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Sucedió en Ibiza

Publicado por Carla el 18/02/2015

Hola, me llamo Carla, y les voy a contar algo que me sucedió el verano pasado en una playa de Ibiza, y que aun a día de hoy, es el recuerdo principal de todas mis fantasías...

Como todos los días, mi marido y yo íbamos a tomar el sol a la playa nudista de Es Cavallet. Solíamos ir hacia las tres de la tarde, después de comer, para luego permanecer allí hasta las ocho, más o menos.

Buscamos un sitio que no estuviera muy concurrido de gente, y allí extendimos nuestras toallas, mi marido clavó la sombrilla, para estar a la sombra en las horas de más calor, y nos tumbamos a tomar el sol.

Recuerdo que mi marido estaba boca abajo, y yo boca arriba, cuando llegó un chico y se puso enfrente de nosotros. No estaba al lado, pero si bastante cerca, cosa que me sorprendió, pero sin darle mayor importancia.

Comenzó a desvestirse despacio, primero la camiseta, luego las bermudas, y a mi me picó la curiosidad de ver como estaba de dotado. Siguió con el bóxer, y lo que apareció me sorprendió gratamente. No estaba nada mal.

La verdad es que el chico, sin ser una belleza de hombre, no estaba nada mal. Delgado, alto, moreno y bastante bien dotado.

El chico se tumbó boca abajo en su toalla, y parecía que iba a dormir una siesta.

Mientras mi marido dormía la siesta, yo permanecía boca arriba, apoyada en mis codos mirando al mar y a la gente que pasaba por la orilla, y de vez en cuando, al chico tumbado que tenía justo enfrente de mi.

De pronto, el chico levantó la cabeza de su toalla, y al levantar su mirada, justo me pilló cuando yo le estaba mirando a el. Me quedé un poco turbada, pues sabía que se había dado cuenta de que le estaba mirando, y entonces el me sonrió. Yo me quedé un poco sorprendida, pero reaccioné devolviéndole otra sonrisa.

El empezó a mirar hacia otro lado, y yo hice lo mismo, hasta que nuevamente nuestras miradas se cruzaron, y nos regalamos unas nuevas sonrisas. El permaneció mirándome y sonriéndome, cosa que me empezó a poner un poco nerviosa, y de repente me lanzó un beso, y permaneció mirándome y sonriéndome.

Yo me quedé cortada, le devolví la sonrisa, y no se porqué, pero me di la vuelta y me puse boca abajo.

Con el movimiento de mi cuerpo, mi marido se despertó, y me pidió que le acercara un cigarrillo de la bolsa de playa. Se lo acerqué junto con el mechero, y le dije que era el último, lo encendió y empezó a fumar. Entonces yo le conté lo que me había pasado con el chico de enfrente, que me había lanzado un beso, pues no quería que si el chico me volvía a mirar le extrañase, y además se que esas situaciones le divierten y hasta le excitan un poco.

Así permanecimos un rato, mientras el fumaba, y entonces me dijo que iba a ir al chiringuito que estaba a unos cuatrocientos metros, a comprar tabaco y tomar un café. Se puso sus bermudas y cojió las chanclas, y entonces se acercó a mi y me dijo al oído, que jugase a excitar al chico de enfrente, hasta ver donde era capaz de llegar.

Yo le dije que no me apetecía nada, y menos estando yo sola.

Se levantó y se alejó por la orilla del mar camino del chiringuito.

Como tenía calor, me levanté y fui a darme un baño al agua, y estuve unos minutos refrescándome. Cuando salí del agua para ir a mi toalla, pasé al lado del chico, y no pude evitar mirarle de nuevo. Estaba boca abajo, y tenía una buena figura. Espaldas anchas y fuertes, piernas largas y un buen culo.

Me tumbe en mi toalla, boca arriba y apoyada en los codos, mirando nuevamente hacia la orilla, cuando, al cabo de tres o cuatro minutos, el chico levantó nuevamente la vista y clavó su mirada en mi, y me regaló una nueva sonrisa. Me había pillado con las piernas un poco abiertas y mi piel mojada, por lo que su vista pasó de mis ojos directamente a mis piernas, y lo que había en medio de ellas.

Yo no sabía que hacer, pues no quería que pensase que me cortaba ante su mirada, así que nuevamente le devolví la sonrisa y permanecí como estaba.

Me acordé de lo que me había dicho mi marido, y la idea de provocarle me excitó. Así que muy lentamente fui abriendo un poco más mis piernas, para ver que sucedía.

El me miraba con el rabillo del ojo, se lo noté, así que eso me animó un poco más, y comenzó a abrir y cerrar muy lentamente mis piernas, pero la verdad es que cada vez las iba abriendo un poco más.

Mientras tanto el seguía mirando de reojo, y de vez en cuando directamente, hasta que se incorporó y se tumbó de medio lado, mirando de frente a mi, y ofreciéndome a mi vista, además de su cara, y su cuerpo moreno, su aparato, que estaba bastante grande ya.

Ya sin apenas rubor, empezó a mirarme y sonreírme de forma descarada, mientras que de vez en cuando se pasaba los dedos por su polla, que cada vez estaba más tiesa.

Entonces yo, le devolvía las sonrisas, y empecé a mirarle fijamente a los ojos, y también a su hermosa polla, y con una mano comencé a sacudirme la arena de mis piernas, medio acariciándomelas, y luego de mis muslos, y de mi coñito. Muy despacio y suavemente. No se sabría decir si me estaba quitando la arena o acariciándome.

