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Polvazo en la oficina

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Hoy le voy a platicar de Liz, una mujercita menudita, en el tiempo que la conocí tenía 22 años, apenas 1.48 de estatura, unos 40 a 41 kilos de peso y con todo en su lugar, o sea a su tamaño, unas tetitas y una nalguitas que resultarían pequeñas si se les ve como eso en su individualidad pero que armonizan primorosamente con su cuerpo ya en su conjunto. Ella es de piel apiñonada, cabello negro y lacio, ojos avellanados que siempre reflejan un brillo muy especial y una sonrisa de oreja a oreja que siempre enmarca su cara.

A Liz la conocí en el trabajo, si algo tengo y he respetado es el no meterme con la nómina, pero ella fue algo que paso sin pensar, sin premeditar, simplemente ocurrió. Corría el año de 1995 el mes de Abril para ser más exacto, ella fue contratada como secretaria del área de ventas y yo tenía a mi cargo el área de egresos, como toda gente que entraba en la organización era presentada lugar por lugar, como a media mañana llegaron a mi cubículo y me la presentaron, Liz estaba algo cohibida y nerviosa y después de la presentación solo alcanzo a salir de sus labios un temeroso “mucho gusto” y nos dimos las manos, fue ahí cuando sentí un fogonazo dentro de mi, al sentir su mano hecho un nudo de nervios, sudorosa y fría me estremecí en exceso, ella a su vez sintió más o menos lo mismo, pues su sonrisa nerviosa cambió radicalmente, por una más cálida y sin más ella me jaló para poder darme un beso en la mejilla tras decirme “gracias” pues había hecho un pequeño discurso de bienvenida de la manera más cálida que podía para quitarle el nervio que se cargaba.

Pasaron algunas semanas y día con día iba buscando estar cerca de ella para fomentar la amistad que en tan solo 4 semanas ya era sino íntima si de mucha confianza, ella me contaba sus desamores pues había terminado con su último novio y se le notaba que se la cargaba el payaso. Una tarde-noche que teníamos una carga de trabajo considerable y que proyectaba para una noche larga en la oficina, me levanté de mi lugar para estirar un poco las piernas y quitarme el cansancio de estar ya muchas horas frente al computador, hablé con mi esposa y le anticipé que la noche iba a ser larga y probablemente llegaría en la madrugada, para que no me esperara, caminando por la oficina me percaté que el lugar de Liz estaba iluminado y me dirigí hasta el lugar para verificar que alguien estuviera o sino para apagar la luz, me la encontré navegando en Internet, ella no me vio llegar pues el pasillo por donde entré daba a sus espaldas y estaba alfombrado, por lo cual ni mis pasos oyó, además de estar absorta en la lectura y escritura en el Chat de “Latín Chat”, regresé sobre mis pasos y cuando regresé a mi lugar me di cuenta que mis auxiliares aprovecharon mi ausencia para emprender la graciosa huida y me dejaron solo para terminar el trabajo, cosa que dejé de lado, y entré al famoso portal de chat, acto seguido empecé a buscar el nick de Liz que alcancé a leer cuando me acerqué a su lugar el cual era “KittyLiz”, un poco mamón pero bueno ese era, la llamé a una sala privada a la cual tardó en entrar, al tenerla ahí, empecé con lo de siempre, ¿Qué de donde eres?, ¿Cuántos años tienes?, y toda esa parafernalia del chat, pero pronto las cosas empezaron a ir por el rumbo que yo quería, la oficina estaba sola a excepción de nosotros dos y la oportunidad de estar con ella era un detonante erótico que me estaba cachondeando y mucho.

Pronto empecé a llevarla hacia donde la quería, el aspecto sexual de su vida y entre frase y frase se fueron poniendo calientes las cosas, me decía que se estaba masturbando y ya se había quitado su pantaleta y sacado las tetas del sostén para acariciarse a gusto aunque estaba un poco cohibida no fuera a llegar alguno de sus compañeros de contabilidad y caerle en la movida, y le empecé a escribir sobre una fantasía con sus compañeros contables que más o menos fue así:

Soddom: Oye liz y que pasaría si llegara un compañero tuyo y al verte pajeándote, sin que
te dieras cuenta se acercara por detrás de ti y empezara a acariciar tu talle
suavemente y empezara a subir lentamente hasta tus tetas desnudas haciendo
círculos sobre tus pezones y susurrándote cosas sucias en el oído

KittyLiz: Hummmmm!!!!, haces que me caliente más.

