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Mi vecina rocio

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Hace ya 17 años que vivimos en la misma casa y ese es el tiempo que conozco a unos de mis vecinos. Él tiene 57 años y ella 48. Tienen dos hijos entre los 25 y 27 años. Siempre nos hemos llevado muy bien, de hecho nunca hemos puesto ningún artilugio en la alambrada del jardín para no vernos las caras, como hacen muchos y hemos tenido muchas conversaciones en las noches de verano, cada uno sentado en su jardín. Él está jubilado y casi nunca está en casa, ya que siempre anda por las casas de sus hermanos en otros pueblos cercanos. Ella trabaja por las mañanas y a eso de las cuatro y media o cinco de la tarde llega a casa. Siempre que nos vemos nos saludamos y, desde hace mucho, siempre que me ha sido posible y se ha terciado en las conversaciones, siempre le he hecho comentarios picantes y con segundas. Mi vecina Rocío es una mujer morena, con grandes ojos negros. Medirá 1 metro 65, está fuerte, sin estar gruesa y tiene un pecho generoso. En los últimos años se ha estropeado un poco debido al trabajo que desarrolla, pero está de muy buen ver.

No hace mucho, salíamos a dar un paseo mi mujer, mi hija y yo y nos la encontramos barriendo la entrada de la casa. Enseguida vino a saludar a mi hija, que es pequeña y tiene debilidad por ella.

-“A ver si termino y me voy a dar una ducha, que estoy cansada porque he venido del trabajo y me he ido a andar, haciendo 12 kms “ -“¿Y vas tu sola, Rocío?”, le preguntó mi mujer -“Sí, claro, con quien voy a ir, si están todos por ahí. Siempre me dicen que no vaya yo sola por el monte, pero como yo les digo ¿quién va a querer hacerme algo a mí?, si ya no estoy para esas cosas”Aproveché ese momento para decirle: -“Yo creo Rocío, que lo esencial sigues teniéndolo, y bien puesto, así que me pido primero para hacértelo” -“Ay que cosas tiene tu marido, teniéndote a ti en casa, ...me dice unas cosas” y se reían las dos -“Hombre, Rocío, creo que al menos deberías llevarte el móvil, ya no porque te vayan a hacer algo, pero piensa que a lo mejor te tuerces un tobillo, y, entonces, ¿qué harás?” -“En eso tienes razón, Roy, a ver si el próximo día me acuerdo y me lo llevo”Nosotros nos fuimos a dar nuestro paseo y Rocío siguió con sus quehaceres.

Hará una semana estaba yo solo en casa, ya que mi mujer se había ido con su hermana y la niña de compras y sonó mi móvil. Era Rocío, me había hecho caso y se había ido a andar con su teléfono y se había hecho daño en el tobillo. Me dijo que como sus hijos estaban trabajando y su marido estaba en otro pueblo, a más de 100 kms de casa, pues que había pensado llamarme a mí por si podía ir a buscarla. Me dio una situación, casi exacta, de dónde estaba y, después de dejar una nota para mi mujer, fui a buscarla con el coche. Tuve que dejarlo a unos 50 mts. de dónde ella estaba porque el camino se hacía bastante intransitable para mi coche.

-“Anda, Roy, antes lo dices y antes me tuerzo el tobillo. La próxima vez te estás calladito”Sabiendo yo que lo decía en broma, le contesté: -“Anda Rocío, no disimules, que lo que tú querías es estar conmigo a solas...
-“¿Y para que querría yo eso?”, me preguntó inocentemente -“Pues para que te haga esas cosas que nadie te quiere hacer...según dijiste el otro día” -“Anda, no seas tonto y ayúdame a llegar hasta el coche”

Vestía un pantalón corto y una camiseta de amplio escote y el sujetador que llevaba no era muy firme, así que los pechos se bamboleaban cuando ella andaba. Le ayudé a llegar hasta el coche y como le tenía que sujetar para poder andar, intenté sobarla todo lo que pude, pero con disimulo. También fueron ágiles mis manos cuando le ayudé a entrar en el coche y cuando le puse el cinturón de seguridad, haciendo una vista rápida en su escote para ver sus senos englutidos en el sujetador. Llegamos a su casa, aparqué el coche en la puerta de su garaje y despacito fuimos abriendo y cerrando las puertas hasta llegar a su dormitorio, dónde le ayudé a sentarse en la cama.