Aquello le debió de excitar mucho, porque su polla se puso a cien. Estaba enorme, y su capullo parecía que iba a explotar.

Entonces el, con una mano se tomó su polla, y la movió apuntando hacia mi, mientras que me miraba fijamente, y pasaba su lengua por sus labios, como queriendo decirme que le gustaría que se la chupase.

Yo no supe que hacer. Por un lado pensaba que la situación estaba yendo demasiado lejos, pero por otro lado el juego me divertía y excitaba mucho.

Me dejé llevar por la excitación que tenía, y mirándole también fijamente a los ojos, abrí un poco más las piernas, y comencé a acariciarme mi coñito con un dedo, mientras me pasaba la lengua por mis labios.

Seguimos así durante un buen rato, acariciándonos cada uno, y mirándonos a los ojos, con cara de pasión, cada vez más excitados, sonriéndonos y pasando las lenguas por lo labios. El juego me divertía, y cada vez estaba mas caliente y excitada, tanto que por mis muslos asomaba la humedad de mi interior que ya no podía contener.

Nuevamente me acordé de las palabras de mi marido, que quería saber hasta donde era capaz, y entonces me incorporé, me puse a cuatro patas, con mi culo apuntando hacia el, y las piernas abiertas, para mostrarle mejor mi cosita, y con una mano busqué la crema bronceadora en la bolsa de playa. A continuación me puse boca abajo, me volví hacia el, y mostrándole la crema bronceadora, le pregunté si no le importaba echarme crema en la espalda.

Como me iba a importar ! Al revés, me dijo, estaba deseándolo.

Aquello fue un espectáculo. Tenía la polla como un mástil, y así recorrió los dos o tres metros que separaban su toalla de la mía. La pocas personas que había alrededor se dieron perfectamente cuenta de su situación, y no pude evitar una sonrisa complice.

A continuación el se puso de rodillas a mi lado, tomó el bote de crema, y comenzó a extenderla por mi espalda. Con movimientos lentos, suaves, pero enérgicos, me recorría los hombros, los brazos, la espalda, bajando poco a poco hasta llegar al culo, Alli se entretuvo un poco más, masajeandomelo, y moviendo con firmeza mis nalgas.

Después empezó por mis tobillos, luego las pantorrillas, subiendo por los muslos, hasta llegar nuevamente al culo. Y nuevamente se entretuvo en esa zona, hasta que de manera casi imperceptible, dejó que un dedo rozase mi coñito. Aquello me excitó muchísimo, tanto que no pude controlar el arquear la espalda y subir un poco el culo.

El se dio cuenta, y mientras me acariciaba el culo, y me separaba las nalgas, volvió a pasarme un dedo por mi cosita. Y otras dos o tres veces más.

Yo estaba excitadísima, y cada vez que con su dedo me acariciaba el coñito, yo abría un poco más mis piernas y ponía el culo en pompa.

Lo que empezó siendo unos roces de vez en cuando, se había convertido ya en una caricia continúa, y un espectáculo para la gente de alrededor. Pero ya nada me importaba. Había cruzado el punto sin retorno, y mi excitación era máxima. Por mis muslos se deslizaban como chorros, mis jugos, y sus dedos ya penetraban mi vulva, y acariciaban mi clitoris...

Estaba en medio de una playa, desnuda, con gente a mi alrededor mirándome, y un desconocido me masturbaba, mientras yo me deshacía de placer...y mi marido que dudaba hasta donde era capaz de llegar !

Seguimos así durante unos minutos más, y yo notaba como su polla dura se apretaba contra la parte exterior de mi muslo, y no pude resistirme a la tentación de cojerla y tenerla entre mi mano. Estaba como una estaca de dura, y al sentir que se la tenía cojida, intensificó sus movimientos conmigo.

Así continuamos, yo agarrando su hermosa polla, y el metiendo sus dedos en mi coño, hasta que llegó un momento que no podía aguantar más, apenas podía reprimir mis gemidos, chorreaba como una perra, me retorcía como una serpiente, hasta que me corrí...

Me quedé exhausta, pero muy caliente. El se tumbó a mi lado, pegado a mi, nos quedamos mirándonos a los ojos, con mirada complice, y lentamente nuestras bocas se fueron acercando, y nos fundimos en un largo e intenso beso.

Permanecimos mirándonos y besándonos durante unos minutos más, hasta que el me preguntó como me llamaba.
- Carla, le dije, y tu ?
- Francisco, me dijo el.

Nunca olvidaré este maravilloso encuentro, me dijo, y me preguntó si sería posible volver a vernos.

- Puede que si, le contesté. Todavía estaré nueve días más en Ibiza, y la isla no es tan grande. Además, todos los días venimos a esta playa.

Nos dimos otro intenso y maravilloso beso, y entonces el se levantó, fue hacia su toalla, se vistió, tomó sus cosas y se fué. Al alejarse un poco, se dió media vuelta, me miró a los ojos y me dijo:
- Te volveré a ver, Carla. Seguro.

Permanecí tumbada en mi toalla, con la mirada perdida, recordando cada segundo lo sucedido, durante unos diez minutos más, hasta que llegó mi marido. Me preguntó que que tal estaba, que si había pasado algo con el chico que tanto me miraba.

- Nada, le contesté, me miró dos o tres veces más, pero enseguida se fué...








 

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