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Con mi ginecologa

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Tenia cita con uno nuevo y para cambiar un poco las cosas decidí que esta vez fuera una doctora, alguien que nos comprenda y trate mejor. No vayan a pensar que soy una mujer vieja, soy felizmente casada, ando alrededor de los 30 años (la edad exacta no se dice) y me considero muy atractiva y con muy buen cuerpo producto de levantarme temprano todos los días para ejercitarme. Ese día vestía un vestido tipo sastre color crema para facilitarme las cosas al momento del examen.

Una vez en el consultorio después de un rato la recepcionista me pasó. La doctora era una mujer joven, muy atractiva y con una fuerte feminidad que a decir verdad me impactó. Nos presentamos, me hizo las preguntas del caso y me dijo que me iba a hacer un examen completo, dado que era mi primera cita.

Me invitó pasar a una pequeña salita donde estaba una cama para examinar y me dio una bata para que me desnudara. Tenía dificultad en desabrocharme el vestido y al ver mi tardanza ella me pregunto si todo estaba bien o si necesitaba ayuda, le respondí que sí, que por favor me ayudara con el vestido pues parecía atorado. Ella logró abrir el vestido y bajó la cremallera suavemente hasta el final, después puso sus delicadas manos en mis hombros deslizando un poco el vestido hacia delante provocando que mi piel se erizara levemente!... “Listo” me dijo y se retiro.

Ya con la bata puesta ella procedió primero a examinarme los pechos y ¡vaya diferencia con respecto a mi antiguo doctor!, él era muy brusco al palpármelos, pero en cambio, ella era delicada, prácticamente era como si me acariciara los pechos. Era un trato tan diferente!, a diferencia con mi antiguo doctor donde siempre estaba tensa, en cambio con ella estaba muy relajada. “Todo luce bien” me dijo, “ahora vamos abajo”, por lo que me recosté y abrí las piernas.

Nuevamente su trato era suave, delicado, sentía como abría mis labios, me exploraba y me palpaba... el examen siguió así por un rato hasta que en un momento dado me rozó suavemente mi clítoris causándome un leve choque eléctrico que recorrió todo mi cuerpo provocando que mi cuerpo se contrajera un poco...”esto no está bien” pensé, “esta doctora tiene otras intenciones y no me gustan!” pensé nuevamente, pero al mirar su seriedad y dedicación con que me examinaba descarté inmediatamente estos malos pensamientos.

Terminó de examinarme y me dio una cita para la semana siguiente para que recogiera los resultados de los exámenes.

A la semana siguiente volví y me comentó que todos los resultados estaban normales y que no había nada de que preocuparme, pero quería examinarme de nuevo pues había notado una leve irritación en mis labios vaginales en la primera cita, lo que me llamó la atención pues no lo había mencionado. En fin, procedí a desnudarme, ponerme la bata y me recosté en la cama, donde procedió a examinarme igual que la vez pasada, suave y delicadamente. Me comentó que la irritación no era nada pero siguió palpándome, a lo cual a mí no me importó pues su trato era muy bueno. De repente me rozó el clítoris como en la primera cita, pero esta vez fue más sugestivo, más deliberado, provocándome otro choque eléctrico pero esta vez más fuerte y más placentero!... antes que yo pudiera reaccionar y decirle algo ella me dijo que habíamos terminado y que me podía vestir, pero esta vez noté que tenía un poco de lujuria en su mirada!.

Esta experiencia me dejó perturbada, porque por un lado me sorprendía yo misma de cómo había reaccionado ante la caricia de esta mujer y por otro lado me indignaba “las segundas intenciones” que esta doctora tenía con sus pacientes.

Estos pensamientos rondaron por mi mente por unos días y sinceramente me negaba a creer que esta doctora haya tenido conmigo “segundas intenciones”, ya que era una doctora muy recomendada, pero ante las dudas preferiría buscar a otro doctor.

Por más que traté no podía olvidarme de lo que había sucedido y más que todo lamentaba tener que buscar a otro ginecólogo, pues la verdad esta doctora parecía muy buena y me daba lástima cambiarla y más por una razón que no estaba clara. Por esto, antes de tomar una decisión final decidí que lo mejor era quitarme la duda del todo y la única forma que se me ocurría era pidiendo otra cita con ella, decirle alguna excusa tonta y ver que pasaba esta vez...

