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Amor y deseo

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Era martes por la mañana, mi padre ya se había ido a trabajar y mi hermana Laura dormía en su habitación. Yo no esperaba esa mañana a Tamara, ni tenía a nadie en la “recámara”, me estaba dando un baño, pero uno de esos que sólo las mujeres sabemos. Afortunadamente tenemos una bañera de gran tamaño, algo por lo que luchó mi madre por poseer cuando compraron la casa, a ella le gustaba darse largos baños de espuma, e imagino que al menos esos primeros años los compartiría con mi padre (aunque prefiero no pensar más en ello, bastante duro ya es imaginarme a mi padre haciendo cochinadas con las universitarias de mi edad con las que sale actualmente, ¡las muy guarras!). Si has leído mi relato anterior (“Sistema Perfecto”), ya sabrás que a esta hora estoy acostumbrada a tener mi ración de sexo diario, es la forma más agradable de encarar el día, y esa vez no iba a ser una excepción. Desde mis primeras experiencias sexuales con chicos tenía curiosidad por saber qué es lo que sentían, y llegaba a preguntarlo, pero no sabían expresarlo con palabras. Como es imposible meterse en el cuerpo del otro para comprobarlo, imagino que sienten lo mismo que yo siento. Si eres mujer, seguro que lo has probado y sabes lo que se siente cuando el chorro de agua lo dirigimos a nuestras zonas más sensibles, y si eres hombre, recuerda lo que sientes cuando te la están mamando. Pues bien, yo estaba en plena “fiesta del agua” cuando llamaron a la puerta.
Como no podía confiar en que mi hermana fuera a abrir (de hecho ya habían llamado una tercera vez), salí de mala gana de la bañera con mi albornoz verde pistacho (recuerdo de unas cortas vaciones por Portugal cuando éramos una feliz familia unida). Has acertado, era Tamara, quien venía toda sonriente. Me dio un pico sin que me diera cuenta de lo que pasaba.


- ¡Sorpresa!
- Hola, sí que es una sorpresa, de verdad.

- Te veo inquieta, ¿vengo en mal momento? ¿Estás acompañada?
- No, no es eso, es simplemente que me has pillado in fraganti en el baño. - ¿No está tu padre, verdad? –Al mismo tiempo dejaba su carpeta y un libro de texto sobre el mueble del recibidor, y se sacaba su abrigo. - No, se fue ya a trabajar, y Laura está en su cuarto.
–Justo en ese momento salía de él. - Hola Tamara. –Dijo y se metió rápidamente en el baño. - Hola Laura, te queda muy bien ese camisón.
–Respondió amablemente aunque no pudiera oírla.

Fuimos para mi dormitorio, estaba cogiendo frío. Al tiempo Tamara seguía hablando.


- Ayer no pude ocultarlo más y se lo conté todo a Keko.

- ¿En serio? ¿Le has contado que le has engañado? ¿Cómo fue?
- Bueno, me costó bastante, no sabía cómo sacar el tema, pero cuando él quiso hacerme el amor se lo solté todo, sin parar. Le dije que no quería hacerlo, que ya no disfrutaba. Yo le quiero, y precisamente por eso no puedo seguir engañándole así, le dije que había conocido a otra persona y corté con él. - ¿Y a quién has conocido? –le pregunté con cara pícara desde la cama, donde me había metido desnuda. - A ver si la conoces… una ninfómana ex-devoradora de hombres. –Ella me siguió la broma.

