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En la playa de nudistas

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Tengo 31 años, me llamo Ana (por ejemplo) y tengo pareja. Me gusta el sexo en muchas de sus variantes y soy bastante morbosa. Podría decir que soy alta, morena, delgada, con mucho pecho. Podría decir que los hombres y las mujeres se giran a mi paso, o que la gente dice que soy atractiva. Bueno, podría decir todo esto y más pero no sería verdad. Tengo el pelo castaño y rizado, un ligero sobrepeso, soy bajita y, eso sí, tengo mucho pecho.

En el sexo, una de las cosas que más me gusta es jugar al exhibicionismo. No lo he practicado nunca ni creo que lo vaya a hacer nunca. A lo máximo que he llegado es a practicar el sexo al aire libre en lugar arriesgados. Y me ha encantado, la verdad. Sólo el hecho de pensar que alguien pueda estar mirando mientras yo me masturbo o hago el amor con mi pareja es algo que me pone a mil.

Pero este fin de semana ha pasado algo que nunca hubiera pensado que llegaría a experimentar en real.

Mi pareja y yo practicamos el nudismo de una manera poco convencional. Nos gusta desnudarnos en la playa y bañarnos desnudos en el mar. La sensación de libertad y naturalidad que se tiene es incomparable. Pero lo cierto es que nos cuesta ir a playas donde haya mucha gente, nudistas o no. Solemos desnudarnos si encontramos playas desiertas o con muy poca gente. Podéis imaginaros entonces cuántas veces practicamos el nudismo… Pues si, muy pocas y casi siempre cuando estamos de vacaciones en las Baleares. Intentamos encontrar calas pequeñas a las que sea difícil llegar, o playas de rocas a las que no vaya mucha gente.

El caso es que este fin de semana fuimos a una cala a la que hacía tiempo que no íbamos. Está en la provincia de Gerona y queda muy apartada de los circuitos turísticos tradicionales. La cala en cuestión es una pequeña extensión de arena rodeada por rocas y pinos. No queda lejos de un núcleo de población importante, pero su localización entre rocas enormes hace que te sientas apartado del mundo, prácticamente como si estuvieras solo disfrutando de los placeres del mar.

Llegamos pronto por la mañana ya que nos gusta poder escoger bien el sitio donde ponemos las toallas. Cuando llegamos la cala estaba casi desierta. Tan solo había un hombre en uno de los extremos. Estaba desnudo tumbado en su toalla. Nosotros escogimos una parte de la cala que quedaba resguardada por una roca, con lo cual no veíamos al hombre ni él a nosotros. A mí me gusta ponerme al borde del mar, lo más cerca del agua posible. Y así lo hicimos.

Nos desnudamos. Sólo el hecho de quitarme la ropa al aire libre hace que me excite de una manera muy intensa. Cuando noto que la brisa y el sol tocan mis pechos noto que mi sexo empieza a palpitar y a humedecerse. Él lo nota, me conoce la mirada, sabe perfectamente cuándo estoy excitada y cuando no. Me miró y me sonrió. A veces las palabras sobran.

Me quité la parte de abajo del bikini y me senté en la toalla. Empecé a ponerme crema. Los brazos, las piernas, los pechos. Me dedico especialmente a ellos por varias razones: debo protegerlos con un cuidado extremo ya que su piel es muy delicada, me encanta acariciarlos, me encanta que mi pareja vea como los acaricio, me gusta exhibirlos y me parece una manera muy morbosa de hacerlo.

Al poco rato de estar tumbada al sol me meto en el agua. Está transparente y fresca. La sensación que recorre mi cuerpo es indescriptible. El hombre del final de la cala está también en el agua, mi novio está leyendo el periódico, también desnudo. Decido nadar un rato. No os imagináis cómo estoy disfrutando…

Vuelvo a la orilla lentamente, sintiendo el agua recorriendo cada rincón de mi cuerpo. Cuando me voy acercando veo que una pareja está llegando a la cala. Antes de salir del agua veo que extienden sus toallas en el centro de la cala, entre nosotros y el hombre solo, detrás de la roca. -Bueno, al mismo mantendremos la intimidad.- Yo me quedo en la orilla retozando. Observo como se desnudan. Él me deja impactada. No tiene un cuerpo escultural, es más bien delgado, pero está moreno, tiene una piel que parece muy suave y, lo que más me llama la atención, su polla. Es impresionante. La tiene fláccida pero es muy grande. También está morena y es muy bonita, dan ganas de acariciarla. Tiene el glande enorme. No sé, es preciosa. Por un momento envidio a su compañera con todas mis fuerzas.