-“Bueno, gracias por traerme, ahora esperaré a que venga mi gente, a ver si esto ha dejado de dolerme” me dijo -“Suelen venir a eso de las nueve de la noche, ¿no?” -“Sí, aunque Rafa (su marido) quizás llegue hoy más tarde” -“Antes de irme, te voy a dar un masaje con ésta pomada antiflamatoria que he traído”

Fui al baño a lavarme las manos y, de paso, me lavé otras cosas. Cogí la toalla del bidé, la humedecí y volví a la habitación. Le quité los deportivos y los calcetines y empecé a darle un masaje en el pie y talón accidentado. Cuando acabé, me fijé en su pantalón y le dije: -“Oye, ese pantalón te está estrecho, ¿no te aprieta?” -“La verdad es que sí, me aprieta un poco, pero es que es muy cómodo para andar” -“Pues lo vamos a tener que desabrochar, para una mejor circulación sanguínea y vamos a recostarte en la cama”Me acerqué a ella para tumbarla y aproveché para volver a mirar sus senos. Ella se dio cuenta y me dijo: -“¿Qué me miras tanto? ¿Antes en el coche y ahora?” No era la primera vez que yo me fijaba en sus formas y ella lo sabía.

-“Siempre que te asomas por la alambrada para hablar con mi hija, te agachas para poder hablar mejor con ella, ¿no?”, le contesté -“¿Sí, pero que tiene que ver?” -“Pues que siempre que te agachas, yo te estoy mirando, tú lo sabes, porque te has dado cuenta. Y muchas veces no llevas puesto el sujetador y te veo las tetas. A veces te cortas y te pones la mano, sujetando la camiseta, pero otras veces no lo haces” -“Es verdad” -“Y hace una par de semanas, un día al atardecer saliste a recoger la ropa tendida en la cuerda. Yo estaba en la tumbona, cerca de la alambrada, y tú llevabas la camiseta esa larga, que sueles llevar a menudo” -“Sí, es que acababa de ducharme y necesitaba alguna ropa tendida para vestirme” -“Sí, me imagino que necesitarías unas bragas, porque cuando te agachabas para dejar las pinzas en el cestillo, te veía el culo y un par de veces el potorro, ya que no llevabas las bragas puestas” -“Cuando salí al jardín, no te vi y cuando lo hice, al verte allí quieto, pensé que estabas dormido, hasta que cuando ya me iba, te vi mirándome. Me dio vergüenza, así que salí casi corriendo” -“Sí y se te cayó parte de la ropa y volviste a enseñarme el culo al recogerla” -“¿Pero porqué me cuentas eso ahora?” -“Pues muy sencillo Rocío, porque esas tetas, ese culo y ese potorro que te he visto, poco y de lejos, quiero verlos ahora, de cerca y tocarlos” -“Huyyy, no, no, no, Roy, no me puedes decir esas cosas, estamos casados, tu mujer debe de estar en casa, mis hijos y mi marido van a llegar, no puedes pedirme eso” -“Mira Rocío, tú misma has dicho que tus hijos llegaran a eso de las nueve y que Rafa llegará más tarde y, todavía no son las siete, así que tenemos tiempo. Mi mujer se fue de compras con la niña, y encima con su hermana. Y después de comprar irán a tomar alguna cervecita, que las conozco, así que llegaran tarde a casa y cuando lo hagan, leerá la nota que le he dejado y llamará por teléfono, así que tenemos tiempo de sobra” -“Sí, pero es que llevamos muchos casados y tenemos hijos y.....”