Soddom Le diera vuelta a tu silla para ponerte frente a él y lentamente inclinándose frente
ti, empezara a besar tus senos acariciando suavemente tus pezones que
responden ante sus caricias poniéndose duros y desafiantes.

KittyLiz: Dios, haces que moje toda mi ropa!!!!!!!!!

Liz y yo seguíamos dándonos ese placer tan raro y frío que producen las pláticas ardientes del Internet, y sin más ni más, le dije, -Déjame atender algo urgente, vuelvo pronto- y ella contestó –no tardes, quiero más de ti-, dejé mi computador para dirigirme hasta donde estaba Liz que tenía la mirada fija en su PC y una mano entre sus piernas dándose el placer que no puede dar la computadora y efectivamente sus tetitas estaban fuera de la blusa que estaba abierta y fuera del sostén, dejaba el mouse para de vez en cuando acariciar sus pezones y sus aureolas, lo más silencioso que pude me puse detrás de ella y me arrodillé detrás de su silla envié mis manos hacia su talle, al sentir mis manos pegó un grito y un salto que casi cae fuera de la silla, la sujeté por la cintura y puse una mano en su boca para ahogar el grito, le dije muy suave a su oído –Hola KittyLiz, hagamos tu deseo realidad zorrita-, movió su cabeza afirmativamente, su mirada era miedo y deseo a un mismo tiempo, la volví a sentar en su silla e hincado de tras de esta la empecé a acariciar desde su estómago hasta sus senos y de sus senos hasta su entrepierna, susurrándole al oído, -déjate llevar, siente mis manos como hacen que tu cuerpo se estremezca, no tengas miedo, deja salir lo puta que puedes ser- ella contestaba –espera, es que yo no…-, -por favor, detente, nunca he hecho..-, su voz se cortaba cada vez que mis manos tocaban sus senos o su puchita y aunque su boca quería decir “no, detente” su cuerpo iba en otra dirección, igual que el mío.

Le di vuelta a su silla y permaneciendo de rodillas me quedé mirando esas hermosas teticas y las acaricié con la ternura que estas me producían, como lo dije eran pequeñas, pero en conjunto con el cuerpo de Liz eran perfectas, las besaba y mordía en sus pezones con dulce devoción, Liz solo gemía ante cada roce de mis labios o lengua en sus delicados pechos, mis manos seguían acariciando su cuerpo, sus piernas mi fantasía de muchas noches en mi casa eran el blanco predilecto de mis manos, abrí sus piernas para estar más cerca de su cuerpo y una de mis manos se encargó de su coñito, mis dedos apartaron su braguita que era una tanga pero no de las de hilo dental de color blanco con encaje en parte delantera, y acaricié el poco vello púbico que ahí había, fui hasta sus labios superiores y hurgando entre estos encontré ese puntito del éxtasis, a cada caricia que propinaba sobre su clítoris sus jadeos se hacían más sonoros se mordía los labios mientras sus ojos permanecían cerrados, a veces apretándolos cuando la cesación era enorme, mis labios dejaron sus senos y jalando con mis manos sus piernas hasta quedar en la orilla de la silla hice a un lado sus braguitas para dejar libre toda su rajadita, mi boca se centré en su vulva, que era realmente hermosa, casi sin vello y totalmente coloradita por tanto ajetreo mío y el que ella ya se había dado, abrí con mis dedos sus labios superiores y mi lengua hizo que Liz se retorciera del placer que estaba sintiendo me agarró fuertemente del cabello y empujó su entrepierna hacia mi, quería que no me despegara de ella, mientras mi lengua hacia llegar a Liz al éxtasis, mis dedos jugaban con sus labios y su esfínter anal, no tardó mucho cuando Liz tensando totalmente su cuerpo y apretando sus piernas contra mi cabeza se corrió escurriendo jugos, intentando gritar, pero su cuerpo estaba tan tenso que su boca no atinó a abrirse, se puso totalmente roja, a cada espasmo de su orgasmo y gemido apagado escapaba de su garganta, yo seguía lamiendo y comiéndome ese coñito delicioso, mi dedos empezaron a penetrar su vagina a lo que ella respondía aunque con poca fuerza, con un apretón de sus músculos, la dejé descansar unos minutos mientras acariciaba su cuerpo, pues su fuerza era prácticamente nula.