Decido salir del agua. Estoy muy excitada. Lo hago lentamente, plenamente consciente de que me estoy mostrando, de que estoy intentando provocar. Él me mira fijamente a los ojos. Esto me excita todavía más. Ella se está poniendo crema y no está por el paisaje. Salgo del agua y voy caminado por la orilla hasta mi toalla. Me tumbo boca abajo e intento disimular una sonrisa. Doy gracias al cielo por ser mujer. Si fuera hombre no podría disimular mi excitación. Estoy demasiado excitada como para limitarme a tomar el sol.


-¿Me pones crema en la espalda? No quiero quemarme y el sol está muy fuerte hoy.

-Claro cariño- responde Alex. Empieza a extenderme la crema por la espalda y los hombros, va bajando hasta el final de la espalda.
-¿Sigo?- me dice.

-Sí, el culo y las piernas también, por favor.

Alex ya sabe qué quiere decir esto. Ya sabe que estoy excitada y que necesito que me acaricie de manera sutil, para acrecentar mi deseo de forma gradual.

Empieza a esparcirme crema en el culo, abriéndome y cerrándome las nalgas de manera casi imperceptible. Sigue por las piernas, no deja un trozo de piel sin crema. La cara interna de los muslos. Cuando pasa su mano por ahí ya estoy perdida. Mueve su mano desde la cara interna de la rodilla hasta la ingle. Cuando está aquí arriba aprovecha para rozar mi sexo muy levemente con sus dedos. Es en ese momento cuando yo le facilito el trabajo y abro mis piernas ligeramente. Él sabe que esa señal le permite avanzar. Vuelve a subir y esta vez me acaricia con más intención. No puedo estar más mojada. Alex sigue y cada vez toca más mis labios vaginales y menos mis piernas. Hasta que se dedica en exclusiva a mi sexo. Yo no puedo más. Elevo el culo para que él tenga un mejor acceso. Abro más las piernas. Él ya está dedicado por completo. Sus dedos recorren mi coño desde atrás, se deslizan arriba y abajo gracias al flujo que desprendo. Localiza mi clítoris y empieza a hacer movimientos circulares con sus dedos. Yo no puedo más. Ya ni pienso que estoy en una playa y que alguien puede verme. Alex sigue, aprieta mi clítoris cada vez más, yo junto las piernas para darme todavía más placer. Estoy a punto de llegar al orgasmo. …. Lo hago en silencio.

Tengo que ir al agua. Estoy sudando. En cuanto me doy la vuelta y me levanto le veo. Está bañándose, pero no nada. Está de pie en el agua mirándome. Lo ha visto todo, lo sé. Me ruborizo, aunque al mismo tiempo me excito sólo de pensar que ha podido ver como me estaban masturbando, que ha visto mi sexo abierto y mojado. Voy hacia el mar, no hay vuelta atrás. Él me mira fijamente. Yo a él, le aguanto la mirada. Intento poner toda la cara de inocencia que puedo, no sé si lo consigo. Cuando entro en el agua el frío me alivia. Estoy tan caliente… Me giro para ver cómo está Alex. Está tumbado boca abajo, descansando.

El chico y yo simplemente nos miramos. No puedo evitar recordar su polla. La imagino en mis manos, en mi boca. Supongo que él adivina mi cara de excitación. Me saluda con la cabeza, yo le respondo con un hola más bien seco. Estoy cortada. Él me sigue mirando fijamente.


-Me ha gustado verte. Mucho. Y no tiene por qué avergonzarte.-

Me ruborizo y no acierto a responderle nada. Simplemente le miro con cara de niña avergonzada.

Él avanza hacia mí, yo estoy petrificada. Finalmente pasa por mi lado y me guiña un ojo. Cuando me sobrepasa decido ponerme a nadar y no parar hasta que llegue a Italia.

Me canso antes. Agotada de todo un poco regreso a mi toalla. En ese momento Alex me dice que está sediento y que se ha terminado el agua. Que va a ir a por unos refrescos al pueblo. En parte lo agradezco, estoy demasiado turbada por lo que ha pasado y me apetece estar sola un rato. En el fondo me gusta que ese chico me haya visto. Me tumbo boca arriba intentando no pensar en nada. Al cabo de 5 minutos noto que el sol no me da en la cara. Abro los ojos y él está allí, de pie, mirándome a los ojos otra vez. Está desnudo. Me cuesta no desviar la mirada hacia su sexo.


-¿Puedo sentarme un momento a tu lado?-


-Sí, claro- Me incorporo un poco turbada por mi desnudez y por la situación de antes.


-Me he quedado preocupado por si te he violentado antes mirando.-


-¡No, no, qué va!- miento yo.