Una vez en el consultorio le expliqué que sentía una leve irritación en mis labios vaginales y me dijo que viéramos que podría ser. Una vez con la bata puesta y en la cama ella procedió a examinarme, pero esta vez la vigilaba. Vi su dedicación y seriedad al examinarme y finalmente me comentó que no veía nada, que seguro había sido por el calor. Entonces, concluí que todo había sido un error de mi parte, que sí era una doctora seria y recosté mi cabeza aliviada de haberme quitado la duda.

Ella siguió examinando sin saber por qué y de repente sentí como sus dedos acariciaban mi clítoris y cuando la volví a ver asustada me dijo “esto era lo que buscabas?” tocándomelo aún más, provocando que mi sexo se humedeciera y mi respiración se acelerara, empezando a gemir como loca.

“Claro que era esto lo que buscabas... zorra!” me dijo, “sentí, sentí rico puta!” no paraba de decir, mientras me quitaba la bata y con la otra mano me tocaba las tetas y me besaba la boca. Nuestras lenguas no paraban de tocarse apasionadamente, sentía como la lujuria se iba apoderando de mí e iba perdiendo el control de mi misma, quedando totalmente a merced de esta mujer.

Ella me seguía besando, me acariciaba mis tetas, las apretaba entre sí, no paraba de pellizcarme los pezones... en eso se detuvo, se me quedó mirando por un instante y procedió a desnudarse... o que cuerpo tan maravilloso tenía, sus pechos eran de buen tamaño y firmes, sus pezones de un hermoso color rosado... entonces se acercó a mí me agarró el pelo por detrás de la cabeza y me empezó a besar de nuevo sin dejar de jalarme el pelo. Me besaba toda la cara y acercó su boca a mi oreja diciéndome “sos una puta y yo te voy a enseñar a desearme sólo a mí” y empezó a mordisqueármela y a chuparla.

Yo sentía su cuerpo pegado a mí, sentía sus tetas contra las mías y empecé a buscar que nuestros pezones duros se rozaran, a que sintiera los míos contra su cuerpo, en eso, ella empezó a gemir y echó su cabeza para atrás, mostrándome ese cuello hermoso que empecé a besar locamente, “ya estás aprendiendo, sigue así puta, hazme disfrutar” me dijo, provocándome un orgasmo salvaje...

Al verme así se abalanzó a mamarme las tetas, me las agarraba y se metía mis dos pezones en su boca y los chupaba y mordía, provocándome un placer que no paraba, fue entonces que agarró mi cabeza y la puso entre sus pechos y no pude contenerme y empecé a mamarlos, a pasar la punta de mi lengua por sus pezones, haciendo que sus gemidos fueran más fuertes.

Ella me fue empujando suavemente mi cabeza hacia abajo hasta quedar su sexo a la altura de mi boca y empecé a a chupárselo... que sabroso sabía!!, me ponía como loca ese olor y sabor, ella se acostó en la cama y abrió totalmente sus piernas e inclinando su cabeza y brazos para atrás invitándome a hundirme entre sus piernas... ahora las posiciones habían cambiado, era ella la que estaba entregada a mí.

Puse mi lengua entre sus piernas, a la altura de sus rodillas y empecé a bajar suavemente, buscando hundirme en su sexo abierto y húmedo, despacio, provocando que se retorciera por la espera hasta que pegué mi lengua a su clítoris y lo empecé a succionar, a mordisquear, fue entonces cuando me agarró con fuerza mi cabello y mantenía mi cabeza entre sus piernas y gemía descontrolada de placer... le fui metiendo mis dedos mientras le seguía mamando su clítoris, le metí uno, dos, tres, cuatro dedos, provocando en ese momento un orgasmo tan fuerte que hizo que su cuerpo se sacudiera salvajemente y mi mano se humedeciera aún más de sus flujos....

Cayó ella exhausta, totalmente complacida, pero yo quería más, quería seguir disfrutándola, seguir sintiendo como una mujer me acariciaba por lo que le dije “más quiero más”... ella se levantó, me miró con una sonrisa de lujuria y sin decir palabra abrió una gaveta y saco algo que no pudo ver.. me recostó en la cama y me abrió las piernas y me empezó a mamarme el sexo, a morderme salvajemente mi clítoris, ya estaba yo a punto de orgasmo cuando siento que me empieza a meter algo en mi sexo y cuando lo tenía adentro empezó a vibrar y ella empezó a metérmelo y sacármelo provocando un placer que nunca había sentido, mi cuerpo se sacudía y mi vista se nubló, gemía como loca y fue cuando ella me dijo “sos una gran puta, haré que te vendas

 

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