéndome coger con otro… eso habla de tu madurez, mi amor… entiéndelo por favor.

-Sí, tienes razón en ciertas cosas… pero entiende que es muy distinto que sea el hombre el que es infiel y otra que tú, mi mujer, me ponga los cuernos… y además, en mi casa y en mi cama… y si, también es verdad que verte con él, bien enculada, me excitó, tal vez como nunca antes lo había estado... ¡Te veías linda mamándosela a Sergio y luego cuando te movías para exprimirle la verga cuando se estaba viniendo! Pero no sé si podría resistir verte haciéndolo de nuevo… o si, al irse Sergio, te dejes coger por otro… o por otros.

-No, mi amor, pero también podemos hacer algo, y si después de eso me dices que debemos separarnos lo entenderé… mira, Sergio se va a ir mañana o pasado, máximo tres días más… mira, te propongo que me dejes coger con él y que nos veas hacerlo… y si después me dices que no podrías vivirlo o hasta gozarlo, sencillamente lo entenderé, mi amor. Es más, si tú lo deseas puedes tomarnos fotos o algo así, y te lo digo para que veas que te tengo confianza. Sergio no creo que diga que no, porque sinceramente él me he demostrado ser de mente abierta en cuanto al sexo… ¿Qué te parece, mi amor? Además, me encanta tu verga, mi amor, tu ternura, y tu educación a la hora de hacer el amor… ya te dije que con Sergio es coger, pero contigo es hacer el amor… ¿No te gustaría que lo intentáramos, mi cielo? –me dijo y al mismo tiempo me besó en la boca y su mano comenzó a sobarme la verga por encima de mi pantalón.

Era algo que sentía superior a mí; por una parte el enojo de verla cogiendo con otro, peor la excitación de estar presente a la hora de los hechos y hasta poderle tomar una foto me hizo aceptar, sin imaginar la cantidad de cosas que acarrearía esa decisión. Esa noche cogimos como tal vez solo lo habíamos hecho de novios, y es que aunque no estaba presente, Sergio ya estaba casi en nuestra cama. Podía recordar la escena de mi mujer con el negro y mi verga se ponía durísima de verdad. Me la mamó, es cierto, y lo hace riquísimo, pero me imaginaba que era a Sergio al que se lo estaba haciendo y eso también me calentaba. Y cuando me vine, por vez primera ella, mi esposa, me dijo que deseaba revivir mi elche en su boca, algo que ni de lejos aceptaba antes… y me vine de manera abundante, y el semen le escurría por las comisuras de sus labios… y como dice por un refrán de por acá, SI ASI ESTÁ EL CAMINITO ¿CÓMO ESTARÁ EL PUEBLITO? dando a entender que si eso era entre nosotros dos ¿Cómo sería estar presente viendo cómo se la cogía Sergio?

Lo hablamos, nos pusimos de acuerdo y ella me prometió que en adelante no cogería con Sergio a menos que yo estuviera presente, y con esa idea me dormí abrazado a mi mujer, y al día siguiente me fui a trabajar pero sinceramente mi mente estaba en lo que iba a ocurrir esa noche. Me costó trabajo concentrarme en mi albor pero al fin llegó la hora de regresar a casa en donde ya me esperaba mi mujer, recién bañadita y vestida discretamente. Me dio un beso y sonriendo me abrazó. Luego, al oído, me dijo:

-Ya hablé con Sergio, papacito; Al principio como que se escamó pero al final aceptó, mi amor. Es más, le dije que si tu deseabas participar yo estaba de acuerdo, mi cielo, y te lo digo ahora a ti, mi amor; Si quieres, pueden cogerme entre los dos… ¿A poco no sería estupendo, mi cielo? Solo hay un detalle por resolver, mi cielo… ¿Quieres que Sergio use condón o que me coja a pelo?... de cualquier manera tengo en el buró un paquete de condones. ¿Quieres comer algo, mi amor, o ya llamo a Sergio? Él está medio nervioso, porque dice que para él también es una experiencia nueva, mi amor, o sea que vamos a ser como quien dice sus padrinos en esto… y hasta jugó conmigo diciéndome que tal vez no se le parara… pero si es así, mi amor ¿Me darías permiso de mamársela para que le levante?

