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Despedida de solteros

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Éramos cuatro parejas reunidas para una despedida de solteros en un apartamento al sur de la ciudad. El local tenía una gran área social de más de 100 mts pues más parecía un loft que un apartamento convencional. Los dueños Oscar y Cristina tenían varios sofás distribuidos estratégicamente, luces indirectas y en conjunto una atmósfera muy seductora. Fuimos llegando los invitados: Mauricio de unos 39 años, grande y fornido, con su esposa Cecilia, una rubia platinada sensacional, con un cuerpo delgado y grandes senos. Los homenajeados: Carlos y Tata. El, joven con cara de niño y una verga que era comentario de las mujeres en cada reunión porque siempre se notaba su bulto entre los blue jeans ajustados que solía utilizar; ella era una pelinegra, de cabello muy largo hasta la cintura, piel blanca de porcelana y senos perfectos que gustaba de revelar con atrevidos top. Estaban por supuesto los dueños de casa: Oscar, atlético y de cuerpo bien formado y Cristina, también pelinegra, senos normales, caderas anchas, largas piernas. Nosotros: Yo de 40 años, bien dotado en mi concepto, con una enorme resistencia de hasta 1 hora antes de cualquier eyaculación y María mi señora, pelo castaño, senos respingados, piel muy blanca y una hipersexualidad brotando por todos los poros de su piel.
La reunión comenzó alegre, con abundante licor, incluyendo cócteles de ron y tequila. Los temas se fueron haciendo más desenfadados hasta llegar inevitablemente al matrimonio que se avecinaba entre Carlos y Tata. Por comentarios aislados de Carlos sabíamos que Tata era muy tímida, a pesar de su constante exhibición de bellos atributos. Una y otra vez le preguntaban sobre ¿qué iba a hacer con semejante tamaño de verga?, pero ella hábilmente desviaba la conversación hacia temas menos comprometedores. Seguimos bebiendo sin control y ya en la madrugada estabamos todos sin exepción un tanto pasados de tragos, con los ánimos bien calientes. Mi señora llevaba una minifalda azul y a cada momento repartía pasabocas de tal forma que juro haber visto una o dos veces sus bragas rosas diminutas, cuando se inclinaba más de la cuenta, para gran satisfacción mía y una que otra mirada de los demás caballeros que no se negaban al espectáculo. Estábamos bailando ritmos movidos y alegres, intercalados con algunos boleros en los que nuestros bultos aparecían por momentos ante el frote sostenido con los cuerpos de nuestras parejas. Hasta el momento todo bien, una sana reunión de amigos.
En un descanso del baile, alguien insinuó que Carlos tenía la verga grande pero que quizás sería impotente. Le pidieron a Tata que aprovechara el momento para investigar la situación antes del matrimonio, pero ella eludió como siempre de manera elegante esa responsabilidad. Le dijeron entonces a María, mi señora, que siendo enfermera podría ayudarle a Carlos a tener un diagnóstico anticipado. Ella me miró como pidiendo autorización y mi gesto de agrado no le dejó dudas. Comenzó a manipular a Carlos por encima del pantalón y su verga realmente creció hasta un tamaño descomunal, más de lo que todos hubiéramos imaginado. Yo adivinaba que todas las mujeres querían ver ese magnífico pene en vivo y en directo. Desde ese momento comprendimos que la fiesta no sería como las otras que solíamos realizar.
Le pedimos a las chicas que bailaran algo atrevido. Pusimos música disco y sólo se apuntaron inicialmente Cristina y María mi señora. Comenzaron quitándose Cristina una buzo de cuello de tortuga que le iba muy ceñido al cuerpo y mi señora su camisa de botones. Casualmente las dos tenían senos medianos, más o menos 34B, que se adivinaban respingados y perfectos debajo del brassier. Sin mucho esfuerzo logramos que se quedaran en top less siempre bailando al ritmo de la música desenfrenada. Los hombres no hacíamos sino aplaudir, silbar y gritar como locos. Ahora nuestra atención se enfocó en las otras dos chicas que eran las de los senos más grandes. Les gritábamos si tenían algo que esconder, las azuzábamos y ante tanta presión Cecilia terminó quitándose su camisa con gran júbilo de todos que no cesábamos de aplaudirla. Ella tenía una ropa interior negra que iba muy bien con su cabello rubio y unos grandes senos producto del quirófano que apenas si eran sostenidos por lo encajes. Tata era nuestro objetivo, tuvimos que rogarle por unos 30 minutos, darle dos tequilas y con la ayuda de las otras mujeres comenzar a desnudarla. Le quitaron su camiseta y oh sorpresa, gran parte de su resistencia se debía a que no tenía brassier. Sus grandes tetas blancas, coronadas por un pezón rosa claro del tamaño de un plato quedaron expuestas para gozo de los hombres.