- Vaya, por un momento pensé que te referías a mí. ¡Serás loba! ¿A quién te has ligado?… JAJAJA. –Me reí con la cara de sorpresa que puso-.
Es broma en parte: no soy ex–devoradora, lo sigo siendo. No pongas esa cara, tú y yo no tenemos ninguna relación sentimental propiamente dicha. - Yo creí que… Es decir, lo que dijiste, que lo dejarías por mí… ¿Y entonces todos estos días no han significado nada? - Yo dije que dejaría mi sistema por ti, y lo he hecho, ¿acaso nuestros encuentros no han durado más de una semana? Y lo que es más, prácticamente no he tenido relación con nadie más en todo este tiempo. Pero no estoy enamorada de ti, no pongas de nuevo esa cara, que tú tampoco lo estás de mí. No digas nada, piénsalo, tú misma lo has dicho: amas a Keko. Lo que sientes por mí es sólo deseo, atración sexual, y eso puede desaparecer con el tiempo aún más rápido que el amor. O igual con el paso del tiempo sí nos enamoramos, pero hoy por hoy no lo es, lo que tenemos es sexo y cariño. –Me empecé a destapar, estaba sudando por la conversación; mi hermana estaría escuchándolo todo, y eso me avergonzaba, aunque fuera tonto teniendo en cuenta que ella lo sabe todo, los gemidos nos delataron más de una vez. - ¡Por qué te habré conocido! Me has arruinado la vida, yo estaba tranquila, feliz con mi novio. - No te pongas trágica. No eras del todo feliz, ¿o acaso te olvidas del detalle del sexo? Precisamente a mí me parece fabuloso el sexo contigo, creo que nos compenetramos de maravilla, ¡y eso que no tenemos pene! En cambio él sí lo tiene y no disfrutabas, porque por eso has cortado con él, ¿no? Por eso vienes sonriente, aunque no deberías… Yo quiero seguir teniendo sexo contigo, pero no nos veo paseando por la playa cogidas de la mano o besándonos en el parque o abrazadas en medio de la calle. - Pero eso es porque no lo has hecho nunca y te da corte. - Te equivocas: a mí no me avergüenza, ¿acaso no he insistido en dormir contigo en tu casa? Eres tú la que no quieres que se enteren tus compañeras de piso, y sí, entiendo el porqué, el trato, vuestra confianza, la convivencia no sería ya la misma. - Ellas dicen cosas muy feas de las lesbianas, si se enteraran… - ¿Me estás diciendo que llegaste a la conclusión de que eres lesbiana? - Bueno, bisexual quizá, pero es igual, a ellas les va a dar lo mismo. - ¿Por hacer sexo con una única chica ya lo eres? - Míralo así: con un único chico y con una única chica. Ya sé que no tengo mucho para comparar, pero el sexo contigo es increíble y con él sólo lo fue al principio. Tú has estado con muchos chicos, ¿pero con cuántas chicas? - Tú eres la cuarta, aunque la primera no debería contar realmente. Esa primera fue con 14 años y nos limitábamos a besarnos y a masturbarnos al mismo tiempo.
Veíamos pelis pornográficas las noches que nos quedábamos solas en su casa. Hoy en día Bea está casada y tiene 2 hijos ya. No tienen un duro pero al parecer son felices. - ¿Y las otras dos? - La segunda fue una casada de cuarenta y tantos, yo hacía de canguro de sus hijos… tal como lo oyes… ella llegó tarde con alguna copa de más de una cena de empresa o algo así. Me pidió que le ayudara a desmaquillarse. - ¿Y su marido qué hacía? - No, él no estaba en casa, creo que estaba en el extranjero de viaje de negocios, no sé exactamente. El caso es que la ayudé, bueno, más bien lo hice todo mientras ella se reía y decía que yo tenía un bonito cutis, preciosos ojos, etc. Luego me pidió que por favor la ayudara a quitarse los pantalones (la blusa y el sostén se los había quitado antes de desmaquillarla), que ella no iba a poder tal y como estaba. No le di importancia y lo hice, ella hacía el tonto, poniéndomelo más difícil para sacárselos. Me tuve que poner de rodillas y cuando sus bragas azules asomaban, ella las pegó a mi cara. - Y así empezó la cosa. - No te creas, seguramente lo hizo a propósito, pero pensé que fue accidental por los movimientos constantes que hacía. De hecho fue muy rápido, y siguió como si tal cosa. Tanto si se hubiera producido este incidente como si no, estaba claro que me pediría que la ayudara con las bragas, y así fue. Se las bajé sin problema alguno, mientras lo hacía ella me preguntó: ¿te gusta mi “tesoro secreto”? - ¿Lo llamó así textualmente? - Tal cual. Sí, una expresión muy simpática (por calificarla de alguna forma). Lo tenía completamente depilado, se veía muy hermoso. La verdad es que tenía un cuerpo fantástico y eso que tenía más del doble de mi edad. Me contó que a los hombres les gustaba más así, y que era una lástima que ellos no se aplicaran el cuento. Lo dijo con mucha gracia y no pude evitar reírme. Como ya tenía las bragas quitadas, separó mucho sus piernas, yo me levanté al fin y en el trayecto ascendente obviamente se lo vi de nuevo, esta vez con mayor detalle. Cuando estaba erguida me sujetó la cara y me dio un largo beso. Fue como si se parara el tiempo, y no me ahogué de milagro, la verdad. - ¿¡No te resististe!?
- ¿Qué puedo decir? ¡Yo qué sé! ¿Acaso tú si te me resististe? - Simplemente pasó porque era agradable… - Eso es. Pues lo mío igual, y la cosa fue a más. Estaba aturdida y… - Conozco esa expresión tuya. –Me dijo mientras me guiñaba un ojo. - …Y ella me tomó de la mano y me llevó a la cama… Esa noche aprendí dos cosas: La primera, cómo comerse un “tesoro secreto”. - Jajaja, ¿y la segunda?
- Esto… -Le mostré mi depilado “tesoro secreto”. - ¿Sabes qué te digo? A los hombres puede que les guste más así… ¡pero es que a mí me chifla!