-Claro que sí, mi amor, pero déjame decirte que acepté esto porque creo que es una experiencia que nos va a enriquecer sexualmente, peor también te pido que hagas con Sergio todo, absolutamente todo lo que acostumbren hacer en la cama… creo que ese es el chiste de esto, mi amor –le dije sonriendo aunque un poco nervioso por dentro, lo admito.

Cuando Sergio llegó me saludó y aunque esperaba alguna mirada de burla, se portó tranquilo. Para romper el hielo, mi esposa sacó una botella de licor y sirvió una copita pequeña para los tres. Luego, se sentó en el sofá e invitó a Sergio a sentarse a su lado. Este así lo hizo y yo enfrente en el sillón. Vi como mi esposa tomaba la iniciativa y abrazó a Sergio que rápidamente reaccionó y comenzó a besarla. Era obvia la confianza que ya se tenían porque de los besos simplones rápidamente pasaron a los besos la lengüita y las manos de Sergio exploraban el cuerpo de mi esposa que, discretamente, abrió sus piernas. Bien pronto del muslo pasó a tocar la conchita de mi esposa y, según podía ver desde mi lugar, ella no se había puesto ropa interior, lo que facilitaba la exploración que en ella hacia Sergio.

Ella acariciaba la verga de Sergio por encima de la ropa y podía ver el calibre del arma que en breve estaría dentro el coñito de mi mujer. Siempre he pensado que casi todas las mujeres tienen una fijación con los hombres negros, y debo admitir que la mayoría de ellos tienen la verga bastante grande. De repente, ella besó a Sergio con más intensidad y comenzó a abrirle la bragueta. Luego metió su mano y al sacarla ya apretaba la verga durísima de su amante. Se inclinó volteando a verme a los ojos, sonrió, y me dijo:

-Mira nada más lo que me voy a comer, mi amor… Sergio la tiene rica y dura… Humm, y mira que gruesa y larga la tiene mi cielo… ¿Por qué no traes la cámara, mi amor, para que nos grabes?... anda, está en tu cajón, mi amor –y aunque yo no quería perderme detalle de lo que estaba pasando, me levanté y rápidamente fui por mi cámara de video., y también traje el tripie. Cuando regresé ya Sergio había dejado a mi esposa solo con el sostén, y él mismo solo traía una trusa ajustada que luego supe ella misma le había regalado. Estaba hincado y le daba sexo oral a mi mujer. Me puse al lado de ambos y comencé a emplear la cámara. Era sensacional ver cómo la lengua de Sergio entraba y salía del coño de mi esposa. Ella se depila la conchita o más bien, yo mismo se la depilo, así que era impresionante ver el contraste de la piel blanca de la vagina de mi mujer y la lengua y los labios de Sergio haciéndole el sexo oral… y ella lo disfrutaba mucho, ya que emitía grititos de emoción, jadeaba y gemía de una forma que excitaba.

Luego de que ella tuvo, no sé, quizá dos orgasmos, hizo que Sergio se pusiera de pie frente a ella y lentamente, mirando a la cámara, comenzó a bajarle la trusa a Sergio. Porque le estaba tomando el video, puso cara de sorpresa cuando la verga de Sergio saltó y ella sonrió. Luego, mirándome siempre a la cámara, comenzó a meterse a la boca la cabeza de la verga de Sergio. Aunque la vi hacerlo el día anterior, ahora lo estaba haciendo frente a mí, y para deleite de los tres, y Sergio de verdad hacia las cosas como si yo no estuviera presente, y solo se dejaba llevar por la pasión y por lo que mi mujer le hacía. Ella ya metía y sacaba de su boca, enterita, la verga de Sergio, y con una mano sobaba sus huevos, enormes y con un vello rizado, y con la otra acariciaba las nalgas de Sergio, y es que una fijación de mi mujer había sido, aunque yo no me daba cuenta, las nalgas de los negros, ya que cuando íbamos a Belice, por citar un lugar, ella siempre hacía hincapié en que tal cual negro tenía unas nalgas prominentes. Recuerdo que más de una vez, sin imaginar lo que pasaría mas tarde, yo mismo le dije a ella que, aparte de las nalgotas, estaba seguro que también tenían una vergota y que con ella harían muy felices a sus mujeres… y nunca imaginé entonces que a mi esposa la hiciera feliz la verga negra de un ilegal hondureño… ¡Las vueltas que da la vida! Ya desnudos los dos, se levantaron y como si anduvieran de paseo por un parque, ella tomó a Sergio de su verga erecta y ambos caminaron hacia nuestra recamara. Tuve un momento de duda para entrar detrás de ellos pero mi mujer volteó a verme y sonriendo, dijo:

-Anda, mi amor… monta la cámara para que salga clarito el video… y así estés libre si quieres cogerme tú también, papacito- y asentí con la cabeza, pero había decidido no participar, ya que me interesaba más grabar clarito lo que ellos harían en la cama, pero no se lo había dicho a mi mujer. Entré y me senté en un sillón que ahí tenemos, frente a la cama y por cierto, ella había mandado poner unos días antes de lo que ahora narro, un espejo de buen tamaño justo en la cabecera de nuestra cama, así que el espectáculo iba a estar de fábula.

Como el trato era que actuaran como si yo no estuviera, así lo hizo mi esposa, y de la forma más natural del mundo hicieron lo mismo un 69 que les quedó que ni en una película porno, hasta infinidad de posiciones que de plano me asombraba que mi mujer, a la que tenía por algo conservadora, se animara a hacer a la hora de coger. Es más, pienso que el hecho de que ahora lo estuviera haciendo frente a mi le daba a ella la seguridad de que se podía comportar muy sexual y así disfrutaría más de la cogida que ya le estaba dando su amante, el negro ilegal.

No se negaba a nada que Sergio propusiera. Lo mismo se colocó de a perrito que se montó en Sergio como lo había hecho el día anterior cuando yo los vi coger. Además, ella le volvió a decir que así sentía la verga de su amante hasta la garganta, y pude ver cómo apretaba mi mujer sus nalgas con la verga de Sergio dentro de su panocha, y es que ella tiene el don de tener PERRITO y creo que es una de las cosas de mi mujer que me encularon desde que cogimos la primera vez, cuando sentí que de plano me exprimía la verga con su perrito mordelón… y ahora la vi usándolo con la verga de Sergio. Yo veía, desde donde estaba, los enormes huevos de Sergio y casi podía sentirlos llenos de leche por lo excitado que estaba y las cosas que le decía a mi mujer. En ese momento mi mujer volteó a verme y con voz entrecortada, me dijo:

-¿Co… cómo me veo, papa… cito; se me ve bien… mi culo; Se ve cómo Sergio me la… está me…tien…do?... si quieres… que me… aco…mode, tú me… dices… como, pa…pacito… agh, asi, mi amor, así mi negro, quiero sentirla hasta adentro mi negrito hermoso… así papacito, échame tu leche mi amor, échame todos tus mocos mi negro, quiero sentirlos en mi ponche mi amor –dijo mi mujer y pude ver cómo se contraían los huevos de Sergio, indicando que se estaba viniendo… y le estaba echando la leche a mi mujer en el ponche porque a ninguno de los tres se nos ocurrió que emplearan condón! No me dio tiempo de pedirle que se moviera un poco para grabar su cara o la de ambos, y solo estaba grabando cómo entraba la verga de Sergio en el ponche de mi mujer… pero era tremendamente excitante verlo así de cerca.