Yo le dejé hablando y contando sus historias mientras, despacito le sacaba la camiseta. Después la recosté en la cama, le desabroché el pantalón y se lo saqué. Lo curioso es que ella seguía razonando y dando explicaciones o excusas para no hacerlo, pero me facilitaba mi trabajo para desnudarla. Le desabroché el sujetador y se lo quité. Empecé a bajarle las bragas y ella misma alzó el culo para que me fuera más fácil sacárselas. Tenía ante mis narices un gran chochete, bastante peludo, pero muy recortadito por los lados y con grandes labios vaginales. Lo olí y como me suponía, olía fuerte. Después de la caminata que se había dado Rocío era normal que oliera, así que cogí la toalla de bidé humedecida que había traído antes y empecé a limpiárselo. De repente, Rocío se calló, me miró y me preguntó que hacía.

-“Me gusta comerme las cosas límpitas” le contesté -“Eh, pero si estoy desnuda, ¿cómo has podido desnudarme?” -“Qué simpática eres Rocío” le dije y antes de que pudiera decirme más cosas, le separé las piernas y mis dedos empezaron a juguetear con su vello púbico. Acerqué mi cara a su sexo y mi boca empezó a recorrer sus más recónditos rincones. Observé sus grandes labios y se los separé a base de lengüetazos. Una vez separados, los sujeté con los dedos de una mano y empecé a pasarle la lengua por toda la vagina. Ella había dejado de protestar y se dejaba hacer, estaba muy húmeda y empecé a saborear, a degustar, a beber, a absorber todos sus jugos. Mi lengua golpeaba su erecto clítoris, succionándolo hasta quedarme sin aliento. Su cuerpo se movía, se estremecía, ahogados gemidos de placer salían de su garganta hasta que un tremendo orgasmo sacudió todo su cuerpo.

Alcé mi cuerpo rodeándole la cintura con mi brazo y atrayéndola hacía mí. Su boca me buscaba y me encontró. La besé largamente, dándole a probar sus propios jugos vaginales y aquello le gustó, me cogió la cabeza, sujetándola, y me metió la lengua profundamente, mientras con una de sus manos me agarraba el pene y lo apretaba violentamente. Terminado el beso, soltó mi miembro, momento que aproveché para levantar una de sus piernas y pasar mi pene por su sexo, que estaba muy jugoso. Lo introduje lentamente y, a mitad de camino, de un solo empuje, lo hundí hasta lo más profundo de sus entrañas. Volvimos a besarnos y con mi mano recorría su cuerpo de arriba abajo. Mis movimientos se iban acelerando, acompasados, cada vez me movía más rápido. Las piernas de Rocío se entrecruzaron con las mías, sus uñas se clavaron en mi espalda y mientras echaba la cabeza para atrás, emitió un gemido ronco, dándome a entender que otra vez había llegado al orgasmo, pero ésta vez más bestial que el anterior. La sujeté entre mis brazos durante un rato, mientras le besaba el cuello y mesaba sus cabellos con mi mano y esperé a que se relajara. Una vez llegado a ese punto, la recosté en la cama y pasé la lengua por sus pezones, que todavía estaban erectos. Los acaricié y me dediqué largo rato a besarlos y chuparlos. Los cogía y los sobaba. Le apretaba los pezones y volvía a chuparlos. Le seguí acariciando durante largo rato. Miré de reojo el reloj de la mesilla. Se estaba haciendo tarde.
-“Rocío”, dije,” me gustaría seguir contigo y seguir haciendo un montón de cosas, pero creo que debemos arreglar esto un poco, además me interesa estar en casa para cuando lleguen mi mujer y mi hija” -“Sí, es lo mejor, anda, ayúdame”Le ayudé a incorporarse, curiosamente, el tobillo se había deshinchado y ya casi no le dolía. Fuimos al cuarto de baño y se lavó sus partes. Le ayudé a vestirse y bajamos las escaleras, dejándola sentada en el sofá del salón. Puse la tele y le besé. Cuando ya mi iba, me dijo: -“Oye Roy, eso de querer desabrocharme los pantalones para una mejor circulación sanguínea....
-“Hombre, Rocío, éste no era precisamente el caso para hacer eso, pero alguna excusa debía poner para poder acercarme tan íntimamente a ti....”Y mientras salía de la casa, pude oír, perfectamente, a Rocío como murmuraba “cabrón...”

 

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