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En un bar de machos

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Un sábado ordinario acostumbro dedicarme a cumplir con los pendientes personales que no pude realizar durante mis ajetreadas semanas.
Duermo unas dos horas por la tarde, y dependiendo del nivel de calor de mis "hormonas" consecuencia de mi actividad o mi inactividad sexual en la semana, me siento frente a la computadora, leo relatos, bajo fotos de hombres hermosos o chateo con amigos, conocidos y no.
Si es posible, activamos la web cam y nos vemos ambos desnudos, me he masturbado muchas veces con mis corresponsales; he conocido a varios de ellos personalmente y la hemos pasado realmente bien, con excepción de un tipo que con engaños me invitó a su departamento y me exigió dinero. Pero eso, como dijo "Nana Goya", es otra historia.
El pasado sábado 17 de julio, estuve un rato en la computadora, abandoné, no tenía ánimos para escenas, imágenes o pláticas calenturientas que no siempre son reales; algo me ocurría, mi necesidad de compañía, de afecto y de una charla constructiva me interesaba más que una calentura.
Me di un baño reconfortante, apliqué mi mejor colonia, peiné mi bigote y me vestí con mis mejores galas y salí, sin rumbo. Habitualmente me muevo en taxi, paré uno y cuando me pregunta a dónde voy, mencioné el primer lugar que me vino a la mente: un bar discreto, elegante y de muy buen nivel.
Algunas veces acostumbro ir por allí; el ambiente es "Vaquero", la decoración semeja una taberna del Viejo Oeste, a todo lujo, el servicio es excepcional, bastante caro, desde luego, lo bueno cuesta. Entré al local y me encontré con todas las mesas ocupadas, de igual modo la barra de la cantina. Un tipo muy interesante me invitó a acompañarles a él y a su "compadre", como me dijo.
Tomé asiento, agradecí la atención, pedí al camarero tres cervezas y ellos me dijeron que no era necesario, que ya les ha tocado permanecer de pie varias veces. Como es propio de este tipo de situaciones, empezamos por las presentaciones, Gustavo el más joven de los dos, 24 años, es un muchacho interesante más que por sus atributos físicos a simple vista, brazos fuertes, bigote bien recortado, vellos que sobresalen el cuello de su camisa y ropa de marca, por su trato amable, a pesar de verse muy machito, sus modos son finos, educados, muy cortés me dice que no me habían visto en el lugar y les expliqué que muy esporádicamente me escapo hacia allá.
Ezequiel el mayor, 45 años, es algo calvo, blanco, ojos muy expresivos, velludo y según se veía más alto que Gustavo mostró un carácter más firme, más decidido, sin embargo su voz gruesa y su tono autoritario no le quitaban lo cortés.
Platicamos un buen rato sobre nuestras respectivas ocupaciones. Yo, de la manera más discreta posible, recorría con la vista las mesas circundantes y entonces sí mi libido se despertó. Una cantidad impresionante de hombres deliciosos eran los parroquianos en aquel momento; desde luego que me contuve al recordar que me encontraba en un "Bar de machos".
En un momento dado me levanté al baño, ocupé uno de los dos gabinetes y empecé a orinar, disfrutando la fuerza de mi chorro en el retrete; por algo que no pensé, no ocupé un sitio en uno de los mingitorios. Estaba guardando mi arma cuando se abrió la puerta y era uno de los vecinos de mesa, hermoso el cabrón, muy alto, patón, de botas vaqueras, camisa entreabierta hasta la mitad y tapizado de rizados pelos negros... me calenté inmediatamente.
Salí, fui al lavamanos, ya con mi mente ocupada en imaginar la verga de quien orinaba; sería ocioso describir un instrumento enorme, grueso y cabezón, porque en esos momentos entró Gustavo mi compañero de mesa, se colocó en el urinal más próximo al lavabo y sacó su pieza: una verga "normal", quizá 15 cm, medianamente gruesa, pero recta, hermosa; mientras me secaba las manos, sentí alguna insistencia de su parte en mover su verga, como llamando mi atención. Salí de inmediato.
Regresé a la mesa y Ezequiel comentó que a cada rato llegaban más clientes, que debía ampliarse el local, etc. Regresó Gustavo, estuvieron bromeando finamente acerca de que hay tanto cabrón entre los clientes que se las dan de machitos pero son muy putos. Me preguntaron qué opinaba yo de los putos y les dije que para mí son las personas más creativas, inteligentes y capaces de establecer lazos humanos. Esa es mi opinión real. Toda mi vida me he asumido y autoaceptado como homosexual.
En mi siguiente vuelta al baño, coincidí con Ezequiel en mingitorios vecinos.