Nos interrumpió un portazo, mi hermana Laura se había marchado a clase, y por lo que parecía, muy enfadada. Eran las 8:30, el tiempo volaba, pero nos daba igual, como de costumbre comeríamos en la Facultad e iríamos a las clases de la tarde, aunque no nos correspondieran.


- Te falta por contarme la última chica…
- ¿Esto te está excitando, eh? Mucho preguntas y todavía no me has dado ni un solo beso. –Ahora lo hizo, volví a sentir esos labios carnosos, es tan dulce, pone tanta pasión en sus acciones… Parecía mentira que sólo 2 personas hubieramos disfrutado con ella… éramos los más privilegiados del mundo. - ¿Satisfecha? - Uno, uno más y te lo cuento todo, pero que sea dentro de la cama. –Y así fue, hasta aquel momento había estado primero sentada en la cama y luego tumbada sobre ella.- ¡Uhhh! ¡Me has recargado las pilas! –Se rió, su sonrisa parecía que iluminaba toda la habitación, y no lo digo porque tenga una dentadura blanquísima, ya que yo también la tengo y no me luce así (al menos no lo noto). Tumbadas sobre los costados, mirándonos cara a cara, comencé a contarle:- En esta ocasión lo provoqué yo, ella era una amiga (bisexual) que se había quedado embarazada y el tío la abandonó. Tuvo que criar a su hija sola. - ¡Pobre chica! - A mí no me daba ninguna pena: Mónica sabía de sobra que tenía que tomar precauciones, y sino pasar. El caso es que yo la visitaba muy a menudo: 2 ó 3 veces a la semana, y la ayudaba con la cría, experiencia no me faltaba… Mónica fue la primera chica que me atraía físicamente (y única hasta conocerte a ti). Nunca la había visto desnuda, pero disfrutaba viendo cómo le daba el pecho a la cría. Toda la ropa le sentaba de maravilla, tanto si eran los bonitos y caros vestidos que le prestaba su hermana mayor, como si eran simples harapos (estos alcanzaban categoría divina cuando se los ponía). Recuerdo especialmente los días que se ponía unos tejanos, una chaqueta de pana marrón y un sombrero de cowboy (o cowgirl)… parecía una modelo; alta, piernas largas, delgada pero no en exceso, con media melena rubia, ojazos azules, una nariz chiquitina muy simpática… - ¡Ehhh que me celo! Vale ya… ¡Al grano! - ¡Tonta! ¡¡¡Mónica es o era más hermosa pero tú estás más buena!!! –volvió a reírse, nunca me cansaría de verla reír-. O como diría un macho: ¡Cachonda! –Lo dije en un tono todo lo grave que pude y lo adorné con un silbido, ella se partía de risa. Tras un rato proseguí-. Día a día la deseaba más, y un día en que iba camino de su casa, decidí que tenía que lanzarme, no había tanto riesgo de rechazo, al fin y al cabo ella era bisexual reconocida (había tenido varias novias “oficiales”). Cuando la peque estaba dormida y nosotras estábamos sentadas en el sofá frente a la tele me lancé: la besé en la cara y cuello. Ella me sorprendió con lo que dijo: “Ya pensaba que no te atreverías nunca”. - Pues si lo esperaba, ¡qué raro que no diera ella el primer paso! - Quizá fuera porque éramos muy amigas y ella sabía que yo no tenía sus