Habían estado cogiendo casi una hora desde que comenzaron a fajar en la sala. El rostro de Sergio estaba sudado y mi mujer se veía linda de verdad, con una enorme satisfacción reflejada en su rostro, y bien clavada por su amante y vi cómo ella se inclinó y se besaron y, mientras ella apretaba con su ponche la verga de Sergio éste le apretaba las nalgas a ella, y luego poco a poco ambos se fueron calmando, recuperando su estado normal. Pude grabar cómo la verga de Sergio, ya aguadita, se salió de la conchita de mi mujer, y permanecieron abrazados un momento más. Luego, mi esposa miró a la cámara y dijo coqueta:

-¿Cómo salió todo, mi amor? ¿Se vio todo lo que me hizo Sergio? ¿Me grabaste la cara, mi amor?... ¿tú que crees, Sergio, que nos ponga el video en la TV para ver cómo salimos?- y yo estaba realmente excitado, tanto de lo que había vivido como del dialogo de mi mujer conmigo y con su amante. Vimos el video y Sergio y mi mujer permanecieron desnudos en nuestra cama, abrazados, y de vez en cuando se daba besitos y ella no dejaba de acariciar la verga de Sergio, aunque esta ya estaba aguadita, pero tanto manipuleo de mi mujer hizo que se le parara de nuevo y mirándome con aire travieso, mi mujer me dijo, viéndome a mí, pero dirigiéndose a Sergio- ¿Podríamos repetirlo? ¡Es que me siento caliente de ver todo lo que hicimos!... –y preguntándome a mí, dijo -¿No te gustaría vernos de nuevo hacerlo, mi amor?- y luego viendo a Sergio- ¿Me la podrías meter de nuevo, mi negro, no estas cansadito?- y si, si pudo volvérsela a coger, aunque esta segunda vez Sergio tardó más en venirse, lo que hizo a mi mujer disfrutar más de la negra verga del ilegal.

Sergio se fue una semana después, y esas cinco o seis noches previas a su partida rumbo a Estados Unidos fueron noches de placer para mi esposa, y de un estupendo espectáculo para mí. Debo confesar que en una de esas noches de plano toqué la verga de Sergio y yo mismo se la introduje en coño a mi esposa, y otra vez ella me pidió que me acostara y mientras ella me la mamaba como solo ella sabe hacerlo, Sergio se la cogió desde atrás en la posición de a perrito. Sergio se fue como a las diez de la noche y yo mismo lo llevé a la terminal de autobuses en Minatitlán. Pero antes de irse, mi esposa lo despidió con una tremenda mamada en donde él le echó todo el semen en la boca… y ella estaba feliz. No hemos vuelto a saber de él para nada. Pero creo que esas ultimas cogidas dejaron consecuencias en mi mujer ya que al mes siguiente no le vino su regla y tuvimos una hija. No es negrita pero si algo morena, y tiene su cabello rizado… yo amo a mi hija pero siempre tengo la duda si será hija mía o de Sergio, el ilegal. En cuanto a nuestra vida sexual, la nuestra mejoró de manera notable, y nos convertimos en una especie de cómplices sexuales, y sinceramente, me encanta ver coger a mi mujer con otros pero siempre le he pedido discreción, así que generalmente lo hace cuando salimos de vacaciones… y siempre elegimos lugares donde abunden los hombres negros, de verga larga y gruesa, que son los que le agradan más a mi mujer.

Han pasado ya diez años casi de esto. Mi esposa y yo nos hemos vuelto cómplices sexuales. La dejos disfrutar de vergas extrañas, siempre con discreción, cosa que hasta ahora ha cumplido, y ante la sociedad seguimos siendo un matrimonio muy bien llevado. Vivimos bien, y puedo decir que, después de lo de Sergio, ella se abre más a las confidencias, me cuenta con detalle cómos e la cogieron si no estuve yo presente y si lo estoy, me deja grabar sus encuentros. Me ha preguntado si no quiero cogerme a otra mujer pero, sinceramente, me siento feliz y enamorado de ella, y sé que su necesidad sexual no tiene nada que ver con el amor que siente por mí. A ella solo le entra otra verga y nada más, pero sigue amándome como yo a ella, y solo siendo un marido cornudo y tolerante como yo, es que se puede entender esto.























 

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