-De todas maneras venía a decirte que me ha parecido precioso lo que he visto y que no tienes porqué sentir vergüenza.-


-No, si vergüenza no siento- vuelvo a mentir. -Es que no esperaba que hubiera alguien mirando. Y menos tu.-


-¿Y menos yo? ¿Por qué?-


-Pues… porque… no sé, antes te he visto y..-


-¿Y?-


-Pues que me has parecido muy atractivo. Y cuando alguien te parece atractivo supongo que tiendes a idealizarlo y me he sentido muy rara cuando he sabido que me habías visto.-


-Pues te repito lo que te he dicho antes: me ha encantado, me ha parecido delicioso y he disfrutado mucho viendo como te daban placer. Además, me parece que tienes un cuerpo maravilloso, hecho para tener sexo.-


-Vas a hacer que me ruborice.-


-Y tu vas a hacer que me descontrole.-


-¿Cómo? ¿A qué te refieres?-

Parece mentira pero no me había dado cuenta que ese portento de polla estaba aumentando de tamaño. Estábamos tan cerca… Era tan apetecible…


-Me gusta como la miras. Pones una cara de niña pequeña y de mujer a la vez… Una cara de deseo que me encanta.-


-A mi me gusta mirarla. Me ha impactado. Y lo sabes.-

Nos mirábamos como si nos conociéramos, entre nosotros saltaban chispas. El deseo traspasaba nuestras miradas.


-¿Y tu novia?- pregunté yo.


-No es mi novia. Simplemente es una de mis mejores amigas. Ha sido ella la que me ha sugerido que viniera a hablar contigo.-


-¿Ella??? ¿Por qué?-


-Le expliqué que os había visto y que no podía dejar de pensar en tu cuerpo. Le he dicho que de alguna manera me has impactado y que necesitaba hablar contigo, tenerte cerca, oír tu voz, saborearte… Me has excitado tanto antes. Me han entrado unas ganas de devorarte…

Mientras decía esto yo notaba que volvía a humedecerme. Sentía mi sexo palpitar de nuevo. Necesitaba tocarle con mucha urgencia, antes de que volviera Alex. No pude esperar más y acerqué mi mano a su polla. Pasé mis dedos suavemente por el tronco. Era aún más suave de lo que me había imaginado. Estaba ya erecta y era aún más bonita de cerca. Seguíamos mirando mientras le acariciaba.


-Sabía que sabrías tocarla.-


-Lo necesitaba tanto…-

La rodeé con mi mano y empecé a moverla arriba y abajo lentamente, deslizando la piel. El glande me apuntaba y no podía dejar de mirarlo.


-Me apetece tenerla entre tus pechos. Llevo mucho rato deseándolo.-


-Tendrás que esperar- contesté. Me apetecía tanto lamerla que no podía entretenerme con eso.

Así que me agaché y deslicé mi lengua desde la base de su polla hasta el glande. Como si de un polo se tratara seguí lamiendo arriba y abajo. Luego me dediqué a la punta. Empecé a dar vueltas con mi lengua en la cabeza de su enorme polla. Estaba salada. Le daba toquecitos con la punta de mi lengua dura. Le oí gemir muy discretamente. Era toda para mí y ya no podía espera más a tenerla toda en la boca. Empecé por meterme sólo la punta, sorbiendo como si la mamara, después la aprisioné con mis labios y estos empezaron a bajar despacio. No podía metérmela entera en la boca, era demasiado grande, lo prometo. Le imprimí ritmo a la mamada, ya no por él sino por mí. Estaba tan excitada que el ir deprisa con él era como ir deprisa conmigo. Era como si me estuviera penetrando y necesitara cada vez un ritmo más frenético. Antes de que eyaculara empecé a ir más lenta. Hasta que separé mi boca de su polla.


-No pares ahora, por favor- suplicó.

Pero yo tenía otros planes. Me tumbé boca arriba en la toalla y le dije que se sentara en mi pecho. Entendió qué me proponía y lo hizo. Puso su polla mojada entre mis pechos. Yo los apreté para evitar que escapara y él empezó a moverse hacia delante y hacia atrás. La seguía teniendo tan cerca de la boca…


-No sabes cómo me gustan tus pechos…-

Él siguió moviéndose. La punta de su polla llegaba ya a mi boca, y cada vez que lo hacía la lamía, no podía evitarlo. Hasta que él se corrió en mis pechos. Fue genial.

Salió de encima de mí y se tumbó cansado en la arena.


-No lo olvidaré nunca.- dijo exhausto.


-Ni yo.-


-¿Sabes? Necesito comerte ahora mismo. No puedo evitarlo. Necesito saber cómo sabes y llevarme este recuerdo conmigo.

Seguramente estaré siempre arrepentida, pero tuve que decirle que no.


-Mi novio estará a punto de llegar.- dije con pesar.


-Lo entiendo. Sólo quiero que sepas que ha sido un auténtico placer verte, hablar contigo, estar contigo… y que solo me ha faltado saborearte.-

 

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