Nosotros pedíamos más y más. Ahora queríamos que se quitaran la parte de abajo. Cristina y mi señora se quitaron respectivamente Jean y falda quedando al agacharse sus tetas colgando lo que las hacía ver más deseables. El colmo de la sensualidad llegó cuando todavía con zapatos quedaron solo con sus pequeñas tangas, azules claras las de Cris, con sus grandes caderas morenas bien marcadas y las rosadas mínimas de mi señora. Ellas se sabían muy deseadas y dieron una vuelta para que fueran admiradas por la concurrencia.
Cecilia hizo un baile sensual ella sola para quitarse el pantalón quedando con su conjunto interior negro completo; pero pronto le pedimos a gritos que se quitara el brassier lo que ella hizo sin reticencias. A la Tata tuvimos que cogerla entre todos para quitarle la falda, lo que terminó por calentarnos más. Es inolvidable ella sentada en el sofá pataleando y todos hombres y mujeres sosteniéndola o jalando su falda hasta dejarla con un conjunto blanco con un suspiro de encajes. Su pelero negro apenas era contenido por los bordes de la braga.
Yo deseaba intensamente a la Tata, pero no sabía cual sería su reacción. Las mujeres querían ahora ver a los hombres y comenzaron su trabajo. La orden inicial fue tocarnos por encima del pantalón para ver si sucedía un fenómeno igual al de Carlos. A mi por casualidad me tocó Tata, porque mi mujer muy espabilada había ido directamente por la verga de Carlos alegando que debía terminar su trabajo. Yo sabía lo golosa que era y miré que no solo le había quitado los pantalones sino también los calzoncillos de tal forma que esa picha formidable se mostraba en todo su esplendor. Mi señora estaba agachada mamándosela con su culo en pompis y yo no resistí la tentación de, mientras Tata me acariciaba, acercarme a lamer su chocha. La cantidad de líquidos que estaba produciendo era tal que se derramaban en el tapete, como solía estar en sus momentos de mayor excitación.
Mauricio y Cristina estaban juntos, al fin y al cabo compañeros desde la universidad. Ella había retirado toda la ropa de Mauricio en el sofá contiguo y se había sentado a horcajadas sobre su verga. Yo la oía gritar y gemir en una y otra vez. Oscar y Cecilia estaban en lo suyo. El la había colocado en el suelo sobre cojines y en la posición del misionero entraba y salía de su vagina. Cecilia se veía como una Diosa Griega. La Tata fue entrando en el cuento y pronto quería sacarme los pantalones y jugar con mi verga. Lo logró con dificultad y comenzó a chuparme tímidamente colocada por debajo de mi mientras yo seguía detrás de mi mujer que mamaba la verga de Carlos. Carlos en verdad lo estaba disfrutando y mi mujer que no estaba acostumbrada a las orgías se movía arriba y abajo para que yo lamiera su clítoris o los labios de su vagina.
En un momento dado nos volteamos y quedamos muy cerca de Oscar y Cecilia que estaban en el suelo. Yo vi cuando Cecilia cogió suavemente el culo de Tata y lo volteó hacia sí para comenzar a darle una mamada espectacular. Tata estaba sorprendida, pero fueron tales los ramalazos de placer que se adaptó con gusto a la situación y pronto gemía desesperada por la caricia.
Alguien sugirió que cambiáramos varias veces de parejas para mayor disfrute. Yo súbitamente quedé al lado de Cristina, quien elevó su portentoso culo para que la penetrara y yo vi más expedito su bello orificio anal. La penetré y su grito de satisfacción fue tal que hizo que todos se volvieran hacia ella. Ignoro si su marido utilizaba esta vía con su mujer, pero lo cierto es que estaba disfrutando como pocas veces en la vida. Ese parecía ser el lugar de preferencia a juzgar por su descontrol.
En el siguiente cambio me tocó mi mujer y creo que a los demás también les toco la respectiva. Vi con el deleite que Tata se hundió la gran verga de su prometido comenzando una serie de griticos a cada movimiento de vaivén. A mi mujer la veía más deseable que nunca y aprovechando que se encontraba frente a Cecilia la penetré en su vagina pero desde atrás para que pudiera jugar con su amiguita. Mauricio hizo lo mismo de tal forma que ellas estaban frente a frente acariciándose y besándose sin cesar.
Atrás sentí unas agradables caricias, era la Tata que penetrada lateralmente quería también jugar conmigo, mientras Cristina hacía lo propio por detrás de Mauricio, penetrada a su vez por su esposo Oscar. Era una larga cadena sobre el tapete de gemidos y placer sin fin. Todos fuimos apurando los movimientos, yo hubiera podido esperar todavía un poco más, pero cuando miré los movimientos desesperados de los hombres y oí sus gritos me dejé llevar también en las alas de un orgasmo que pareció interminable.

 

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