Yo estaba terminando de sacudir mi verga y él expuso la suya, a medio parar, definitivamente más grande que la de Gustavo, mucho más gruesa y con una cabeza acorde al diámetro del tronco. Sólo que él abrió su pantalón vaquero y lo bajó algo, mostrando parte de sus nalgas peladísimas, redondas, grandes, antojadizas.
Salimos juntos del baño, llegamos a la mesa y Gustavo pregunta si estábamos de "mañosos". Los dos nos reímos y seguimos la plática trivial.
De pronto, Ezequiel pidió la cuenta de consumo, asumió lo de los tres y se despidió. Algo que me inquietó fue que le dijo a Gustavo, "Ya sabes, compadre".
Tomamos una cerveza más Gustavo y yo, hablamos del smog y la contaminación. Fue entonces que me invitó a ir en su camioneta a la Meseta de Chipinque, en la Sierra Madre, unos 15 km. hacia arriba... es un barrio residencial. Acepté, nos fuimos, llegamos a una casa de muy buena factura y entramos al amplio jardín. Condujo la camioneta hasta el fondo de la cochera, me comentó que había un mirador fabuloso, con una vista increíble del Monterrey de noche.
Al bajar, se aleja un poco y empieza a orinar. Mientras escuchaba su potente chorro, reconocí que me dejé llevar de nuevo por la calentura; desde el momento en que acepté ir a ese sitio en la camioneta, solo con él sabía lo que me esperaba. Gustavo termina de orinar pero no guarda su verga que ya estaba bien parada; me dice: "Esta chingadera que no se quiere aplacar me imagino que tú andas igual, pinche calentura".
Le contesté que sí, que quizá el calor, la cerveza, el paisaje o la compañía me habían calentado y entonces saqué mi verga para mear, pero él siguió moviéndose la suya. Terminé de orinar, Gustavo se acercó y me la apretó...
sentí que me electrizaba, se inclinó para meterla en su boca y, en ese instante, el portón se abrió. Yo temblé y él me dijo, no te apures, es mi compadre Ezequiel, él es el dueño de la casa, ahora que entremos sabrás lo bien que lo vamos a pasar.
Ezequiel gritó "Míralos, cabrones mañosos, no me pudieron esperar". Cerró la puerta de su coche y abrió la puerta principal de la casa. Entramos a un ambiente delicioso, una decoración de primer mundo, amplios ventanales, descorrió las persianas y apareció Monterrey de noche, espléndido.
Mis dos amigos se fundieron en un beso profundo, se empezaron a manosear y me llamaban... empecé a abrir sus camisas y a enredar mis dedos en sus peludos pechos, los dos estaban deliciosos. Pronto, Gustavo me dio el primer beso, mientras Ezequiel me desnudaba. Estábamos los tres calientes, muy calientes y no se hizo esperar el tirarnos en la alfombra y propinarnos una mamada triple de antología. La verga de Ezequiel era mucho más gruesa de lo que supuse, como me gustan.
Mudando posiciones, Gustavo me hizo poner de rodillas, se acercó y su verga entró en mi boca que, engolosinada la lamió, la recorrió con la lengua alrededor de la cabecita, a lo largo de su tallo hasta llegar a sus huevos, mientras mi mano hurgaba en medio de sus nalgas hasta que encontré un culito caliente.
En tanto, Ezequiel se acostó detrás de mí, abrió mis nalgas y con su lengua dio cuenta del calor que encerraba mi culo deseoso ya de ser ocupado por una buena verga y no demoró en hacerlo. Me penetró firmemente, fue enterrando su garrote despacio al principio y furiosamente después... cuando yo intentaba pujar por el dolor placer que estaba sintiendo, la verga de Gustavo explotó en mi garganta. No recuerdo un momento más caliente que sentir la boca llena de espesos y agridulces mecos, no demasiados, pero suficientes para halagarme, a la vez que sentir una verga enterrada hasta los huevos en mi culo.
Ezequiel se retiró de mi agradecido culito, todavía sin haberse corrido y me hizo colocar de espaldas... me puso su verga en la boca y empecé a succionarla,notoria la diferencia entre una y otra, pero igualmente mamable...
Gustavo en tanto,vino a mi verga y me ha propinado una mamada que me hizo correr casi de inmediato en su boca... retiró a Ezequiel y me ofreció mi propia leche en un beso en el que compartimos el placer de estar juntos.
Terminado el acto, nos fuimos a la tina de baño, nos aseamos, comentamos lo importante que es actuar con respeto sobre todo, compartir nuestras preferencias sexuales y quedar tan amigos.
Ezequiel se ofreció a acercarme a mi casa, así lo hizo y nos despedimos no sin antes intercambiar números telefónicos.
Hace cuatro días, recibí su llamada. Quedamos de vernos el miércoles 28 de julio, me habló de ir al teatro y luego hablarle a Gustavo, si yo estaba de acuerdo para tener una sesión sexual con etiqueta de "interminable".

 

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