inclinaciones; bueno, vale, le había contado mis experiencias anteriores, pero sabía que fueron sin importancia. - ¿Tras eso perdisteis la amistad? ¿Repetisteis más veces? - Yo creía que ella era la mujer más guapa que había visto nunca, y la tenía como una pantera sexual, sin embargo no fue nada especial, estuvo normalito sin más. Además, de aquella yo no estaba tan abierta a ciertas cosas… - ¿A qué te refieres? - Ella le daba el pecho a su hija, ya sabes. Las tenía muy infladas y cargadas. Me dijo que probara su leche, quería que mamase. Eso me dejó mal cuerpo… cómo se dice… me dio mal rollo en ese momento… y no lo hice. - ¿Ahora sí que lo harías? - Je je, es una de mis fantasías. Muchas noches he soñado con aquellos pechos y yo degustando su leche. - ¿No sueñas conmigo? ¿No tienes fantasías conmigo? - ¿Para qué tenerlas si contigo las llevo a la realidad? - Y yo haré todo lo que me pidas, ya lo sabes cielo. –Me dio un nuevo beso-. ¿Estuviste más veces con ella? - Mónica a las tres semanas se fue a vivir a Londres, donde destinaron a su hermana. Y hasta entonces no repetimos, quién sabe, igual me hubiera gustado más, pero yo sentía que se me había caído un mito… - ¿Y con los anteriores repetiste? - Con la mujer casada tampoco, y no me hubiera importado repetir, con ella hubiera aprendido cantidad de cosas, pero no hubo más; seguramente porque el resto de veces que hice de canguro sí estaba el marido. Eso sí, ella siempre me dejó una muy buena propina a parte del dinero pactado (y no sabía muy bien cómo interpretar eso). En cuanto a mi primera experiencia, cuando tenía 14 años, sí hubo más veces, ya te digo que aprovechábamos los sábados por la noche que sus padres llegaban tarde para ponernos pelis porno. Nos excitaban y aprendiamos cosas. Aunque había muchas escenas entre chicas, Bea y yo nunca nos pusimos a imitarlas. Estábamos sobre su cama frente a la tele, viendo esas escenas tan fuertes para nosotras (por aquel entonces), ambas con las piernas abiertas, ella con una de las suyas sobre la mía, y nos acariciabamos. Aunque no es que fuera una experiencia muy lésbica que se diga, para mí era muy excitante no sólo las imágenes (¡y esos gemidos!), o el placer que me daba yo misma, sino el saber y ver que junto a mí había otra chica disfrutando, y a la cual besaba de vez en cuando. ¿Ves? He estado con cuatro mujeres y no me considero ni les ni bi… ¡¡¡No pierdas al amor de tu vida!!! Tienes que recuperar como sea a Keko. Escucha lo que digo, eso igual te aleja de mí, y no me gustaría nada porque disfruto muchísimo contigo, eres mi alma gemela sexual, pero no puedes llevar la contraria a tu corazón o te arrepentirás cuando te des cuenta de tu error.

- Ana, el sexo no funciona entre Keko y yo… y soy muy joven aún para privarme de él. - No te entiendo, si le quieres no puedes dejarle por eso, lo que tienes que hacer es buscarle solución. Habla con él y buscais la solución, es una enfermedad más, visitad a un especialista, eso seguramente ayudará.