Al recuperarse se paró de la silla me dijo que me sentara, iba a devolverme todo el placer que le había dado, sacándose toda la ropa, se puso de rodillas frente a mi y sacó mi polla del pantalón, tuve que ayudarle un poco pues se le hacía tarde quitarme la ropa, cuando estuvo fuera mi verga ella la tomó con sus pequeñas manos, la empezó a besar por todos lados, lo lamía y me observaba mientras lo hacía con una mirada de niña traviesa, le dije- mételo en tu boca- ella me miró con extrañeza, y le dije –hazlo, chupalo como lo harías con una paleta de caramelo, metiéndolo y sacándolo totalmente de tu boca- y así lo hizo, esa mamada tan inexperta consiguió que me pusiera a mil, mi verga quería hacer erupción, pero yo quería gozar aún más, y con un chupetón voraz que dio, me vine en su boca, para evitar que se saliera la tomé del pelo y la empujé hacia mi, descargué toda mi leche en su boquita, ella tuvo ganas de volver el estómago al sentir ese líquido espeso en su boca y garganta, pero le dije, -cómelo, no te hace daño-, la levanté del suelo y sentándola en mis piernas le limpié sus mejillas que tenían un poco de semen y lo puse en su boca, acto seguido la besé.

Nos quedamos abrazados así un largo rato, ella me preguntó, -¿esto es siempre así de rico?-

-Si es así, me había perdido de mucho-, sonriéndole le dije, -y aún no empieza lo sabroso- cargándola así como la tenía, la deposité en su escritorio y me quité la camisa y los pantalones junto con mis bóxer que tenía hasta las rodillas, empecé a frotar mi pene contra su rajadita y ella se tumbó sobre el escritorio, entrecerró los ojos y el calor volvía a hacernos presas, mi pene empezó a crecer y el deseo de atracarme con su coñito también, cuando mi compañero estuvo más que listo lo acerqué a la entrada de Liz, y sosteniéndolo con la mano empecé a rozar toda su vulva y su clítoris Liz dejaba salir de su boca unos pequeños gemidos, con voz tranquila y segura le dije – quédate tranquila, no voy a hacerte daño, tal vez duela pero pasará pronto-, ella asintió con la cabeza, empecé a introducir el glande de mi vara, en ese coñito pequeño y estrecho, parecía que me estaba comiendo a una niña, pero Liz ya no lo era, era una mujer y que tamaño de mujer aunque su cuerpo fuera menudo, hizo un rictus de dolor al entrar mi glande completamente, me detuve pues no quería lastimarla, al pasar el dolor su cara se relajó, y empecé a meter más de lo mío, me detenía cada dos o tres centímetros y lo volvía a sacar para que se acostumbrara a recibirlo, la maniobra duró más de 10 ó 15 minutos, pero llegó el momento que se comía todo mi miembro, durante esto ella no sangró y aunque ella me decía que no lo había hecho, ya no era virgen, alguna travesura habrá hecho, o era muy complaciente su himen, cuando su coñito aceptó totalmente mi pene lo saqué y sin decir agua va se lo introduje de un tirón ella se quebró toda su espalda estaba toda arqueada y sus manos estaban apretadas como queriendo asirse de algo que no encontró y empecé un mete y saca lento sus gemidos se hicieron evidentes y me decía que lo hiciera mas rápido, -mássssss, maaaaaaassssss, que rico, hazme tuya, hazme sentir lo que es ser mujer-, la estrechez de su vagina hizo mella rápidamente en mi, me éxito tanto que muy pronto me vacié en ella, con un grito que contuve en mi garganta, me corrí dentro de ella mi leche se empezó a regar dentro de ese coñito, y Liz se corrió también, una mezcla de semen y jugos ya mojaba su escritorio, seguí arremetiendo contra su coñito, los dos estábamos sudorosos, había tenido una gran corrida, Liz se puso de rodillas en el escritorio y bajando la cabeza hasta la altura de mi pene lo lamió hasta que lo dejó limpiecito de jugos y semen, estando sobre el escritorio me abrazó y me dio un gran beso, donde se mezclaron nuestras lenguas, le dije que nos vistiéramos y nos fuéramos, que ya era muy tarde.

Cada uno se fue a su casa, yo llegué a mi casa a eso de las 2 de la mañana, mi esposa me esperaba yo seguía muy caliente, y le hice una follada a mi mujer como en mucho tiempo no se lo había hecho, le conté lo que sucedió y al principio ella se encabritó, pero conforme le fui dando detalles ella se puso a cien, y me lo hizo tal como Liz me lo había hecho, mi esposa y yo nos dormimos ya pasadas las 4:30 de la mañana, al ser sábado no nos levantamos hasta antes de medio día, me pidió más detalles de Liz y se los conté, me preguntó si volvería a estar con ella y le dije que en ese momento no lo sabía, que tal vez solo había sido eso y nada más, pero no quedó ahí, volvimos a hacerlo algunas veces más, después les contaré de ello.

 

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