Yo tenía la mayor parte de la culpa de la situación de Tamara, pero quizá todo esto fuera positivo, a lo mejor solucionaban su problema y serían más felices que nunca. Mas igual Keko no le perdonaba que le hubiera engañado (y no sólo hablo por los cuernos, sino también por los orgasmos fingidos), porque esa era otra, no sabía la reacción de él. Yo había perdido el amor de mi vida y no quería que a ella le pasara lo mismo, y menos siendo yo la culpable. Al fin Tamara se fue alicaida por momentos y optimista en otros.
Cuando cerré la puerta de la casa sentí que había perdido al mejor amante que había tenido, pero sabía que era lo correcto. Volví para la cama y recordé a mis chicas, hacía mucho tiempo que no pensaba en ellas.
Recuerdos, aquellos recuerdos, esas agradables instantaneas en mi cabeza: el olor y sabor de aquel “tesoro secreto”, los hinchados pechos cargados de leche y una pierna sobre la mía mientras me acariciaba con mi mano… tal y como hacía ahora… y mi mente siguió volando, reviví mis primeras experiencias siendo niña, cuando convencía a los niños para que me enseñaran sus pililas y yo luego les enseñaba mi cona, pero nunca llegaba a hacerlo porque tras vérselo salía corriendo (no sólo corría mucho, sino que además ellos perdían gran tiempo en subirse los pantalones). Unos años después sentía la necesidad no sólo de que realmente me vieran, sino también de tocar y ser tocada. Solía ser con compañeros de clase, o de otras clases pero de la misma edad. Íbamos al baño del piso superior y ellos me mostraban su gran erección y yo les frotaba y frotaba; luego era el turno de ellos (dados los antecedentes sospecharían que si fuera al revés yo no cumpliría, y siempre era ese el orden), la mayoría de las veces inicialmente con mano insegura, indecisa, pero al fin siempre cumplidora. Una de esas veces fue muy especial: dos de los chicos más fuertes (con uno de ellos ya había estado anteriormente) me llevaron al baño de los chicos. Aunque no tuvieron en cuenta mi opinión, yo no me negué. Se bajaron sus pantalones y yo me agaché tal como hacía siempre, aunque esa era la primera (y única) vez que estaba con dos chicos. El nuevo me dijo que se la chupara mientras meneaba la otra. Al ver que no hacía nada, el “repetidor” insistió: “vamos putilla, haz lo que te dice, cógesela y métetela en la boca mientras me pajeas”. Nunca había hecho eso antes, nadie me lo había pedido (seguro que ellos lo habían visto en alguna peli, yo tendría que ver alguna para aprender qué otras cosas se podían hacer). Nisiquiera se me había pasado por la imaginación que eso se hiciera. Tomé sus calientes rabos con mis manos y las froté y froté, enseguida insitió: “¡chúpamela ya!”. Como con miedo acerqué mi boca y por primera vez noté su sabor (el olor ya lo conocía de sobra), un sabor que me desagradó al principio, pero al que pronto me acostumbré. El chico estaba excitadísimo, la tenía bien mojada, y parecía que le gustaba, así que probé a meterla un poquito más en mi boca y no sólo la punta. Yo estaba tan entusiasmada con la experiencia que había dejado de masturbar al otro chico, pero él empezó a moverse e intenté acompasar ambos trabajos. “Tío esto es genial”, dijo el chico al que se la chupaba. El otro dijo que se lo hciera a él, que era su turno. Así lo hice, este parecía más caliente todavía, pero al poco rato el chico al que ahora se la frotaba, lanzó su leche. Yo me asusté, era la primera vez que veía eyacular; creía que le había hecho daño, pero él no parecía que sintiera dolor precisamente, ni parecía preocupado con eso. Aquel día fue mucho para mí… por primera vez estaba con dos chicos, había chupado pollas y había visto eyacular. Esto último me dejó muy impactada, nadie me había hablado de ello, ¿y quién lo iba a hacer? Yo ya era mujer y a mi madre le había costado horrores hablarme del tema.

Pero por supuesto también hubo malos momentos, como la vez que un chico quiso metérmela, vamos, intentó violarme. Me defendí todo lo que pude y de hecho le hice algo de daño porque él se cabreó muchísimo y me pegó un puñetazo con el que perdí el conocimiento no sé cuánto tiempo, sólo sé que cuando me desperté el chico había desaparecido (debió asustarse); de hecho no apareció en toda la semana por clase (supuestamente estaba enfermo).
También tenía líos con mis compañeras de clase. Imagino que los chichos con los que estuve (alrededor de 10) quisieron hacer lo mismo con otras chicas, quienes se negarían… Sea como fuere, enseguida lo supo toda la clase y puede que la mayor parte del colegio, aunque visto con el tiempo, pensarían que era un rumor; en aquel momento no pensé esto último, pero afortunadamente ocurrió que un chico de un curso superior quería ser otro de los elegidos, y mi reacción fue mandarle a tomar por saco, y como eso no le bastó, le pegué con todas mis fuerzas… al fin lo entendió y ningún chico más lo intentó, con lo cual debieron pensar que no era verdad. Pero con las chicas tuve varios enfrentamientos, me “ordenaban” que no pusiera las manos encima a “sus chicos”. No importaba que no salieran con ellos o que nisiquiera ellos mostraran algún interés que no fuera únicamente sexual, para ellas eran de su propiedad (tenían asignado quién era para quién y todo).

Todos estos acontecimientos negativos desembocaron en que me centré en mí misma, fue la etapa en que veía las pelis pornográficas en casa de mi mejor (y casi única) amiga Bea. A ella lo que le ponía más caliente eran las escenas de tríos y a mí las de sexo oral (ya fueran a un chico o a una chica). Por aquel entonces empecé a hacer de canguro, y pronto lo fui para la pareja citada, y el subsiguiente encuentro con el “tesoro” de la mujer.
Aunque Bea y yo nos contábamos todo, eso nunca llegué decírselo, era lo único que le oculté; hasta le había dicho que me encantaba ver cómo se masturbaba y tener orgasmos junto a ella (en alguna ocasión los teníamos simultáneamente). Curiosamente cuando nos cansamos de las pelis conocimos a nuestros novios: ella a su actual marido y yo al amor de mi vida (el que años después dejaría marcharse), del cual no quiero hablar. Meses después del mayor error de mi vida me llevé la decepción con Mónica, la pantera bisexual. Esto sí se lo conté a Bea, y mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijo que su novio Berto, Mónica y ella habían hecho un trío… Nunca me lo había contado (aunque no se lo podía echar en cara). Bea había quedado bastante cabreada porque su novio se había limitado a follarse a Mónica y aún encima había tenido el mal gusto después de contarle que no pudo evitarlo porque Mónica lo tenía muy caliente. Bea había aceptado el trío con Mónica a condición de que también hicieran uno con otro chico, y de hecho sí lo montaron, pero nisiquiera se pudo “vengar” de su novio follándose sólo al otro chico, ya que así perdía la ocasión de realizar su fantasía de ser penetrada por ambos a la vez. Eso sí, quedó encantada y me insistió en que tenía que probarlo. El novio propuso más tríos, y ella –cómo no- estaba de acuerdo, pero para poder “vengarse” le dijo que sí sólo si él era más participativo si tocaba y se dejaba tocar por el otro chico. No aceptó y no repitieron más experiencias, nisiquiera volvieron a hablar del tema.

En ese momento no me di cuenta, pero luego lo pensé: ¿Bea me había propuesto un trío? Porque aunque le había entusiasmado la doble penetración, también insistió en que tenía que animarme a “unirme a un trío” (así, de forma genérica, no especificó). Pero no lo creía, más bien era fruto de mi mente calenturienta, y más en aquel momento en que me masturbaba. Con todos estos recuerdos llevaba un rato tocando mis pechos y jugando con mi vagina; restregando la almohada por mis labios, acariciando mi clítoris y metiéndome los dedos con más ganas que nunca. Aunque soy más clitoriana, tuve un delicioso orgasmo vaginal; sin embargo, no hay nada como un tremendo orgasmo de clítoris al tiempo que un chico te penetra… pero eso será otro relato.

 

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